Homenaje en vida a un fotoperiodista

El fotoperiodista Heriberto Paredes escribe sobre el oficio de su colega Francisco Robles en Acapulco y se pregunta: ¿Cómo se puede sobrevivir cuando el contexto es todo menos amable?

| Amenaza y violencia. Muerte de periodistas

Los militares ahora cuidan las escuelas y los hospitales. En estas colonias la violencia no ha disminuido, pero se ha vuelto un poco más selectiva. Estamos ahora en la Zapata y al rato iremos a la Renacimiento que está enfrente.

–¿Reporteas muy seguido por aquí? le pregunto a Francisco Robles, un fotógrafo que desde hace nueve años retrata la violencia en Acapulco.

–Sí, muy seguido hay eventos que tengo que documentar, pero trato de no meterme en problemas, hacemos la foto y la mandamos sin preguntar mucho.

–Supongo que aquí es más violento que en la costera, allá es donde se mueve el turismo y hay más vida nocturna.

–Así es, allá se puede salir a algunos lugares y pasear.

 

Dos hombres fueron encontrados sin vida en la parte trasera de un vehículo estacionado en la carretera federal Acapulco - México en el punto conocido como la parada del Guayabo.
Dos hombres fueron encontrados sin vida en la parte trasera de un vehículo estacionado en la carretera federal Acapulco - México en el punto conocido como la parada del Guayabo.
Copyright: Francisco Robles
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El puerto de Acapulco se ha caracterizado por vivir una vida doble: aquella que queda de la época de oro del turismo, aquella en la que las estrellas de cine y televisión tenían sus casas frente al mar y el turismo abarrotaba las playas, privadas y públicas. Caleta lucía atascada de familias que cada fin de semana convertían en hormiguero la playa. Los mejores restaurantes eran visitados por los supuestos capos más poderosos de México, aunque de ello no quede memoria gráfica que lo demuestre.

La segunda vida es la que da cuenta de las presencia de una violencia casi incontrolable. Violencia que no se ha explicado del todo pero que está relacionada con tráfico de personas, tráfico de narcóticos, un mercado punzante de venta de drogas, secuestros. Como me dice el fotógrafo Francisco Robles, mientras recorremos el puerto en su vehículo: «ya no se sabe quién es quién ni qué grupos operan, pero hay muchos, así que nos dedicamos a hacer nuestro trabajo y ya».

En vida

Robles llegó a su trabajo por que le gustaba desde siempre la fotografía y porque un periodista le pidió apoyo para cubrir nota roja. Vive y trabaja en Acapulco, Guerrero, una de las regiones más complejas del México actual. Un estado convulso con una historia de organización y lucha social pero también un estado en donde la siembra de amapola y el establecimiento de rutas de distribución son dos actividades económicas fundamentales. Según el diario guerrerense El Sur, en lo que va del año se han registrado 1533 asesinatos dolosos de los cuales el 37.6 por ciento ocurrieron en Acapulco.

 

Fotografía de Heriberto Paredes

 

El contubernio del gobierno estatal y toda su estructura con actividades y grupos delincuenciales es, más que alianza y acuerdos, una amalgama que convierte al origen de la violencia en uno sólo: el despojo a toda costa. Es este el contexto en el que surge Robles, quien empezó a cubrir nota roja como ayudante de un corresponsal internacional.  «Sí que me impactó, ver personas mutiladas, ver personas asesinadas por arma de fuego, me representa un shock en ese momento».

Escribir sobre el trabajo periodístico de un colega en vida. Desafortunadamente se ha escrito sobre las y los periodistas que han sido asesinados, pero prefiero pensar que es posible –y pertinente– escribir en el presente, escribir con la vitalidad como filtro y así aprender de primera mano, cómo uno llega a este mundo del periodismo y cómo se puede sobrevivir cuando el contexto es todo menos amable.

La bitácora diaria de Robles aporta, no sólo en el sentido fotográfico o político, también revela lo que realmente pasa, más allá de las ficciones que el Estado logra imponer mediáticamente.

«El día de hoy dejaron a un hombre colgado en el interior de un panteón municipal aquí en el puerto. Te digo, lo dejaron colgado porque aparentemente eso fue lo que sucedió. ¿Quién fue?, lo desconocemos. ¿Por qué fue?, pues también. Creo que eso le corresponde a las autoridades oficiales, esclarecer los hechos», me cuenta mientras tomamos un refresco en uno de los tantos negocios que hay en la playa de la avenida costera.

 

Fotografía de Heriberto Paredes

 

El fotógrafo es meticuloso en su trabajo, lleva a cabo una rutina cotidiana que le permite realizar una cobertura bastante completa de lo que sucede día con día en Acapulco. A veces también lo hace en otras partes del estado, pero en el puerto, él es uno de los que más conoce los caminos y las formas en las que la violencia se presenta.

Al despertar, lo primero que hace es revisar el Whatsapp para leer los mensajes acumulados y empezar a organizar la información, que ahora fluye mucho mejor que antes, sobre todo a partir de los grupos creados en las redes sociales. «Hay ocasiones que son las 6, 7 de la mañana y uno tiene que salir, a veces todavía medio dormido, a hacer esta actividad. Cuando no hay escenas de violencia temprano, pues desayunamos y posteriormente de ahí salimos, no con el agrado de ir a buscar violencia, no con el agrado de ir a buscar personas asesinadas, porque siempre lo he dicho:«a nadie se le desea la muerte».

 

Fotografía de Heriberto Paredes

 

Francisco Robles toma su teléfono y revisa muchos mensajes que le han llegado en transcurso de la entrevista. ¿Hay alguna situación que tengas que atender ahora?, le pregunto con ánimo de poder acompañarlo.

–Hoy no hay mucho, hay algunos eventos pero ya no llegamos, aunque si quieres vamos a uno que es aquí cerca: una mujer que fue asesinada afuera de una farmacia cerca de la Zapata.

Llegamos al lugar de los hechos y ya todo había terminado en este ritual macabro de levantar los cuerpos para llevarlos al Servicio Médico Forense, pero nos bajamos del auto y me indica que lo que hay son los rastros de sangre y algo de material médico convertido en basura. Tomamos la foto y pienso en la historia detrás del hecho, no sin recordar que Robles me ha dicho que no se pregunta ni se indaga, se manda el material, la ubicación y se sigue trabajando.

«En Acapulco, hace nueve años, cubríamos desde dos muertes violentas hasta diez, incluso hasta quince. A veces no dormíamos de estar cubriendo uno tras otro tras otro. Ya actualmente, en este 2018, pues ha cambiado mucho el panorama. La violencia ha ido incrementando. ¿Incrementando cómo? Pues las formas de asesinar a las gentes cambiaron. Antes era por arma de fuego, por arma blanca. Ahora no, ahora ya ha habido otros modus operandi, donde los queman, los mutilan, hay personas decapitadas. Y pues eso ha incrementado el grado de la violencia que se ha vivido en el cuerpo».

A Francisco Robles le asombra cómo la gente se ha vuelto insensible ante las escenas del crimen.  Ya no es como en la época de Enrique Metinides, cuando los mirones guardaban distancia o si se acercaban mucho lo hacían tratando de respetar lo ocurrido; ahora ya sacan su celular y graban la escena o sacan fotos. «¿Para qué quieren una imagen, para qué quieren una foto si no la van a publicar?».

 

Libertad de prensa

Creo que cada día o con cada nueva situación resulta bizantino preguntarse por la existencia de la libertad de prensa en México, algunas veces es posible escribir o presentar material audiovisual sobre temas que se consideran peligrosos y no hay consecuencias; en otras ocasiones ni siquiera es posible saber qué intereses se trastocaron justo antes de una amenaza, agresión o asesinato. A veces es más fácil hablar de las actividades de los integrantes de una organización criminal que de sus relaciones con políticos locales o federales; pero en ocasiones es a la inversa. Y no hay modo de predecir la intensidad de la reacción, justo como en los terremotos.

«He logrado sobrevivir, creo, no metiéndome en problemas, creo, no buscando conflictos donde no me llaman y no colocando cosas que no me constan. Como por ejemplo, yo ya me quité de eso de publicar cartulinas, publicar mantas, o sea cosas por el estilo», cuenta Robles.

El fotógrafo sabe los riesgos que conlleva su trabajo fotográfico en Acapulco, los conoce de sobra pero no sabe cuándo le pueden alcanzar, y por eso no investiga, porque no es tan libre como él mismo quisiera: «Te digo, para nada hay libertad de prensa. Incluso nosotros, los que cubrimos violencia, hemos estado al límite de recibir agresiones directas por parte de elementos, que pues no tienen a veces la capacitación o si la tienen se hacen de la vista gorda, y procuran mejor pues hacer como un empujón, o como que te manotean la cámara, cosas por el estilo, esas cosas para mi son intimidatorias, porque prácticamente te dicen: “si la sacas, va a haber problemas”, “si grabas eso, va a haber problemas”. O, si llegas a una escena a domicilio, te dicen “sabes qué, que no salga mi rostro”, y tú dices: “bueno pero ¿cómo hago la foto?”, pues no la hagas, y ahí es donde te dicen: “ya no hagas esto”, “ya no hagas lo otro”, “vete para otro lado”, “ya no cubras esto”. Pues sí hemos recibido diferentes tipos de agresiones y no físicas sino verbales. Creo que no hay libertad de prensa en México».

Tan sólo este 2018 han sido asesinados 7 periodistas. A poco de concluir el sexenio de Enrique Peña Nieto y a pesar de sus declaraciones sobre el buen estado de la libertad de prensa y del gremio en general, la realidad de las condiciones para reportear son pésimas: 45 periodistas asesinados, censura, autocensura, ninguna certeza laboral, poca protección por parte de la mayoría de los medios de comunicación (sí, aunque les pese aceptar esto a los medios que firman los desplegados que condenan la violencia contra la prensa), falta de organización entre periodistas, son sólo algunas.

«Mi familia no está nada de acuerdo. Ellos no están de acuerdo, ellos prefieren que haga otro tipo de actividad, pero creo yo que no habría otro tipo de actividad después de nueve años, sería un cambio muy drástico. Esto me apasiona, me apasiona hacer foto, me apasiona hacer video. Entonces creo que no habrá un cambio. Creo que este camino ya lo escogí. Ahora sí, lo que siempre he dicho, que si llegara a recibir una agresión, creo que no habría confusión, sería algo de vida o muerte», sentencia Paco.

 

Fotografía de Heriberto Paredes

 

Al final del día

La vida le ha sonreído. Me cuenta que en los momentos de calma él encuentra la tranquilidad al lado de sus hijos mientras juegan videojuegos de deporte —nada de violencia—. A veces, cuando el ritmo de la violencia se lo permite, se aleja con su familia a una playa cercana, se desconecta de internet y aprovecha la vida real.

Mientras realizo un trabajo periodístico sobre el aumento del consumo de opiáceos y otros químicos en la población de Estados Unidos, no ha habido ninguna persona entrevistada que, al final de la charla formal, no me pregunte: ¿y qué tal en México, cómo están las cosas por allá con los narcos?

No tengo respuesta porque el tema es demasiado complejo y finalmente se trata de algo mayor a los narcos, algo con mayor poder y tentáculos como para controlar la vida y la muerte. O intentarlo al menos. Lo que sí pienso detenidamente, mientras escucho el testimonio de consumidores y personas rehabilitadas, funcionarios o voluntarias que cuidan la higiene en las calles donde se inyecta la heroína, es que estamos envueltos en la misma espiral que pasa por Francisco en Acapulco o por cualquiera de nosotros en cada lugar que pisemos. Tal vez la persona que aparece colgada en un cementerio del puerto guerrerense esté conectada directamente con lo que pasa en alguna ciudad estadounidense; o tal vez no, pero el crimen organizado decidió que sí y que ahí debería terminar.

Recuerdo la parte final de la entrevista que tuve con Paco: «Tengo fotos bonitas, fotos de paisaje. Aquí frecuentan mucho los huracanes, entonces, te digo, se ve muy bonito porque, las nubes hacen figuras. A veces la lluvia hace cosas muy lindas como los arcoíris. La lluvia de sangre que cae a veces en Acapulco… ya pasó a otro término.

Y eso me da esperanza.

 

 


Esta publicación/plataforma ha sido posible gracias al apoyo del pueblo de los Estados Unidos a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Su contenido es responsabilidad de los autores y no refleja necesariamente el punto de vista de USAID o del Gobierno de los Estados Unidos de América.

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