Gloria Álvarez: el retorno del anticomunismo libertario

Con un discurso seductor, la politóloga Gloria Álvarez se lanza contra el populismo mezclando referencias y fuentes, y atrae a una derecha libertaria que retoma las viejas consignas anticomunistas y antisocialistas.

| Izquierdas bolivarianas

Los tiempos políticos actuales parecen generar una marea de voces que claman por identificar cualquier opción que difiera del estatus quo con los fantasmas del siglo XX. Según la cercanía o lejanía con la izquierda o la derecha, el comentarista o político acusará de comunista o fascista a cualquiera que ose moverse de las políticas clásicas del liberalismo. En nuestro contexto político actual no ayuda mucho que la confusión entre liberalismo e izquierda parece haberse extendido al México del siglo XXI. Esa transformación nada neutral de lo que significa «izquierda» se entremezcla con demanda de cosas como «una izquierda moderna». Una izquierda que cumpla con los gustos de decenas de comentaristas de derecha, desencantados de la utopía, y despistados liberales quienes al parecer olvidan que en México hubo alguna vez algo llamado Revolución.

La confusión se agudiza cuando uno lee a jóvenes que presumen de defender la libertad (de empresa, sobre todo) y la propiedad privada; y dejan perplejos a tirios y troyanos al negar ser de derechas por ser ateos, defender el aborto y estar a favor del matrimonio igualitario. Si en los años ochenta uno podía leer algo similar en los libros de Luis Pazos, en estos tiempos uno puede ver en la red los videos de la politóloga Gloria Álvarez o admirar su potente retórica libertaria en sus dos primeros libros (El engaño populista y Cómo hablar con un progre)[I]. Gloria Álvarez Cross, guatemalteca educada en la Universidad Francisco Marroquín y con estudios de maestría en Roma presenta un discurso general contra un «populismo» tan general como sus lectores crean encontrar. En las intervenciones de Álvarez uno encontrará un producto totalmente estadounidense y, a pesar de la apariencia, muy pocos temas específicos de la historia política latinoamericana.

Es más, esa defensa sin compromisos ni adjetivos, ni mucha reflexión es lo que ha resultado arrolladoramente seductor para sectores de la derecha mexicana necesitados de argumentos para detener lo que ellos consideran es el avance del populismo. Una derecha que por momentos quiere pensarse liberal, sentirse conservadora y soñarse moderna. Eso explica un poco por qué los diputados del Partido Acción Nacional soportaron con estoicismo ser acusados de cómplices del comunismo por aliarse con el PRD. Tal vez esa situación con ciertos tintes de comedia se habría evitado si antes de invitar a Gloria Álvarez los legisladores o sus asesores hubieran puesto un poco más de atención a los libros de su invitada.

Estamos ante un discurso bastante popular entre las derechas juveniles estadounidenses que no forman parte del conservadurismo cristiano, el libertarianismo. No es tampoco algo nuevo, desde los años cuarenta algunos personajes latinoamericanos y mexicanos participaron de la serie de redes intelectuales en las que el anticomunismo y la defensa de una radical ideología de libre mercado fueron la argamasa de una alianza de exiliados y académicos que buscaron detener el consenso socialdemócrata de aquellos años.[II] La Guerra Fría terminó, y un nuevo consenso político intelectual se levantó de las cenizas del viejo mundo: democracia, derechos humanos, ecología, etcétera. El cuestionamiento del capitalismo permanece en los márgenes de la discusión política por más que en centenares de lugares a lo largo del planeta las protestas contra sus efectos continúan. A diferencia del siglo pasado, la protesta se diluye en miles de causas particulares y no existe narrativa o iniciativa política que las agrupe a la manera del viejo socialismo. Un ejemplo problemático de la marginalidad del dicurso anticapitalista en México es su incapacidad de capturar el entusiasmo popular, ya sea en terminos electorales o de influencia política efectiva, después del alzamiento zapatista de 1994.

Sin embargo, para jóvenes libertarianos como Gloria Álvarez cualquier denuncia de los problemas del sistema, Piketty incluido, sigue siendo un retorno de los espectros del comunismo. En este fin de la historia, el discurso de una joven de treinta y dos años parece ocurrir en el siglo XX. Es casi como leer un periódico de los años cincuenta, las mismas conspiraciones comunistas, perdón, populistas en cosas tan disímbolas como las propuestas de ampliar derechos sociales (salubridad pública, vivienda, educación gratuita, etcétera) o la Ilustración francesa. Si su primer libro, con la coautoría con un doctor en filosofía chileno, por lo menos ofrece un buen resumen de autores libertarios además de acusar de comunista al Papa Francisco y a casi todo el espectro político latinoamericano; su segundo libro, Cómo hablar con un progre es un ejemplo de retórica pura.

Si el lector tuvo la oportunidad de leer el Manual del perfecto idiota latinoamericano en la decada de los noventa, puede darse cuenta de que sus autores conocían de lo que hablaban, distinguían perfectamente los diferentes tipos de izquierda que existían en Ámerica Latina.[III] Quien termine de leer el ameno libro de Gloria Álvarez constatará que la autora ni conoce ni le interesa conocer aquello que rechaza, le basta con construir un hombre de paja ideológico «el progre». Para ella: «El tiempo, las experiencias de la vida, viajar, y, en los casos menos graves, leer y conseguir un criterio propio, harán lo que nosotros ahora no podemos. Ahora bien, no podemos convencerlos pero sí saber cómo persuadirlos y llevarlos a lo absurdo de sus planteamientos».[IV] El resto del libro continúa en ese tono, en el que soberbia y lecturas filosóficas no muy digeridas se mezclan para brindar al lector la impresión de que su autora, respaldada por montones de argumentos de autoridad y análisis de cultura pop. En un pasaje memorable sobre la mala lectura de la izquierda a las películas de Star Wars, Gloria dictamina: «Al progre se le olvida que Star Wars es la historia de la lucha y de la defensa de la república, del gobierno limitado, del libre mercado interplanetario, llevada a cabo por los Jedis contra el Imperio de Darth Vader»[V]. Es difícil contener la risa frente a una interpretación tan «marxista» del cine, pues Gloria Álvarez ve en una simple película tanto contenido ideológico y político que cambiando adjetivos es casi un reflejo de una lectura estalinista.

Hay en sus textos y discursos una constante tendencia a construir genealogías espurias con las que arrinconar a sus rivales. Algo que ya se podía apreciar en su primer libro en el que el argumento de agrupar al comunismo y al fascismo como las dos caras del totalitarismo se convierten en una caricatura. En «El engaño populista» después de un par de citas acerca de la política social del fascismo, sin explicación ni contexto del desarrollo de sus ideologías y movimientos, Álvarez y Kaiser afirman: «Es casi como si los socialistas del siglo XXI y todos sus seguidores intelectuales y políticos hubieran hecho copy paste de las ideas de Hitler y Mussolini. ¿Cómo se explica esto? La razón de que el fascismo y el nazismo son doctrinas colectivistas inspiradas en buena medida en el socialismo marxista».[VI] Dejemos de lado por un momento lo problemático de esta historia intelectual de los «enemigos de la libertad». Los autores no están interesados en explorar la evolución de un jóven Mussolini radical con simpatías por el marxismo heterodoxo de Georges Sorel al Mussolini fascista claramente antisocialista de la madurez.[VII] Su maniobra retórica es transformar a los derechos sociales en una doctrina fascista y a todo partido apoyándolos en una organización totalitaria.

Todo el planteamiento político de Gloria Álvarez, más allá de la identificación del enemigo populista, tiene un aire de atractivo exótico. En el contexto hispanoamericano las referencias de Gloria Álvarez son lo suficientemente oscuras como para no levantar demasiadas sospechas. Puede que su acusación a la herencia cultural española-católica como origen del «atraso» económico y político hispanoamericano sea la suficientemente familiar, pero su incesante ataque a la tradición política de la Ilustración francesa le parecerá extraña a un lector promedio en Latinoamérica o España. Las explicaciones de esa reiterada insistencia en los peligros de ser «latinoamericano» es fácil de entender si observamos que Gloria Álvarez se inspira en autores de un fuerte sesgo antilatinoamericano, como Ann Coulter.[VIII] Su excesiva simplificación de la historia política y económica de Ámerica Latina es la otra cara de su dependencia de textos como los libros de Deirdre Mccloskey, que defienden la tesis del excepcionalismo anglosajón como explicación de que la democracia solo puede existir en un regimen capitalista que adopte los valores del cristianismo reformado personificado en la burguesía.[IX] Y por más que acuse a la izquierda de dogmatismo, cada uno de sus capítulos transpira una certeza que oculta un debate aún abierto en torno a las razones del éxito y fracaso del desarrollo económico y la desigualdad. Una certeza que curiosamente no se sostiene con referencias a datos duros, cifras macroeconómicas o nada que se le parezca, sino menciones a «prestigiosos» periódicos como el Financial Times.[X]

Para Gloria Álvarez, cosas como el imperialismo estadounidense en el siglo XIX, la Guerra Fría, las dictaduras militares, la profunda impronta antidemocrática de las oligarquías nacionales son cosas menores; de esas cosas que hay que relegar a las páginas del libro que no escribirá porque está demasiada ocupada atacando a cualquier intento de democratizar el ejercicio del poder en nuestros países como otra «nueva amenaza comunista». No extraña entonces que se cure en salud al defender la implementación dictatorial de la reformas «promercado» en Chile durante los ochenta: «…fueron un éxito más allá de las críticas que, justamente, se puedan hacer por el contexto autoritario en que se realizaron y las inexcusables violaciones a los derechos humanos cometidas en la lucha contra la insurgencia marxista».[XI]

El propósito de su retórica es claro, borrar la historia y con ello evitar cualquier examen crítico de nuestras realidades políticas y económicas a la luz de la problemática historia de dos siglos de luchas por la democracia en el continente. Acaso porque las recetas que defiende son una lectura de clásicos (Platón y los griegos) tan similar a la forma que los constituyentes de nuestras repúblicas oligárquicas de mediados del siglo XIX, que estamos ante un producto que se divide entre ser un remake del liberalismo no democrático de aquellos años o un cover de la derecha libertaria estadounidense. Si fuéramos menos generosos, la obra de Gloria Álvarez podría ubicarse como una instancia más del viejo truco publicitario en el que un producto viejo se ponía a la venta como nuevo, luego de cambiarle de nombre conforme la última película de moda.

A una izquierda mexicana poco acostumbrada a lidiar con una derecha no conservadora y que no está tan segura a estas alturas de seguir soñando con utopías anticapitalistas, el desafío del discurso libertario implica un problema. Las respuestas estadounidenses de cerrar puertas y ventanas es conflictiva en nuestro contexto político en el que por lo general esa reacción es la que todo tipo de gobiernos antidemocráticos le han recetado, desde Madero hasta Cuauhtémoc Cárdenas. Que la aceptación de ese discurso sea todavía marginal no es pretexto para no responder. La alternativa frente al discurso simplificador y polarizante a la vez que justificador de la nueva derecha libertaria debe ser desmontar su discurso con pasión, pero también con información.


[I] Véase Axel Kaiser y Gloria Álvarez Cross, El Engaño Populista: Por qué se arruinan nuestros países y cómo rescatarlos España: Planeta, 2016; y Gloria Álvarez Cross, Cómo hablar con un progre: Por qué, en lugar de hacerla desaparecer, la socialdemocracia incrementa la pobreza,Deusto, 2017.

[II] Véase María Eugenia Romero Sotelo, Los orígenes del neoliberalismo en México. La escuela austriaca, México: Fondo de Cultura Económica-UNAM, 2016.

[III] Véase Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano, México, D.F.: Plaza & Janés, 1996.

[IV] Gloria Álvarez, íbid.

[V] Ídem.

[VI] Axel Kaiser y Gloria Álvarez, íbid, p. 46.

[VII] Véase Francois Furet, El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX, México: Fondo de Cultura Económica, 1995.

[VIII] Para apreciar el sesgo hostil hacia Ámerica Latina de una de sus fuentes, véase Ann Coulter,¡Adios, America!: The Left’s Plan to Turn Our Country into a Third World Hellhole, Washington DC: Regnery Publishing, 2015.

[IX] Véase Deirdre N McCloskey, Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital or Institutions, Enriched the World, University of Chicago Press, 2016.

[X] Véase Gloria Álvarez, «Viva el mal, viva el capital, el mundo según los progres» en íbid.

[XI] Axel Kaiser y Gloria Álvarez, ibid, p. 91.

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