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| Carta editorial

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Hoy concluye mi etapa de trabajo en Horizontal. He decidido incorporarme a la próxima administración federal. Esta decisión contraviene el espíritu independiente y crítico de la publicación y a su centro educativo. Mi mirada y entusiasmo con la así llamada “Cuarta Transformación” deformaría la línea editorial de Horizontal.

Aquí he pasado los mejores años que recuerde. Estoy convencido de la utilidad pública de una plataforma transparente, combativa y crítica. Hacia atrás veo un camino que abrió nuevas brechas sobre el papel de los medios en el país: nos atrevimos a hacer una plataforma sin publicidad cuyo modelo de negocios ha sido, poco a poco, replicado. En Horizontal se ejerce una libertad intelectual de la que no suelen gozar las revistas mexicanas. Celebro que abrimos ventanas que hoy son amplias puertas: un análisis inteligente de los nuevos derroteros de la izquierda, un periodismo profundo y riguroso, una apuesta por encarar perniciosas prácticas sociales como el racismo y la celebración de la desigualdad.

Desde hace algunos años he participado en la vida pública y política de México. El primer paso fue saltar a una militancia abierta, al tiempo que cultivar un espíritu crítico y autónomo. La generación de la que formo parte optó por un camino similar y conjuramos espacios de deliberación de la agenda pública –una práctica tan común como tomar café o viajar en metro—. A veces fuimos exitosos al incidir en la izquierda partidista con argumentos colectivos; otras veces fracasamos. Aunque sea mínimamente, contribuimos a generar las condiciones para que la izquierda ganase la presidencia y el congreso. No hay contribución pequeña.

Estoy convencido de que habrá un cambio importante en la vida pública del país. La “Cuarta Transformación” no es un catálogo de promesas de política pública, sino una batalla cultural por librarse; quiero ser parte de ella. Acepté la invitación a incorporarme al equipo de la Secretaría de Cultura y pondré mi talento e imaginación en ello.

Adivino, para Horizontal, un futuro brillante que pasará por una renovación editorial y de su centro cultural. Además de continuar ejerciendo la crítica a través del ensayo político, se ampliará la cobertura periodística con la reconocida experiencia de Alejandra Sánchez y José Luis Pardo. El centro educativo y cultural tiene ambiciosos planes a mediano y largo plazo para consolidarse como una industria de nuevas ideas y quehaceres. Nada de lo anterior sería posible sin el enorme talento y la tenacidad responsable de Guillermo Osorno.

Finalmente, quiero agradecer al resto de los fundadores: Humberto, Rafael y Mario, por su entusiasmo con el proyecto. A nuestros socios, por confiar en lo que hacemos, especialmente a Pablo y a Gustavo de quien he aprendido tanto. A nuestro equipo operativo y editorial. Y a la extensa nómina de autores que ha desfilado en nuestras páginas, cuyas reflexiones han ampliado la mirada política, social y cultural de sus lectores.

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