La poesía está en la calle: dos exposiciones de Francis Alÿs

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Tenemos el arte para no perecer a manos de la verdad.
Nietzsche

La poésie est dans la rue fue una de las decenas de frases que aparecieron en forma de grafiti durante mayo de 1968 en las calles de París y que dieron forma a la narrativa de aquel brevísimo momento en que la imaginación colectiva intentó transformar la realidad.

“La poesía está en la calle” es precisamente la imagen que evoco ante la obra de Francis Alÿs. Frente a un mundo determinado por el absurdo, la acción poética resulta el vehículo con el que es posible transitar por la sinuosa cartografía de las dinámicas sociales contemporáneas.

Desde que inició su labor artística a partir de su llegada a México en 1986, Alÿs (Bélgica, 1959) ha volcado su interés en meditar sobre las estructuras políticas y estéticas de la experiencia urbana. Los paseos, performances y acciones —aparentemente sin sentido— que realiza por las calles de distintas ciudades del mundo, principalmente en la ciudad de México, son relatos que se desplazan entre la observación crítica y la fantasía.

Al empujar por la ciudad un gran bloque de hielo hasta hacerlo desaparecer, al pasear con una lata que escurre pintura verde a lo largo de la franja entre Israel y Jordania, al transitar por la calle durante horas con un arma de fuego en la mano, o al convocar a cientos de voluntarios con palas para mover una duna algunos centímetros, Alÿs construye situaciones subversivas haciendo uso del gesto poético, sin dejar de cuestionar dónde están y cuáles son los límites o alcances de la práctica artística ante las paradojas que impone el permanente estado de emergencia de una sociedad en conflicto.

El arte como acto de resistencia es un rasgo evidente en las obras que se exponen ahora en un par de exposiciones paralelas, Relato de una negociación (en el Museo Tamayo) y Hotel Juárez (en la Sala de Arte Público Siqueiros).

La muestra en el Museo Tamayo presenta buena parte de los proyectos que Alÿs ha desarrollado en los últimos quince años: Puentes (2006-2008), Tornado (2000-2010) y Afganistán (2011-2014), así como algunas piezas de series adicionales, como The Leak, dos líneas de pintura goteada que interconectan ambos espacios y que un espectador verdaderamente curioso seguirá.

Por su parte, en la Sala de Arte Público Siqueiros se presenta la obra resultante de su expedición psicogeográfica por Ciudad Juárez. La pieza principal es el video Paradox of praxis #5 (Sometimes we dream as we live & Sometimes we live as we dream), en el que Alÿs camina por las calles de la periferia de la ciudad mientras patea un balón en llamas. La oscuridad es tal que el fuego revela sombras de figuras que confirman o confrontan el imaginario preestablecido de una ciudad en aparente decadencia social y económica, asolada por la violencia física y simbólica y por el eco de una fugaz prosperidad que se cae a pedazos.

Si el espacio público de las ciudades había sido protagonista y escenario principal de su curiosidad y sus preocupaciones, en este par de exposiciones Alÿs se mueve al territorio metafórico de las fronteras.

Su trabajo tiene un impulso claramente político, pero no debe pensarse su obra en términos activistas o panfletarios. Como él escribe en un texto del catálogo de la exhibición, el arte se encuentra “en el espacio que es necesario llenar con la imaginación”. Así lo percibimos en la pieza Bridge/Puente (2006), en la que Alÿs intenta crear la ilusión de un puente flotante entre Florida y La Habana con una cadena de barcos pesqueros alineados desde ambas costas, en forma de “cremallera”, para que se encuentren en algún punto del horizonte. La imagen haría alusión a un diálogo ficticio entre dos pueblos en conflicto y entonces casi sin interlocución; el artista escenifica así un engaño que reclama “el derecho a inventar nuestra propia ficción”, como lo definió la curadora Taiyana Pimentel.

El mismo año, motivado por las contradicciones geopolíticas que plantea la economía global —el fenómeno de los flujos migratorios, las políticas proteccionistas y la representación social y cultural que promueven los países dominantes—, Alÿs intentó replicar la hazaña del puente flotante. Esta vez en el espacio que separa a Europa de África: el estrecho de Gibraltar, donde, según el mito, Hércules habría separado los dos continentes con un mazo para abrirse camino.

Para no caer bajo el fuego cruzado de discursos políticos marroquíes y españoles, Alÿs decidió hacer un twist a este relato mítico. ¿Cómo minimizar el componente geopolítico y resaltar la dimensión poética? Convirtiendo la acción en una fábula infantil. Así, No cruzarás el puente antes de llegar al río (2008) es una película de siete minutos —proyectada en dos canales de video, montados a manera de díptico— cuya trama es un bello planteamiento utópico:

El Estrecho de Gibraltar mide 7.7 millas náuticas de ancho (14 km) y separa a África de Europa. Si una fila de niños sale de Europa hacia Marruecos, y una fila de niños sale de África hacia España, ¿se encontrarán las dos filas en la quimera del horizonte?

Niñas y niños entran a las aguas del Mediterráneo llevando consigo un juguete: un barco hecho con sandalias. El día es soleado y las pantallas se llenan de tonos celestes y turquesas. La cámara cambia de rol constantemente: es testigo y protagonista; observa a los niños caminar y se vuelve uno de ellos; se sumerge y regresa a la superficie, y uno se descubre deseoso de nadar también hasta la otra orilla. No hay espacio para la contemplación, solo movimiento constante. Una historia sin principio, sin fin, sin clímax, que provoca un arrebato de dicha.

“Todo acto de subversión tiene un componente necesario de engaño”, dice un colaborador de Alÿs. En No cruzarás el puente… la ilusión (el engaño) permanece: ¿se encontraron las dos filas de niños?

Para el curador Cuauhtémoc Medina, las piezas que se presentan en Relato de una negociación forman parte de una serie de “proyectos poético-político-pictóricos” que pueden ser entendidos como arte enjambre. Si bien Alÿs insiste en otorgar autosuficiencia a cada pieza que se deriva de los proyectos, es el video el eje narrativo alrededor del que gravita una constelación de obras presentadas en instalación, dibujo, maquetas, diagramas, recortes de periódico y, en un rol fundamental, pintura. Además del carácter documental de las acciones, la relevancia de los videos radica en el tren de emociones que provocan los relatos que presentan y que se mueven en una espiral de goce, tensión y angustia.

Tornado (2000-2010) es el registro del artista penetrando en el centro de los remolinos de tierra que se forman en temporada de sequía al sur de la ciudad de México —una obstinada empresa que realizó a lo largo de una década como una alegoría a la permanente crisis que enfrentaba el país. Lo escuchamos correr y respirar fatigado; lo vemos entrar y desaparecer en esa danza furiosa de viento y de tierra.

En REEL-UNREEL (2011), que cierra la muestra en el Tamayo, un grupo de niños —otra vez la dicha— corre tras un carrete que enrolla y desenrolla una cinta de película mientras rueda cuesta abajo por las calles de Kabul durante la ocupación. La película se realizó por invitación de dOCUMENTA (13) y desencadenó una producción que abarca pinturas, videos, postales y la pieza 1943, un poema en prosa en el que Alÿs medita sobre el sentido del rol del artista en contextos bélicos.

En la bitácora del proyecto del estrecho de Gibraltar, Alÿs se cuestiona sobre la pertinencia de insistir en realizar una idea que parece secuestrada: “(¿Por qué?) ¿Por el deseo de provocar, en el fragor de la acción, este momento de suspensión del significado que podría abrir la posibilidad de un cambio?”

Si el arte puede cambiar el mundo es un debate inconcluso en el que se enfrentan posturas lo mismo idealistas que cínicas; resultaría más enriquecedor explorar, por ejemplo, la capacidad de interpelación que tiene el arte ante la guerra, la dominación, la injusticia y cualquier dimensión del conflicto humano.

Es por eso que me gusta pensar en la obra de Alÿs como una exploración de los cuestionamientos del absurdo que se hacía Camus. Si la tragedia de este mundo injusto no tiene explicación, ¿qué nos queda? Para Alÿs, un Sísifo contemporáneo: perseguir tornados, mover dunas de arena, patear un balón en llamas hacia el horizonte de la nada.


Francis Alÿs: Relato de una negociación. Una investigación sobre las actividades paralelas del performance y la pintura

Francis Alÿs, en colaboración con Elena Pardo, Julien Devaux, Rafael Ortega, Felix Blume, Emilio Rivera, Raul Ortega y Daniel Toxqui, bajo la curaduría de Cuauhtémoc Medina

Museo Tamayo Arte Contemporáneo

Paseo de la Reforma 51, Bosque de Chapultepec

Hasta el 16 de agosto

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Hotel Juárez

Francis Alÿs, en colaboración con Alejandro Morales, Felix Blume, Julien Devaux y Rafael Ortega, bajo la curaduría de Taiyana Pimentel

Sala de Arte Público Siqueiros

Tres Picos 29, Polanco.

Hasta el 16 de agosto

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