“La literatura es la más conservadora de las artes”: entrevista con Kenneth Goldsmith

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La notoriedad biográfica es el reino de la sinécdoque. Kenneth Goldsmith –poeta, artista, nativo del noreste de Estados Unidos, nacido en 1961–, por ejemplo, es “el que quería imprimir el internet”. O el que leyó en la Casa Blanca. O el del sombrero de ala corta. O el poeta conceptual. O el poeta de libros trabajosos para leer y con premisas atractivas. O el poeta blanco y privilegiado, objeto de enconos e iracundias. Alguna de esas. También es autor de ensayos que explican su programa, su postura, sus actos y sus preocupaciones. Tumbona Ediciones y Sur+ editaron apenas su Escritura no-creativa: la gestión del lenguaje en la era digital. Catorce textos que delinean una ruta posible para la literatura: la vereda de lo no creativo.

Curioso, no obstante, que para ser partidario de lo aleatorio por programa, contrario a lo original, apóstata del talento, los ensayos de Goldsmith no cumplan con esa promesa. (Dice en un perfil extenso en The New Yorker ser “el escritor más aburrido que haya existido”.) Uno espera una estética de la acumulación, el sinsentido, el lastre, lo inconexo, puro gesto. Lo que halla son ensayos casi convencionales que se preocupan por detallar el quid de sus cuestiones. Podían haber sido balbuceos pero no: son preguntas consideradas. “¿Es posible plantear una proposición lingüística y realizarla en un ambiente estable y neutro?”, por ejemplo. O: “Al final, quizá concluiríamos: ¿para qué, si una computadora lo puede hacer mejor que nosotros?” Esa, si hay que elegir una sinécdoque, es la pregunta que responde esta colección de ensayos. Cada uno afirma –desde el abordaje de las artes plásticas, el comentario de métodos como el pastiche, el collage o la transcripción, o las redes sociales y los inmensos y crecientes archivosde textos– que hay vida más allá del talento, la originalidad y la intención de los autores geniales. “Quizá los grandes autores del futuro serán aquellos que puedan escribir los mejores programas para manipular, analizar y distribuir prácticas de lenguaje.”

Aparte de este libro, la obra de Goldsmith ha topado con la pared de sus implicaciones políticas. El detonante –la sinécdoque de una serie de desacuerdos, dudas, reparos acumulados, casi todos relacionados con una suerte de sordera ante las políticas de la identidad que se extienden de su obra– fue una lectura en la universidad de Brown. Ahí el poeta leyó el reporte de la autopsia de Michael Brown, el joven afroamericano asesinado en Ferguson. Las reacciones fueron casi inmediatas, furiosas y hasta desmedidas. Quién se cree, blanco y privilegiado, para usar el “cuerpo” de un joven afroamericano como parte de su poesía provocadora. La efervescencia del encono ha sido magnificada, sin duda, por la era digital. Quién puede decir qué, a quién se le permite provocar y qué tan consciente está la obra del contexto desde el que se escribe son preguntas que se antojan pendientes en la obra futura de Goldsmith.

Tengo la impresión, incomprobable por supuesto, de que no fue Kenneth Goldsmith quien respondió las preguntas de esta entrevista. Mi suposición es que las respuestas las produjo un bot –algunas líneas de código eficiente; comandos y un repertorio de frases aleatorias– programado especialmente para esto. Es incomprobable, claro, pero sería fantástico que fuera cierto. Al final, quizá concluiríamos: ¿para qué, si una computadora lo puede hacer mejor que nosotros?


– Quiero comenzar con una pregunta acerca de la relevancia. Hay una tensión interesante entre ser el campeón de lo irrelevante y (parafraseo tu introducción) “construir algo nuevo, algo relevante”. ¿Puedes ahondar más en esto?

La red –y por extensión, el mundo– está llena de contradicciones. Es un estado que hago mío. La red es estuplime, una cruza entre estúpida y sublime, y creo que es en esa tensión donde se halla el dinamismo de la red.

– ¿La “originalidad” es un concepto que deberíamos abandonar del todo? ¿Es una idea que perjudica y limita a la literatura más de lo que la ayuda?

Lo que se considera original en realidad ya no lo es; ahora se trata de algo predecible, formulaico. Amo la creatividad. Y lo que desearía es que a lo que se le dice creativo en realidad lo fuera. Al rescatar todas esas cosas que la creatividad ha rechazado –el plagio, la falta de originalidad, la apropiación, etcétera– quizá podríamos repensar lo que significa ser creativo. Se trata de invertir las cosas; tengo esperanza.

– ¿Qué hay del “talento”? La frase “el contexto es el nuevo contenido” que propones parece rondar las nociones tradicionales del talento.

Talento es una palabra extraña, una que se aplica por lo general a los logros técnicos. Pero cuando dejamos de lado el logro técnico, el talento se vuelve mucho más difícil de definir. Con la habilidad fuera del encuadre, ¿diríamos que Duchamp o LeWitt son talentosos? Sería muy raro llamarlos así. De modo que eso me lleva a pensar que estamos en un juego distinto, uno en que el talento ocupa un lugar secundario frente a la inteligencia.

– En una entrevista dijiste que te habías “aburrido de ser aburrido”, y vinculando esa idea con lo que escribes acerca de los mecanismos cambiantes con los que procesamos las enormes cantidades de información a nuestro alcance, quiero preguntar: ¿te parece que llegaremos a un punto de saturación, a un momento de sobrecarga de información? ¿O será que estaremos siempre negociando entre la saturación y el vacío?

La abundancia es un buen problema que padecer.

– La literatura se ha empeñado en describir y comentar la figura del bromista; sin embargo, quizá se siente muy incómoda cuando alguien trata de experimentar con el humor, las bromas, etc. ¿Te parece que la literatura es la más conservadora de las artes?

Por mucho la literatura es la más conservadora de las artes. Pensemos en la danza –ellos tienen a Merce Cunningham–; pensemos en el arte –ahí está Warhol–; pensemos en la música –tienen a Cage… ¿A quién tiene la literatura? Por eso es que todavía hay un gran trabajo que realizar ahí.

– ¿La escritura sigue cincuenta años atrás de las artes visuales, como decía Brion Gysin, o ya ha adelantado un poco?

No. Ahora está cien años atrás.

– La persistencia es un concepto problemático. Por un lado, seguimos apilando montañas de terabytes de información cada hora. Por otro, sin embargo, todos lamentan la disminución de nuestras capacidades de atención. ¿Qué piensas de esta tensión entre la persistencia y nuestra capacidad de atención que disminuye?

El déficit de atención es la nueva avant-garde. Debemos abrazarlo y explotarlo; aprender a amarlo. Toda la red está basada en la velocidad y en la compresión. ¿Por qué entonces el déficit de atención debería ser algo malo?

– Y hablando de atención, ¿no sucede que la acumulación de información nos adormece y disminuye la explosividad y la capacidad para provocar?

Lo que busco es adormecer la expresividad a cualquier costo. Así que parece que todo este juego va inclinándose a mi favor.

– Durante mucho tiempo los escritores han desempeñado el papel de intelectuales en el discurso público. Sin embargo, con el tiempo su influencia parece desgastarse. ¿Cómo ves el papel de los poetas y los escritores en la arena pública?

El mejor escritor es el internet y los mejores lectores son las arañas digitales que recorren la red. Los seres humanos ya no tienen ningún papel en esto.

– Con Seven American Deaths and Disasters y The Body of Michael Brown, tu obra da un giro abiertamente político y las respuestas que has recibido han sido tirantes y complejas. ¿Cómo hace la poesía conceptual para abordar y comentar lo evidentemente político?

Eso es algo que sigo intentando descifrar. Cuando tenga una respuesta te aviso.

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