El presente del periodismo: 3. Adrián López Ortiz

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Para pensar en común el estado y los retos del periodismo en México, hemos circulado el siguiente cuestionario entre un grupo de periodistas. El tercero en responder es Adrián López Ortiz, director del Noroeste.

1. ¿Cómo caracterizaría, a grandes rasgos, lo que ha sido la historia del periodismo en México durante las últimas tres décadas? ¿Cuáles serían los procesos más importantes, los principales cambios y/o continuidades? 

Creo que hay dos momentos fundamentales en la historia reciente del periodismo mexicano: una es, sin duda, la salida de Julio Scherer de Excélsior y la posterior fundación de Proceso junto a un grupo de destacados periodistas que son ahora un referente nacional; y el segundo, la libertad de expresión que empezamos a experimentar los medios de comunicación mexicanos tras la alternancia presidencial del año 2000 con Vicente Fox.

Más allá de los claroscuros de Fox, es innegable que por primera vez los medios y periodistas mexicanos pudieron empezar a hacer y a decir con muchísima mayor libertad que durante los años de la hegemonía priísta. Por supuesto hubo, y hay, quienes usaron esa libertad de manera harto irresponsable. Pero me quedo con la profesionalización de muchos espacios que aspiraron a hacer periodismo riguroso y crítico desde antes y que con la alternancia empezaron a concretar sus proyectos.

Sin embargo, creo que vemos un tercer momento preocupante con el regreso del PRI y que ya había venido sucediendo en los estados de la república: la cooptación y control de los medios vía la publicidad oficial. Algo que Enrique Peña Nieto ha utilizado como un mecanismo opaco para imponer su agenda en portadas y titulares.

2. ¿Cuáles serían, para usted, los protagonistas y los momentos clave de esa historia? ¿Qué medios? ¿Qué periodistas? ¿Qué coyunturas? ¿Qué notas? ¿Por qué?

Creo que Julio Scherer y el Proceso de su tiempo son los mayores protagonistas de ese periodismo crítico y riguroso. Está también el aire fresco que significó el lanzamiento de Siglo XXI con Jorge Zepeda Patterson en Jalisco y, por supuesto, su gran cobertura de las explosiones en el drenaje de Guadalajara.

También, creo que algunos medios y periodistas regionales han dado la cara por el periodismo mexicano al contar con grandes dificultades la historia de la guerra contra el narcotráfico y las violaciones de derechos humanos a lo largo y ancho de país. Quiero mencionar a Jesús Blancornelas y el Semanario Zeta en Tijuana, el Diario de Yucatán, Vanguardia en Saltillo o, sin falsa modestia, Noroeste en Sinaloa. Medios que apuestan por el contrapeso y la crítica en escenarios locales donde se es todavía más vulnerable que en el centro del país.

Puedo mencionar también el trabajo y la valentía de Lydia Cacho con Los demonios del Edén y su larga batalla con el poder político involucrado representa también un parteguas del periodismo mexicano al exhibir un tema terrible y hasta entonces escondido en algunas regiones del país: la trata de personas. Su trabajo sirció para recordarnos la función social y solidaria que debe tener el mejor periodismo.

Y por supuesto, en momentos más recientes, el caso de Carmen Aristegui y su salida de MVS debido al reportaje de la casa blanca, realizado con su equipo de investigación y que documentó con gran nivel de detalle la corrupción en el nivel presidencial. Una investigación que quedará para la historia como la pieza periodística que sumió a Enrique Peña Nieto en la mayor crisis de credibilidad para un presidente de la historia reciente de este país. Y de la que dudo se recupere en el resto de su sexenio.

Agregaría además la emergencia de dos medios pioneros del ecosistema digital y que son ahora referentes obligados de la conversación pública: Animal Político y SinEmbargo.

3. ¿Cómo ha sido la cobertura de la violencia en la prensa? ¿Y cómo ha repercutido la violencia en el ejercicio del periodismo?

Creo que hemos venido aprendiendo a manejarla. Tanto en lo interno: talleres, comunicación, capacitación. Como en lo externo: las coberturas, las señales, la valoración del riesgo.

Desafortunadamente los recursos siempre son insuficientes y parece que la violencia llegó a las redacciones para quedarse. Esa violencia es una fuerza poderosa en todos los momentos de la producción del contenido, desde la cobertura hasta la publicación y las posibles consecuencias de lo que se hace público.

Sin embargo, creo que todavía falta llevar esa comprensión un tanto primaria a niveles más elevados: ¿cómo estamos documentando la violencia?, ¿usamos el lenguaje, el tono, el “empaquetado” adecuado?, ¿estamos ayudando a la audiencia a comprender y protegerse?

Aquí creo que tengo más preguntas que respuestas.

Pero si aventuro una certeza. Llevamos ya 20 años de un crimen organizado que crece y se empodera cada día: ¿cómo estamos ayudando los medios para evitar eso? No es nuestra responsabilidad directa pero es obvio que no estamos haciendo lo suficiente.

4. ¿Cuál es, en su opinión, el papel actual de los medios de comunicación en nuestro país? ¿Qué tanto ejercen como contrapeso o qué tanto como voceros del poder? ¿Qué tipo de distinciones propondría hacer en ese sentido?

Creo que, salvo honrosas excepciones, el papel de la industria es deleznable. La historia juega malas bromas, cuando por fin tuvimos la libertad a la que siempre aspiramos, el momento histórico conjugó dos factores con un resultado penoso: por una lado la digitalización aceleró las caídas de los ingresos publicitarios de la mayor parte de los medios masivos del país y, por otro lado, la alternancia política del año 2000 dejó a los medios con cada vez menos ingresos del gobierno federal.

Por eso ahora la mayor parte de los medios están controlados no desde la redacción, sino desde la cuenta de banco.

No es secreto que con la alternancia la mayor parte de los dueños de los medios, “nacionales” y locales, corrieron con el gobernador, el diputado o el alcalde, para subsanar sus finanzas vía los denominados “Convenios de Publicidad Oficial”, que no son más que contratos para vender portadas y titulares como publirreportajes, mera propaganda disfrazada de contenido y sin leyendas de inserción pagada o publicidad para que el consumidor entienda que lo que consume es pagado por alguien más y no parte de la agenda editorial del medio.

Peña Nieto, por ejemplo, aprendió el modelo como gobernador del Estado de México y lo maximizó para llegar a la presidencia. A tres años de su mandato es muy obvio que la estrategia continúa. Ha gastado más que ningún presidente reciente en publicidad oficial. Casualmente, ese gasto se concentra en cuatro o cinco medios.

Una propuesta muy concreta: los medios mexicanos tenemos que dejar de ser “voceros” del poder o, en el mejor de los casos, “espejos” de la realidad. Lo primero porque es una clara claudicación de nuestra función primordial y lo segundo porque aspirar solo a reflejar lo que sucede afuera, por fidedigno que sea, me parece una postura muy corta para un medio de comunicación con ideales claros y una agenda definida.

Sugiero que debemos ir más allá y asumirnos como verdaderos constructores de conversación. Verdaderos entes discursivos en el más profundo de los sentidos. Con lo que publicamos y con lo que decidimos no publicar, estamos construyendo una cierta conversación, un discurso preformado. Pro eso más vale tener claro cuál es ese discurso al que se aspira, compartirlo y hasta discutirlo con la audiencia. En estos tiempos de redes sociales, la unidireccionalidad de nuestro poder es una quimera, más nos vale llevar el diálogo con la audiencia más allá de las “Cartas al Editor”. El ecosistema digital es la gran oportunidad que la tecnología nos brinda para entablar una conversación auténtica sobre lo que a la audiencia le interesa, le preocupa, le entretiene y le ocupa.

5. ¿Qué ha significado en México la irrupción de medios digitales y la distribución de información por medio de las redes sociales?

Creo que más que una competencia comercial, lo cual es obvio que no sucede, si han significado una verdadera competencia en materia de impacto con las audiencias. En ese sentido, las redes sociales, en su irracionalidad y virulencia, conservan el atributo de la autenticidad como termómetro de ciertos segmentos de la población, especialmente los jóvenes. Por eso la tentación del control desde el poder político, la tentación por acallar y censurar vía bots y trolls también en esos espacios.

Por otro lado, como el artículo básico, la noticia básica se ha convertido prácticamente en un commodity, esto obliga a los medios a competir con mejor periodismo, mejor investigación, más periodismo de datos, más comprensión y multimedia, etc. Sin duda esa “competencia” es muy saludable en materia de contenidos, pero también no podemos olvidar que el tamaño del mercado digital está muy lejos de significar una salvación para los medios que aspiran a la independencia de sus líneas editoriales.

Podría decirse que entre la digitalización y la publicidad oficial, los medios mexicanos independientes tienen que ser verdaderamente creativos y eficientes par sobrevivir en este nuevo momento de la industria en México.

6. ¿Cuáles son los retos, problemas o amenazas más importantes que enfrentan los medios de comunicación hoy en México? ¿Son similares o diferentes a los que enfrentan en otros países? ¿Por qué?

Mucho de lo que decía en la respuesta anterior, el mayor reto va en dos sentidos y completamente relacionados: si se aspira a la independencia, se tiene que aspirar primero a la rentabilidad. No se puede la primera sin la segunda. Porque es obvio que hay muchos medios en México sumamente rentables, pero de allí a hacer periodismo, estamos muy lejos. Más bien creo que simulan hacer periodismo para incrementar sus negocios.

Pero en el escenario donde lo que se busca es hacer periodismo para formar, informar y fungir de contrapeso en el procedimiento democrático, el mayor reto de los medios mexicanos es su capacidad para innovar en mejores proyectos que sean atractivos para las audiencias. Proyectos creativos y con impacto que brinden a los anunciantes los resultados perseguidos por sus marcas y sus campañas. Proyectos rentables y que generen buenos flujos para pagar el talento necesario y generar las utilidades para mantener a los accionistas tranquilos y lejos del control de las redacciones de manera unilateral.

Se ve difícil para una industria que pasó casi 100 años aletargada en la comodidad del presupuesto oficial, pero no dudo que existe el talento y la osadía para emprender en espacios con una agenda clara, transparente y definida de cara a los usuarios. El día que empecemos a hacer eso y a competir con argumentos de calidad y servicio, estaremos hablando de otra industria, y por lo tanto, estoy seguro, de un mejor país.

(Foto: Noroeste.)


Lee las otras entregas del cuestionario:

1. Daniel Moreno.

2. Marcela Turati.


 

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