El barrio abierto: entrevista a Saskia Sassen y Richard Sennett

¿Qué hace a las ciudades ser lo que son? Conversamos con Sassen y Sennett, sociólogos prominentes en temas urbanos, sobre lo que las define y sobre las tareas de los que vivimos en ellas.

y | Urbanismo

Por las noches el teatro Metropolitan en la Ciudad de México se abarrota, de vez en vez, con los fanáticos de Fangoria o Marisela. Apenas ellas logran rivalizar con el extravagante neoclásico de la decoración. Durante una mañana, sin embargo, la imagen fue distinta: la diamantina fue sustituida por lápices y libretas. La revista Arquine convocó a urbanistas de todo el país para venerar a la ciudad misma.

Las relaciones complejas que conforman la ciudad han desbordado a la planeación urbana como única herramienta para su entendimiento. El desplazamiento de lo rural a lo urbano y de lo local a lo global transformó la comprensión sensible de la ciudad: pasó de ser un objeto pensado a un sujeto en constante construcción. El capitalismo de corte neoconservador, extractivo, post industrial y digital ha puesto a las ciudades como centro de la acción política local con consecuencias globales. En su libro If mayors rule the world, Benjamin Barber argumenta –desde un extremo– que las ciudades deberían ser sustitutas de las naciones para solventar las problemáticas del siglo XXI; es en las ciudades donde la democracia tiene su esperanza. En palabras de Marc Augé, el Globo se convierte en una “metaciudad”.

La era digital ha demolido fronteras y ha creado espacios físicos y virtuales de interacción social. El espacio urbano extendió sus calles: el pavimento de las avenidas se ensancha en la inmaterialidad de los bits. El cambio de paradigma que esto supuso tiene consecuencias concretas. De las apps a los modelos abiertos la semántica urbana también se ha modificado; no solo eso, con la explosión de las redes sociales y el uso de la geolocalización como elemento de empatía social ahora las ciudades globales y mega urbes están regresando a la hiperlocalidad. En la construcción del barrio abierto se disputa la gran batalla sobre lo público de nuestros tiempos.


Saskia Sassen: en defensa del barrio
El pasado mes de marzo, los sociólogos Saskia Sassen y Richard Sennett visitaron la Ciudad de México para participar en el Festival Internacional de Arquitectura y Ciudad, Mextrópoli. El trabajo intelectual de cada uno difiere de forma sustancial; sin embargo coincide en un problema: las ciudades. Sassen exploró la complejidad de la ciudad y las consecuencias de un sistema económico que deja grandes porciones de ciudad vacías. Sennett, por su parte, habló acerca de lo que llama la “ciudad abierta”.

AM.- La ciudad es muchas cosas. Hoy cómo debe entenderse: ¿como unidad monolítica? o ¿como pactos sucesivos entre partes cambiantes?

SS.- La ciudad es un sistema complejo con enorme diversidad, un sistema abierto e incompleto. Si es un sistema completo y cerrado, como un fraccionamiento suburbano o un parque de oficinas, entonces no es una ciudad. Suele decirse que “si es denso, es ciudad”. La densidad no es suficiente para marcar lo que es específico de la ciudad. En muchas ocasiones no se repara en la distinción entre una cosa y otra. Un parque de oficinas privado puede ser densísimo, tanto más que  el centro histórico de la Ciudad de México, pero no es ciudad. Cualquiera podría decir ¿cuál es la importancia de esa diferencia? La historia nos muestra que las ciudades han logrado sobrevivir sistemas formales mucho más poderosos y cerrados: grandes empresas, gobiernos con enorme poder, reyes, etc. La ciudad ha sobrevivido a todos estos sistemas finitos. La ciudad debido a que es compleja e incompleta puede seguir reinventándose.

AM.- Las ciudades, o el sistema que las rige, están transitando hacia una privatización de lo público. ¿Cómo entender esto?

SS.- Es cierto que la implantación de una lógica neoliberal, donde se privilegia ciertos actores y lógicas de crecimiento es un factor importante. Ahora lo que vemos es una manifestación muy específica de esta crisis: la ausencia de otras modalidades productivas de inversión en un contexto donde hay una acumulación concentrada y enorme de capital. Por ejemplo, algunas bancas financieras han invertido en tierras en África o Rusia o Ucrania, no porque vayan a volverse granjeros sino porque es una buena inversión. No me preocupa que el capital sea extranjero o nacional. Lo que me preocupa es que es de una escala que conlleva a menudo a apropiarse de toda una serie de espacios urbanos que se transforman en un megaproyecto privado. Lo anterior significa que allí no importa la complejidad de la ciudad, ni la densidad, en realidad se desurbaniza el espacio urbano. Es muy difícil entender cuándo una densidad es urbana y cuándo en realidad desurbaniza. Va a ser una pelea grande, no va a ser fácil; algunas ciudades se van a volver básicamente privadas. Yo creo que ciudades como México o Sao Paulo o Mumbai, son imposibles de privatizar porque la fuerza de su población es enorme. Manhattan sí, no Nueva York… Manhattan que, pese a sus barrios pobres, es susceptible de privatización.

AM.- Ha lanzado una provocación: dice que la ciudad es una estructura que podría resistir la vigilancia masiva.

SS.- Vigilar es la lógica del gobierno, pero ¿quién gana con esto? Son las compañías técnicas las que ganan. La imagen que yo tengo es: visualiza  un café atiborrado de personas, e imagínate que allí hay un potencial terrorista, las señales a vigilar estarían tan mezcladas, que sería difícil saber quién es quién. La lógica del sistema es que cuando identifican a alguien que es peligroso, vuelven a sus datos para ver con quiénes más están conectados estos individuos. Si ese es un tipo que está, por ejemplo, en Manhattan, será imposible saber quién es, es ¡todos!, habrá intersecciones entre todos. Me causa gracia cómo la ciudad con su anarquismo y sus multitudes puede hasta descolocar este sistema, que es más rígido y más poderoso que un café lleno de gente. Me gusta pensar en el espacio urbano como una multiplicidad de capacidades que también tenemos que movilizar. Nosotros, en tanto movilizadores, podríamos cambiar las cosas.

AM.- Hablando de movilización, parece que hoy existen apps para todo. Eso que Evgeny Morozov ha llamado el “solucionismo”. En este mundo ¿cómo darle sentido concreto a la apropiación urbana y tecnológica?

SS.- Los que te quieren vender la solución a todo vía apps, sólo están vendiendo un producto. Cuando se trata de consumir, ya sabemos los límites de esa solución. La mayoría de las apps parecen estar enfocadas en el consumo y no necesariamente en generar movilización social. Debemos empezar con los barrios pobres y pensar cómo podemos ayudarlos. El emergency nanny(nana de emergencia), o sea, esas personas que están todo el tiempo en el barrio se convierten en los factores clave para superar las emergencias. Eso sí moviliza al vecindario porque así se saben y se asumen colectivamente.

Richard Sennett: Lo político de la “ciudad abierta” 

LC.- ¿Me podría explicar la relación existente entre su planteamiento sobre las “ciudades abiertas”, la cultura de la cooperación y el trabajo artesanal? Sé que sus últimos libros, los cuales tocan respectivamente estos temas, formarán una trilogía[1], pero quisiera entender cómo es que se imbrican de manera concreta.

RS.- El buen trabajo artesanal tiene aspectos muy positivos que pocas veces aplicamos realmente a los entornos construidos. Por ejemplo, he hablado de la forma incompleta de las “ciudades abiertas”. Esto significa tener una construcción que, conforme la construyes, puede ser modificada y adaptada e, incluso después de ser terminada, puede ser readaptada por su uso. Así es como la mayoría de las herramientas evolucionan, no tienen una función fija. Sin embargo, no seguimos esa lógica que puede llamarse artesanal con relación a los edificios. Esta es una forma en la cual se conectan los tres elementos sobre los que me preguntas. Otra forma, desde la perspectiva social, es que las “ciudades abiertas” necesitan mucha cooperación entre las personas. Así se relaciona el planteamiento de las “ciudades abiertas” con lo que explico en Juntos Rituales. Placeres y política de cooperación. Es el segundo volumen de la trilogía que estoy escribiendo.

LC.- ¿Podría elaborar en torno a las consecuencias políticas que traería una “ciudad abierta”? ¿Cree que cambiaría nuestro quehacer político?

RS.- Es una muy buena pregunta. Desde mi punto de vista, lo haría porque rompería prácticas hegemónicas. Todos los planes maestros me parecen sumamente hegemónicos. Crearía una forma de hacer política diferente, la cual requeriría mayor participación ciudadana. No sería una cuestión de votar. Mi idea es que la gente debería estar realmente involucrada en los proyectos que usarán. Si estás haciendo una biblioteca, los padres de los niños que la usarán, deberían estar involucrados en su diseño. En mi libro muestro algunas formas en que se puede hacer esto. En lugar de construir entornos de forma conjunta, tendemos hacia una política democrática pasiva orientada alrededor del voto.

LC.- Pareciera que todos los elementos que, según lo que usted ha argumentado, necesitamos para tener una “ciudad abierta” surgen de “arriba hacia abajo”. Es cierto que en ningún caso se sigue un plan maestro, pero siempre se necesita que alguien, urbanistas o políticos por dar un ejemplo, implementen “desde arriba” la “ciudad abierta”. ¿Podríamos invertir esto? Es decir, ¿podríamos pensar una ciudad abierta construida de abajo hacia arriba?

¿Cómo diseñarías espacios sincrónicos espontáneamente? No puede lograrse. Hay una cosa terrible en el urbanismo: asumimos que, de alguna manera, el diseño activo mismo sucede de “arriba hacia abajo”. Debo decir que, francamente, eso me parece infantil. Los diseñadores tenemos conocimiento y técnicas, sabemos cómo hacer cosas, por ello debemos ayudar a la gente diseñando. Creer que el “abajo hacia arriba” es siempre una actividad política espontánea significa pedirle a la gente a conocer cosas para las cuales no han estudiado o trabajado. Ser sus propios arquitectos no es justo. Para mí, hay algo sospechoso en todo este lenguaje del “arriba hacia abajo” y el “abajo hacia arriba”. Es bastante condescendiente frente la personas comunes y corrientes. Ellos quieren tu ayuda. Se debería tener el respeto suficiente hacia ellos para poder decirles: “sí, les ayudo. Utilizaré lo que sé”. Si eres un experto de “los de arriba” ¿por qué deberías refrenarte?

(Las pláticas completas de Sassen y Sennett se pueden ver aquí.)


[1]  El artesano (Anagrama, 2008), Juntos Rituales. Placeres y política de cooperación(Anagrama, 2012). El tercer volumen, The Open City, será publicado en 2016.

Artículos relacionados