La cerrazón partidista hecha lista plurinominal

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La definición de las personas que ocuparán las listas de los partidos políticos para la representación proporcional es fundamentalmente una decisión sobre prioridades políticas. Hacia el exterior es un mensaje sobre qué agendas o intereses llegarán al Congreso. Al interior es una señal de cuáles son los grupos políticos más sólidos dentro de los partidos.

Hasta ahora dos de los partidos más importantes han definido sus listas de candidatos plurinominales al Congreso Federal. Es de esperarse que las listas del PRI y del Partido Verde se formen de manera similar a las del PRD y el PAN. Los partidos minoritarios podrían traer sorpresas devenidas de los procesos de fragmentación de los partidos mayoritarios. El proceso más novedoso será, sin duda, el de Morena, por medio de un sorteo.

Las prioridades del PRD quedaron claras. El partido es de la coalición de corrientes internas que sostiene a Nueva Izquierda en la presidencia y que ha impulsado una agenda de coalición, a su vez, con el PRI desde la formación del Pacto por México. No es casual que así sea: esas corrientes internas se alimentan de las estructuras corporativas del partido. Sin cuadros políticos que logren rebasar esas estructuras, el PRD se verá severamente disminuido. Pero parecería ser una prioridad política del PRD estar disminuido, puesto que ya no es un partido que busque el triunfo electoral sino ser parte de coaliciones de gobiernos. Marcelo Ebrard era el último perfil que tenía posibilidades de atraer votos.

En el caso del PAN se trata del fin del calderonismo como lo conocíamos y del surgimiento de Gustavo Madero como efectivo administrador de las estructuras del panismo. Esas estructuras se distancian ampliamente del partido de cuadros que el PAN había sido; ahora es más bien un partido de “operadores electorales”. Esto es similar a lo que sucedió con el PRD y el PRI: son partidos que pierden carga ideológica en favor de personajes que movilizan masas corporativas. En este sentido, la disputa por las listas en el PAN ya no tuvo en absoluto un contenido ideológico –conservadores vs. liberales– sino que fue una disputa entre jefes políticos.

Las listas son reflejo del México clientelar y corporativo que alimenta a los partidos políticos. La ausencia de perfiles que conecten con ciudadanos habla mucho de cómo la agenda democratizadora olvidó que también debía desmontar esas maneras de organización social que definían la política del PRI en su etapa clásica. Morena podría ser una alternativa en ese sentido al ofrecer, con el sorteo, un mecanismo que confía en los militantes sin estructuras. Eso quizás supone sacrificar capacidades estratégicas de decisión, pero sin duda rompe con esquemas corporativos.

El problema principal con el diseño de nuestras listas de representación proporcional es que los ciudadanos no pueden participar de manera alguna ni en la postulación ni en el triunfo de los candidatos. Las listas no son parte de la disputa electoral –salvo por el hecho de que es el número de votos por cada partido el que permite o impide que el orden de la lista siga avanzando y deja o no deja llegar a ciertas personas al Congreso. Es por ello que hay una fuerte objeción pública a la representación proporcional; sin embargo, esas críticas confunden las prioridades de los partidos con las funciones de las listas. Abandonarlas, como se ha intentado antes, significaría debilitar la oposición y reducir la pluralidad, y eso provocaría un problema político mayor al que tenemos hoy. Es tiempo de que se comience a reflexionar seriamente en listas abiertas en las que el ciudadano pueda, por medio de su voto, cambiar el orden de la lista en vez de sean los partidos los que definan ese orden; esto sería una forma de obligar a los partidos a pensar dos veces en sus candidatos y a hacerlos cambiar sus mecanismos de selección.

Otro problema, en la actual coyuntura política, es que las listas de representación proporcional ya definidas no parecen responder en absoluto a la crisis desatada después de la tragedia en Iguala. Las candidaturas plurinominales deberían ser una oportunidad para dar un mensaje de verdadera representación, de priorización de perfiles capaces de responder a la crisis económica, política, social y de derechos que enfrenta el país, o –en el caso de los partidos de oposición– de voluntad de ser oposición real ante la corrupción del gobierno de Peña Nieto. Sin embargo, el PAN y el PRD están implicados en la dinámica del Pacto –ya informal– y de sus propias corporaciones. Ahora Morena debe demostrar si está a la altura de las circunstancias. Si Morena falla en ese sentido, las propuestas de voto nulo o boicot electoral adquirirán más fuerza y sentido.

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