La letra pequeña del TPP

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Los doce jugadores de este partido, que se inició hace casi seis años, anunciaron el 5 de octubre que el silbato había sonado y que se daba por concluido el encuentro. De pronto, los reflectores de todo el mundo se pusieron sobre el TPP. ¿El qué? Sí, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica.

La promesa: la liberalización de mercados y la eliminación del 90 por ciento de aranceles en un espacio equivalente al 30 por ciento del comercio internacional. Pero los equipos no están nada balanceados. Por un lado están las grandes potencias: Estados Unidos, Canadá, Japón, Singapur, Australia y Nueva Zelanda. Y por el otro se encuentran Brunéi, Chile, Malasia, México, Perú y Vietnam.

El acuerdo se anunció justo cuando empezaba en Lima la Junta de Gobernadores del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero en el encuentro nadie se interesó mucho por el resultado de estas negociaciones. El problema es que ni siquiera se sabe bien qué es.

Por algunos leaks tenemos una vaga idea de hacia dónde apunta el TPP, pero la letra pequeña del acuerdo que meticulosamente se negoció durante años y en secreto se dará a conocer antes del 5 de noviembre.

El Nobel de Economía Joseph Stiglitz está en contra de estos tratados “libres”. Después de haber estado rodeado de señores trajeados en el nuevo y brilloso complejo donde se llevó a cabo la Junta, el viernes pasado se dirigió al centro de Lima a una anticumbre llamada “Desmintiendo el Milagro Peruano”, convocada por varias organizaciones civiles, entre ellas Oxfam.

Entre activistas, académicos y campesinos, Stiglitz declaró: “Esta (el TPP) no es una estrategia para el desarrollo, es una estrategia para el no-desarrollo.” Y agregó: “Yo solía bromear diciendo que si realmente fueran libres estos tratados, serían de tres páginas. Pero nuestros negociadores llevan años discutiendo. El documento es tan largo que es imposible de leer. Y no es un tratado de ‘libre’ comercio. ¿A quién va a servir? ¿Por qué lo han mantenido en secreto? Porque va a beneficiar intereses corporativos, especialmente en Estados Unidos.”

Alonso Segura, ministro de Economía de Perú, afirmó por su parte, en el programa Cuarto Poder, que no hay ningún secreto. “Apenas el país tenga de manera oficial el texto será hecho público y se entregará al Congreso para su debate y aprobación.” Pero el tratado firmado está.

Y la población, los editorialistas y los economistas no están nada tranquilos. Mucho menos cuando Magali Silva, ministra de Comercio, hizo declaraciones ambiguas justo después de terminar las negociaciones en Atlanta, el lunes pasado, día en que se hizo el gran anuncio en la Junta. El diario El Comercio publicó una entrevista en la que Silva, la única mujer entre los doce, afirmó: “Voy a decir algo que no había compartido: esta negociación ha sido muy dura y difícil, a tal punto que en un momento estuvimos en la disyuntiva de irnos o seguir, pues estábamos en un contexto en el que había presión para cerrar las negociaciones porque pronto habrá cambio de gobierno en Canadá y Estados Unidos.”

Y gracias a este enredo tuvo que dar una conferencia de prensa para calmar las aguas. ¿Se vio Perú presionado a aceptar el tratado? Los tres países están por entrar en una etapa electoral.


Una camilla para Perú

Joseph Stiglitz tiene mucho tiempo tratando de prevenir e informar al mundo sobre lo que el TPP significa. “Para Perú no conocemos todos los detalles, pero lo bueno es que sabemos lo suficiente por los leaks que ha habido. ¿Por qué es tan secreto? Porque sirve intereses especiales. Es casi seguramente un mal trato, sobre todo en lo referido a medicamentos.”

El TPP pareciera ser un “avance”, una forma de reactivar la economía. Pero ¿cómo puede ser un avance si esto llevará al incremento del costo de las medicinas en el territorio peruano?

“Muy poca gente en Perú puede comprar medicinas de marca. El grueso de los peruanos debe recurrir a las medicinas genéricas”, explica el sociólogo e historiador Nelson Manrique.

Perú, en efecto, se está desinflando y necesita algo que reviva su economía. Su presidente, Ollanta Humala, es un huérfano político. Ya han desfilado siete presidentes del Consejo de Ministros; dos mega proyectos mineros se encuentran en stand by; las acusaciones de corrupción contra sus allegados no paran, y la primera dama siempre está bajo los reflectores, generalmente por escándalos. Humala está en la recta final, con las elecciones a pocos meses y un nivel de desaprobación del 80 por ciento. Keiko Fujimori, hija del ex dictador, parece liderar las intenciones de voto.

El famoso milagro económico también se desinfló en cuanto China empezó a estornudar. La gran dependencia al país asiático ralentizó la economía. El nivel de crecimiento de 6 por ciento que venía manteniendo Perú desde 2009 fue de apenas 2.8 el año pasado y no llegará a 2.5 este año, según datos del FMI.

Socialmente, el país sí se ha visto beneficiado con el boom económico. El flujo de dinero ha ayudado a reducir la pobreza en un 28% desde 2002. Aunque ha habido considerables mejorías, la brecha de desigualdad sigue siendo uno de los grandes retos de la administración actual, sobre todo porque los estudios estiman que casi 50% de los que han logrado salir de la pobreza están en riesgo de volver a estados precarios. Esa ha sido una de las conclusiones de un estudio del FMI publicado en junio de este año sobre las causas y consecuencias de la desigualdad económica. ¿El TPP es la solución?

El gran problema en Perú, como en otros países latinoamericanos, es que la falta de educación y la enorme cantidad de problemas sociales hacen que la población no ponga atención a temas que parecen tan ajenos. ¿En qué podría beneficiar o perjudicar este tratado a un taxista limeño que ya está preocupado por el tipo de cambio que en agosto de este año alcanzó su nivel máximo en seis años (3.219 soles por dólar)? ¿O a un productor de mangos en Piura que se prepara para la inminente llegada del fenómeno de El Niño?

Por otro lado están Ecuador, Bolivia y Colombia. Falta ver si la Comunidad Andina estará de acuerdo en cambiar su legislación en materia de propiedad intelectual, porque esto los afecta también.

En el congreso parece que no habrá problemas. “El grupo que podría oponerse es minoritario, el de la izquierda, representado por Veronika Mendoza”, explica Manrique. Mendoza, quien es candidata a la presidencia por el Frente Amplio, logró llevar a las elecciones internas a más de treinta mil personas. ¿Logrará negociar que no se ratifique este tratado?


La cancha está dispareja

Así es: todos lo ven, no se marcó y a nadie le importa. Pero hay dos grandes contradicciones. La primera es que uno de los grandes avances del FMI, contrario a lo que sucedía en las décadas de los 80 y 90, es que este parece estar hoy más cercano a las realidades de los países. Todo pareciera indicar que hay un FMI más humanizado y preocupado por cuestiones como la desigualdad, tal como indica su estudio de hace unos meses.

Cuando se firmó el TPP, Christine Lagarde, directora general del FMI, difundió un comunicado en que establecía que se trataba de un acontecimiento muy positivo porque “el acuerdo no solo es importante por su tamaño, dado que los países signatarios representan alrededor del 40% del PIB mundial, sino que también amplía la frontera del comercio y la inversión en bienes y servicios hacia nuevos ámbitos donde los beneficios pueden ser significativos”. Pero, según Stiglitz, el TPP solo va a incrementar esa brecha dentro de los países, porque solo se beneficiará a las grandes empresas.

La segunda contradicción viene de parte de Luis Videgaray, el secretario de Hacienda mexicano, quien confirmó con su declaración que “El Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que se firmó hace veinte años, solo llevó prosperidad a los estados del norte del país, mientras que para el sur las políticas han sido para compensar a los pobres”. Esto fue dicho para promocionar la iniciativa de Enrique Peña Nieto de crear zonas económicas especiales, pero que el secretario de Hacienda lo acepte tiene mucho peso. Entonces ¿por qué México se va a aventurar con un tratado aún más dañino?

Y Stiglitz lo reafirma: “México pensó que un tratado de libre comercio con Estados Unidos lo llevaría al crecimiento. No fue así. Una década después de que se firmó el TLC, México seguía sin estar muy bien, la pobreza no se había reducido. De hecho, un ejemplo es que China está mucho mejor sin un tratado así.”

Además del TLC con Estados Unidos y Canadá, México ya tiene acuerdos bilaterales con Perú, Chile, Australia, Japón y Singapur. ¿Qué hace que el TPP sea tan atractivo? ¿No podrían simplemente firmar acuerdos con los cuatro países restantes?

Según Stiglitz, los peligros son casi como manejar en el D.F. sin semáforos, sin reglas que protejan la salud, el medioambiente, los trabajadores, la economía. “Este acuerdo intenta que no haya reglas que le hagan daño a las corporaciones. Porque si pasas una regla que reduzca la ganancia prevista de una corporación, tienes que pagarles por la pérdida de ganancias previstas. Supongamos que el acuerdo está vigente y se descubre que el asbesto es malo para la salud. Bajo la ley actual, los productores de asbesto deben pagarle a la gente que sufre un daño por su producto para ayudarlos a volver a construir su hogar. Ellos deben pagar. Bajo el nuevo acuerdo, nosotros debemos pagarle a los productores de asbesto por lo que dejan de ganar.”

El TPP pareciera de pronto más bien una forma de intentar hacerle bullying a China. Así lo dijo Obama en su discurso. “Cuando más del 95 por ciento de nuestros consumidores potenciales viven fuera de nuestras fronteras, no podemos dejar que China escriba las reglas de la economía global.”

Lo dejen o no, lo hace. Lo confirman los diarios. Si a China le da gripa, a muchos países latinoamericanos, como Perú, les da neumonía por su gran dependencia a las exportaciones. En el caso de Perú, más del 60%. Y con la poca información que se tiene sobre la situación económica china, basta escuchar las conclusiones socráticas de Lagarde: “incertidumbre en la economía mundial”, “cambiante panorama”. Poco le faltó para decir: “Yo solo sé que no sé nada”. Porque es cierto: nadie sabe a ciencia cierta qué está pasando. Lo que sí se puede ver es que su desaceleración recortó a 3.1% las expectativas de crecimiento de la economía mundial la semana pasada.

Habrá que esperar a ver qué dicen los congresos de cada país. Pero por lo pronto Perú tendrá en los diarios hoy todos los pormenores de su enfrentamiento contra Chile en la semifinal de la Copa América. ¿Lo demás importa?


Imagen cortesía de Zixi Wu

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