Ética en tiempos cínicos

Ética periodística
Ética periodística

Regularmente pensamos que el mayor dilema ético de un periodista es aceptar, o no, un soborno. Es un dilema tan universal que a varias generaciones de periodistas nos enseñaron en el diario Reforma que un desayuno, un llaverito o un regalillo en navidad, comprometía nuestra integridad.

El mismo periódico estableció una separación radical (e inédita para su tiempo) entre el área editorial y la publicitaria.

Fue un cambio inspirador.

Los periodistas, como gremio, entendimos que no es parte de la chamba ir tras la comisión por venta de publicidad y que investigar los trapos sucios de una dependencia o sector no es un trabajo que se deba hacer “a pedido”.

Pero ni entonces ni ahora se reflexiona mucho en otros aspectos de la ética, en la ética cotidiana.

Por ignorancia o por negligencia, el grueso de los periodistas no solemos reparar en que la “separación de poderes” va más allá de la presión de empresarios, funcionarios, áreas comerciales o de relaciones públicas.

La ética es un acto de voluntad frente al oficio periodístico.

Siempre recordaré a aquel reportero que se presentó con la frase “no entiendo tus críticas a mis notas, si los funcionarios siempre me las felicitan”.

El peor desafío es la ignorancia… estar frente a dilemas éticos y no reconocerlos.

Uno de mis preferidos es la atribución.
¿En qué momento nos permitimos publicar información sin fuentes?
Amparados con la leyenda “esta información no está confirmada” o “se desconoce el origen del video, por lo que podría tratarse de una falsa noticia”, publicamos cualquier cantidad de mentiras o tergiversaciones.

Cortos como andamos de presupuesto ya no cubrimos edificios, como alguna vez magistralmente dijo Guillermo Osorno, ahora, desde redacciones silenciosas y frente a la pantalla, vivimos en la dictadura del levante.

En una redacción digital redactan una nota atribuyendo la información a la estación de radio X que a su vez, la tomó del diario Z.

Como si esa atribución fuese un salvoconducto que nos “libra” del desastre. O más cínicamente: una vía de escape por si la información es incorrecta, equivocada, manipulada o falsa.

Ese desaforado copypaste tiene consecuencias que no tenemos tiempo de reflexionar; desinforma, revictimiza, replica prejuicios (o los consolida), y nos convierte en voceros de agendas e intereses ajenos a la función periodística.

Este “método” de trabajo no ocurre solo en los medios digitales, es práctica cotidiana en cualquier redacción que no solo se alimenta de la sobrecarga informativa, sino de la pauperización del periodismo.

Redacciones mínimas encabezadas por un grupo aún más mínimo de editores que no editan sino que dirigen el tráfico de cientos de notas publicadas no por el frenesí de informar, sino para no ser “rebasados” por la competencia.

Por supuesto, el plagio no nació con la digitalización, pero dos teclas (copy+paste) lo facilitaron hasta convertirlo en “herramienta de primera necesidad” (sic)

Frente a un titular zafio, pregunté en Facebook: ¿en qué piensan cuando titulan?. La mejor respuesta fue “en que sólo tienes 40 caracteres…que tienes que publicar lo más rápido posible… Claramente no en que sea entendible”.

Desbocarse por publicar sin tener los elementos necesarios y sin pasar la información por ácido, son desafíos éticos que se ha devorado la crisis desatada por la inmediatez.

No soy crítica de la inmediatez, soy crítica de la necedad.

La necedad de ser megáfonos sin filtro no solo del poder, sino de las redes sociales y sus pleitos, trending topics y rumores. Las redes marcan agenda diaria y la seguimos impávidos.

Soy una férrea defensora de la nota diaria hecha con parámetros éticos, que ofrezca contexto y datos que ayuden a entender mejor el mundo y abran la puerta al periodismo de largo aliento.

Es imperioso dotar de recursos adecuados a las redacciones, permitir que los editores editen, y que los redactores y reporteros no estén sobrecargados de trabajo y subremunerados, para impulsar un periodismo ético.

Dicha está obviedad que han leído, pensado y escuchado desde hace muchos años, seamos cínicos: no hay tiempo, ni recursos, ni interés de la gran mayoría de los empresarios de medios, para hacerlo.

Entonces, ¿qué se puede hacer?

Dote a sus contenidos, a su trabajo, y a su persona, de la integridad y calidad necesaria para hacer periodismo ético. No hay nota pequeña ni periodismo chiquito.

No desprecie a la audiencia imaginando que “a la gente no le importa”, no sea negligente frente a los contenidos basura, no sea un eco de las manipulaciones informativas.

¿Cómo? Va una lista mínima de prácticas para el periodismo cotidiano, ejecutables aún con sobrecarga de trabajo y largas horas frente a una pantalla. Una lista mínima para el periodista cínico. Ojalá sea de utilidad.

Breve guía de ética cotidiana

  • Fuentes: ¿cuántas estás usando para redactar? ¿Una? ¿Es oficial? ¡Felicidades! Ya tienes ganado un lugar en el reino de los boletinazos.
  • Tomar información sin verificar es un boleto de oro para la rifa del descrédito. Contrasta fuentes y versiones, busca hechos, confirma. No te sumes a la ola que replica “la misma información que todos traen”. Que la mayoría publique algo no significa que sea precisa, adecuada y oportuna.
  • Si vas a copypastear, al menos busca una fuente primaria, o al medio que publicó la exclusiva. Rastrea, sal de tu cámara de eco. ¿Ya conseguiste la fuente primaria? Genial, ahora busca un ángulo propio, un dato complementario, “adueñate” de la información y respeta el trabajo de tus colegas.
  • Contextualiza. Siempre. ¿Cómo podemos entender esto? No solo digas qué ocurrió, busca explicar por qué.
  • Lo que escribes tiene consecuencias: utilizar adjetivos o sobrenombres alimenta los prejuicios. Monstruo de Ecatepec (y borramos el resto de los feminicidios), Ninis (y borramos el problema del desempleo), Ponchis (y borramos el problema de los niños a merced de la miseria y el narcotráfico).
  • La nacionalidad, preferencia sexual, raza o creencias religiosas no determinan la conducta y honestidad de nadie. Recuerda que las palabras tienen el poder de alentar y legitimar sentimientos xenófobos. “Alertan sobre ladrones colombianos”…. bueno, no se necesita ser colombiano para robar. Cuando le señalé a un colega que nadie publicaba “Alertan sobre ladrones mexicanos”, su respuesta fue que “se espera” que los mexicanos roben” (sic).
  • No revictimices y no criminalices. Mostrar el dolor y vulnerabilidad de las víctimas o mostrar el rostro de niños y presuntos delincuentes para atraer audiencias puede arruinar vidas. Sí, tenemos ese poder.
  • No creas todo. Como dice Doctor House, todos mentimos, no solo los políticos y supuestos criminales, también los activistas, defensores de derechos humanos y supuestas víctimas.
  • No matices ni edulcores. La gente no “aparece” muerta, la asesinan. No existen los “crímenes pasionales”, es un feminicidio. Los agresores sexuales no “abusan”, violan. Los cuerpos sin vida son cadáveres.
  • Conjuga correctamente los verbos y aprende el uso preciso de las preposiciones. El mal uso de estos recursos puede tergiversar la información.
  • No a la hipérbole. Dimensiona en su justa medida la información y no en función de tus prejuicios. No permitas que tu trabajo sea utilizado para esparcir el miedo.
  • No te conviertas en pollo sin cabeza. Subirte al tema no significa publicar “lo que sea”. “Feminicida de Ecatepec (gracias por no usar “monstruo”) saludaba de beso a madres de sus víctimas”.  ¿Cómo debe saludar un feminicida? ¿El beso tiene algún significado oculto?
  • Reflexiona. Duda. ¿Demasiado hermoso para ser verdad? Seguramente es mentira. “Logran curar VIH con células madre”. Si lo pensamos, resulta evidente que una noticia de esa dimensión paralizaría el mundo. Y claro, el estudio no era falso, pero “no encontrar rastros de VIH en seis personas” no es lo mismo que “curar el VIH”.
  • Sé preciso. Verifica nombre, apellidos, ortografía y, en especial, cifras. Recuerda que el pez por la boca muere.
  • Las fotos, gráficos, videos, memes y posts no adornan, informan. Todo merece el mismo rigor y profesionalismo….y todo es susceptible de ser alterado y manipulado.
  • Haz tu trabajo con pasión, con gusto, con respeto. Recuerda las palabras de Javier Darío Restrepo: «La ética reclama siempre el grado máximo de calidad profesional».

 

Esta publicación/plataforma ha sido posible gracias al apoyo del pueblo de los Estados Unidos a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Su contenido es responsabilidad de los autores y no refleja necesariamente el punto de vista de USAID o del Gobierno de los Estados Unidos de América.

Alma Delia Fuentes

Alma Delia Fuentes es periodista desde hace 25 años. Obsesiva del detalle y amante de un contenido editorial hecho con pasión y calidad, es una defensora férrea de la nota diaria. Estudió periodismo y tiene una maestría en Creación Literaria y otra en Periodismo Digital. Ha trabajado en medios como Reforma, El Universal, Univisión, CNN. Actualmente trabaja en ForoTV.

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