“La ‘Cuarta Transformación’ es un relato epopéyico”

La politóloga Blanca Heredia explica el particular proyecto de izquierdas de AMLO y analiza los grandes retos en materia de seguridad, corrupción, economía y política interior y exterior

| Cuestionario

Para entender qué significa la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México y los retos del Gobierno y del país en este nuevo sexenio, Horizontal ha circulado este cuestionario entre intelectuales y analistas. Hoy contesta la politóloga y especialista en educación y desarrollo Blanca Heredia.

1.  ¿Qué debemos entender como “Cuarta Transformación”?

La “Cuarta Transformación” es el proyecto político de Andrés Manuel López Obrador y resume el sentido epopéyico de su oferta de gobierno. La expresión apunta a un relato, según el cual, la transformación que propone se ubica en una dimensión que rebasa el de un mero cambio de gobierno o transición sexenal. La “Cuarta Transformación” refiere a una suerte de hito refundador que retoma el espíritu y recoge las tareas pendientes de tres rupturas/refundaciones previas: la Independencia, la Reforma y la Revolución. Tanto la expresión como el relato que la subyace revelan la ambición de situar los fines y los medios del proyecto de gobierno de López Obrador más allá de categorías temporales o políticas convencionales. Una especie de “permiso” de entrada para ubicarse por fuera de lo esperado, lo rutinario y lo comúnmente aceptado, justificado por la intención de retomar la gesta histórica de liberar al pueblo mexicano de sus opresores y de los lastres que impiden la actualización de sus derechos y el despliegue de su vigor creativo en todos los planos.

En un sentido histórico más específico, los ejes de la “Cuarta Transformación” incluyen los siguientes. Primero, el desmantelamiento de las prácticas que hacen posible la reproducción de la corrupción sistémica, entendida como el maridaje institucionalizado entre poder político y poder económico en beneficio de unas élites amafiadas y particularmente rapaces y voraces. Segundo, aunque probablemente tan importante como el primero, acciones simultáneas y de gran envergadura que, en conjunto, configuran una especie de estrategia tipo “shock” a favor de la inclusión social lo más inmediata y amplia posible. Esta estrategia parte de una visión según la cual el problema central de México (del que derivan, entre otros, la gravísima crisis de inseguridad y violencia que vive el país, así como sus bajas tasas de crecimiento económico) es la exclusión de las grandes mayorías de toda posibilidad de dignidad y reconocimiento social, de participación plena en la vida colectiva, y de opciones efectivas de desarrollo y de futuro. Un tercer eje de la “Cuarta Transformación” tiene que ver con la defensa de la democracia, entendida en clave fundamentalmente expresiva y participativa.

2. ¿Qué México recibe el nuevo gobierno? ¿Qué etapa histórica estamos viviendo?

El nuevo gobierno recibe un país inmerso en una crisis de violencia e inseguridad que azota a un número creciente de mexicanos (en especial, a los que menos tienen) y a porciones cada vez más grandes del territorio nacional y, frente a la cual, el gobierno dispone de recursos de fuego, técnicos y organizacionales muy limitados.

En lo económico, el gobierno de AMLO recibe un país estable en el plano macroeconómico, muy abierto en lo comercial y lo financiero, y fuertemente internacionalizado en los sectores más dinámicos de la economía. Estos elementos, le imponen límites muy importantes a la conducción de la política económica a favor de la disciplina fiscal y financiera, y, más generalmente, a favor de los intereses de los inversionistas privados, en particular, los internacionales y los más móviles y diversificados internacionalmente de entre los nacionales. También hereda una economía que lleva décadas creciendo poco y concentrando los beneficios de ese crecimiento en una parte muy pequeña de la población.

En lo que hace a la política interna, López Obrador habrá de gobernar un país con partidos de oposición hechos pedazos y con insuficiente representación legislativa y presencia territorial para funcionar como contrapesos efectivos. Enfrenta, por otra parte, una sociedad civil organizada de base ciudadana bastante amplia y vigorosa; algunas organizaciones sociales de corte corporativo-clientelar tradicional aún muy poderosas (el SNTE, en particular); así como una gran variedad de organizaciones y redes clientelares de muy diverso alcance que son las que, en efecto, organizan la vida de miles de personas y su interacción con el gobierno a nivel de tierra. Estas últimas, están bastante fragmentadas, sus vínculos con partidos políticos son menos estables que en el pasado y una porción creciente de ellas presentan enmarañamientos y acomodos con organizaciones de corte criminal.

A nivel de lenguaje público, el gobierno de AMLO hereda un México en el que el grueso de la “conversación colectiva”, así como de los términos y supuestos mediante los cuales se nombra y da cuenta de la acción del gobierno, así como de la vida social y política en general está dominada por el script neoliberal. Por ejemplo, “política” = robo, asco y porquería; personas = consumidores o “ciudadanos” de papel; “mercado” = forma natural, mejor e incontestable de organizarse la economía y la vida en sociedad; “libertad individual” = valor supremo; propósito de la vida = producir “valor” (dinero) y consumir.

En términos de momento histórico, el nuevo gobierno enfrenta y, seguramente, habrá de intentar capitalizar un tiempo global (o, al menos, ese tiempo tan largamente pensado como “global” desde el Occidente desarrollado y sus suburbios) que sabe, huele, y se siente como de fin de época. Fin de una época hiper-individualista y socialmente excluyente y ascenso al primer plano de la política de los reclamos de los olvidados por la globalización, así como de lo identitario y lo colectivo.

3. ¿Qué tipo de izquierda representa el gobierno de Andrés Manuel López Obrador?

Una izquierda muy sui generis. Una que no cree en aumentar impuestos y que -fuera de la CDMX- no parece particularmente convencida o interesada en construir reglas y procesos impersonales para garantizar el acceso efectivo a la procuración e impartición de justicia. Una izquierda más de “pueblo” que de ciudadanos; una que desconfía del saber técnico (por buenas y malas razones): y una que, antes de ocuparse de la igualdad como tal, entiende que tiene que ocuparse de la inclusión social de los millones de mexicanos invisibles y desamparados cuyo país los excluye de forma sistemática de toda oportunidad para existir socialmente, así como para desarrollarse y prosperar.   

4. ¿Qué o quién es la nueva oposición?

En primerísimo término, la respuesta o anticipación de los “mercados” y, más específicamente, de los mercados financieros frente a las acciones de los responsables de conducir el gobierno. Es decir de la agregación de las decisiones individuales de inversión procesadas a través de mercados, muchos de ellos fuertemente imperfectos. En segundo lugar, los “poderes fácticos” o, dicho de otra manera, los actores que controlan de forma monopólica u oligopólica sectores económicos clave (legales, ilegales y criminales) o la representación de grupos sociales poderosos y fuertemente organizados. Tercero, organizaciones sociales diversas, algunas de base efectiva o pretendidamente ciudadana y otras de base clientelar. Cuarto, lo que queda de los partidos políticos de oposición.

5. ¿Cuáles son los temas más urgentes a resolver y cuáles serán realmente las prioridades gubernamentales?

El tema más urgente que enfrenta el país es el de la violencia y la inseguridad. Dicho en otras palabras: la recuperación del orden básico. Con igual importancia: mantener la estabilidad macroeconómica y evitar tensiones inmanejables con los Estados Unidos. Al lado de estas, el nuevo gobierno tenderá a priorizar: el combate al privilegio y la corrupción; las acciones a favor de la inclusión social; la conformación y consolidación de una base política amplia de adherentes y simpatizantes; así como el impulso a un crecimiento más dinámico e incluyente.

6. En América Latina se ve al nuevo gobierno como una esperanza para la izquierda, ¿qué le espera a México como líder regional?

Oportunidades potencialmente interesantes en un contexto en el que la región ha carecido de alguna presencia mínimamente coordinada a nivel global. Pero, dadas las fuertes diferencias entre los países latinoamericanos y la energía que habrá que requerirle al nuevo gobierno para lidiar con los problemas internos, no queda claro qué tanto podrá construir un México conducido por AMLO un liderazgo regional.

7. ¿Cómo será la relación con el gobierno de Donald Trump?

 En lo fundamental, pragmática y cuidadosa. A nivel de principios, así como en el plano discursivo y simbólico, menor tolerancia a la intervención de los Estados Unidos en la política interna y, en lo posible, mayores límites a la participación directa del gobierno estadounidense en el ámbito de la seguridad y la “procuración de justicia”.

8. ¿Qué pasará con el sistema partidista en México? ¿Morena se convertirá en el nuevo PRI?

Difícil imaginar que pudiera ser otro el proyecto de AMLO que el que Morena se vuelva el PRI del siglo XXI. La pregunta es si será posible hacerlo realidad dada la complejidad alcanzada por la sociedad mexicana. Otra pregunta clave es, en caso de empeñarse en ello frente a condiciones adversas para lograrlo, ¿cuánto se empeñará y a qué costo colectivo?

 

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