“El estallido social ya se dio”: entrevista (desde el más allá) con Carlos Monsivais

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Un país en crisis siempre requiere intérpretes lúcidos que ofrezcan orientación crítica sobre el panorama actual y sus alternativas. Carlos Monsiváis cumplió, durante décadas, esa función de testigo omnisciente de la realidad mexicana y fustigador impío de los horrores de la nación. Cuando en 2010 murió, la sociedad mexicana se quedó sin una de sus voces críticas más significativas. A través de un médium, Horizontal se dio a la tarea de entablar una conversación desde el más allá con Monsiváis para preguntarle qué piensa sobre el México de nuestros días: el regreso del PRI a los Pinos, la crisis del PRD, los recientes escándalos de corrupción… El resultado fue la entrevista que reproducimos a continuación. JS

– A pesar de ya no habitarlo, me gustaría saber cómo ves hoy, desde la distancia, al país. 

Al país lo veo en uno de sus mejores momentos… porque el que viene siempre es peor. Siempre. Si hoy lo ve uno muy mal, mañana será infame. Por eso uno está viendo las expectativas de consumir ese instante en que todavía no hay el famoso estallido social, en que se pospone la guerra civil, en que el hambre puede ser todavía contenida por las redes familiares… Lo que veo, con la claridad que me es dada, no mucha, es que no se puede ya insistir en transiciones a la democracia, mientras exista una desigualdad del tamaño que vivimos…

Desde luego ha habido cambios importantes, pero esos cambios tienen que ver con el deterioro, tienen que ver con el desánimo, tienen que ver con el auge de la impunidad, de la corrupción, con la sistematización de las represiones. No se puede decir que en este periodo haya habido vida democrática plena. Hay vida democrática hasta cierto punto. El empoderamiento sí se da en muchas comunidades, hay protestas, hay una vida social, o de política desde abajo, formidable en todo el país, como no se esperaba; pero qué sucede, se llega a un punto y ahí se interrumpe todo…

Para mi gusto, la transición a la democracia fue un intento de actualización por contagio que no cuajó (estaba destinada a fracasar) porque se atuvo a una mecánica y triste definición de democracia: aquello que sucede en las urnas, se cancela en las urnas, se deja de interpretar una vez terminado el día de la votación… De hecho, ya no se habla de transición a la democracia, se habla de las querellas de cada día. Se ha sustituido un panorama general por una lucha facciosa que día a día se renueva.

– Después del 2000, cuando se dio la alternancia, se habló mucho de la muerte del PRI, de la extinción de los dinosaurios. Hoy los vemos gobernando de nuevo. ¿Qué opinas sobre el regreso del nuevo PRI, que ya no te tocó ver?

Falta por indagar en qué consiste la novedad del PRI. A propósito del éxito del PRI se enciende la euforia y se programa el olvido. ¿Es posible hacer tabla rasa de un pasado de setenta años, que incluye corrupción a gran escala, autoritarismo sin contención, represiones que van de los sinarquistas en León a Tlatelolco a Acteal, empobrecimiento sistemático de la mayoría y cancelación salvaje de muchísimos de los avances conquistados?…

Las instituciones quieren preservar al PRI, la gran fábrica de fortuna y prestigios (las fortunas continúan produciéndose, los prestigios ya no), y es innegable, por si alguien como yo lo dudara, la existencia del voto duro priista, y la fragilidad de las oposiciones. Y si se quita lo aportado por el corporativismo, el clientelismo, la inercia histórica, la avalancha publicitaria y la falta de opciones confiables, aún queda un buen número de mexicanos convencidos de la enorme eficiencia, generosidad y capacidad del nuevo PRI (del viejo ya ni quien se acuerde).

– El PRI ha vuelto y la democracia formal no ha impedido el retorno de las peores tradiciones políticas. ¿Qué decir de la oposición partidista?

La sociedad, en su inmensa mayoría, desconfía de los partidos políti­cos, rechaza los gobiernos, se siente despojada a diario… Al mismo tiempo, en los partidos políticos desaparece cualquier asomo de debate ideológico o de visiones críticas. El Partido Acción Nacional mantiene su conservadurismo a ultranza pero no lo modifica en lo mínimo; y el Partido de la Revolución Democrática, muy obviamente co­rrompido en buena parte de su dirección, ha perdido, en tanto perspectiva, la identidad de izquierda. Queda sin embargo una poderosa fuerza social de izquierda, que ya no se identifica con el PRD… y que mantiene la resistencia en lo político, lo ecológico, lo cultural, lo social, las causas de la bioética. Pero esto carece por lo pronto de consecuencias electorales.

– Hoy, como nunca, la política mexicana está asociada a la idea de corrupción. Esto puede verse reflejado no solo en la opinión pública mexicana sino en los medios internacionales. Y esta situación, aunque involucra a todos los partidos, no puede dejar de vincularse con el regreso de un partido como el que encabeza Enrique Peña Nieto.

El PRI hace mucho que dejó de ser un partido electoral‑administrativo para convertirse en el medio de vida del mexicano. Cuando eso se logró, la corrupción política se allegó su logro más alto: convertir cada acto de nuestra vida en un acto de corrupción política. Todo (la sonrisa empalagosa que dedicamos a nuestro más sólido enemigo, el tono de veneración que usamos para calificar un trabajo que no nos interesa, la atención con que cultivamos las amistades que más nos aburren) deriva de la corrupción política, y es un acto de corrupción política nuestro sistema de relaciones públicas, y hay corrupción política en la amable serenidad que evidenciamos ante las mayores imbecilidades, y hay corrupción política en nuestros métodos de abordaje sexual. Hay momentos, cuando uso las técnicas más serviles y convencionales de seducción, en que me siento nítidamente priista; cuando acudo a la demagogia, al soborno, al chantaje, a la simulación, me advierto de pronto priista, en el sentido más vasto del término, aquel que nos refiere a un sistema de influencias, a un sistema de relaciones preestablecidas con el fin de tomar o retener el poder, a un sistema cuyo solo objetivo es el ejercicio del poder.

– En los últimos meses han salido a relucir conflictos de interés de altos funcionarios del gobierno de Peña Nieto, incluyendo a él mismo. ¿Cómo crees que afecte, a futuro, el escándalo de la llamada Casa Blanca a Peña Nieto y su administración?

Lo que me interesa no es la suerte de Peña Nieto sino qué pasa con la sociedad. Me parece mucho más interesante lo que está pasando en todas partes en materia de insurrección del ánimo, de comprensión de nuevas realidades, que lo que le suceda a una clase ya dedicada a la más espantosa de las molicies mentales…

Eso sí, cualquier sociedad hace de su conjunto de recelos el laboratorio de sus confianzas. El primer gran recelo o incertidumbre de sobremesa: detrás de la mayoría de las fortunas recientes está la organización delincuencial. Y el morbo es un gran ejercicio de catalogación: examínense el gasto fastuoso, los edificios surgidos como del sombrero de ese mago que hace tres años debía su departamento, los hoteles suntuosos y vacíos, los malls que invitan a las reflexiones sobre la soledad, todo lo concentrado en la expresión “lavado de dinero”. Y la cúspide: las cifras, las inauditas cifras del auge del narco que emiten las autoridades y que se transforman en la red de comentarios y en la narrativa de los cadáveres que siempre deja pendiente la moraleja.

– Y ya que hablas del narco, ¿te parece que la cultura del narcotráfico ha colonizado el imaginario de la sociedad?

Desconozco el sitio del narco en el imaginario colectivo, al respecto las encuestas de salida nada informan, pero, si el tal imaginario colectivo se toma a sí mismo en serio, destacará la nueva sabiduría: el trabajo honrado y exhaustivo nunca lleva al éxito o a la vida mínimamente confortable. Antes, el trabajo, sobre todo el más arduo, tampoco garantizaba nada, pero de algo servía la mitología de la honradez… Ahora, con el desempleo que obstaculiza gravemente cualquier expectativa, la angustia es inevitable: sin “los otros poderes” son legión los que no podrán escapar de la trampa económica…

– ¿Qué piensas de la estrategia del gobierno federal en el combate al narcotráfico?

Si estas metas son incontrovertibles, los métodos para obtenerlas han resultado fallidos, tal y como reiteran las decenas de ejecuciones diarias (no nada más de narcos), las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos por parte de elementos del Ejército y de la Policía Judicial, y la franca ineficacia en el control territorial…

La intervención creciente del ejército… resulta contraproducente a juzgar por el cúmulo de protestas. En las Comisiones de Derechos humanos abundan las denuncias por violaciones de mujeres y allanamientos domiciliarios que llevan a cabo oficiales y soldados. Además, todo a la vez, se acrecienta el fenómeno de los paramilitares, brotan por doquier grupos de autodefensa, se arman las comunidades y los equipos de protección privada son un gran ejército fragmentado. A diario continúan las matanzas.

– Hablas de matanzas. Pienso en los feminicidios, un fenómeno en claro incremento.

En el trato a las mujeres, la violencia ha sido en México el más perdurable de los regímenes feudales. La violencia aísla, deshumaniza, le pone sitio militar a las libertades psicológicas y físicas, mutila anímicamente, eleva el miedo a las alturas de lo inexpugnable, es la distopía perfecta…

En todos los casos, las víctimas lo son por su debilidad orgánica, porque a los ojos del criminal su razón última de ser es proporcionar el doble placer del orgasmo y el estertor, y porque su muerte suele pasar inadvertida, y casi nunca se investiga y aún más raramente se castiga… ¿Qué provoca el odio? Cedo la palabra a psicólogos, sociólogos y psiquiatras, pero aventuro una hipótesis: rigen las sensaciones de omnipotencia que se desprenden de la certeza: no hay consecuencias penales y sociales para el asesino o los asesinos que no solo exaltan su ventaja sobre los seres quebradizos que oponen una mínima resistencia; también se burlan de las leyes y de la sociedad, tan carente de reacciones… Así de reiterativo es el procedimiento: se victima a quien, a los ojos del ejecutor, es orgánica, constitutivamente, una víctima.

– En este escenario, ¿cómo opera la lógica del poder respecto a la impunidad?

A la delincuencia la multiplica la certeza de la impunidad. Según las estadísticas oficiales…, cerca del 90% de los delitos jamás reciben castigo. Esto, en primer término, es asunto de la corrupción policiaca y judicial, aunque debe reconocerse, no toda la policía es corrupta, y son numerosos los que cumplen con su deber y mueren en el ejercicio de sus obligaciones… La idea de una delincuencia ‘incorpórea’ a los ojos de la ley desmoraliza a los sectores sociales y los debilita de antemano en su enfrentamiento con la violencia…

Un buen porcentaje de los cuerpos policiacos emprende una guerra violentísima contra la sociedad, participa en acciones delictivas (de robos de banco a secuestros), asesora o coordina el narcotráfico, tortura y mata… Con poder político y dinero (instancias por lo demás indesligables) es posible defraudar, sobornar, someter a tarifa la impunidad delincuencial, asesinar opositores, talar bosques, contaminar industrialmente, construir fraccionamientos en reservas ecológicas, buscar imponer aeropuertos en zonas ejidales, ser a un tiempo contratista y gobernante… Es muy arduo documentar las acusaciones en una sociedad hecha para el florecimiento de la impunidad…

Las investigaciones policiacas no suelen ir a lado alguno si es que en rigor empiezan. Con frecuencia, se presenta de inmediato a los “culpables”, que luego demuestran la validez de sus coartadas y aseguran que sus declaraciones provinieron de la tortura…

– Estás afligido por la tragedia de Ayotzinapa. Te tocó presenciar otras masacres.

Las masacres son el trazo de una pesadilla inacabable. En última instancia, el examen de estos crímenes se desenvuelve entre dos polos, lo inerme y lo impune, esa garantía de no ser castigado que es el mayor estímulo racional del delito. La impunidad desafía el ya poderoso agravio nacional y en buena medida internacional. La estrategia de las autoridades, sin embargo, no varía: investigaciones torpísimas, ocultamiento y destrucción de pruebas, regaños moralistas a los cadáveres (“se la buscaron”), exhibición triunfalista (por lo común falsa) de casos resueltos, fabricación regular de culpables totales…

Ante las matanzas digo obviedades, reacciones de indignación y tristeza, críticas a la indolencia criminal (en el mejor de los casos) de las autoridades, sarcasmos muy previsibles ante la ciénaga de las declaraciones priistas… Todo esto es circular y lo distribuyo en opiniones que se sueltan para evitar el silencio, y en apuntes mentales unificados por la protesta y el estupor… ¿Cómo se llega a tal monstruosidad, a la condición inhumana que, para mejor eliminarlos, vuelve pieza de caza a… los semejantes?

– ¿Crees que tenga consecuencias de fondo para la sociedad civil el conocimiento de lo ocurrido?

La primera y más grande consecuencia, según creo, sin la cual las otras desembocarán enloquecidamente en el pozo de la impunidad, es la decisión generalizada de no permitir que un acto monstruoso se diluya entre forcejeos penales y políticos.

– Y sin embargo no terminamos de conocer qué pasó. ¿No ha ocurrido nada con el antiguo monólogo autoritario?

¿Cómo se puede “comunicar” un sistema que nunca se ha distinguido, en estas décadas, por afianzar un mínimo diálogo democrático? ¿Cómo “comunicar” si del lado de los oyentes no hay vías audibles de respuestas? Llaman “comunicar” a la nueva pretensión tecnocrática del viejo monólogo autoritario… La escasísima capacidad de diálogo del gobierno lo lleva a vivir la “gran emoción de la apertura” cada vez que renueva lingüísticamente su demagogia.

– Al respecto, se invierte mucho dinero en ofrecer una imagen oficial del país. ¿Cómo se maquilla la realidad en México?

Desde que aparecieron los publicistas del régimen se acabó la injusticia social…

Un equivalente del arrasamiento policiaco (que es apenas la antesala a la barbarie gubernamental) son las declaraciones de los funcionarios, jactanciosas, irracionales, soberbias, francamente mendaces… A la realidad se le niega desde la desidia burocrática que uno llamaría cinismo de no asociar el término con el sarcasmo, algo muy por encima de las posibilidades de los funcionarios… ¿Por qué insultar así a la ciudadanía, la opinión pública, la sociedad civil y la asociación de ex alumnos de todos los centros de estudio?

– Eso se conecta con otro tema: la censura. En el México actual persisten las amenazas contra diversos medios, la compra o el despido de periodistas, los asesinatos constantes de quienes informan o denuncian.

La censura es, sobre todo, la intención permanente de ajustar un país a una determinada edad mental… El gran acierto de la censura es organizar una operación automática de castración de lo que pensamos, decimos y –sobre todo– actuamos. Como organización, la censura siempre rige la vida fisonómica de una sociedad. Creo que de algún modo uno siempre puede precisar el grado de censura de la ciudad en que se encuentra, observando la viveza o falta de viveza en la mirada de la gente alrededor. La censura tiende, como ejercicio de control y aspiración de mando, a suprimir la vida facial, a detener el crecimiento. Es una institución que teme: teme la madurez, al juicio crítico, a la evolución, a la revolución. Por tanto, es imposible que desaparezca, porque es imposible que cesen los resortes del miedo. Ahora, el que la censura pueda ser inerradicable no es obstáculo para que sea ferozmente combatible. La censura es miedo al cambio, en cualquier sociedad; y la lucha contra la censura es cambio.

– También está hoy la crisis de la izquierda, la ausencia de unidad y liderazgos creíbles de oposición. ¿Cuáles dirías que han sido los errores de larga duración de la izquierda?

Los hábitos del ghetto…, las supersticiones de un nacionalismo revolucionario falto de renovación, el mesianismo como translación confusa de lo religioso a lo político, el antigobiernismo como reflejo condicionado de la etapa en que se carecía de voluntad real de poder, el esquematismo en la perspectiva económica, y el lenguaje todavía lastrado por las décadas de llamar al arrinconamiento “auge de masas” y al autoritarismo de izquierda “centralismo democrático”.

– Y si pensamos en hechos concretos, ¿en qué ha fallado la izquierda mexicana?

En la defensa de los derechos humanos (la gran batalla de la izquierda latinoamericana), la defensa de los intereses de los trabajadores (no muy constante ni muy bien explicada), la adopción de causas feministas (con reticencias) y ecologistas (asunto importantísimo para algunos grupos, pero desdibujado en el conjunto de la izquierda), la defensa de los indígenas (muy sólida en la izquierda social y muy inconsistente en la izquierda política: recuérdese el voto perredista a favor de una ley indígena deplorable), la defensa de los derechos de las minorías, la batalla por la democratización de la cultura (un tema que no le atañe a la burocracia partidista), etcétera, etcétera.

– ¿Qué dirías sobre el PRD de estos días, tan escindido como siempre y más deslegitimado que nunca?

Al PRD, sin los corsés de hierro del presidencialismo del PRI y del fundamentalismo de índole clerical del PAN, suelen distinguirlo las falsas libertades, la copia de métodos típicamente priistas, la incapacidad de plantear ideas y proyectos. Más bien ataques ad hominem que degradan a quien los perpetra…

El culto por lo electoral ha ido devorando en el PRD las causas del principio y el proyecto general, por otra parte nunca muy nítido… El PRD ha perdido demasiadas oportunidades. A la izquierda política le toca argumentar y ejemplificar la democracia, no empobrecerse con el corporativismo y el clientelismo. La obsesión electoral, más que la corrupción, ha sido el beso de la muerte de muchísimas posibilidades y realidades del PRD…

Si se quiere transformar rigurosamente la angustia y la desesperanza se deberá optar por acciones sustentadas en la crítica y validadas por la ética… Si hay un pacto necesario es el de la reconstrucción de la confianza, lo que en el caso de la izquierda pasa primero por la autocrítica del PRD y de López Obrador, por la penalización de los que se han creído impunes y por el cambio de relación de la izquierda política con la sociedad. Sin restaurar inobjetablemente la autoridad moral será difícil exigir lo que sea.

– También la derecha apela a la moral como camino de salvación de la crisis que vive el país.

Para salvar una sociedad en crisis es preciso reconstituir la moral pública en un sentido muy distinto al moralismo que hoy padecemos. Reconstituir la moral pública quiere decir, de manera muy sintética, oponerse a las prácticas y a las justificaciones del capitalismo salvaje. No quiere decir, desde luego, concentrar todo el esfuerzo en prohibir los sitios de table dance, sino en combatir el criterio de acumulación a como dé lugar.

– Alguna vez dijiste que al país no lo define quienes lo gobiernan ni quienes lo interpretan, sino la cultura popular; que la historia de México era la historia de su cultura popular. ¿Sigues pensando lo mismo?

La pobreza es el elemento constitutivo del país. Si dices historia de México dices historia de la pobreza.

– Muchos hablan de la posibilidad de un estallido social de gran envergadura.

El estallido social ya se dio. En primer lugar, se dio cuando ya nadie les cree a los gobernantes; es el primer estallido social. El segundo estallido social: nadie los oye… Un gobierno que pierde su equipo de sonido francamente no sé cómo calificarlo… En tercer lugar… el estallido social está en la pérdida de las esperanzas; es el peor estallido social, no hay otro más grande.

– Tu diagnóstico resulta desalentador. México, a pesar de muchas cosas, tuvo un proyecto de nación. ¿Dónde quedó? ¿Cuándo se jodió el país?

En dos o tres sexenios, la clase política pierde destreza, oficio, conocimiento mínimo del país y capacidad de respuestas siquiera parciales a los conflictos. El gobierno –en tanto manejo financiero– se le encarga a la Secretaría de Hacienda, y casi hasta allí. Se hace mucho, desde luego, pero ya no en función de proyectos nacionales ni de enfrentamiento a la desigualdad, sino de inercias voluntariosas o de contratismo. Y se envían los diagnósticos y muchas de las decisiones fuera de los círculos del poder, en manos de los asesores, los mercadólogos, los abogados que contratan los expertos que eligen a los verdaderamente enterados (un asesor que no genera una cadena de asesores es un insulto al crecimiento demográfico).

La ineptitud pasmosa hoy tan a la vista no depende simplemente de la bajísima calidad de los gobernantes y de los parlamentarios, sino de algo más preciso: llegan al poder los convencidos de que el cargo genera experiencia por sí mismo, el conocimiento de la realidad nacional e internacional, la sagacidad y el don de imantar las frases por ellos pronunciadas. Arriban al poder los iluminados desde siempre (los fundamentalistas de la derecha), los que desprecian el trabajo con las masas (los priistas empresarios que desplazan a los priistas históricos), los que se sienten “turistas de la nacionalidad” (los que condescienden a ser mexicanos), los izquierdistas que usan de los puestos como revancha ideológica…

El sistema político mexicano (todos los partidos incluidos) exhibe ahora su penuria ética y su fecha de caducidad… Al ser la impunidad la única regla sacra, todo lo demás (el arte del gobierno, la organización de las finanzas, el manejo de la seguridad pública, el combate al narcotráfico, la preparación de la élite del gobierno) se puso en manos del vago azar y las más que flexibles leyes, y la clase política se fue haciendo en el tiempo libre de la hechura de fortunas y aparatos de adulación. Sé que difamo a las excepciones, y sé que las excepciones estarán de acuerdo conmigo: la caída de esta clase política se engendra en su decisión de clasificar los problemas como: a) aplazables, b) reprimibles, c) sujetos de corrupción, y d) irresolubles…

La política a la mexicana es el arte de inventar votos, de prometer milagros y de conceder impunidad a los corruptos; en cambio, la tecnocracia es la disminución del empleo, la reducción de la política a la invención de votos y el sorteo anual de selección de los corruptos sacrificables.

– Pero entonces, en cuanto a posibilidades de cambio en el país, ¿existe alguna vía que pueda llevarnos a una realidad distinta?

Los años vividos en el pasado reciente… solo pudieron producirse gracias a una petrificación de las mentalidades y, por ende, de las instituciones… Hay que comenzar a reírse de todo, llegar al caos si es necesario, y hacer posible que los biempensantes se intranquilicen, ya que buena parte de sus males y de los nuestros proceden de sus limitaciones. Reírse de ellos, ridiculizarlos, hacerlos sentir desamparados; solo así podría cambiar algo. Una labor de Sísifo, sí, pero vale la pena emprenderla y, además, reduce la monotonía de la vida. Si resulta imposible humanizar esos rostros de hormigón armado que los políticos aspiran a adquirir desde su primer pinche puestecito, al menos se podría lograr hacer visibles algunas craqueladuras. Los jóvenes están hasta la madre de tanta tontería, ya ni siquiera se asoman al Museo de Antropología para no ver reproducidos en la Coatlicue los hieráticos gestos de sus dirigentes. Es necesario que todo el mundo aprenda a reírse de esos monigotes ridículos y siniestros que se dirigen a la nación como si por su boca se expresara la historia, no la viva, eso nunca, sino la que ellos han embalsamado. Cualquier novedad los amedrenta. Cuando la gente los conciba como las ratas que son, los loros que son, y no como soberbios leones y pavorreales que creen ser, cuando detecten… que son objeto de risa y no de respeto ni temor, algo podrá comenzar a transformarse; para eso es necesario hacerles perder base; están preparados para responder al insulto, aun al más violento, pero no al humor.

– ¿Basta con el humor para restituir la esperanza en un país como este que pareciera desmoronarse?

En lo político, casi en todas partes queda claro el desastre de los gobiernos y los partidos, el fin del empleo formal, el arrasamiento de los ecosistemas, la violencia urbana, el narcotráfico. Ante un panorama tan fatalista, es primordial el papel de las ideas en la sobrevivencia de las sociedades. Así se agoten y pierdan eficacia, o se diluyan y enturbien, las ideas genuinas incitan a movilizarse y resistir. Examínese el sentido contemporáneo de algunas palabras clave: sociedad civil, tolerancia, democracia, programas incluyentes,diversidad, pluralidad y empoderamiento, cuyas consecuencias son profundas aun si se dejan ver como lugares comunes. El proceso trasciende las formaciones políticas tradicionales, y en las alternativas al Pensamiento Único y al Desempleo Universal las ideas desempeñan un papel principalísimo.

– ¿Y en cuanto a resistencias individuales o a la sobrevivencia en ámbitos específicos?

Aquí, vivir es oponerte; y no circunscribo el término a la oposición política: más bien lo amplío. El sentido de la sobrevivencia es ir en contra; hacerte a golpes de rechazo y duda sistemática. Claro que esto puede extinguirse en el espejismo, en la sustitución del afán crítico de contradecir por la gana anárquica de contrariar, y todos contentos… Pero yo siento que de algún modo este tipo de países, donde todo se organiza para evitar la disidencia, son muy estimulantes porque uno debe extraer esos estímulos de la continua demolición de lo que lo rodea, y eso implica la vigilancia permanente: en el momento en que vas aceptando lo que te rodea, en que te complaces advirtiendo como espectáculo lo que está promulgado como espectáculo, en el momento en que te fascina la conversación en la que participas, en ese momento, ya te “nacionalizaste”.

– ¿De qué depende que el PRI se mantenga en el poder?

Depende en lo esencial de la ausencia de respuestas organizadas, críticas, necesariamente pacíficas, informadas, provenientes de la ética y de la cultura jurídica de la sociedad.

– ¿Qué harías si pudieses resucitar y te nombrasen presidente de México?

La primera: organizar para el día de la toma de posesión un carnaval en donde cada uno de los mexicanos se disfrazara del personaje que más detesta. Eso sería, desde el punto de vista psicológico, visual y cultural, muy interesante, y nos permitiría ver a millones disfrazados como el presidente anterior, millones como su vecino, su marido o su esposa. La segunda: obligar a que todos los discursos que se pronunciaran en esa solemne ocasión fueran cantados. Creo que uno de los grandes escollos de la vida política es que los discursos son hablados y no cantados. Si se atendiese más al aspecto operático, zarzuelero o de comedia musical de la política, los resultados serían más notables. Y la tercera: una vez que el carnaval hubiera alcanzado su apogeo, firmar mi renuncia irrevocable. Mi mandato duraría 24 horas.


Nota

Todas las respuestas que aparecen en esta entrevista ficticia son citas literales extraídas de libros y artículos de Carlos Monsiváis, o de entrevistas que le fueron realizadas. Aquí el listado de referencias:


Referencias

– Entrevista de James Fortson: “Bueno, Monsiváis, ¿y quién diablos eres tú? (Primera Parte)”, en Él, año III, núm. 33, junio, 1972, pp. 28-33, 84-88.

– Entrevista de Nina Menocal: “Carlos Monsiváis”, en México, visión de los ochenta, México, Diana, 1981, pp. 11-26.

– “Del saber de los tecnócratas. Declaraciones, aforismos, reflexiones en voz alta”, en La Jornada, 28 de septiembre, 1989, pp. 1, 12.

– “Aforismos que caben en pocas palabras”, en La Jornada, 23 de abril, 1991, pp. 1, 6.

– Citado en Sergio Pitol, “Carlos Monsiváis, el joven”, en El arte de la fuga, México, Era, 1996, pp. 30-51.

– “Acteal, zona sagrada y campo de matanza”, en Proceso, núm. 1104, 28 de diciembre, 1997, pp. 10-12.

– “El PRI (del ‘cambio correcto’) forever”, en Letras Libres, año I, núm. 12, diciembre, 1999, p. 83.

(1999), “Radiografía de la impunidad (‘De no ser por el pavor que tengo, jamás tomaría precauciones’. Notas sobre la violencia urbana.)”, en Letras Libres, año I, núm. 5, mayo, 1999, pp. 34-39.

– “Recetas para salvar a una sociedad en crisis”, Conferencia en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), octubre, 1999.

– Entrevista de Marco Antonio Cuevas Campuzano: “Carlos Monsiváis: en este momento detesto a los políticos”, en Quién, año 3, núm. 28, agosto, 2002, pp. 88-94.

– “El PRD, antes y después”, en Proceso, núm. 1431, 4 de abril, 2004, pp. 16-22.

– Entrevista de Jesús Ramírez Cuevas: “La obsesión electoral ha sido el beso de la muerte para el PRD”, en La Jornada, 9 de marzo, 2004.

– “La emergencia de la diversidad: las comunidades marginales y sus batallas por la visibilidad”, en Debate feminista, año 15, vol. 29, abril, 2004 pp. 187-205.

– “La ‘justicia selectiva’ y la educación jurídica”, en Proceso, núm. 1483, 3 de abril, 2005, pp. 20-21.

– “Las desventuras del Costo Político”, en Proceso, núm. 1485, 17 de abril, 2005, pp. 22-24.

“Atenco y la vulgaridad de la derecha”, en El Universal, 14 de mayo, 2006.

El Estado laico y sus malquerientes (crónica / antología), México, Universidad Nacional Autónoma de México, Random House Mondadori, 2008.

– Entrevista de Carmen Aristegui: “Carlos Monsiváis”, en Carmen Aristegui y Ricardo Trabulsi, Transición. Conversaciones y retratos de lo que se hizo y se dejó de hacer por la democracia, México, Grijalbo, 2009.

– “México en 2009: la crisis, el narcotráfico, la derecha medieval, el retorno del PRI feudal, la nación globalizada”, en Nueva Sociedad, núm. 220, marzo-abril, 2009, pp. 42-59.

Los mil y un velorios. Crónica de la nota roja en México, México, Debate, 2010.

Las esencias viajeras. Hacia una crónica cultural del Bicentenario de la Independencia,México, Fondo de Cultura Económica, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2012.

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