La crisis del agua en Ciudad de México

¿Por qué se seca una ciudad construida sobre un lago?

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Desde las 5:00 de este 31 de octubre, gran parte de Ciudad de México se ha quedado seca, por lo menos hasta el 3 de noviembre. A sus 36 años, el Sistema Cutzamala, responsable del 30 por ciento del abastecimiento de agua de la ciudad, requiere de reparaciones de tuberías, trabajos en la planta potabilizadora Los Berros y en las bombas. Según el Sistema de Aguas de la Ciudad de México, el corte afecta al 45 por ciento de la capital mexicana: 480 colonias, 13 de las 16 alcaldías, casi cuatro millones de habitantes.

Entre los pocos en sacar algún beneficio están las tlapalerías y ferreterías. Estos negocios no se dan abasto para surtir la urgencia ante cortes totales y parciales de 72 horas y la incógnita de otras tantas para restablecer el servicio.

Todo lo que pueda almacenar agua se vendió como pan caliente. En la tlapalería y ferretería “Las Nueces” de Azcapotzalco, ayer sólo quedaba un tinaco de 1,100 litros. Todo lo demás encontró dueño desde la semana pasada. En la Magdalena Contreras, a la tlapalería “La Lupita” no le quedaba “ni una cubeta”, excepto las de 20 litros de pintura si el comprador estaba dispuesto a lavarlas. En la Benito Juárez, la ferretería “Ray” se quedó desde el lunes sin botes de 60 y 30 litros. Lo único que había eran unos recipientes diminutos en un rincón. En el mercado de Medellín, en la colonia Roma, los tambos de agua de 100 litros que normalmente se venden a 300 pesos, ahora cuestan tres veces más.

Los capitalinos se preparan para una semana de escasez y racionamiento, pero más allá de superar los asuntos cotidianos sin agua, nos preguntamos: ¿Por qué se seca una ciudad construida sobre un lago?

  • Desperdicio, despilfarro y desparrame. La pérdida se mide en alrededor de 22 metros cúbicos por segundo, entre 35 por ciento y 40 por ciento del agua traída a alto costo y desde lejos que se queda en camino, en fugas que representan más agua de la que hoy tiene en crisis la ciudad. “De arreglar las fugas no se necesitaría el Sistema Cutzamala”, explicó en conferencia de prensa la semana pasada Manuel Perló Cohen, especialista en sistemas hídricos del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

 

  • Un ciclo nocivo de demanda creciente y agua finita. El caso del Sistema Lerma, responsable del 12 por ciento del agua para la CDMX, ilustra lo insostenible de la producción de agua urbana, según escribió Alejandro de Coss en Horizontal: “Una ciudad sedienta agotó las lagunas, sustento económico de miles de personas, y aceleró la creación de un corredor industrial en la zona. Este corredor, junto con la ciudad y los nuevos desarrollos inmobiliarios en Lerma, demandaron cada vez más agua, un recurso que, sin los espacios de recuperación que le daban los bosques y campos de la zona, seguirá volviéndose cada vez más escaso”. O como lo escribió un presidente: “Ya nos acabamos la cuenca del Lerma. Ya estamos más lejos. Esto no puede seguir así. Es una monstruosidad traer agua de lejos, subirla a este valle, para sacarla después”. El autor es José López-Portillo. Lo escribió en su diario, publicado hace 30 años.

 

  • Un consumo excesivo de agua. Los habitantes de la Ciudad de México consumen, en promedio, más agua al día que aquellos de Nueva York o París, y dejan muy atrás el promedio de otros países: 312 litros en promedio por habitante, cada día, respecto a 300 y 200 en las dos otras metrópolis, 130 en promedio en Alemania y tan bajo como 30 litros en promedio en el continente africano, según el estudio El ahorro eficiente del agua en viviendas de la Ciudad de México, de Nelly Mendiola Almaraz, de la UNAM. El problema se inscribe también en una dinámica nacional, una aceleración histórica en el uso de recursos. “En 1955, cada mexicano consumía alrededor de 40 litros al día; se calcula que en 2012 el consumo aumentó a 280 litros por persona al día”, según la asociación Agua.org.mx. 

 

  • Un problema agravado por el cambio climático. A mayor temperaturas y sequía, mayor evaporación, derivando en escasez de agua. A partir de ahí, según el New York Times, queda arruinarse o ver hundirse un poco más los cimientos de la CDMX. Una mayor demanda de agua “incrementa la presión de conseguir agua desde zonas de reserva distantes, a costos exorbitantes, o de drenar todavía más los acuíferos subterráneos y acelerar el colapso de la ciudad”.

 

  • Un derecho que refleja y acentúa la desigualdad. El agua es un derecho constitucional,  lo es el “acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible. El Estado garantizará este derecho”. Pero de Cutzamala a los hogares se puede medir la desigualdad.La presión del agua de las tuberías está relacionada con el nivel de ingreso, y ambas cuestiones van a la baja entre más se aleje uno de Cutzamala”, explica The Guardian. “En las acaudaladas delegaciones del oeste de la ciudad, Miguel Hidalgo y Cuajimalpa, donde se ubica buena parte de los campos de golf de la ciudad, la presión del agua es de 14kg por centímetro cuadrado, suficiente para que funcionen los aspersores que riegan el pasto. Más cerca del centro de la ciudad (…) deben arreglárselas con un nivel de presión de menos de la mitad, y en ocasiones enfrentan escasez”. Hasta debajo de la escala: Iztapalapa, con una presión de “de 500g por centímetro cuadrado”, si es que el agua llega.

 

  • La historia sin fin. Ya en el siglo XVI el conquistador español Bernal Díaz del Castillo se asombraba de los estragos llevados a cabo desde la conquista en aquél lugar privilegiado para el agua: “Y diré que en aquella sazón era muy gran pueblo y que estaba poblada la mitad de las casas en tierra y la otra mitad en el agua, y ahora en esta sazón está todo seco y siembran donde solía ser laguna”. Lo resume desde 1915 Alfonso Reyes, en su Visión de Anáhuac: “Abarca la desecación del valle desde el año de 1449 hasta el año de 1900. Tres razas han trabajado en ella, y casi tres civilizaciones”.

 

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