El caso Nitsch: la polémica que pudo ser y no fue

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Hace poco más de un año, como parte de la inauguración del Museo Jumex, se llevó a cabo una actividad dentro del recinto coordinada por el dúo artístico Pedro&Juana. El evento consistió, entre otras cosas, en rostizar un puerquito y repartirlo entre las personas que asistieron a la inauguración con el fin de que saborearan al animal mientras conversaban acerca del papel del museo contemporáneo. Este evento no causó polémica alguna: nadie protestó en contra de una actividad que algunos podrían interpretar como cruel, al menos para el puerquito asado.

Un año más tarde el Museo Jumex anunció que la exposición del austriacoHermann Nitsch, programada para inaugurarse a finales de febrero de 2015, sería cancelada. El museo publicó un brevísimo comunicado de prensa que anunciaba simplemente que la exposición Colección Abierta 02, compuesta de piezas de su colección, reemplazaría la muestra de Nitsch. Ante tal escueto informe, algunos medios se acercaron al museo para exigir una explicación más detallada. El director del museo, Patrick Charpenel, declaró que las circunstancias de inseguridad y violencia por las que atraviesa México fomentarían una lectura incorrecta de la obra de Nitsch[1] –aunque no quedó claro cuáles serían las “condiciones correctas”.[2]

En cualquier caso, parece que una de las razones detrás de la cancelación de la exposición fue el “ruido” que causó una petición (por cierto, igual de breve y escueta que la del museo) firmada por cinco mil personas en el sitio change.org. Dicha petición pide que no se lleve a cabo la exposición “por mutilar, degollar, asesinar y al final exhibir los cadáveres de animales sintientes”. No queda del todo claro qué incluiría la muestra en el Museo Jumex, pero parece que consistiría sobre todo en pinturas de gran formato y que no se llevaría a cabo ningún sacrificio de animales, una práctica común en la obra de Nitsch que este abandonó en 1998.[3] Pero incluso sin sacrificios ni torturas hay quienes argumentan, quizá con razón, que su obra no fomenta el respeto hacia los animales. Aunque también hay quien opina lo contrario (incluyendo el propio artista) e interpreta la obra como una denuncia al maltrato animal y, en particular, a las granjas industriales.

Si algo queda claro, pues, es que la obra de Nitsch se puede leer de muchas maneras y que el mensaje que nos brinda es complejo, como suele ser el caso con las obras de arte poderosas. La vida de las obras de arte, vale la pena recordarlo, no se limita a la pieza (o al evento) en sí, sino que incluye las discusiones que le sobreviven. A raíz de la cancelación de la exposición, estos debates –y con ellos la posibilidad de reflexionar, por ejemplo, acerca de las condiciones en las que viven y mueren los animales que comemos– se extinguieron antes de comenzar. Los animales se olvidaron y Nitsch se volvió un mártir de la libertad de expresión.

Distintas voces dentro del mundo del arte se han proclamado en contra de la cancelación de la exposición. De manera acertada, las críticas muestran cómo la entrada de capitales privados en la esfera de la cultura y las artes no es una panacea, ni necesariamente sinónimo de libertad.[4] El poder que tiene una empresa como Jumex en el terreno simbólico de este país no es poca cosa –pues este poder no depende únicamente de su museo y de su galería en Ecatepec sino también de su colección, de los generosos apoyos que brinda a artistas y curadores y de la imagen que proyecta de México al resto del mundo. Dado esto, y a falta de otros mecanismos de rendición de cuentas, es importante fomentar las críticas que señalan la falta de congruencia (la brecha entre lo dicho y lo hecho[5]) por parte de la Fundación Jumex. Asimismo, de manera más general, valdría la pena comenzar a discutir el papel, cada día más relevante, que desempeña la iniciativa privada como agente de representación (no-electoral) en México.

Los críticos de la Fundación Jumex argumentan que el museo debió haber mostrado la exposición y dejado que la polémica se desatara. Y aunque en el caso de Nitsch su obra (o mejor dicho, la reputación de su obra) ha desatado polémica, este no siempre es el caso. La polémica no siempre se desata, aun cuando para muchos la obra sea “política”, crítica e incómoda. La pregunta entonces es: ¿cómo asegurar que el potencial discursivo que contienen muchas obras de arte realmente sea activado? Llama la atención cómo muchas obras que se han exhibido tanto en museos privados como públicos se han quedado muy, pero muy lejos de provocar cualquier tipo de polémica, y esto a pesar de que este era el cometido de la obra. Es decir, mostrar la obra así sin más no siempre garantiza que la polémica se desatará o que esta no se limitará a una esfera muy reducida donde, de entrada, quienes ahí participan ya comparten muchos puntos de vista.

La frontera entre lo que nos provoca y lo que nos es indiferente, así como entre lo que vemos y no vemos, no se puede dar por hecho. Esto es lo que intentamos mostrar cuando al principio de este ensayo invocamos la pieza de Pedro&Juana, cuya estetización del cuerpo del animal y su consumo pasó desapercibido. Como bien nos lo recuerdan, entre otros, el sociólogo Norbert Elias y más recientemente el etnógrafo Timothy Pachirat, a lo largo de la historia han ocurrido una serie de procesos que han “civilizado” a la sociedad y que consisten en transformar nuestra percepción acerca de la violencia sin que esto implique eliminarla. Es decir, muchas formas de violencia, lejos de ser erradicadas, se ocultan en eufemismos y empaques bonitos, algo que el arte podría ayudar a cuestionar. Para ello, sin embargo, la obra de arte en sí misma no siempre es suficiente, algo que bien saben aquellos que se dedican a exhibirla.


Notas

[1] Lourdes Zambrano, “Reprueba Austria censura a Nitsch,” Reforma, 7 de febrero 2015.

[2] Vale la pena recordar que Nitsch, quien nació en Viena un año antes de que se desatará la Segunda Guerra Mundial, ha confesado que la destrucción despiadada de la que fue testigo ha marcado su obra, la cual habla de la relación entre la violencia, la vida y la muerte.

[3] Sonia Ávila, “‘Creo en el arte sin censura’: Hermann Nitsch,” Excelsior, 4 de febrero 2015.

[4] Hay que notar que la “Sinfonía fur Mexico City” compuesta por Nitsch ex profeso, sí se llevará a cabo en el ExTeresa Arte Actual, un museo auspiciado por el INBA.

[5] Según su página de internet, el Museo Jumex se concibe a sí mismo como “un sitio único para fomentar el descubrimiento, la reflexión y el aprendizaje (…) a través de un programa crítico que cuestiona los paradigmas de pensamiento y los grandes temas de nuestro tiempo”. O como bien lo resumió el director del museo Patrick Charpenel: “El museo debe ser un lugar para investigar, para fomentar la crítica. (…) el curador o la institución no deben legitimar, sino problematizar. En la confrontación es donde se producen el cambio y las ideas. Problematizar, no legitimar, no blindar, no consagrar” (en Ricardo Porrero, “Entrevista a Patrick Charpenel – La Colección Jumex”,Código, julio 31, 2012).

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