¿Incentivos o trampa de la pobreza? (Réplica a Viridiana Ríos)

Millones de mexicanos reciben transferencias de dinero vía los programas sociales. ¿Son estas transferencias un incentivo perverso para que las personas no trabajen? Luis Munguía replica un artículo de la politóloga Viridiana Ríos.

| Sociedad

Millones de mexicanos viven en la pobreza y el número sigue aumentando con el paso de los años. El gobierno federal ha gastado miles de millones de pesos en programas para combatirla, sin embargo los resultados son insignificantes. Se empezó invirtiendo 52,000 millones de pesos en el sexenio de Salinas, y para 2012 la cantidad se situaba alrededor de los 146,000 millones. Lamentablemente el porcentaje de la población que vive en la pobreza pasó de 53.1% en 1992 a 52.3% en 2012, es decir, el impacto ha sido minúsculo.

¿Pero acaso el fracaso de los programas sociales se debe a una distorsión perversa de los incentivos de los pobres? Viridiana Ríos explica que la ineficacia de los programas sociales se debe a estos incentivos “perversos” que motivan a los pobres a depender del estado. Se vuelven irresponsables de sí mismos porque están cómodos viviendo de la “caridad” y del trabajo del resto de la población. Esta idea está “sustentada” en modelos clásicos de la economía que buscan explicar todo con incentivos, no obstante, observando la situación en que viven los pobres de México, su explicación se queda muy corta. Ríos tiene razón cuando argumenta que el problema es que los trabajadores no tienen un ingreso suficiente para alimentarse, pero no creo que esto tenga algo que ver con sus incentivos a educarse y hacerse responsables de sí mismos.

¡Qué del 10% más pobre de la población, cuatro de cada 10 pesos provengan de transferencias es una tragedia más que un problema de incentivos! ¡Sin la presencia de estas trasferencias morirían de inanición! No me queda duda: no es un problema de incentivos. Pareciera ser que las transferencias sirven más bien como subsidio a las empresas, ya que, gracias a las transferencias gubernamentales, pueden pagar salarios muy por debajo del salario mínimo que manda la constitución.

Este problema se puede explicar mejor en el contexto de la trampa de pobreza, de la cual no es posible escapar con un ingreso tan pequeño. Creer que con un ingreso de 387 pesos mensuales una persona es capaz de invertir en su educación es absurdo. En su artículo, Ríos reconoce que el gran problema es que el 42.9% de la población no puede alimentarse con el salario que reciben, ¿cómo espera entonces que inviertan en su educación si no tienen para comer? Según datos de INEGI, en comida, vivienda y transportación, el 10% más pobre de la población gasta 279 pesos, es decir, 72% de su gasto va destinado a lo más básico. Incluso si la población más vulnerable lograra estudiar primaria, secundaria, preparatoria y comprar útiles escolares (por 108 mensuales), esto no es garantía de que podrá encontrar un trabajo bien remunerado. No basta con que haya voluntad, estudiar y crear capital humano, ya existe una enorme oferta de trabajadores calificados en México. El problema está del lado de la demanda, las empresas no necesitan generar tanto empleo si no hay crecimiento económico y les beneficia que exista mayor oferta de trabajo, ya que debido a esto, pueden pagar salarios más bajos. Pueden explotar suficiente a los trabajadores, pagando bajos salarios e incrementado sus ganancias.

Creo que es una excelente propuesta incrementar el número de guarderías. Esto contribuiría significativamente a reducir la brecha laboral entre hombres y mujeres en México. También creo en la flexibilidad del horario, pero no en el sentido en que se aplica en México. No necesitamos que las empresas puedan contratar trabajadores por medio tiempo y que los obliguen a trabajar tiempo completo. Más bien, se necesita una verdadera reforma laboral que proteja los intereses de los trabajadores que desafortunadamente no tienen ninguna representación real. Esta reforma podría ir encaminada a que los trabajadores tengan la posibilidad de trabajar horas extras y que éstas sean pagadas o acumuladas, para poder tener derecho a temporadas de ausencia. Otros beneficios muy necesarios son incrementar el tiempo de ausencia por maternidad y dar derecho de ausencia por paternidad.

Concluyendo, los pobres no son pobres porque sus incentivos están mal alineados. No se trata de que estén cómodos con la caridad, ni de que sean irresponsables. El problema en México es la falta de equilibrio entre los sectores de la población. Los intereses de la élite política están alineados con los intereses de los empresarios. Es por eso que el gobierno federal, por un lado, ha aprobado leyes que beneficia los intereses de las empresas –como la última reforma laboral que ha dejado más indefensos a los trabajadores—,y por el otro, ha dirigido constantemente ataques contra los sindicatos independientes. Los trabajadores no tienen salarios dignos, si están empleados carecen de representación real, y una gran parte de la población vive en la pobreza. Esta es una tarea pendiente y olvidada en la izquierda mexicana. Se ha perdido el contacto con los trabajadores y con la población más vulnerable. Se debe modificar la Ley Federal del Trabajo para lograr representación real de los trabajadores, mayores salarios y más beneficios. Más aún, la izquierda debe complementar las estrategias puramente legislativas con otras para ganar el debate público sobre la importancia de la restitución de los derechos laborales. Hago un llamado desde la izquierda para que no se olvide este tema tan importante que estoy seguro contribuye hacia la construcción de una sociedad más equitativa y con menos pobres.

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