La corte de Kavanaugh y la crisis que viene  

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Foto oficial de la Casa Blanca de Joyce N. Boghosian.

 

La Suprema Corte de Estados Unidos es el órgano máximo del sistema legal estadounidense. Como establece Ana Laura Magaloni, los tribunales desempeñan dos funciones “administrar justicia en casos concretos y proveer de reglas jurídicas al sistema». La Corte se conforma por 9 jueces con una gestión vitalicia, quienes son nominados por el presidente y confirmados por el Senado. Desde la década de los 90, la Corte ha recibido con más frecuencia casos controversiales que traslapan los ámbitos políticos y judiciales, elevando el interés de los demócratas y republicanos en posicionar jueces en el sistema judicial.

Durante la campaña presidencial, una de las principales promesas de Donald Trump fue la nominación de jueces conservadores al poder judicial. En sus primeros días, el presidente nominó a Neil Gorsuch para un asiento vacante en la Suprema Corte, con la mayoría republicana en el Senado, rápidamente se confirmó. En junio de este año, el juez Robert Kennedy anunció su retiro de la Suprema Corte abriendo otra oportunidad de nominación. Trump propuso al juez Brett Kavanaugh, sin embargo, desde un inicio la posibilidad de su confirmación a la Suprema Corte fue vista como una amenaza para el balance ideológico de la misma.

Así, el 4 de septiembre iniciaron las audiencias del Comité Judicial del Senado para evaluar su candidatura. Las sesiones se vieron sumergidas en controversia ya que los republicanos se negaron a presentar la investigación completa de los antecedentes del juez y ocultaron documentos de su trabajo durante la presidencia de Bush, situación que molestó a los demócratas. Hasta el último día de las sesiones, la confirmación de Brett Kavanaugh parecía un hecho.

Anita Hill 2.0

Después de la comparecencia, distintos medios comenzaron a reportar que la senadora Diane Feinstein, (D-CA), había entregado al FBI una carta donde una mujer acusaba a Kavanaugh de haber abusado sexualmente de ella durante la preparatoria. El 16 de septiembre la Dra. Christine Blasey Ford, en una entrevista al Washington Post, reveló que ella era la autora de la carta. Días después dos mujeres más presentaron acusaciones similares contra el juez. Esta situación trajo a la mente la nominación del juez Clarence Thomas, quien había sido confirmado como juez de la Suprema Corte a pesar de haber sido acusado de acoso por la profesora Anita Hill en 1992. Frente a las declaraciones de la Dra. Ford, los republicanos y la Casa Blanca comenzaron a discutir la mejor estrategia para garantizar la confirmación de Kavanaugh. Los republicanos no se podían dar el lujo de retirar la nominación, ya que, si perdían escaños en el Congreso en la elección de este noviembre, les sería imposible nominar a otro juez. Los republicanos, frente al enojo publico, aceptaron una audiencia antes de la confirmación senatorial.

El 27 de septiembre, el Comité Judicial del Senado recibió a la Dra. Blasey Ford y al juez Brett Kavanaugh. La sesión inició con un testimonio de la Dra. Ford quien narró la noche en la que fue víctima de abuso sexual por parte de Kavanaugh. Su testimonio marcará la historia política contemporánea de Estados Unidos, ya que, a través de una narración extensiva de los hechos, Ford valientemente en cadena nacional presentó una situación con la que cientos de mujeres, víctimas de abuso sexual, se identificaron. Su discurso se convirtió en la apoteosis de #MeToo.  Posteriormente, el juez Kavanaugh presentó un discurso donde acusó a los demócratas de encabezar una cacería en su contra y de haber destruido su prestigio estos últimos días. En todo momento, el juez se mostró a la defensiva en un claro contraste con la calma de la Dra. Ford. Durante toda la sesión se vio a un hombre impulsivo y poco controlado que puso en duda su carácter para ocupar una de las posiciones más importantes en Estados Unidos.

Pronto, la comparecencia se convirtió en una guerra de acusaciones entre demócratas y republicanos. Cada declaración evidenció que los senadores republicanos no entraron a la sesión buscando la verdad sino buscando demeritar las declaraciones de Ford con argumentos que apelaran a la base electoral republicana y que garantizaran la menor repercusión para el Partido después de la confirmación

Después de ocho horas, la sesión terminó con la opinión pública completamente dividida alrededor del tema. A pesar de esta polarización, los republicanos insistieron en proceder con la sesión para votar su confirmación en los siguientes días. Sin embargo, al día siguiente la presión pública hizo que el senador Jeff Flake (R-AZ) exigiera una extensión de una semana para la votación con el objetivo de permitir al FBI investigar las acusaciones. Los republicanos se vieron obligados a aceptar ya que la pérdida del voto de Flake y posiblemente de otras dos senadoras ponía en riesgo la confirmación. El jueves pasado, el FBI entregó al Comité Judicial del Senado el reporte de su investigación, si bien los demócratas declararon que la investigación estaba incompleta. A pesar de que distintas organizaciones como el American Bar Association y el Washington Post se posicionaron contra Kavanaugh, el 8 de octubre fue confirmado.

La semana que viene y las secuelas de la confirmación

“You are opening up to air hurt and pain that goes on across this country. And for that, the word I would use, it’s nothing short of heroic. Because what you’re doing for our nation right now, besides giving testimony germane to our office, is you are speaking truth that this country needs to understand.”  —Senador Cory Booker durante la audiencia del 27 de septiembre.

La decisión de confirmar a Kavanaugh y la oposición que generó son un parteaguas en la polarización en el sistema político estadounidense. En retrospectiva, la investigación del FBI de hace unos días parece un intento de los republicanos de legitimar la eventual confirmación del juez en lugar de probar su inocencia. Kavanaugh llega a la Suprema Corte con una legitimidad en duda, acusado de ser un fiel partidista y no un juez imparcial. Quizás Kavanaugh sea un buen juez y sus decisiones sean apegadas a la Constitución, pero esto no será suficiente para remover la imagen de ser un juez producto de la polarización y la presidencia de Trump. No obstante, la forma en la que se dio la confirmación y la esperanza de detenerla solo reflejan que el gran error de los demócratas y de la oposición ha sido asumir que los republicanos siguen teniendo un interés en “respetar” la neutralidad de las instituciones y tener legitimidad frente a los ciudadanos cuando acto tras acto han demostrado lo contrario. Si bien desde el triunfo de Trump era evidente que había una “dolencia” en el movimiento conservador por los ocho años de la presidencia de Obama, esta confirmación solo nos habla de que las heridas y el enojo hacía la agenda liberal es más profunda de lo que se piensa.

La única oportunidad de los demócratas para detener el avance republicano ahora recae en las elecciones intermedias de noviembre donde 435 congresistas y 35 Senadores serán votados y en la que llegada de una mayoría demócrata al poder legislativo presenta un riesgo inminente para la administración de Trump. Se podría pensar que la decisión de los republicanos tendrá un alto costo en este periodo electoral, no obstante, las encuestas sobre Kavanaugh hasta ahora han revelado que el público se encuentra dividido de acuerdo con su afiliación partidista, por lo cual, es poco probable que veamos un cambio sustancial en las preferencias electorales. No obstante, esta confirmación sí podría tener un efecto en las elecciones intermedias en noviembre. Los demócratas se  ven viendo energizados por el resultado de la confirmación y se espera una alta asistencia a las urnas para asegurar una mayoría demócrata en el Congreso. Por otro, los republicanos podrían salir a votar con el fin de continuar la agenda presidencial y garantizar una permanencia republicana, sin embargo, estas semanas las encuestas tenderán a cerrarse. Lo que es un hecho innegable es que, en muchas contiendas, las mujeres serán las que definan esta elección. Christine Blasey Ford se ha convertido en un parteaguas en el proceso electoral.

El jueves pasado, miles de ciudadanos con dos visiones radicalmente distintas sobre su país presenciaron la comparecencia de Ford y Kavanaugh. Por un lado, cientos de mujeres víctimas de abuso sexual, mismas que salieron a marchar esa fría mañana de enero con sombreros rosas y los hombres que desde el día de la elección se prometieron ser una oposición a Trump escucharon y empatizaron con el testimonio de Christine Blasey Ford. Por otro lado, los hombres que desde el triunfo de Barack Obama han visto una creciente “conspiración” de las alas liberales de Estados Unidos para minimizarlos y borrarlos del escenario político escucharon con energía y apreciación las palabras del juez Kavanaugh. Los residentes de la “América olvidada” finalmente estaban logrando avanzar la agenda que tanto trabajo les había costado promover.  Los partidos, al igual que el país, son víctimas de una polarización latente que está deteriorando las instituciones estadounidenses con el paso del tiempo. El senador Ted Cruz (R-TX) declaró durante la audiencia: “Este ha sido uno de los capítulos más vergonzosos en la historia del Senado de los Estados Unidos”. Un diagnóstico preciso del panorama nacional.

El Partido Republicano que, desde la presidencia de Obama presenció un deterioro en sus liderazgos y su plataforma, hoy ha encontrado en la retórica de Trump un modelo redituable para hacer política el cual está siendo bien recibido con sus bases electorales. Para entender la decisión del Partido Republicano en apoyar a Kavanaugh, hay que hacer a un lado cualquier idealismo, los hombres que hoy lo dirigen lo hacen con un pragmatismo basado en garantizar su permanencia en el poder. Cualquier presión que los senadores republicanos puedan recibir para cambiar el sentido de su voto es mínima si se compara con la oportunidad de revivir la agenda conservadora por las siguientes décadas. Los republicanos tenían la opción de retirar la candidatura y nominar a una figura menos controversial, no obstante, su necesidad de no dejarse “someter” y mostrar su poder fue mayor que cualquier intento de bipartidismo en el legislativo.

La confirmación de Kavanaugh marca el inicio de una Suprema Corte que será la joya de la corona del movimiento conservador. Su llegada no implica la penalización del aborto o retrocesos elementales en temas como el matrimonio igualitario, no obstante, los casos que la Corte reciba en los siguientes meses y las decisiones que tome podrían limitar los avances progresistas de los últimos 20 años. El caso Planned Parenthood v. Casey  y el caso Masterpiece Cake Shop Ltd v. Colorado Civil Rights Commission son pruebas de una lucha que el movimiento conservador ha gestionado en el sistema judicial con el fin de detener el progreso de la agenda liberal y los derechos civiles. La corte va a definir el panorama jurídico de Estados Unidos por los siguientes 30 años y este será conservador.

En un nivel institucional, la confirmación de Kavanaugh politiza a la Corte como nunca. Hasta este momento, la Corte ha logrado salir poco dañada de la polarización y las controversias políticas, hoy es un daño colateral de la presidencia de Trump. Las comparecencias de las ultimas semanas sacaron a relucir los síntomas más latentes de la enfermedad que la presidencia de Trump y la polarización han traído al sistema político estadounidense. La tolerancia, el reconocimiento de las oposiciones y la construcción de consensos hoy parecen ser valores de otro siglo, ajenos al sistema político que hasta hace poco era la democracia por excelencia. Trump abrió las puertas para el espectáculo político erosionando al mismo tiempo las tradiciones y las normas de la política. Hoy es evidente que una gran parte de la clase política ha decidido seguir ese camino y no queda claro ni como ni cuando iniciará la reconstrucción de la democracia estadounidense. El Congreso, la Presidencia y la Suprema Corte hoy regidas por una mayoría conservadora cuya agenda extremista resulta antitética a los grandes avances de los derechos civiles y las causas sociales en Estados Unidos. La confirmación de Kavanaugh podría empezar la segunda fase de una transformación radical en Estados Unidos, que en los siguientes 20 años, será drásticamente distinto del que hoy conocemos.

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