Internet y derechos humanos: una guía mínima (tercera y última parte)

Plantear una dicotomía entre derechos humanos y derechos de usuarios es simplista y peligroso: los problemas dentro y fuera de la red son los mismos.

| Tecnología

Tercera de tres partes


Error de capa 8

El modelo OSI (Open System Interconnection) es el modelo estandarizado de interconexión creado en 1984 y define las siete capas o niveles de la red. A manera de broma, en la comunidad técnica se habla de una octava capa, que es donde pasan la mayoría de los errores. La capa 8 se encuentra entre el monitor y la silla, es decir, se trata de la usuaria o del usuario. A esta capa también se le llama la capa política, la capa fuera del control de quienes diseñan y desarrollan internet. Ahí es donde la técnica se mezcla con todo tipo de vicisitudes y comportamientos, aparentemente racionales, de lo humano. Tal vez Freud tenía razón: el humor y el chiste son mecanismos que revelan más de lo aparente.

La comunidad técnica y la comunidad de derechos humanos ya han encontrado puntos de encuentro concretos, lo que poco a poco va estrechando las coincidencias a nivel de principios y fines compartidos.  La curva de aprendizaje para el movimiento de derechos humanos ha sido evidente cuando se ha articulado para repeler los intentos de vulnerar la neutralidad de la red o cuando se han impulsado leyes que protegen de manera desproporcionada los derechos de autor por encima de los derechos humanos.

Quienes “saben de computación” ya no solo tienen la responsabilidad de mantener y actualizar los equipos de computo de las organizaciones de derechos humanos; ahora también son parte de las discusiones de los posibles efectos de acuerdos perversos, como ACTA o o el TPP –cuya firma será inminente en los próximos días. También juegan ya un papel determinante en los entrenamientos de seguridad y autoprotección. En la edición 30 del Chaos Communication Congress, por ejemplo, Julian Assange sugirió que los webmasters deberían reconocerse como una clase y entrar de lleno en la disputa de lo público. Esos puntos de interacción concreta plantean nuevos retos de colaboración, cada vez más amplios y profundos.

Las revelaciones de Edward Snowden, ha explicado Bruce Schneier, describen un modelo de de vigilancia masiva que es “técnica, jurídica y políticamente” robusto.  Esto hace que el proceso de resiliencia de la red en la era post-Snowden requiera de una aproximación multidisciplinaria y multidimensional en la que ambas comunidades converjan en el centro del conflicto para garantizar los derechos humanos de los usuarios.

Plantear una dicotomía entre derechos de usuarios y derechos humanos es una distinción simplista y peligrosa, promovida, por ejemplo, por los equipos de comunicación de las corporaciones empeñadas en quebrantar la neutralidad de la red. Una decisión que parecería meramente financiera o de derecho mercantil puede tener un efecto en el ejercicio de derechos humanos, como el bloqueo de páginas o contenido debido al régimen de derechos de autor. No olvidemos, por ejemplo, la reciente solicitud de la oficina de la Presidencia de la República a Youtube para que retirara los videos de en ese entonces la última pifia discursiva del presidente Peña Nieto, cuando confundió Lagos de Moreno y León con estados al inaugurar una carretera.

Así, en la Declaración Conjunta de Libertad de Expresión e Internet[1] se establece, entre otras cosas, que:“Los sistemas de filtrado de contenidos impuestos por gobiernos o proveedores de servicios comerciales que no sean controlados por el usuario final constituyen una forma de censura previa y no representan una restricción justificada a la libertad de expresión”.

Es necesario hacer un mapeo de los temas específicos dentro de los protocolos de internet que puedan ser objeto de oportunidad  o preocupación de riesgo. Schneier, al explicar las condiciones materiales que favorecieron las condiciones para que NSA implementara programas de vigilancia como PRISM o de descifrado forzado como Bullrun, describe una serie de correlaciones entre “la manera en que funcionan las computadoras”, ciertas decisiones técnicas que desembocaron en tendencias en el mercado y, obviamente, la manera en que los usuarios interactuamos con estas tecnologías.

Algunas organizaciones del movimiento de derechos humanos han hecho grandes avances al utilizar la perspectiva de derechos para analizar los efectos de ciertas decisiones técnicas. Por ejemplo, en la relación que guarda la creación de tecnologías y el impacto que tienen para reproducir patrones de exclusión por motivo de origen étnico, género y lengua materna. Es claro, como ya se mencionó anteriormente, que muchos de los problemas de exclusión son un copy-paste de problemas preexistentes fuera de la red. Sin embargo, la inclusión de la perspectiva de derechos humanos en el desarrollo de soluciones tecnológicas puede hacer, en la práctica, que las tecnologías de la comunicación e información se conviertan en un ente que facilite revertir estos procesos y patrones, sin que esto signifique caer en “tecnoptimismos” desbordados.

Es urgente transitar de un reconocimiento mutuo a una relación más estructurada que jerarquice prioridades, áreas de oportunidad y asignaturas pendientes. Así, el programa de temas digitales de ARTICLE19 ha propuesto al Internet Engineering Task Force realizar un mapeo de los temas específicos de interés para los derechos humanos en los protocolos de internet, incluyendo no solo temas relacionados con privacidad y seguridad sino también los relacionados con acceso e interconectividad.


Lo más importante en este momento es entender que no hay tal cosa como un “mundo virtual” y otro “real”. El 1.0 y el 2.0 no son mundos separados sino espacios de una realidad continua, y por eso, en esencia, los problemas “dentro de la red” y “por fuera de ella” son los mismos, aunque cambien en potencia y alcance. Al entender esto podemos ver que no es que internet sea “un mundo donde todo es posible”, como dicen algunos románticos, sino la misma realidad, buena y mala, en la que vivimos, en la que casi todo es posible, incluso internet.


Nota

[1] Firmada por el relator especial de las Naciones Unidas para la Libertad de Opinión y de Expresión, la representante para la Libertad de los Medios de Comunicación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, la relatora especial de la Organización de Estados Americanos para la Libertad de Expresión y la Relatora Especial sobre Libertad de Expresión y Acceso a la Información de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos.


(Foto cortesía de Montecruz Foto.)

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