La Casa de Maternidad de Puebla: la huella de la utopía

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Con el presente ensayo, dedicado a la Casa de Maternidad de Puebla, ofrecemos la segunda entrega de una serie de tres textos dedicados a explorar las relaciones entre México y la utopía y la vigencia de la pulsión utópica en el presente.

¿Una utopía soterrada?

Al caminar sobre la avenida 5 Poniente del centro histórico de Puebla, a la altura de la calle Retorno, los transeúntes pasan frente al edificio del hospital de la Universidad Popular Autónoma de Puebla, integrado desde 2008 al sistema de salud privada Christus Muguerza, uno de los proveedores de servicios médicos de mayor expansión en el país.

El edificio, cuya “fachada está surcada por fajas de ladrillo alternando con otras de mampostería amarillenta” y cuya “techumbre es de zinc y fierro”[1] fue considerado una de las construcciones más modernas de la ciudad a finales del siglo XIX.[2] A pesar de que su inserción en la cotidianidad de los habitantes de Puebla ha permitido que la historia del edificio pase desapercibida, sus muros esconden un pasado soslayado e incierto; los vestigios de una historia que abre la posibilidad de vincular al inmueble con los legados del socialismo utópico en México.

La primera piedra del edificio, cuentan los documentos de la época, se colocó en 1879.[3] El proyecto corrió a cargo del ingeniero Eduardo Tamariz Almendaro, quien tan solo algunos años atrás había completado la construcción de la penitenciaria de Puebla y quien también fue responsable, entre otras cosas, de la edificación de un kiosco para la Plaza de la Constitución de la ciudad, de la remodelación del viejo molino de San Francisco, así como de la construcción de la casa para la Sociedad de la Purísima Concepción.[4] El edificio que construyó en 1879 albergó la primera Casa de Maternidad del estado de Puebla (y la segunda del país), institución que abrió sus puertas en 1885 y  que operaba como albergue y hogar para mujeres de pocos recursos y madres solteras.

Desde los tiempos de su inauguración hasta el presente, no se ha escrito mucho sobre la Casa de Maternidad: pueden contarse con los dedos de las manos los artículos periodísticos que cubrieron noticias alrededor de los primeros años después de su apertura, los libros sobre el patrimonio arquitectónico de la capital poblana que la han mencionado o las referencias a ella en documentos sobre la historia de la medicina en México.

Desde entonces hasta ahora, lo que más parece haber llamado la atención en estas contadas referencias ha sido el estilo ecléctico del edificio, sobre todo sus “rasgos mudéjares”, entre los cuales se mencionan con frecuencia el minarete que sobresale en uno de los costados del conjunto y que opera como la torre de la capilla, así como las cornisas con almenas escalonadas.[5]

Recientemente la antigua Casa de Maternidad se ha asociado de manera explícita con los falansterios fourieristas y, en particular, con el familisterio de Jean-Baptiste Godin en Guisa, Francia, cuya construcción inició en 1858 y que para 1925 albergaba ya a cerca de 2,000 obreros.[6]

El concepto del falansterio fue desarrollado por Charles Fourier, uno de los pensadores más importantes del llamado socialismo utópico. Sus ideas se centraban en ofrecer los parámetros para la fundación de una nueva sociedad cuya organización se desprendería de la igualdad entre el trabajo, el capital y el talento de sus integrantes. Fourier buscaba fundar una sociedad armoniosa, en la que convivieran las diferencias y en la que la división del trabajo estuviera basada en el placer y en el bien común. Para la creación de esta nueva forma de vida, se dejarían atrás las nociones de familia y propiedad privada. De acuerdo con  Fourier, una sociedad que operara bajo los principios de la armonía tenía también que dejar atrás las estructuras arquitectónicas convencionales. Así, para organizar de otro modo las relaciones entre mujeres y hombres era necesario construir un nuevo espacio diseñado específicamente para fomentar los valores de la nueva forma vida. El falansterio fue el nombre con que Fourier bautizó a esta estructura que articularía la vida y las actividades comunes de las conjuntos sociales que darían forma a la comunidad futura.

Las ideas de Fourier despuntaron en Francia a mediados del siglo XIX; el falansterio hizo su presencia en la literatura, pero también en otras áreas de la vida pública.[7] Entre otras cosas, inspiró la construcción de viviendas obreras, la primera de ellas llamada la Cité Napoléon en París. El familisterio de Guisa, diseñado y fundado por Jean-Baptiste Godin —y con el que la Casa de Maternidad de Puebla muestra semejanzas— fue otra de las traducciones arquitectónicas de las ideas fourieristas en Francia.[8] El familisterio se construyó para dar vivienda a los obreros y familias que trabajaban en la fábrica de estufas de Godin. Con el tiempo, y apoyados por un sistema de financiamiento diseñado por el empresario socialista, los obreros y habitantes del complejo pudieron irlo comprando para terminar siendo propietarios colectivos del mismo.

Si bien es cierto que la fachada de la Casa de Maternidad recuerda a aquella del edificio central del Palacio Social —como se le conoce al familisterio de Godin— también es cierto que no se han encontrado pruebas fehacientes o concretas que demuestren alguna conexión clara entre ambas estructuras: hasta donde se sabe, Eduardo Tamariz no fue un seguidor activo de Fourier. Tampoco hay planos o documentos que hagan explícito el fourierismo del proyecto de la Casa de Maternidad, y el uso al que fue destinado el inmueble no concuerda, al menos de entrada, con las estipulaciones que esta rama del socialismo había establecido para la edificación del sistema de viviendas que imaginaba como semilla de la nueva sociedad.

Sin embargo, negar las similitudes entre ambos edificios podría implicar cerrar la veta de la especulación histórica que tantas veces ha impulsado a re-imaginar las metodologías con las cuales se da sentido a las experiencias sociales tanto del pasado como del presente. Siguiendo las ideas de Susan Buck-Morss en su libro sobre Hegel y Haití, pensar sobre la posibilidad de un vínculo entre la Casa de Maternidad de Puebla y los falansterios fourieristas es una invitación a romper con “las jerarquías tradicionales de sentido” y a modificar nuestra mirada sobre los “hechos”. Es decir, se trata de una invitación a dejar de ver los hechos como “información cuyo sentido ha sido fijado, para verlos más bien como vasos comunicantes que tienen el potencial de continuar sorprendiéndonos. Los hechos deben darle vuelo a la imaginación, no atarla.”[9]

Considerar la posibilidad de un vínculo entre estas dos estructuras con rasgos similares implicaría, así, ampliar las formas en que se ha concebido el legado del llamado socialismo utópico en México, re-considerando su presencia en el siglo XIX, más allá de la tarea de trazar su recepción, e incluso más allá de rastrear las apropiaciones sistemáticas o consistentes que se hicieron de algunas de las teorías sostenidas por esta rama de pensamiento. En otras palabras, considerar los nexos entre ambas edificaciones conllevaría extender el horizonte de nuestra imaginación histórica, a fin de lograr ver la utopía (si bien esta no es una palabra usada por los llamados “socialistas utópicos”) y sus filtraciones en otros espacios. Pensar que la Casa de Maternidad de Puebla fue construida con los falansterios de Fourier en mente es también pensar en el desbordamiento del primer socialismo más allá de sus límites aparentes; es pensar en su capacidad de permear espacios imprevistos, lo cual nos obligaría a recalibrar nuestras expectativas acerca de dónde podemos encontrar el impulso “utópico” y en qué consistiría.


Htal_UtopiasMex_02B (2)

La posibilidad de un encuentro entre México y el primer socialismo

Por supuesto, no propongo una especulación histórica en el vacío: lo sugestivo del juego viene precisamente del contrapunteo entre la información ausente y los límites de lo posible; algo que Andrés Sánchez Hernández —quien quizás fue el primero en ver la relación entre la Casa de Maternidad y el familisterio de Godin— ha tenido en mente a lo largo de su investigación. Los trazos de lo posible están en este caso pautados por el hecho de que Eduardo Tamariz Almendaro  realizó una parte importante de sus estudios de ingeniería en la École Centrale des Arts et Manufactures de París justo en un momento en el que el fourierismo gozaba de gran popularidad en Francia y despuntaba también en otros lugares, México entre ellos.[10] También están basados en que, por ese mismo periodo, Godin ya había iniciado la construcción de su Palacio Social y recibido por ello grandes elogios, lo que produjo que su proyecto de vivienda obrera fuera ampliamente conocido en la época.[11]

Pensar que durante estos años Tamariz se habría familiarizado con las ideas de Fourier no resulta algo descabellado. Se antoja incluso ir aún más lejos en el camino de esta especulación al pensar en la visita de Tamariz a Argelia, entonces colonia francesa, como uno de los viajes más importantes de sus años de estancia en el extranjero. La presencia de rasgos islámicos en su arquitectura se ha vinculado a este viaje y al interés que pudo haber despertado en él el recorrido por el norte de África. Lo que no se destaca casi nunca, sin embargo, es que la Argelia del siglo XIX había sido también el objeto de la fascinación de importantes grupos “utopistas”. A 400 kilómetros de Argel, en lo que entonces era conocido como Saint-Denis du Sig en la provincia de Orán, Jules Duval y otros hombres y mujeres que lo acompañaban establecieron alrededor de 1845 la comunidad fourierista “Unión agrícola de África”, que para los años de la visita de Tamariz seguía en pie, si bien con cierta dificultades.[12] ¿Se trataría este de otro punto de apertura para imaginar el encuentro entre el ingeniero Tamariz y el primer socialismo?

Si  es que Tamariz en efecto conoció y sintió atracción por las ideas de Fourier, es todavía más fascinante intentar imaginarse cómo pudo haber asimilado estas ideas en su práctica arquitectónica al regresar a México. ¿Por qué Tamariz habría tomado la decisión de desplazar las ideas de Fourier hacia la construcción de un edificio cuyos objetivos eran considerablemente distintos a los originalmente pensados por el utopista francés en su descripciones del falansterio? ¿Por qué recurrir a esta estructura para edificar la Casa de la Maternidad, sin hacer una referencia explícita a ello?

Los rasgos comunes entre el esquema de Fourier y el edificio de la Casa de Maternidad parecen ser varios. En primera instancia está el uso de materiales industriales y “baratos  como la madera, el ladrillo, etc.”, que concordaba con las estipulaciones que el pensador socialista habría asignado para la construcción del falansterio o la falange experimental.[13] La Casa de Maternidad fue una de las primeras construcciones (si no es que la primera) de la ciudad de Puebla en utilizar ladrillo en sus fachadas y combinarlo con la cantera local.[14] Además, Tamariz —tanto en sus obras de ingeniería (estuvo vinculado con la construcción de vías para el ferrocarril en el estado de Puebla) como en su arquitectura— fue considerado un innovador por introducir el hierro como material de construcción;[15] de ahí que casi todas las descripciones contemporáneas de la construcción de la Casa de Maternidad enfatizaran la “modernidad” del inmueble.

Al entrar al edificio se encontraba un “patio de invierno” (cour d’hiver) —para usar los términos de Fourier—, es decir, un jardín sembrado con flores y plantas de hoja perenne capaces de soportar los cambio de estación y darle al inmueble un toque de vitalidad constante y el acceso a un espacio natural a sus habitantes durante todas las épocas del año. El “patio de invierno” sería el corazón del edificio, rodeado por corredores cerrados a los que desembocaban las habitaciones destinadas a las pensionistas, las parteras, los médicos y el resto del personal que vivía en el lugar. La presencia de este jardín— que en sus planos Tamariz denominó también “patio de invierno”— ha sido para Sánchez Hernández una de las marcas claras para sugerir la relación entre el inmueble y el falansterio de Fourier.[16] En la primera planta se encontraba también la cocina, el comedor, los almacenes y, cruzando el jardín, en el costado opuesto a la entrada, la capilla. En la segunda planta, además de más habitaciones, había acceso a una pequeña terraza para actividades colectivas y desde donde las habitantes de la casa podían disfrutar de la vista de la ciudad, “hacer ejercicio o solarse”.[17]

Las fuentes discrepan sobre si las habitaciones eran todas iguales o si había diferencias entre ellas. Algunas sugieren que ciertos cuartos eran más lujosos y modernos que otros.[18] De ser así, esto también sintonizaría con la visión fourierista que, después de todo, no promovía la igualdad absoluta sino la convivencia armoniosa entre diferencias. El Palacio Social mismo admitía también este tipo de discrepancias y contaba con espacios más suntuosos para algunos de los residentes más destacados del conjunto.[19] Finalmente, la Casa de Maternidad estaba rodeada por un “bien cultivado jardín en el que se han aprovechado algunos camellones para sembrar la hortaliza”.[20] La siembra y colecta de vegetales en los jardines del conjunto es otro de los posibles rasgos que lo conectan con las ideas del socialismo utópico sobre la vivienda: promovía, como debían hacerlo los falansterios, la producción y consumo de alimentos al interior de la comunidad.[21]


“Razón humanitaria” y utopía

La historia cuenta que la Casa de Maternidad inició como un proyecto de Luis de Haro y Tamariz (quien a pesar de tener el mismo apellido no estaba, al menos no directamente, relacionado con el arquitecto de nuestra historia), un “opulento capitalista” dueño de una fábrica de hilados y tejidos ubicada en la zona oriental de la ciudad de Puebla. Según lo que narran los documentos, un día, al regresar de la fábrica a su casa, el señor de Haro y Tamariz hallaría en la esquina de una calle el cadáver de un recién nacido que había sido abandonado. Conmovido por la experiencia, decidiría dejar una parte importante de su fortuna para la construcción y mantenimiento de una Casa de Maternidad abierta a todas las mujeres que quisieran hacer uso de ella (sobre todo mujeres de pocos recursos) con el fin de evitar que otros bebés fueran abandonados. Contactado por los albaceas del señor de Haro tras su muerte, Eduardo Tamariz iniciaría la construcción de la Casa de Maternidad en 1879 y —según cuenta la historia— sin cobrar por encargarse de la obra.[22]

Con la anécdota anterior en mente, no es difícil ver que el proyecto de la Casa de Maternidad fue parte de un giro más amplio de la época hacia la institucionalización de la beneficencia o, en palabras de Didier Fassin, parte de un momento en el que los gérmenes de lo que ahora podríamos llamar la “razón humanitaria” empezaban a brotar. Después de establecerse en la ciudad de México y en Puebla, Casas de Maternidad con objetivos similares aparecieron en otros lugares de la República. Los nexos del proyecto de Puebla con este giro y —si lo aceptamos— también con el fourierismo, abren la posibilidad de pensar en las ideas de Fourier como elemento de esta red que desde finales del siglo XVIII comenzaba a tejerse. Recordemos que el pensador socialista afirmaba que en Armonía —el nombre que eligió para su sociedad futura— la idea de la caridad recibiría un nuevo significado, puesto que en ella el sufrimiento y la pobreza habrían sido erradicados. Este sería un proceso gradual, entre otras cosas impulsado por esfuerzos caritativos que, una vez establecida la comunidad futura, serían re-significados, puesto que en ella habrían dejado de existir las condiciones que exigían la caridad como actitud solidaria con el sufrimiento ajeno.[23]

El énfasis de Fourier en esta respuesta afectiva y humanitaria como parte del proceso que permitiría alcanzar la felicidad de todos y todas en la nueva sociedad es quizás una entrada para entender por qué Tamariz habría elegido construir un edificio con rasgos similares a los de un falansterio, siendo que éste estaría destinado a un servicio público de beneficencia y caridad. Quizás lo que se asoma entre los rasgos que delatan el contagio del fourierismo en el edificio de la Casa de Maternidad es algo que despuntaría en la arquitectura moderna del siglo XX: la híper-confianza en la materialidad del espacio construido, en su capacidad de sobre-determinar el comportamiento humano, incluso manteniendo en silencio el tipo de proyecto que lo motivaba.


La interrupción de las jerarquías

Más allá del obvio moralismo que condujo a la construcción de la Casa de Maternidad, incluso más allá del tema de la regulación del cuerpo femenino que a nuestros ojos del siglo XXI salta de inmediato —como cuando los documentos que describen el espacio insisten en llamar a las pensionistas de la casa “enfermas” o “convalecientes”—, entre las líneas de esta historia está también la de un espacio que interrumpía las jerarquías sociales dominantes. En la vida diaria al interior de la Casas de Maternidad, las mujeres de diferentes estratos sociales que habitaban el inmueble durante el periodo de su embarazo y parto, se apropiaban de él como también lo hacían aquellas que ahí laboraban.

Al contrario de lo que parece haber ocurrido en otros lugares del mundo, el siglo XIX en México permitió una presencia creciente de las mujeres en el espacio de la medicina, particularmente en la obstetricia. A partir de la independencia y del final de la institución colonial conocida como el Protomedicato, en las décadas tempranas del siglo se promovió que las parteras tuvieran que formarse oficialmente y adquirir títulos para legitimar su participación en los partos. Si bien se ha argumentado que el establecimiento de estas regulaciones fue parte de un giro que condujo a una separación cada vez más tajante entre medicina científica y medicina popular, evidentemente zanjada por cuestiones de género, también parece ser el caso que estas mismas regulaciones abrieron espacios de cooperación más cercana y simétrica entre doctores y parteras.

Puebla fue uno de los primeros estados en solicitar la licencia a las mujeres que asistían en los partos; también fue uno de los lugares en que los cursos requeridos eran gratuitos y en que muchas veces las mujeres en ellos inscritas terminaban tomando lecciones y leyendo el mismo material que los estudiantes “formales” —varones— de la carrera de medicina. Además de abrir espacios de cierta presencia de las mujeres en cuestiones médicas, la promoción de estas regulaciones permitió que se atravesaran, en algunas ocasiones, no solo las divisiones de género, sino también las de separación racial y étnica. Dolores Román —una “india pura” como se le describe en documentos de la época— fue, por ejemplo, la primera partera en jefe de la Casa de Maternidad de la ciudad de México. Instituciones como esta fueron espacios cruciales para el crecimiento de la presencia de mujeres en la obstetricia y probablemente también en la expansión de su participación en otras ramas de la medicina. Las Casas de Maternidad constituyeron así lugares contradictorios de regulación y de apertura, donde ocurrió una gran parte de la instrucción y práctica médica de las mujeres de la época.[24]

La Casa de Maternidad de Puebla fue probablemente uno de estos espacios. Después de todo, los documentos que hay sobre el inmueble nos dejan saber que casi todas las cuestiones de la vida diaria al interior de la casa giraban alrededor de las interacciones entre las mujeres que ahí habitaban y que eran ellas mismas quienes estaban, la mayor parte del tiempo, a cargo de lo que ocurría en ella: “la asistencia de las enfermas se hace exclusivamente por mujeres”.[25]

No sabemos los detalles de la cotidianidad al interior de este espacio; pero sabemos lo que en él había, su disposición espacial y para lo que estaba destinado. Con ello, y a la luz de esa conexión soslayada con el fourierismo, podemos imaginar un poco la forma en que fue habitado, yendo más allá de las condicionantes impuestas por el diseño del proyecto e incluso de su arquitectura. La Casa de Maternidad fue, en este sentido, un edificio que por varios años del distante siglo XIX permitió de forma intermitente —por periodos de alrededor de doce meses—la vida colectiva —con sus altos y bajos, con sus múltiples contradicciones— de un grupo de mujeres de orígenes sociales muy diversos; un edificio cuyo proyecto, construcción y prácticas cotidianas a las que daba lugar permitían una forma de habitar a contrapelo de su presente y así interrumpir, por algunos instantes, las jerarquías que organizaban a la sociedad fuera de sus muros.

La ausencia de información hace casi imposible responder de manera certera a la pregunta de si el proyecto de la Casa de Maternidad de Puebla estuvo efectivamente ligado o no a las ideas del socialismo utópico. Lo cierto es que la posibilidad misma de que lo haya estado nos permite pensar en lo que ahí ocurría bajo otra luz, una que amplía el horizonte de nuestra imaginación histórica. Quizás lo que nos queda por pensar es que el trazo de lo utópico, su sentido para nuestro presente, está en buscar sus gestos y restos en otra parte; en la tensión incesante y nunca resuelta que surge de la interacción entre un proyecto, su materialización y el proceso cotidiano de habitarlo y darle vida en su presente. Esa es la tensión de la “utopía” que, como indica Fredric Jameson en Arqueologías del futuro, permanece como el deseo de estar siempre imaginando otro mundo posible, y como el impulso de ver en la forma que adquiere ese deseo, no un instructivo para materializarlo, sino más bien la huella, la estela que nos muestra los límites de nuestro propio momento histórico.


Notas y referencias

[1] Antonio Carrión, Historia de la ciudad de Puebla de los Ángeles. Tomo I. México: Edición de la V de Dávalos e Hijos, 1897, p. 471-72.

[2] Ver, por ejemplo el artículo en el periódico Two Republics, “An Excursion to Puebla”, del 5 de noviembre de 1885, que enfatiza la modernidad del edificio.

[3] Ver las memorias del Dr. José María de Ita citado en el reconocido libro de Nicolás León, La obstetricia en México  [1910].

[4] Ver Israel Katzman. Arquitectura del siglo XIX en México, México: UNAM, 1973, y Elisa García Barragán, “Supervivencias mudares y presencias orientalistas en la arquitectura mexicana”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, Nº 45, México: UNAM, 1976, pp. 137-146.

[5] Ibid, p. 142.

[6] Esta tesis la ha sostenido el arquitecto, investigador y docente Andrés Sánchez Hernández, quien ha publicado dos libros al respecto: Casa de Maternidad: Fundación Luis de Haro y Tamariz. Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2008 y Antigua casa de la maternidad, hoy hospital UPAEP ¿un familisterio o phalanstere fourierista?. Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2002.

[7] Ver por ejemplo El judío errante, de Éugene Sue.

[8] Digo traducción porque el familisterio se distancia en algunas cuestiones de las ideas de Fourier: es, por ejemplo, un complejo mucho más pequeño, cuyas células de vivienda eran apartamentos de distintos tamaños, en lugar de casas separadas. Godin fue cercano al fourierismo e incluso invirtió parte de su fortuna en la fundación y desarrollo de La Reunión, la comunidad que Victor P. Considérant, discípulo de Fourier, estableciera en Texas en 1854.

[9] Susan Buck-Morss, Hegel, Haiti and Universal History, Pittsburgh: University Press of Pittsburgh, 2009, p. 13. La traducción es mía.

[10] Hugo Leicht, Las calles de Puebla [1934], México: Comisión de Promoción Cultural del Gobierno del Estado de Puebla, 1967, pp. 446-47.

[11] Los primeros artículos y menciones públicas sobre el familisterio en México aparecen después de la muerte de Godin en 1891; ninguno de los artículos que he consultado muestra una imagen del Palacio Social.

[12] Sánchez Hernández, 2008, p. 24 y Jean Servier, Historia de la Utopía.

[13] Writings of the Utopian Socialists: Robert Owen, Edward Bellamy, Charles Fourier, Florida, Red and Black Publishers, Kindle Loc. 4648.

[14] Sánchez Hernández, 2008, op. cit., p. 25

[15] Leicht, ibid.

[16] Ibid., p.27

[17] Carrión, op. cit., p.474.

[18] Ver por ejemplo el artículo citado en Two Republics que sugiere que existían cuartos con diferentes niveles de lujo.

[19] Para más detalles sobre el pensamiento de Fourier sobre la igualdad y el método para la remuneración del trabajo ver: Writings of the Utopian Socialists: Robert Owen, Edward Bellamy, Charles Fourier, Florida, Red and Black Publishers, Kindle Loc. 4648 y The Utopian Vision of Charles Fourier. Selected Texts on Work, Love, and Passionate Attraction, translated, edited and with an Introduction by Jonathan Beecher and Richard Bienvenu, Jonathan Cape, 1972, en particular “Letter to the High Judge”, de 1803.

[20] Carrión, op. cit., p. 471.

[21] Y sin embargo, estas semejanzas podrían no ser más que paralelos estructurales; muestras de que Tamariz fue un arquitecto abierto a las tendencias en boga tanto en términos estéticos como funcionales, más no necesariamente alguien comprometido con las ideas del socialismo utópico. Quizás valdría la pena internarse un poco más en el proyecto de la Casa de Maternidad para seguir indagando sobre el tema.

[22] Ver el relato de José María de Ita citado en Nicolás

León, op. cit., p. 546.

[23] Fourier, “Letter to the High Judge”.

[24] Ana María Carrillo. “Nacimiento y muerte de una profesión: las parteras tituladas en México”, DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 1999, 19, 167-190. Ver también Lee M. Penyak, “Obstetrics and the Emergence of Women in Mexico’s Medical Establishment”, The Americas, Volume 60, Number 1, July 2003, pp. 59-85.

[25] Carrión, op. cit., p. 473.


(Crédito de ilustraciones: curiousflux.)

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

ARCHIVO

Shopping Basket