Elecciones en Perú: instituciones débiles y personalidades desbordadas

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Ser espectador en las elecciones peruanas es bastante confuso. Si tuviera que explicarle a algún amigo mexicano cómo son las elecciones en el Perú, de manera un poco burda, le diría que sigo sin entenderlo. Y es que, después de la primera ronda de las elecciones presidenciales del domingo 10 de abril, dentro de las posibilidades muy reales están los hijos de uno de los jefes de Estado más corruptos de la historia de la humanidad: Keiko y Kenji Fujimori podrían ocupar la presidencia del país y del Congreso, respectivamente.

¿Y por qué deberíamos de entender lo que se juega en esta contienda electoral? Además de Machu Picchu y las lindas llamitas, Perú tiene lo que muchos economistas consideran como la economía de mayor crecimiento de Sudamérica –un crecimiento sostenido de cerca del seis por ciento en la última década. El comercio bilateral entre México y Perú, por otro lado, ha crecido 433 por ciento en los últimos diez años. Ambos países, junto con Chile, son miembros del controversial TPP. Además, está la Alianza del Pacífico que comparten también con Chile y Colombia. Todo esto sin olvidar que Perú se disputa el título de mayor productor de cocaína con Colombia, misma que se trafica y distribuye en México.

Por estas razones sí deberíamos entender y preocuparnos por quién gana las elecciones en Perú.

Hay particularidades que complican el contexto electoral. Fuera de Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), creado en 1924, no existen partidos establecidos; de hecho, la mayoría de los expresidentes han sido fundadores o cofundadores del partido que los ha llevado a la presidencia, incluyendo al actual jefe de Estado, Ollanta Humala, quien creó el Partido Nacionalista junto a su esposa Nadine Heredia (por cierto, ella es la presidenta del partido).

De los contendientes de estas elecciones, dos son expresidentes: Alejandro Toledo y Alan García, que se presentó por tercera ocasión. Hubo otro, César Acuña, a quien descubrieron que plagió toda su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid, y finalmente lo bajaron del tren por regalar 10 mil soles a un mercado.

Por si todo esto fuera poco, hasta mediados de marzo el Jurado Nacional Electoral (JNE) no sabía si los dos que encabezaban las encuestas, Keiko Fujimori y Julio Guzmán, estarían dentro de las elecciones. A este ir y venir con descalificaciones, The Economist, en su último artículo sobre el tema, lo llamó “una farsa peligrosa”. Al final, Julio Guzmán fue excluido por no seguir las reglas internas de su propio partido para registrar su candidatura dejando el lugar a Keiko Fujimori (sí, leyó bien arriba: la hija del dictador Alberto Fujimori). No es poca cosa, así que mejor sí entremos en detalles.


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Este domingo casi veintitrés de los 31.5 millones de peruanos se acercaron a las urnas para votar por su nuevo presidente, dos vicepresidentes, 130 representantes en el Congreso y cinco parlamentarios andinos para el periodo 2016-2021.

En Perú el voto es una obligación penada con una multa de 79 soles si no vives en un distrito considerado pobre. La jornada electoral del 10 de abril pareció más caótica que en años anteriores: hubo cambios repentinos de lugar de votación, caídas del sistema electrónico, papeletas pre-votadas y mesas de votación que se instalaron fuera de horario.

El nuevo presidente, o presidenta, tendrá la ardua tarea de conservar el crecimiento económico, el milagro peruano, y buscar diversificar las fuentes de ingreso de un país que depende en gran medida de la minería y otras materias primas.

Dejando de lado los asuntos económicos y sociales, lo que caracteriza al Perú es su circo político. Hace seis meses, cuando iniciaron las campañas presidenciales, había 19 candidatos a la presidencia.

Muchos de los candidatos en estas elecciones eran conocidos únicamente por sus allegados, pero varios más son ya habituales en la escena política peruana. Y generalmente no son conocidos por sus grandes logros, sino por sus escándalos.

Son personalidades desbordadas. Sally Bowen, una reconocida periodista británica que radicó en Perú durante más de veinte años hasta que salió del país en 2005 por un juicio en su contra por su libro El espía imperfecto, explica que “Perú no supera el problema de las personalidades. No hay partidos políticos y eso es lo que venimos diciendo desde los 80. En ese sentido no ha habido mucho avance.”

Y agrega que eso demuestra la fragilidad de las instituciones y, sobre todo, de la política peruana. Pero lo que más parece impresionarle a una mujer que estuvo presente durante la toma de la embajada de Japón en el 96 por el grupo terrorista MRTA, o que hizo reportajes desde el VRAEM en sus épocas más crudas, es que, dieciséis años después de la fuga de Fujimori, Perú siga con los mismos personajes y los mismos problemas. “Suena aburrido pero es la institucionalización lo que se necesita”, agrega la periodista quien en su paso por Lima presentó su libro Accidental journalist.

El partido de Keiko Fujimori, “Fuerza Popular”, fue creado en 2010 y está constituido principalmente por fujimoristas, seguidores de su padre, quien también creó su partido político “Cambio 90” previo a las elecciones de 1990.

Perú Posible, el partido del candidato Alejandro Toledo, fue creado por él mismo en 1994 para participar en las elecciones de 1995. El partido de Pedro Pablo Kuczynski, Peruanos por el Kambio, también fue fundado por él mismo en 2014. Y así continúa la lista: Democracia Directa, Progresando Perú, Frente Esperanza…

En Perú hay más de veinte partidos políticos. Las fuerzas que tradicionalmente se reconocen son fujimoristas o apristas, pero no existe un Estado fuerte que llegue a las provincias, no hay partidos políticos sólidos con trayectoria. La gente se decepciona muy rápido con unos y otros. Tanta es la indecisión que el 40 por ciento de los votantes decide quién es su candidato el día de la elección, mientras espera en la fila.

Y eso mismo ocurrió con Ollanta Humala, quien termina su gobierno con escándalos y una aceptación de menos del veinte por ciento. “Para calmar todas esas cosas necesitas legitimidad y eso no se construye de la noche a la mañana”, explica Eduardo Dargent autor de Technocracy and Democracy in Latin America: The Experts Running Government.


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Personajes de ciencia ficción

Gustavo Gorriti, director de IDL-Reporteros, coincide con Bowen: “Estoy preocupado por lo que viene. Veo de nuevo a lo peor del Perú en ebullición. En una especie de movimiento febril intenso.”

De los diecinueve candidatos quedaron diez. Pasada la primera vuelta, vale la pena repasar algunos nombres. Daniel Urresti, ex ministro de interior y hasta el 11 de marzo candidato a la presidencia para el Partido Nacionalista, tiene a la fecha un juicio abierto por el asesinato del periodista Hugo Bustíos en 1988 cuando era Jefe del área de inteligencia del cuartel de Huanta, Ayacucho.

Alejandro Toledo, presidente del Perú entre 2001 y 2006, estuvo envuelto en un escándalo por la compra de inmuebles con fondos de dudosa procedencia; el llamado caso Ecoteva aún no ha sido esclarecido.

Alan García, uno de los candidatos más conocidos por ya haber sido presidente en dos ocasiones y por su gran capacidad de orador, no cuenta con muchas intenciones de voto, pero sigue dando mucho de qué hablar. Su primer gobierno fue para muchos un desastre, tanto así que García tuvo que exiliarse entre París y Colombia durante ocho años para evitar represalias en su contra. En el segundo, más estable económicamente, se vio envuelto en una serie de escándalos de corrupción y narcotráfico. Uno de los más sonados fue el llamado caso de los narcoindultos; durante su segundo mandato se dieron 5 mil 300 conmutaciones de penas e indultos, la mayoría de las cuales habían sido condenados por tráfico de drogas.

En el debate entre candidatos a la presidencia del domingo 3 de abril, Fernando “Popy” Olivera, candidato por el partido “de la escoba”, le leyó sus verdades a García: “Usted no me es indiferente, doctor García, porque usted encarna la impunidad. Porque usted ha pervertido los valores del Perú, porque tiene que responder ante la justicia por…” Y ahí usó su minuto y medio de tiempo de palabra para enumerar todos los escándalos y casos de corrupción en los que se ha visto envuelto Alan García.

Antero Flores, abogado y ex ministro de Defensa, Gregorio Santos, quien se encuentra recluido bajo prisión preventiva y realizó su cierre de campaña desde la prisión, e Hilario Escobar, que representa la amazonía y nunca ha estado inmiscuido en la política, no figuraron en las encuestas pero brindan una fotografía de la diversidad de fuerzas que podrían jugar en la segunda vuelta.

Alfredo Barnechea, además de tener un máster de la Escuela de Gobierno de Kennedy en Harvard, ofendió a muchos porque rechazó un chicharrón durante su campaña. No dejaron de hablar de eso. Al final, quedó en cuarto lugar con poco menos del ocho por ciento de los votos.

La verdadera lucha estuvo entre Pedro Pablo Kuczynski (PPK) y Verónika Mendoza. Estos dos representan a los dos extremos de la política en el Perú. Verónika, una congresista cusqueña de 35 años de madre francesa y padre peruano que representa la izquierda, contra PPK de 77 años, educado en colegios anglosajones y con una larga trayectoria política con la que la derecha puede identificarse más. PPK terminó pasando a la segunda vuelta con 25% de los votos (datos al cierre de la edición).

Con Verónika se identifica el sur del país, artistas y muchos jóvenes. La tachan de chavista y popular, y varios medios han criticado cosas tan simples como su manera de vestir. La guerra de los medios en su contra fue brutal. Aunque la psicóloga parece encantadora, su programa político parece estar hecho simplemente de buenas intenciones.

Durante el “atropellado” debate presidencial del 3 de abril, cuando el expresidente Toledo le preguntó sobre su plan económico, Mendoza contestó que apostaría por «un cambio profundo, porque no creemos que debamos seguir siendo una despensa de piedras, materias primas y recursos naturales». Pero nunca explica cómo.

PPK, mucho menos carismático y con menos capacidades a cuadro, es la opción a la que apelan ciertos grupos más moderados. El economista fue ministro de Energía y Minas en los ochenta y ministro de Economía y Finanzas durante el gobierno de Toledo.

El sistema peruano establece que el candidato presidencial debe obtener más del cincuenta por ciento de los votos. Su gran reto será el de unir fuerzas contra Keiko Fujimori en la segunda vuelta del 5 de junio. De lo contrario, será Kenji quien ponga la banda presidencial a su hermana al ser el congresista más votado y, por lo tanto, el presidente del Congreso.


RAG02. LIMA (PERÚ), 05/06/2011.- La candidata a la presidencial de Perú Keiko Fujimori vota hoy, domingo 5 de junio de 2011, en un centro electoral de Lima (Perú). Veinte millones de peruanos votan en las elecciones presidenciales por el nacionalista Ollanta Humala o la legisladora Fujimori para dirigir el país en los próximos cinco años. EFE/Raúl García

El Factor K

Hablar de Fujimori en Perú puede causar una gran discusión. Lo que es seguro es que la reacción no es neutra: o lo aman o lo odian. Daniel Quispe, un joven taxista Cusqueño, dice que él y su familia votarían por Keiko por todo lo que había hecho su padre por el Perú. Porque gracias a él, dice, terminó el terrorismo.

Es un discurso al que se sigue apelando. La noche del 10 de abril se escuchaba a Keiko desde el hotel Meliá decir: “representamos a esa voz que viene reclamando la presencia del Estado”. Para continuar, luego, hablando de inseguridad, terrorismo y el Sendero Luminoso.

Pero esa opinión, no la comparten los más de cincuenta mil manifestantes que se reunieron en la Plaza San Martín el 5 de abril. Con cantos y tambores, personas de todas las edades y estratos sociales gritaban: “por justicia y dignidad, Fujimori nunca más”. El día era clave: 24 años antes, Alberto Fujimori realizó un autogolpe en el que disolvió el Congreso de la república e intervino el Poder Judicial y otras instituciones.

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Keiko Fujimori nunca se ha desligado totalmente del exdictador encarcelado y cuyos delitos, que incluyen corrupción, asesinatos y secuestros (entre ellos el del mismo Gorriti). Ella prefiere llamarlos “errores”. Las esterilizaciones forzadas a las que fueron sometidas más de trescientos mil mujeres bajo el gobierno de su padre son, según ella, responsabilidad exclusiva de los médicos que las realizaron.

Gustavo Gorriti, quien participó en el destape de los #PanamaPapers dice que Keiko, además de parecerse físicamente a su padre, cosa que en cierta forma la beneficia, ha hecho su labor. “Es disciplinada, ha dado vueltas por todo el Perú durante estos años, ha hecho un despliegue estratégico de su partido hacia el centro, ha hecho varias cuestiones de arrepentimiento más o menos formal del régimen de su padre. Pero en lo esencial permanece en lo mismo. Ella ha buscado arreglárselas para en lo esencial mantener la mayor cantidad de su público además de tratar de ganar a esa franja de centro que podría darle la victoria”.

Bowen, quien regresó a Perú después de muchos años de ausencia, dice que le parece escalofriante la campaña. “Hay muchos ecos de las estrategias de su papá del año 2000. La situación es distinta porque su padre estaba en el poder, y tenía detrás de él a las fuerzas armadas y al sistema de inteligencia nacional con Vladimiro Montesinos, todos trabajando para conseguir esa reelección. Pero me da una especie de escalofrío enterarme de las fiestas y los bailes… del Factor K”.


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La manipulación mediática

En Perú uno tiene la sensación de vivir en un permanente estado de guerra sucia. El 80 por ciento de la prensa escrita es controlada por el Grupo El Comercio. Esta gran concentración en los medios se le suman algunas estaciones de radio y televisoras. Gorriti explica que, además, el tono que se utiliza a nivel periodístico constituye un caso claro de guerra psicológica contra el pueblo peruano. No solo por desinformación sino también por el amarillismo periodístico que se ha convertido en la parte central de los medios.

“Esto, desde el punto de vista de muchos directores, mantiene entretenida a la población y por supuesto más controlada. Eso tiene un efecto en el día a día pero, como ha resultado, no lo tiene a nivel electoral. Por ejemplo en 2011, el grupo de El Comercio y las agrupaciones empresariales se movilizaron al máximo para buscar que Keiko Fujimori llegara a la presidencia”.

No lo lograron. Humala fue quien llegó contra viento y marea a la silla presidencial. Pero esta falta de control tiene un por qué. Jacqueline Fowks se dio a la tarea de hacer un minucioso análisis de cómo operaron las elecciones del 2000 y lo presentó en su libro Chichapolitik. Esa estrategia mediática es, quizá, una de las herencias más duraderas del fujimorismo.

Hace 16 años Vladimiro Montesinos, la “eminencia gris” del régimen fujimorista, se convirtió en el mayor editor de medios en la historia de Perú. En 2000, durante la dictadura, Fujimori buscaba la reelección y tenía el control de todas las televisoras, tenía a los concesionarios de las televisoras comprados para llevar a cabo una línea periodística manejada por el servicio de inteligencia nacional desde el que operaba Montesinos. Esa fue la Chichapolitik.

Si bien hoy las cosas no funcionan igual, repetir palabras claves como “terrorismo” o “inseguridad” le funcionan a Keiko para seguir en la delantera con su casi cuarenta por ciento y 60 de los 130 lugares del Congreso. Sus detractores dicen que esa aceptación es fija y que el resto del país, independientemente de por quién vote, votará en contra de Keiko en una segunda vuelta el 5 de junio.

¿Regresará el control de Fujimori después de veinticinco años?

(Fotos: cortesía de Juan Pablo Azabache y Globovisión.)

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