La corrupción en Brasil es sistemática: entrevista a Jucá Ferreira

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A  menos de dos meses de que se resuelva la situación de Dilma Rousseff (1947) el próximo 2 de agosto, la situación política de Brasil sorprende todos los días. No solo por los continuos escándalos que sacuden la opinión pública, de parte de los aliados de Rousseff y hasta de los miembros del gabinete nombrados por el nuevo presidente interino Michel Temer –por ejemplo: Romero Jucá, quien fuera nombrado ministro de Planificación, presentó su renuncia hace dos semanas y media y el fiscal principal de Brasil solicitó esta semana su arresto junto con el de otros políticos implicados en turbias operaciones relacionadas con Petrobras–, sino porque se trata de un enredo en donde las traiciones, el espionaje y la corrupción están a la orden del día.

Una de las primeras acciones del gobierno de Michel Temer fue extinguir el Ministerio de Cultura que, ante la ola de indignación general de la sociedad, se volvió a rehabilitar hace unas semanas. Para conocer las impresiones de primera mano y los pormenores de la coyuntura brasileña, entrevisté a Juca Ferreira, ex ministro de Cultura del gobierno de Rousseff.


RT: Se ha cuestionado desde diversos flancos el impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff no solo por su talante ilegal sino esencialmente por ser ilegítimo, toda vez que el juicio político está basado en una irregularidad contable que el gobierno de Dilma no negó, pero que no está tipificado como delito. Por otra parte, pareciera existir una enorme desproporción entre la falla y la punición, sin contar con que se trata de una acusación orquestada por legisladores involucrados en actos de corrupción. ¿Es correcto hablar de un golpe de Estado?

JF: Sí, es correcto, porque en la América Latina de hoy, en la coyuntura actual, no se usa ya a las fuerzas armadas y los tanques para derrocar un gobierno legalmente electo. Ya hemos tenido varios casos y ensayos que han venido sucediendo como en el caso de Paraguay y Honduras en América Central. Hoy se utiliza una combinación del uso discrecional de la justicia junto con la manipulación empresarial y otras instituciones para cercar al gobierno y aniquilar el parlamento, decretando el impedimento del presidente o la presidenta. En el caso brasileño, concretamente de la administración de Dilma, se le acusa de realizar una práctica comúnmente denominada “pedaleada”, que consiste en compensar gastos en un lado para pagar después, una vez que el gobierno cuente con los recursos suficientes en su caja, dentro de un mismo órgano fiscal, que puede verse como una falta o una práctica heterodoxa, pero que no implica ilegalidad alguna. Sin embargo, este ejercicio ha sido realizado antes por los todos los gobernadores, inclusive por los de la oposición, por ello se trata de un argumento muy frágil para justificar el desconocimiento de la presidenta. No sé si usted lo sepa, pero de una semana para acá, se han vuelto públicas grabaciones y conversaciones con Eduardo Paes, Romero Jucá y parece que también con Temer. La pedaleada puede ser irregular, más no es una justificación para el impeachment ni está previsto en la ley, lo que es más grave. Según la Constitución, para que un presidente en Brasil sea impedido es preciso haber cometido un crimen de responsabilidad, y todos saben que Dilma es una persona honesta que no ha cometido crimen alguno ni incluso ha sido acusada o siquiera investigada. Se trata de un golpe. No tiene justificación.

Después de borrar de un plumazo el Ministerio de Cultura, la presión ejercida por artistas, intelectuales y diversos grupos sociales obligó a restituirlo, bajo la dirección de Marcelo Calero, ex Secretario de Cultura de Río de Janeiro. A parte de excluyente, ¿cabría calificar de errático al gobierno de Michael Temer?

Se trata de un gabinete que tiene más de siete ministros acusados o que están siendo juzgados por corrupción debido a financiamientos turbios en campañas políticas y también por el usufructo indebido de recursos públicos: estamos hablando de muchísimo dinero. Este es un gobierno que no tiene legitimidad; hace un par de días una investigación del Folha, que pertenece a un grupo opositor al PT, publicó una editorial diciendo que ha crecido la opinión pública en contra del impeachment. El índice de aceptación de Temer es bajísimo, mucho menor que el de Dilma. Estamos viviendo un golpe con grandes dificultades para legitimarse.

En toda América Latina pudieron verse los comentarios de varios de los legisladores brasileños a favor de la destitución a la presidenta, dando una idea bastante precisa de la falta de consistencia ideológica y política de sus miembros, siendo particularmente llamativas las alocuciones de los legisladores evangélicos. ¿El proceso que estamos viendo se trata de un retroceso autoritario?

El parlamento brasileño está tomado por lobbies. Acá se dice que existen tres lobbies con mucho poder del parlamento, y los tres comienzan con B: el lobby del buey, ligado al agronegocio; el lobby de la bala, que representa a la industria armamentística que pretende modificar los estatutos del armamento de Brasil; y el lobby de la Biblia, que es el de los evangélicos. Pero hay otros lobbies también, por lo que la democracia brasileña se ha mostrado indefensa ante la actuación de grupos económicos interesados en capturar nuestra democracia. Fue un error del PT, del gobierno de Lula y del gobierno de Dilma no haber dado prioridad a la reforma política del país. Todo lo que está sucediendo es algo que ya se sabía que podía suceder, que es la captura de la democracia por parte de los grupos económicos con intereses particulares.

Todo indica, como sucede en el caso mexicano, que la política brasileña se encuentra atenazada por un gran manto de corrupción.

Es una certeza: todos los brasileños lo saben. La política brasileña cuesta muy cara. Para tener un presidente, un gobernador, un prefecto o un legislador es necesario mucho dinero, y esas sumas suntuosas de dinero son accionadas por grupos de empresarios que evidentemente no hacen lo que hacen por caridad, sino para buscar espacios para la realización de sus intereses económicos. Repito: fue un error muy grande no hacer una reforma política en su momento, puesto que incluso los partidos de izquierda se adaptaron al modo de operación tradicional de la política brasileña y eso volvió extremadamente frágil nuestra izquierda. Cuando la izquierda se comporta como la derecha, quien pierde siempre es la izquierda y quien gana es la derecha.

Recientemente el abogado argentino Luis Moreno Ocampo, ex Fiscal Jefe de la Corte Penal Internacional de la Haya y actual socio del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Harvard, sostuvo para el Folha de S. Paulo que “Brasil tendrá un mal futuro si solo el PT es condenado y las personas que orquestaron el proceso de impeachment envueltas también en casos corrupción no llegan a ser procesadas”. ¿Comparte esta opinión? ¿Qué tan grave es la corrupción en la que se han visto envueltos algunos legisladores? ¿Existen pactos de encubrimiento entre las cúpulas políticas?

La corrupción en Brasil es sistémica, toda la superestructura política del país está comprometida con la corrupción. Los tribunales superiores, el parlamento, los partidos políticos, las fuerzas armadas –sobre las que existe poca información al respecto–, todas las instancias de la superestructura política del país participan en el sistema de corrupción. Es preciso hacer una reforma política en Brasil, una reforma que reduzca la importancia del dinero en los procesos electorales para posibilitar el florecimiento de una representación política que se interese, de verdad, por los intereses de la mayoría de la población.

Durante el año y medio del segundo Dilma Rouseff, hubo enormes cantidades de despidos, así como recortes constantes al gasto público. ¿Esto era absolutamente necesario? ¿Qué tanto influyo la crisis económica en la continua baja de popularidad de la presidenta y su pérdida de liderazgo?

Voy a darle una respuesta amplia. Brasil, como casi todos los países de América Latina, es dependiente de la exportación de materias primas agrícolas y minerales. Cuando las materias primas son requeridas por el mercado internacional, el precio se eleva y la economía de América Latina crece; por el contrario, cuando hay una crisis económica internacional y afecta el precio de las materias primas, nuestras economías decrecen. Lula tuvo un periodo favorable de crecimiento debido al requerimiento de materias primas agrícolas y minerales producidas en Brasil –principalmente por parte de China (aunque no solo por eso). Tuvimos un periodo de crecimiento con índices altos, a través del cual fue posible financiar políticas sociales. Cuando la economía de China y la economía internacional empezaron a decrecer, debido a la crisis y a la pérdida de vitalidad, a las autoridades económicas del gobierno brasileño les faltó agilidad para prever y tomar medidas de reducción de gastos; no necesariamente en las políticas sociales, pero sí planteando una racionalización general del gasto público. Eso creo un déficit gigante. Ahora, la política actual de reducción del gasto público es obtusa: se trata de un corte sin criterio, pues cortaron la mitad presupuesto del Ministerio de Cultura que ya de por sí era poco dinero y también cortaron a tajos en otras áreas. La turba que llegó junto con Temer no es popular: ellos quieren cortar derechos, conquistas sociales, programas como “Mi casa, mi vida”, “Agua para todos”; ellos quieren cortar políticas de salud y también los apoyos para la gente mayor de setenta años. Existe un deseo de este gobierno ilegítimo de ir en contra de las conquistas sociales de Brasil. Y esa será la gran batalla a librar, porque este gobierno está subestimando la consciencia que fue generada en estos 13 años, que comenzó en 2003 con el primer mandato del Presidente Lula y continuó luego con la Presidenta Dilma. Creo que ese es su gran Talón de Aquiles, el hecho de que sus políticas neoliberales, el modelo de enfrentamiento ante la crisis económica y su racionalización discrecional del gasto público son un intento por volver al Brasil de quince o veinte años atrás. Están intentando modificar la legislación de los trabajadores que es de la época de Getúlio Vargas, de la década de los años treinta. Se trata de un programa regresivo, conservador, reaccionario y antidemocrático que ataca al estado laico, los derechos de las mujeres, de los trabajadores y la juventud creando un ambiente hostil, ocasionando incluso que los mismos que apoyaron inicialmente el golpe estén reculando en apoyo al gran movimiento brasileño que intenta contener el golpe.

¿Puede o debe hablarse en este momento de un enfrentamiento de clase social? ¿Cuál es la relación entre crisis política y crisis económica?

No es puramente un conflicto de clases, porque se trata también de un conflicto generacional, un conflicto entre la democracia y sus malquerientes. Hay una movilización de todos los sectores de la sociedad, unos contra el golpe y otros a favor, incluso fuera de Brasil, puesto que también el gran capital internacional, que tiene sus representantes en el país, está interesado en el capital financiero y el capital agrario. Las élites brasileñas han dado el aval a este golpe y consiguieron a través de una gran manipulación de la opinión pública el apoyo de una parte de la clase media, que quedó muy asustada en el país con la aproximación de los más pobres a su estilo de vida, quienes dieron un salto que nunca antes habían dado, como frecuentar la universidad. Hoy hay más negros en la universidad brasileña que en toda su historia anterior, por ello la presencia de los pobres en los medios ambientes de la clase media facilitó la manipulación, por ello parte de esa misma clase está apoyando el golpe. La vieja y conocida lucha de clases se está mostrando de una forma muy evidente en la coyuntura brasileña.

¿Qué papel están desempeñando los medios tradicionales en esta crisis y cuál es la penetración de los medios digitales entre la sociedad brasileña? ¿Existe una oposición entre jóvenes y viejos?

Existe. Las grandes empresas televisas prepararon las condiciones subjetivas del golpe, en primera instancia criminalizando al PT y al gobierno, después movilizando a la opinión pública contra la corrupción como si fuera un problema particular de la izquierda brasileña, cuando históricamente han sido mucho más graves los casos de corrupción emanados de los partidos de oposición. Ellos crearon las condiciones para que se diera un golpe sin necesidad de usar a las fuerzas armadas. Solo que el Brasil de hoy es uno de los países más conectados del mundo; la cantidad de blogs, el uso de las herramientas digitales y redes sociales es gigante. Uno de los mensajes críticos al golpe fue seguido por más de cuarenta millones, y el blog de un periodista local tuvo más visitas incluso que el Folha de S. Paulo, el diario más vendido del país. Hoy en día existe una polifonía y una complejidad en la emisión de información que sobrepasó a las grandes empresas; gran parte de la información que utiliza la población se da a través de los medios digitales.

Recientemente, la canciller argentina, Susana Malcorra, recibió y dio su visto bueno al canciller brasileño, José Serra. ¿Se trata de un apoyo pragmático o más bien ideológico del gobierno Mauricio Macri?

Las dos cosas. Por un lado hay una cierta identidad de Macri –quien representa a un gobierno legítimo que fue electo por las urnas– puesto que ideológicamente él tiene una comprensión próxima al grupo que está intentando consolidarse a través del golpe en Brasil. Empero, ahora, Brasil y Argentina, independientemente de sus diferencias y proximidades, son dos países importantes en América Latina. Se trata de los principales países del Mercosur; por lo tanto, el diálogo diplomático es importante. Hubo por cierto una manifestación muy fuerte en contra de José Serra en su visita a Buenos Aires. Los países de América Latina han demostrado una gran solidaridad con el pueblo brasileño. Incluso cuando los gobiernos no se manifiestan, las distintas poblaciones han hecho sentir su apoyo con el pueblo brasileño.

Todo parece indicar que, en este momento, de Brasil solo cabe esperar lo inesperado, puesto que todos los días se destapa una nueva caja de Pandora. ¿Qué es lo que sigue?

Mire, la situación es tan inestable en el país que en un mismo día se tienen dos o tres coyunturas; nuevos datos, nuevas revelaciones, nuevos movimientos que modifican completamente el ambiente. Yo creo que difícilmente este gobierno va a legitimarse sin el apoyo de la fuerza, debido, sobre todo, a las informaciones que se están haciendo públicas día con día, a la manera en que se fue preparado el golpe y por las medidas antipopulares y antidemocráticas que pretenden tomar; por ello, no creo que este gobierno vaya a consolidarse. Veo dos alternativas: una es la vuelta de la presidenta Dilma; la otra que, si ella no tuviera la fuerza política para eso, probablemente en Brasil tendremos elecciones anticipadas.

(Foto: cortesía de Partido dos Trabalhadores.)

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