El presente del periodismo: 1. Daniel Moreno

El modelo de negocios y la violencia son los dos principales problemas de los medios mexicanos.

| Periodismo

Para pensar en común el estado y los retos del periodismo en México, hemos circulado el siguiente cuestionario entre un grupo de periodistas. El primero en responder es Daniel Moreno, director de Animal Político.

1. ¿Cómo caracterizaría, a grandes rasgos, lo que ha sido la historia del periodismo en México durante las últimas tres décadas? ¿Cuáles serían los procesos más importantes, los principales cambios y/o continuidades? 

Me asumo como un pesimista cuando se trata de revisar la historia del periodismo. Es decir, no soy de los que ponen por delante los avances en la profesionalización de los reporteros, la creciente “cultura de la honestidad” de quienes se dedican al diarismo ni los intentos –unos más exitosos que otros– de crear y sostener medios independientes.

Y no lo hago porque estoy convencido que cada uno de estos elementos (a los que podrían sumarse muchas virtudes más) de poco sirven ante el problema central que enfrenta nuestro sistema de medios, hoy al igual que hace 30 años: su oficialismo.

No pretendo decir que hacemos el mismo periodismo que hace 30 años. Pero los avances han sido insuficientes, si los comparamos con lo ocurrido en otros países o si pensamos en el periodismo que el país necesita: vigilante, crítico, distante del poder…

Este oficialismo, vale decir, ni siquiera tiene su origen en principios ideológicos. Es oficialismo por interés, porque sólo puede entenderse si recordamos que una preocupante mayoría de medios de información en México dependen, para su sobrevivencia, de la publicidad oficial. Hablamos, por ejemplo, de ciudades en los que sus cuatro o cinco principales diarios tienen hasta un ochenta por ciento de sus ingresos totales de este rubro.

Recordemos: cada año, diez o doce mil millones de pesos del gobierno federal y los gobiernos estatales y municipales son repartidos discrecionalmente y permiten la sobrevivencia de medios sin lectores. Y el costo, para citar algo que debería ser una obviedad, no es sólo por el hecho de que son recursos públicos, sino sobre todo porque tiene un claro impacto en la libertad de expresión y el derecho a la información.

¿Por qué hacer periodismo –para simplificar esta idea– si hacerlo “incomoda” a tu principal cliente? No es extraño, por tanto, que los medios mexicanos –salvo obvias excepciones– están en la primera fila en la defensa del statu quo.

No estamos lejos del “no pago para que me peguen” de José López Portillo y habría que añadir que, en ese sentido, la alternancia fue una decepción, porque hizo muy poco para quebrar esta relación.

Por supuesto, no niego que los márgenes de libertad se han ampliado, que los medios le han abierto el espacio a opinadores de casi todas las tendencias, que la profesionalización de los reporteros han permitido más y mejores investigaciones…

Insisto: de poco sirve cuando no tienes libertad económica y cuando la publicidad oficial distorsiona de esta manera el mercado. Hoy un medio no tiene por qué preocuparse en conseguir lectores o credibilidad, su prioridad es mantener una buena relación con el poder.

Otro dato: la distorsión en el mercado es tal, que México tiene una de las mayores ofertas informativas del mundo. Aquí se producen más de mil noticieros de radio y televisión y se tienen contabilizados casi cinco mil medios impresos. En periodo electoral el número crece.

Ojalá la razón fuera que estamos ávidos de información. En realidad, estos números nos recuerdan que puede ser un buen negocio el tener un medio de comunicación.

2. ¿Cuáles serían, para usted, los protagonistas y los momentos clave de esa historia? ¿Qué medios? ¿Qué periodistas? ¿Qué coyunturas? ¿Qué notas? ¿Por qué?

Cualquier lista estaría incompleta. Quizá sean decenas o cientos de periodistas a los que habría que mencionar.

Para evitar la tentación, mejor cito algunos momentos clave en los medios: las primeras redacciones de Proceso y Unomásuno quizá reunieron a la mejor generación de reporteros que ha habido.

Reforma, no tengo duda, provocó el cambio más importante en los medios impresos, no sólo en términos gráficos y de modelo de negocios, sino en independencia y calidad. Ha habido grandes etapas en La Jornada, Milenio, El Independiente, El Universal y de revistas como Mira, EmeequisLetras Libres o Nexos, para hablar de medios capitalinos.

En medios electrónicos: Radio Red, el primer Canal 40, W Radio o MVS y hasta el propio Televisa (basta ver Punto de Partida o recordar Círculo Rojo para confirmarlo).

En los estados no puede dejar de mencionarse a El Norte, El Siglo de Torreón, El Diario de Yucatán, el Noroeste, Zeta, el Norte de Juárez, El Sur de Guerrero, el AM de León y seguramente se me escapan varios más.

Todos ellos tienen un signo en común: son intentos, más o menos exitosos, más o menos perdurables, de hacer periodismo independiente.

3. ¿Cómo ha sido la cobertura de la violencia en la prensa? ¿Y cómo ha repercutido la violencia en el ejercicio del periodismo?

La violencia ha marcado la agenda informativa de los medios. Quizá tardamos en entender la importancia y la magnitud del problema, pero hemos transitado de una cobertura casi exclusivamente numérica (contar muertos y darle la principal a casos que incluyeran más de una decena) a contar historias y documentar injusticias.

Cada vez vemos más rostros, historias, denuncias, seguimientos…

Ha faltado investigación sobre narcotráfico y particularmente sobre los vínculos narco-poder, pero creo que puede entenderse como una de las repercusiones de la violencia en el ejercicio periodístico. Es decir, profundizar en este tema sí es jugarse la vida, particularmente en los estados en los que más ha penetrado el narcotráfico.

El asesinato en 2008 de Armando Rodríguez, periodista del Diario de Juárez, nos dejó a todos muy claro cuáles eran los límites a la investigación. Creo que, por casos como éste, los medios locales han optado por eludir la investigación y concentrarse en el mero registro. Llamarle a esto autocensura sería injusto, porque no ha sido una decisión libre de los medios.

Aun así, el mero registro y la interminable cantidad de historias de “víctimas colaterales”, de los llamados “falsos positivos”, de violaciones a derechos humanos han estado cada vez más presentes en los medios.

Quizá ahora tenemos al menos dos retos importantes:

1.- Creo que ha habido poca reflexión ética sobre la cobertura. Es decir, asumimos el lenguaje del narco, criminalizamos víctimas, volvemos a los muertos solo un número, reproducimos acríticamente las versiones oficiales…

2.- Tenemos que responder la pregunta de cómo logramos captar la atención del lector. La publicación de historias de desaparecidos, sus familias, sus exigencias tienen cada día menos lectores e impacto. Quizá todos estamos un poco agotados. Y aun así, siguen siendo necesarias. ¿Cómo hacemos para no dejar de lado este tema?

Y quizá, aunque es tema para otro cuestionario, sólo mencionar un tercer reto: ¿es posible, en este momento, el periodismo de esperanza, como lo entiende Javier Darío Restrepo? Creo que es no sólo posible, sino urgente.

4. ¿Cuál es, en su opinión, el papel actual de los medios de comunicación en nuestro país? ¿Qué tanto ejercen como contrapeso o qué tanto como voceros del poder? ¿Qué tipo de distinciones propondría hacer en ese sentido?

Por las razones descritas en el punto uno, creo los medios son más voceros del poder que contrapeso.

Y gracias a ello nos hemos ganado el descrédito.

En las encuestas sobre la credibilidad de las instituciones, los medios están más cerca de la policía y los sindicatos, que del Ejército y la Iglesia (eternos punteros en esos estudios).

Las investigaciones periodísticas son esporádicas y apenas fungimos como vigilantes del poder. Ofrecemos, pues, un pobre servicio al lector.

Peor: esto no solo ocurre en la prensa oficialista, sino también en la que se asume como crítica, que algunas veces opta por la estridencia y la falta de rigor, porque el objetivo central es hacer ruido, antes que informar.

Hace ya dos años, Data4 y Artículo 19 publicaron un informe demoledor: 52% de las notas de portada, señalaba, de los seis principales diarios de México eran la declaración de una sola persona. Hay poco que agregar frente a este dato.

Un reporte preliminar de un estudio sobre periodismo hecho por la Universidad Iberoamericana ofrece otros datos contundentes: reporteros que elaboran más de veinte notas a la semana, que cubren media docena de fuentes, cobran salarios inferiores a los diez mil pesos.

Habría que sumar que los grandes diarios mexicanos tiran entre cincuenta y sesenta mil ejemplares. Y los noticieros de radio pelean por menos de un punto de rating.

No eludo, sin embargo, decir que nunca se ha hecho más y mejor periodismo. Periodistas mexicanos están entre los ganadores en premios de periodismo narrativo y en periodismo de investigación.

Pero no suficiente, ni se da en todos los medios.

5. ¿Qué ha significado en México la irrupción de medios digitales y la distribución de información por medio de las redes sociales?

No solo en México, sino en América Latina, la irrupción de medios digitales ha refrescado el sistema de medios y ha abierto las puertas a más investigación. Por supuesto, también ha servido para los excesos, la falta de rigor e incluso para reproducir los vicios de los medios tradicionales.

Creo que los medios digitales no nos hemos librado de la dictadura del click. El llamado periodismo Kardashian, el que reproduce fotos de gatitos de Facebook está por encima de la investigación. Y no solo por vocación, sino también por modelo de negocios.

Es decir, la forma principal de obtener ingresos son las visitas y para conseguirlas, guardamos en un cajón el rigor. Hoy el medio más rápido en subir una nota, el más estridente, el que copia la información de otro, el que apuesta por deportes y espectáculos y el que prefiere agregadores de información antes que reporteros es el que tiene más visitas.

Aun así, vemos en el mundo digital –no sólo en la Ciudad de México– medios hechos por periodistas, que aun con grupos pequeños apuestan por el periodismo, que defienden su independencia. Y esto no era posible sin los medios digitales.

El periodismo digital y las redes sociales, además, han abierto la puerta para una auténtica revolución en el periodismo. Como nunca, los periodistas sabemos qué leen nuestros lectores, cómo se enteraron, cuánto tiempo le dedicaron.

Pero no sólo eso, las redes permiten la conversación con el lector, quienes corrigen, critican o agregan información a lo que publicamos. Por primera vez, tenemos una relación horizontal y de ida y vuelta con el lector, que además tiene un papel activo en la difusión de nuestros contenidos.

Las redes son también una fuente de información. Y no me refiero a las notas que hablan de lo que se dice en Twitter. Tampoco valido el que se use la información que se da en las redes y la tomemos como cierta. Me refiero a que Twitter nos permite tener más fuentes de información, sin que eso implique olvidar que nuestro trabajo debe implicar confirmar, dar contexto y profundidad a esa misma información.

6. ¿Cuáles son los retos, problemas o amenazas más importantes que enfrentan los medios de comunicación hoy en México? ¿Son similares o diferentes a los que enfrentan en otros países? ¿Por qué?

Modelo de negocios y violencia, como ya he dicho, son los dos grandes temas.

Por eso, aprovecho esta pregunta para mencionar un problema importante que enfrentan los periodistas en México, diferente a los de otros países.

En México existen pocos periodistas mayores de 40 años. No me refiero a directivos, mandos medios o columnistas. Hablo de los reporteros.

Trato de explicar por qué considero un tema digno de mencionarse: en cualquier país, los periodistas que superan esa edad son los más valiosos en una redacción. Acceden a mejores salarios y dejan el diarismo para dedicarse a la investigación. Son esos periodistas los que producen las mejores piezas, tienen las mejores agendas, redactan mejor, han desarrollado una metodología… Es el reportero senior.

En México, con los pobres salarios que se ofrecen a los reporteros, esta profesión deja de ser una opción profesional (y salarial) interesante para quien supera los 35 años. La manera de acceder a mejores salarios es ser editor (jefe), columnista, conductor de radio o TV y, sobre todo, jefe de prensa o consultor.

Cuando recuerdo los nombres de los mejores reporteros de mi generación, me doy cuenta que todos ellos –sin excepción– han dejado el reporterismo. Peor aún, la mayoría ya ni siquiera se dedican al periodismo.

Los medios no quieren –y no pueden– ofrecerles una carrera de largo plazo y desperdician talento todos los días. Los reporteros mejor pagados en México alcanzan salarios de 50 mil pesos, pero son la excepción, apenas un puñado. El promedio es de 8 mil pesos mensuales. Por dos, tres o cuatro horas al aire, un conductor de radio puede ganar entre 300 y 750 mil pesos mensuales o un millón de dólares al año en comisiones de publicidad. Un columnista y un directivo reciben salarios de 250 mil pesos o más y cantidades similares puede ganar un consultor o un jefe de prensa. ¿Por qué quedarse “solo” como reportero?

Esto implica perder talento, oficio, profundidad, metodología, agenda, memoria…

En ese mismo sentido, ¿cuántos periodistas pueden dedicar dos o tres meses o hasta un año a una sola investigación? ¿Y cuántos cuentan con el respaldo de su medio para estudiar una maestría o cualquier diplomado, por ejemplo sobre periodismo de datos?

Volvemos al principio: si los medios no viven del periodismo, ¿por qué habrían de apostarle a sus periodistas?

(Foto: cortesía de Henar Lanchas.)

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