El presente del periodismo: 5. Mario Campos

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Para pensar en común el estado y los retos del periodismo en México, hemos circulado el siguiente cuestionario entre un grupo de periodistas. El quinto en responder es Mario Campos.

1. ¿Cómo caracterizaría, a grandes rasgos, lo que ha sido la historia del periodismo en México durante las últimas tres décadas? ¿Cuáles serían los procesos más importantes, los principales cambios y/o continuidades? 

No intentaré desde este espacio trazar una cronología del periodismo mexicano y estoy cierto que hay expertos que pueden dar luz sobre este tema, pero en términos generales hay dos grandes variables que es necesario seguir.

Por un lado, la capacidad del periodismo para ejercer su trabajo con independencia de la agenda política de los poderes en turno. Por el otro, los procesos de profesionalización de todo el ejercicio periodístico.

En el primer caso es necesario entender que la evolución del periodismo ha estado de la mano de la propia evolución del sistema político mexicano. Un sistema de partido único, con una voz hegemónica requería de un sistema de medios alineados, que fuera la caja de resonancia de ese poder político.

Y en ese sentido, en la medida en que el país fue viviendo una transformación también fue experimentando un cambio en su sistema de medios. La prensa gradualmente pasó de mostrar sólo las versiones oficiales, a dar espacio a la crítica y eventualmente a la oposición.

Naturalmente en este tema, como en casi todo lo que pasa en México, es imposible  trazar una línea como si todo el país se moviera en la misma intensidad, y en el mismo sentido.

De tal suerte que mientras en algunos estados hay una fuerte tradición de un ejercicio periodístico crítico, a la fecha hay entidades del país en donde la oficina del gobernador es la que establece qué se puede publicar, en qué espacios y con qué encuadres.

En el segundo proceso, lo fundamental es identificar cómo se ha ido profesionalizando el ejercicio del periodismo en todos sus elementos: desde las condiciones de trabajo, la formación de los periodistas, la venta de publicidad y la diversificación de sus ingresos, la capacidad de distribución del producto, etc.

Dados esos dos procesos –el de la independencia del poder público y el de profesionalización– se han presentado cambios significativos en estas tres décadas:

  1. Diversificación de fuentes. Ya no son las voces oficiales las únicas.
  2. Pérdida de la centralidad del poder político. De ser los definidores casi únicos de la agenda, ahora los poderes políticos batallan con otros actores para poder colocar sus temas en la agenda mediática.
  3. Pérdida de la centralidad de algunos medios. La concentración de audiencias en pocos medios de comunicación ha cambiado hacia un panorama más diverso, tanto en la oferta como en el consumo de medios.
  4. La irrupción de las nuevas tecnologías. Lo que ha transformado la manera en que se produce, distribuye y consume la información.

No obstante, aun con estos cambios, es difícil ser muy optimista pues si bien el ecosistema de medios es hoy muy distinto al de hace unas décadas, también mantiene vicios que generan preocupación.

  1. Dependencia de publicidad oficial.
  2. Discrecionalidad para la asignación de publicidad oficial.
  3. Coberturas enfocadas más en los actores políticos y en las instituciones que en las personas y los procesos.
  4. Alta incidencia del gobierno en el establecimiento de la agenda mediática.
  5. Malas condiciones salariales.
  6. Pocas o nulas inversiones en la formación especializada de periodistas.

De tal suerte que no es posible hablar de un desarrollo lineal, con avances constantes e irreversibles.

2. ¿Cuáles serían, para usted, los protagonistas y los momentos clave de esa historia? ¿Qué medios? ¿Qué periodistas? ¿Qué coyunturas? ¿Qué notas? ¿Por qué?

Cualquier recuento que se haga corre el riesgo de cometer injusticias, y sin duda este es el caso; no obstante, me parece que no se pude entender la evolución del periodismo mexicano sin personajes como Julio Scherer –tanto en Excélsior como en Proceso– o José Gutiérrez Vivó, que en su momento encabezaron proyectos que fueron reconocidos como auténticos ejercicios de contrapeso al poder político.

Es necesario destacar la emergencia de diversos diarios como el Unomásuno, La Jornada, El Financiero o Reforma, que en su nacimiento no solo ofrecieron un periodismo serio, trascendente, sino que sacudieron el panorama mediático obligando a otros actores a reaccionar.

El trabajo de periodistas como Ricardo Rocha o Javier Solórzano en medios electrónicos merece un reconocimiento especial, en particular por empujar temas de derechos humanos en contextos políticos muy adversos.

La labor de Carmen Aristegui ha sido sin duda otra pieza clave para entender el avance de los contenidos críticos en los medios de comunicación, en especial en la radio.

En tiempos recientes, la labor de periodistas como Denisse Maerker, al cubrir en televisión temas como las autofedensas, y la creación de sitios como Animal Político o SinEmbargo, han sido otros espacios para la difusión de información relevante.

Por supuesto, los mencionados no son todos los actores centrales en estas décadas pero sí se trata de proyectos que en su momento han jugado un rol clave en el establecimiento de la agenda pública.

3. ¿Cómo ha sido la cobertura de la violencia en la prensa? ¿Y cómo ha repercutido la violencia en el ejercicio del periodismo?

Debo decir que es muy fácil responder a esta pregunta desde la comodidad de la Ciudad de México, porque es muy sencillo señalar lo que se ha hecho mal, apuntar las carencias y los errores, cuando no se tiene una amenaza real apuntando a la cabeza.

Dicho lo anterior, me parece que hemos tenido una cobertura errática, en la que el aprendizaje ha sido muy costoso.

Durante estos años, y por mucho tiempo, parte de la prensa ha servido como arma de propaganda del crimen. Las fotos de personas colgadas en las primeras planas, los retratos de los decapitados, la publicación de mantas como si fueran boletines de prensa, han convertido a parte de los medios en una herramienta muy útil para el crimen organizado.

Por el otro lado, también se ha caído en el error de prestar el mismo “servicio” a las autoridades de distintos puntos del país. En ese sentido destacan las fotos de personas detenidas, exhibidas de la noche a la mañana como líderes de plaza de cualquier cártel; los fotos de presuntos secuestradores acusados y condenados por la gracia de una pasarela ante las cámaras de foto y video.

Y así, en esos excesos también hemos pasado de no hablar de otra cosa que no fuera el narco, a invisibilizar el tema en no pocos puntos de país.

Pero hay que decirlo, entre una cosa y la otra se han hecho grandes libros explicando la complejidad de estos temas con mayor profundidad. Ahí están las decenas de trabajos de periodistas mexicanos que han encontrado en los textos de largo aliento una salida a las limitaciones del día a día. Textos que han retratado mejor al narco, y que han dado un rostro a las víctimas de la violencia.

¿Cuál es el balance final? Honestamente me resulta muy difícil encontrarlo. Porque así como hay zonas del país que han sido silenciadas  –como ejemplo paradigmático destaca la violencia cotidiana en Tamaulipas– hay otros lugares como Ciudad Juárez o Tijuana, en donde la defensa del periodismo ha sido heroica y gracias al compromiso de cientos de personas se logró mantener un periodismo serio aun con tantas condiciones adversas.

Quizá es muy pronto para hacer cortes de caja pero sin duda una de las tareas para periodistas, académicos y analistas de medios, será reconstruir lo que ha pasado en estos años en los que la violencia marcó la vida de generaciones completas de periodistas mexicanos.

4. ¿Cuál es, en su opinión, el papel actual de los medios de comunicación en nuestro país? ¿Qué tanto ejercen como contrapeso o qué tanto como voceros del poder? ¿Qué tipo de distinciones propondría hacer en ese sentido?

El mapa de medios en México es hoy muy diverso y por tanto es imposible, no solo hacer una generalización entre tipos de medios –prensa, radio o televisión–, sino que incluso dentro de los mismos medios de comunicación hay visiones distintas.

Sin embargo, en términos generales creo que es un mal momento para las empresas de comunicación. Las finanzas de muchos medios se encuentran mal y eso incrementa su dependencia de la publicidad oficial. Y cuando los recursos se asignan con absoluta discreción de quien gobierna, entonces se vuelve una poderosa arma de control de la agenda de la prensa.

Me parece pertinente distinguir entre la información y la opinión. Si bien en la información general hay una amplia cobertura a las actividades del gobierno federal, es todavía posible leer y ver análisis críticos a su labor.

¿Son los medios un contrapeso suficiente? Mi opinión es que no. Los escándalos de corrupción son solo eso, escándalos que tan pronto irrumpen se van de la agenda. Hay poco seguimiento a los casos y las coberturas no suelen terminar con consecuencias.

La agenda mediática es difusa, poco consistente e incapaz en la mayoría de los casos de establecer la agenda de la clase política o de la opinión pública.

Los espacios en medios electrónicos, con notables excepciones, tienden a ser homogéneos y el espectro de opciones ideológicas tanto en medios impresos como en radio y televisión, es muy limitado.

Los medios, como han apuntado periodistas como Miguel Ángel Bastenier, suelen privilegiar las declaraciones sobre los hechos, a los políticos sobre los temas, y a la política sobre el resto de la agenda pública.

5. ¿Qué ha significado en México la irrupción de medios digitales y la distribución de información por medio de las redes sociales?

La llegada de medios digitales ha cambiado para bien el panorama de los medios de comunicación en México. En primer lugar porque abre la oferta de opciones para los lectores. Hoy los analistas tienen, como nunca antes, espacios en los que pueden eventualmente publicar. El reto, claro, es convertir esas plataformas en medios con modelos de negocio exitosos que les permitan tener independencia editorial y estabilidad para el desarrollo de sus proyectos.

¿Pueden ser las redes sociales las herramientas para resolver esos problemas? Todavía está por verse. Las redes sin duda han cambiado la forma en que se produce, distribuye y consume la información, pero eso no necesariamente implica contar en automático con audiencias mejor informadas, ni con un debate público de mayor calidad.

En todo caso ante lo que vemos, hoy por hoy, es una multiplicación de voces, un aumento del “ruido” mediático, y el desarrollo de audiencias cada vez más fragmentadas con niveles de atención muy bajos.

¿Es posible en estas condiciones desarrollar comunidades en torno a medios digitales que permitan darles solidez financiera e influencia en la vida pública? La apuesta es que sí pero es muy pronto para tener todas las respuestas.

6. ¿Cuáles son los retos, problemas o amenazas más importantes que enfrentan los medios de comunicación hoy en México? ¿Son similares o diferentes a los que enfrentan en otros países? ¿Por qué?

Los medios en el mundo enfrentan, desde hace muchos años, una multiplicación de crisis. Por un lado, por la migración de los consumidores hacia las plataformas digitales, sin que ese cambio haya estado acompañado de la misma migración de la publicidad. La información se ha vuelto cada vez más en una especie de producto genérico, por el que el pocos están dispuestos a pagar. Lo que se suma a la multiplicación de la oferta y la fragmentación de las audiencias a las que ya he hecho referencia líneas arriba.

La particularidad en México es que a esa crisis, del modelo de medios en general, se suman problemas no resueltos que afectan el día a día. Entre ellos, la dependencia en muchos casos de la publicidad oficial y la ausencia de una base de anunciantes no gubernamentales; las presiones desde el crimen organizado y las autoridades, que a través de diversos mecanismos de control tratan de imponer su agenda a los medios; y claro, los vicios ya mencionados que hacen que las audiencias de los productos sean realmente bajas en comparación con el total de la población.

Todos estos factores hacen que hoy muchos medios de comunicación vean en riesgo tanto su operación, como su credibilidad, ante audiencias que hoy tienen más opciones, son más críticas del papel de los propios medios, y tienen su propia voz.

De tal suerte que hoy los medios mexicanos acumulan una serie de desafíos que en los próximos años puede cambiar la oferta nacional. Esperemos que sea para bien.


Lee las otras entregas del cuestionario:

1. Daniel Moreno.

2. Marcela Turati.

3. Adrián López Ortiz .

4. Javier Garza.


 

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