“He pasado mi vida observando a la gente a través de sus gestos”

La reportera y escritora mexicana Alma Guillermoprieto, premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, reflexiona sobre su inesperado salto de la danza a la escritura, sobre la revolución en Nicaragua y la violencia de América Latina, un continente que muchos han descubierto a través de su mirada. 

| Entrevista

Alma Guillermoprieto

A su llegada a la ciudad española de Oviedo el pasado domingo, funcionarios de la fundación Princesa de Asturias recibieron en la estación de trenes a la reportera y escritora mexicana Alma Guillermoprieto, ganadora del premio en el área de Comunicación y Humanidades, y la condujeron al Hotel de la Reconquista, un antiguo orfanatorio con aspecto de palacio renacentista. Allí la esperaba un grupo de ruidosos gaiteros, fotógrafos y periodistas que le dieron un tratamiento de celebridad, el mismo que han recibido, entre otros, el director de cine Martin Scorsese, ganador en la categoría de Artes, o el filósofo y profesor de Harvard Michael J. Sander, que ha sido reconocido en el área de Ciencias Sociales. Alma se había bajado del tren proveniente de Madrid con el pelo recogido y vestía una camisa blanca, un chaleco negro y pantalones del mismo color. Se sorprendió muchísimo por tanta expectación, pero a pesar de una timidez que solo se esfuma en el escenario o con un cuaderno en la mano, se mostró sonriente como en todos los actos públicos de esta semana en la que ha ido trotando de un lugar a otro acompañada de un grupo de amigos de Malinalco, Ciudad de México, Madrid, Bogotá, Nueva York y Washington.

El lunes, por ejemplo, habló frente a un grupo de estudiantes de los colegios públicos de educación media de Oviedo y sus alrededores en el auditorio de una escuela del pueblo minero de Mieres. La fundación había preparado un material pedagógico que repartió entre las escuelas al principio del ciclo escolar y los alumnos estuvieron elaborando durante un mes periódicos propios. Además los chicos reflexionaron sobre la obra de Alma, su relación con la danza, la violencia en América Latina y con el inglés, idioma en el que durante décadas ha escrito la mayoría de sus textos en algunas de las cabeceras más prestigiosas del mundo como The New Yorker y The New York Review of Books. La conversación fue conmovedora, no sólo por el contenido de las preguntas, sino también por mirar un sistema educativo involucrado y que funciona.

Casi tan conmovedora como la función de la noche, a la que asistieron más de mil representantes de los clubes de lectura de las bibliotecas públicas de España, la mayoría mujeres de edad avanzada que leyeron la biografía de Alma, La Habana en el Espejo (Mondadori, 2017) que apenas se conoce en México. El periodista español Juan Cruz conversó con ella y al final Alma escenificó con una bailarina local un pasaje de su libro, que cuenta la primera lección de danza que impartió en Cuba. Las conversaciones y los actos públicos han ido revelando aspectos íntimos y poco conocidos que incluso habían estado escondidos para personas que tenemos una relación con ella desde hace mucho tiempo: por ejemplo, su inicio en la lectura, gracias a que su madre la llevaba una vez a la semana a la Biblioteca Benjamín Franklin de Ciudad de México.

Esta es una conversación que sostuvo conmigo unas semanas antes, en el Hay Festival de Querétaro, donde cuenta del origen de su carrera, la relación entre la danza y la escritura, su vínculo con los Estados Unidos, Colombia y la violencia de América Latina.

Guillermo Osorno: Alma Guillermoprieto es una de las escritoras mexicanas más importantes, que hizo una carrera fuera de México, con la intención expresada en algunos de sus libros o artículos de revista, de tratar de explicarle a los norteamericanos cómo un país de diez elevadores, Nicaragua, que estaba en pleno proceso revolucionario, no podía representar ninguna amenaza para Washington. La idea de Alma era representar a los latinoamericanos en sus propios términos. Esa es una de las vetas de su obra. La otra, que es por la que me gustaría comenzar, es la relación entre la danza y la escritura. Alma, antes de ser reportera o escritora, fue bailarina. Es una vocación que inicia en México y continúa en Estados Unidos, donde es parte de las compañías de danza más revolucionarias del momento, las de Martha Graham y Merce Cunningham. En un punto de inflexión de su carrera, uno de sus maestros le sugiere ir a enseñar danza a Cuba. Alma se da cuenta de que es una forma de decirle que no tiene futuro dentro de la danza en Estados Unidos, que no puede ser esa bailarina estelar con el futuro más brillante. Se fue a Cuba y comenzó una nueva etapa de su vida. ¿Cuál es esta relación entre la decepción por una carrera rota en la danza y el principio de la escritura?

Alma Guillermoprieto: Yo nunca me imaginé la escritura como una cosa para afuera y la danza sí era una cosa para afuera, auto reveladora. La mayoría de los bailarines son muy silenciosos cuando están lejos del escenario, pero tienen esa necesidad de expresar su interior de la manera más magnificada posible, es una contradicción muy curiosa. Y jamás me imaginé que la literatura sirviera para eso. No es que yo no supiera que tenía talento, porque todo el mundo me lo dijo desde que era chiquita, pero…

“La danza te deja una disciplina feroz, y eso se vino conmigo cuando hice la transición a la escritura”.

Guillermo Osorno: ¿Que tenías talento para la escritura?

Alma Guillermoprieto: Sí, pero no sé… no me pareció la gran cosa… y yo quería hacer la gran cosa. Muchas veces me preguntan justamente en qué se parecen los dos oficios. Yo lo único que sé es que la danza te deja una disciplina feroz y una capacidad de trabajo inagotable. Y yo creo que eso se vino conmigo cuando hice la transición a la escritura.

Guillermo Osorno: Hay otro elemento que me interesa explorar y es la escritura sobre la danza. Tienes tu libro sobre Cuba, La Habana en el Espejo, pero también tienes un libro extraordinario, Samba, que no está publicado en español. Allí hay unas descripciones fabulosas sobre los movimientos de las personas que están en la escuela de samba, y tienes también un articulo sobre el tango en Buenos Aires. En todos ellos hay descripciones muy astutas acerca de la danza, que solamente alguien que conozca el oficio podría lograr. Esas descripciones están llenas de emoción.

Alma Guillermoprieto: Gracias. Yo creo que la danza además te deja una capacidad de observar gestos. Y lo que he hecho mucho a lo largo de mi vida como reportera es observar a la gente a través de sus gestos. Pero sí, me interesa mucho transmitir, más que la sensación de la danza, la forma que tiene una persona de estar dentro de sí misma mientras baila. Eso es lo que me gusta, ya sean descripciones de danza o de grandes grupos en movimiento, en una manifestación o un carnaval. Cuando la gente está bailando, está dentro de una parte muy feliz de sí misma, muy entregada. Por ejemplo, en los carnavales estás haciendo el ridículo mas grande del mundo y eres feliz. El carnaval te da la libertad de hacer el ridículo, la danza te desnuda. Me ha pasado saludar a alguien que conozco desde hace treinta años y no tener la menor de idea de quién es. Pero si lo veo de espaldas y hace un movimiento, me acuerdo de él, porque lo que yo veo son cuerpos en movimiento.

Guillermo Osorno: Nunca te había escuchado decir que la gente decía que tenías talento como escritora. ¿Qué escribías cuando tenías once, doce años, y comenzabas en la danza?

Alma Guillermoprieto: A los doce, trece años, mi mamá se va a vivir a Estados Unidos. Y luego yo me voy con ella y dejo una buena cantidad de mis amigos. Entonces yo tuve una correspondencia muy nutrida. Tengo cajones de cartas. Yo escribía muchísimas cartas y recibía muchísimas cartas. Y mis cartas como que tenían cierta gracia. Sí, a la gente le gustaba recibir esas cartas.

Guillermo Osorno: Como lo has comentado en distintas ocasiones, la experiencia cubana te politiza y te hace ser parte de algo más grande… o de algo más grande que un simple grupo de danza. Te vas a Nicaragua y casi por error, o coincidencia, comienzas a reportear sobre la revolución sandinista.

Alma Guillermoprieto: Sí, pero espérate un segundo… porque no hay algo más intenso e íntimo quizás que una compañía de danza. Y es una de las cosas que extraño hasta la fecha. La intimidad de bailarines que bailan y sudan juntos y se apeñuscan juntos, y son como un buñuelo juntos. Ese conocimiento de cuerpo a cuerpo y esa vida compartida de la gira. Todas esas cosas que tiene la danza están muy bien y te hacen ser parte de algo más grande.

“A pesar de ser una persona de una timidez paralizante, descubrí que con un cuaderno en la mano tenía derecho a relacionarme con el mundo entero”.

Guillermo Osorno: Entiendo. Cuando comienzas a trabajar en Nicaragua no solamente escribías cartas que le gustaban a la gente o solamente eras parte de un grupo de danza, sino que comienzas a hacer periodismo, que es algo completamente distinto.

Alma Guillermoprieto. Sí, pero yo no tenía la menor intención de volverme escritora. Yo tenía un amigo editor, de un medio en inglés, y él fue el que me facilitó realmente la posibilidad de ir a Nicaragua. Lo que yo quería ver era Nicaragua, ver la revolución, no tenía el menor interés en escribir sobre eso y me agarró complemente desprevenida la tarea de escribir. Tanto que esa primera semana no sé cómo la pasé, ni cómo la sobreviví, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Pero era una guerra pequeña, muy muy pequeña, en ese momento era apenas un esbozo de insurrección y había un hotel donde se juntaban los periodistas. Y ese grupo fue mi grupo tutor. Pero el descubrimiento más impactante es que a pesar de ser una persona de una timidez paralizante, con un cuaderno en la mano, tenía derecho a relacionarme con el mundo entero, y de sentirme invulnerable en ese papel. Esa fue la gran seducción que tuvo para mí la reportería.

Guillermo Osorno: Hay otra cosa que me gusta de esos años y tu escritura. Descubres un punto de vista, como un punto de apoyo, y moviste toda América Latina. Me sorprende que ese descubrimiento haya sido de manera tan temprana y que hayas sido tan inteligente y tan fértil también. Entiendo que tiene que ver con tu desesperación con la prensa de Estados Unidos.

Alma Guillermoprieto: ¿Sí?

Guillermo Osorno: Sí, con la falta de entendimiento de los norteamericanos de lo que era América Latina.

Alma Guillermoprieto: No fue exactamente así. Primero empiezo escribiendo para The Guardian. Paso los primeros tres años en Centroamérica escribiendo exclusivamente para Inglaterra y sin tener la menor preocupación, ni la menor noción de que yo era leída del otro lado del Atlántico. Centroamérica seguía siendo este pretexto maravilloso para asomarme al mundo y estar en un grupo de gente que se movía como se mueve la prensa en esas situaciones. Y de tener aventuras. A mí lo que me gustaba en la reportería era vivir aventuras. Y no tenía que tener una postura ideológica al respecto, ni nada. Y alguna vez te he contado que a mí lo que realmente me impacta es que después del triunfo de la revolución Sandinista, en 1979, me quieren conocer en la redacción. Y yo pensaba que, si me están contratando a mí, y si me pagaban tan miserablemente como pagaban, porque recibía ocho centavos por palabra, The Guardian debía ser un pasquín cualquiera y no el segundo periódico más grande en ese momento de Inglaterra. Entonces un día voy a Londres y almuerzo con los editores y se sienta al lado de mi una viejita y empieza a hablar y preguntar y “tú qué haces y dónde estás”; Le dije que era reportera y que escribía por encargo. “Ah, ¿dónde escribes notas?” “En Nicaragua…”  y me pregunta: “¿Cómo me dijiste que te llamabas?” Entonces dice… “oh! my dear, I read your stories every day”. Y me quedo de a seis, porque es el primer momento en que me cae el veinte de que hay alguien que me lee. Y hago la conexión, ‘ah yo escribo y ellos me leen. Tengo que ser cuidadosa con lo que escribo…’.  Mi obligación es con quien me ve, porque en ese momento yo pensaba que mi obligación era con las víctimas o con la insurrección o con los sandinistas.

Guillermo Osorno: ¿Los editores de The Guardian te editaban o te dejaban escribir lo que sea?

Alma Guillermoprieto: No, los editores de The Guardian eran gente muy chistosa. Yo mandaba las notas por télex o las dictaba por teléfono. Había un editor sindicalizado escocés que siempre a la mitad de mi nota decía “son las 16:50” y se iba a tomar el té. Yo enviaba mis textos con descripciones del paisaje, las nubes, la joven persona que iba diciendo buenas cosas. Pero del otro lado estaba el espacio que los editores habían asignado a la nota y zaz zaz, cortaban lo que sobraba y lo pegaban. Yo nunca veía los textos, no entendía lo que pasaba. No, no, fue cuando trabajé en The Washington Post que me empezaron a decir “oye no, menos poesía por favor”.

Guillermo Osorno: ¿Cómo pasas del formato diario, o corto, al formato largo?

Alma Guillermoprieto. Eso fue en el 88. Yo estaba realmente ante una disyuntiva. Había trabajado como traductora simultánea (siempre he dicho que lo que mejor me ha salido en la vida ha sido ser interprete simultánea… Me aplaudían… y estaba muy a gusto con eso, y ganaba más o menos. Y mi vida era tranquila y bonita). Pero cuando estaba como corresponsal en Sudamérica siempre pensé: ‘Esto no me gusta, estoy sufriendo demasiado, no soporto tener secretaria, asistente, chofer. Odio tener que ir a una oficina todos los días… yo voy a regresar a ser interprete y voy a ver si escribo algo que yo quiera’. Y empecé en ese momento a tomarme en serio como escritora. Me di cuenta de que detestaba hacer las notas del diario, pero me gustaba mucho escribir sobre las nubes y el paisaje. Y detestaba Río de Janeiro. Yo era la jefa de la corresponsalía de Newsweek. Y pensé: ‘Puedo escribir un libro sobre lo que yo sé, que me emociona siempre, que es la cultura negra’.

Guillermo Osorno: ¿En que escritores estabas pensando?

Alma Guillermoprieto: ¿Como para imitar?

Guillermo Osorno: Como para imitar

Alma Guillermo Prieto: Todo el mundo en ese momento, todos los reporteros, decían “yo voy a hacer un libro como Kapuscinski”. Pero nadie hace un libro como Kapuscinski, evidentemente. Yo sólo quería hacer un libro y la fotógrafa Susan Meiselas me aconsejó que no lo hiciera sin un contrato porque no lo iba a terminar y tenía razón. Entonces conseguí un contrato, escribí Samba y así fue que entré a The New Yorker.

Guillermo Osorno: Porque a ese libro le fue muy bien.

Alma Guillermorpieto: ¿En qué sentido?

Guillermo Osorno: Es decir, ganó premios.

Alma Guillermoprieto: Hace poco me llegó el primer cheque por regalías de la versión original en inglés y lo tengo enmarcado de tan escaso que es. Pero Samba sí, fue finalista para el National Book Critics Circle Award. Hay mucha gente que lo ha leído y le ha gustado.

Guillermo Osorno A partir de la relación con The New Yorker y otras publicaciones de mucho prestigio intelectual en Estados Unidos, comienzas a hacer piezas de formato largo y tienes la oportunidad de viajar por toda América Latina. Haces un primer libro que me gusta mucho, Al pie del volcán te escribo, que es una radiografía de las políticas neoliberales en América Latina, de esa primera ola neoliberal de los noventa. Algunos de esos textos son increíblemente divertidos. Otros son increíblemente trágicos.

“La violencia me cambió. Me cuesta mucho trabajo reportear esos textos, me cuesta trabajo escribirlos, me cuesta trabajo vivir con ellos”.

Alma Guillermoprieto: Primero quiero apuntar que uno deviene su propia vida. Entonces los dos años que yo me pasé como corresponsal de Newsweek —que detesté profundamente, pero fueron dos años que yo viajé por toda Sudamérica— y los cuatro años que había pasado en Centroamérica significaban algo. Al final de esos años yo tenía realmente una historia que contar. Y ese mapa fue lo que nutrió todos los reportajes posteriores.

Guillermo Osorno: Según yo, son casi veinte años de textos y escritura y reportajes y perfiles que tienen esta misma idea global. Tienes varias compilaciones como Looking for History (2001) o Los Placeres y los días (2015), entre otras muchas. ¿Cuál es tu favorito?

Alma Guillermoprieto: Yo creo que Samba es el libro que escribí más desprevenidamente. Y me gustaría encontrar la traductora o el traductor para ese texto y todavía no lo hay, porque sí me gustaría que existiera en español, pero sobre todo me gustaría que existiera en portugués. Me da mucho coraje que no exista en portugués. Me gusta. Tiene muchísimas fallas, no es un libro de una escritora hecha y derecha. Luego me gustan otros textos por separado… No sé, me gustan pedazos.

Guillermo Osorno: Luego el tema de América Latina no es el neoliberalismo, ni la revolución, sino la violencia. Y ese ha sido el asunto sobre el que has trabajado más en los últimos años. Y eso también requiere de cierta reportería y de cierta escritura.

Alma Guillermoprieto: La violencia realmente me cambió. Yo creo que he hecho textos mucho menos juguetones. Siento que se les nota más el esfuerzo a esos textos porque me cuestan trabajo. Me cuesta mucho trabajo reportearlos, me cuesta trabajo escribirlos, me cuesta trabajo vivir con ellos.

Guillermo Osorno: Me acuerdo de un texto muy pequeñito que publicaste en un blog de The New York Review of Books sobre el asesinato de Rubén Espinosa, fotógrafo que trabajaba en Veracruz. Es un texto corto, pero es un texto lleno de tensión y de dolor.

Alma Guillermoprieto: Sí, sobre todo cuando se estaba acercando la muerte a mis colegas, la cosa se fue volviendo cada vez más difícil. Vamos desarrollando un callo porque es insoportable lo que esta sucediendo.

Guillermo Osorno: Perdona que diga lo evidente, pero has dicho que te mudaste a Colombia para refugiarte de la violencia mexicana. ¿Puedes explicar esa contradicción, por favor?

Alma Guillermoprieto: Claro. Me hubiera ido a Dinamarca.

Guillermo Osorno: Exacto. Por qué no irse a Dinamarca.

Alma Guillermoprieto: A mi Colombia siempre me ha fascinado por muchas razones. Me fascinó porque es un país que tiene enormes bellezas. Bogotá es una ciudad muy privada, que me gusta mucho. Pero también porque cuando llegué la primera vez, en el 88, vivía con una violencia tremenda. Colombia me permitió procesar muy cuidadosamente toda mi relación de romanticismo con la guerrilla y la lucha armada. Colombia era un lugar que estaba más allá de las etiquetas de izquierda y derecha. Había gastado y desgastado muchas ideologías, y fue un muy buen lugar para pensar sobre esto. De hecho, ahí escribí Samba y desde ahí escribí todos los otros textos importantes. Y quise volver porque después de esos años tremendos de violencia que yo viví allá, con mis amigos colombianos, de pronto se abrió la posibilidad de la paz, entonces dije ‘me voy a un lugar donde pueda recordar como es tener fe’. Se firmó la paz, no sé si sepan, hace dos años, y hace dos años empecé a entender también que la violencia causa síndrome de estrés postraumático, no solo individual, sino a la sociedad. Y yo creo que Colombia vive un síndrome de estrés postraumático que no le permite vivir en paz con la paz. No sabe manejar esto. Entonces ni la guerrilla está respetando los acuerdos, ni el gobierno ha implementado los acuerdos, ni el nuevo presidente entiende que lo que vale la pena es que no mueran 200 mil colombianos por provincia todos los años. Yo estaba tratando de escribir un libro sobre una zona que se había desmilitarizado, pero ya no puedo volver. Estamos desandando el camino.

Ilustración: @donmarcial

 

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