La política es conflicto: entrevista a Juan Carlos Monedero

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La semana pasada, en el marco de los conversatorios «Tomar la calle. Dignificar la política. Cambiar al país», que se realizaron en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tuve la oportunidad de entrevistar a Juan Carlos Monedero, hasta su dimisión, una de las figuras más visibles del partido político español Podemos, sobre el estado de la izquierda en España, América Latina y México.


JC: Brevemente, ¿cómo describirías el fenómeno político de Podemos? ¿Cuáles crees que hayan sido las claves para el rápido ascenso del partido?

JCM: Decía Víctor Hugo en una frase que le gustaba repetir a Marx que nada tiene más fuerza que una idea cuando le ha llegado su hora. Podemos fue la respuesta a una necesidad. Antes de que naciera, había encuestas que señalaban que en España había casi ocho millones de votantes sin partido. Quien podía haber construido una suma –que era Izquierda Unida– renunció porque las encuestas le daban una subida y eso les hizo cegarse. De pronto había una ventana de oportunidad, que eran las elecciones europeas; había un actor político conocido, porque estaba en las televisiones, que era Pablo Iglesias; teníamos una cierta base territorial porque habíamos trabajado con el Frente Cívico, que era una asociación civil que planteaba una unión, al margen de los partidos, no solo sobre lo que nos separaba sino, fundamentalmente, sobre lo que compartíamos; y teníamos un marco teórico que habíamos venido construyendo en los últimos años, que en mi caso concreto yo lo había planteado en el Curso urgente de política para gente decente. Como en los cuentos, cuando hay príncipe, princesa, bosque encantado, el sapo, las botas y el momento adecuado, pues al final hay beso. Y hubo beso. Tiramos una piedra en el estanque a ver si hacía olas, e hizo olas porque le había llegado la hora a una propuesta política diferente que terminara con las maneras de la vieja política, con los partidos escleróticos, con una democracia representativa que no representaba y una economía social falsa que excluía a la ciudadanía.

¿Qué enseñanzas de las experiencia política de Podemos crees que se puedan importar a otros partidos de izquierda?

Ese tipo de preguntas suelen ser falsas porque tienen detrás una petición de principio de fórmulas, cuando el éxito de Podemos está en que hicimos un diagnóstico correcto de nuestra realidad. Hay que mirar en otros sitios, más que las respuestas, las preguntas. Podemos no hubiera existido sin el Movimiento 15-M, que es el corazón de la posibilidad de construir un relato alternativo. El movimiento nos hizo ver que nuestro análisis tenía un hueco para ser escuchado. Cuando la gente me pregunta cuáles son las claves para replicar Podemos, les digo que intenten, antes, replicar el 15-M.

¿Cómo entender, hoy, los movimientos sociales?

Los movimientos sociales siempre son una expresión de necesidades populares y de la incapacidad de los partidos políticos. Por tanto, los movimientos sociales siempre van a estar presentes. Los partidos políticos son una realidad del siglo XIX que lo único que han hecho durante el siglo XX, en tanto partidos-cártel, ha sido degenerar, hasta la constitución actual. En este contexto, las demandas ciudadanas se van a expresar siempre de forma más flexible a través de los movimientos sociales, y en la medida en que estos son una expresión de una necesidad y que no requiere ni alambicados análisis ni fórmulas magistrales, sino solamente la sensación de la necesidad, van a estar presentes sin duda alguna.

Para avanzar cambios reales en nuestras democracias, ¿es necesaria la articulación de un partido político?

Tiene mucha ética parar un desahucio, enfrentar a la policía y ayudar a una familia que te da las gracias por haber impedido los atropellos de los policías judiciales, pero lo que realmente cambia las cosas es hacer una ley que prohíba los desahucios, hacer políticas públicas que garanticen la vivienda. Creo, por lo anterior, que es incuestionable la necesidad de asaltar el poder institucional y para eso hacen falta partidos políticos. El problema no está en si hacen falta o no partidos políticos sino en qué tipo de partidos políticos necesitamos.

¿Por qué Podemos descartó el eje “izquierda-derecha” en favor de la oposición “arriba-abajo”?

Porque ese eje ya no existe –porque la izquierda ya no existe. La izquierda es una idea que uno puede intuir a que se refiere, pero que no se puede concretar. Repetiríamos decenios de discusión si recuperáramos el debate acerca de que si la Unión Soviética fue o no fue socialista, si fue o no fue de izquierda. La izquierda dice que es Felipe González, Pol Pot, incluso Albert Rivera se declara de centro-izquierda –esto no funciona. El siglo XX dinamitó los análisis de la izquierda: del partido único, de la estatalización de los medios de producción, de la clase obrera como sujeto revolucionario, de intercambiar justicia por libertad. Todo esto no funciona. La gestión de izquierda, tanto la socialdemócrata como la comunista, ha sido francamente decepcionante –la una por paternalista y la otra por totalitaria. Además, el desarrollo tecnológico y el consumismo terminaron de matar los valores colectivos y comunitarios, y en el nuevo sentido común, los valores hegemónicos son el egoísmo, la idea de que el ser humano es malo por naturaleza, la primacía de lo privado sobre lo público, la justificación de la falta de compromiso colectivo. Todos esos elementos nos obligan a hacer lo que hizo Prince cuando se reinventó: no perdió el nombre pero se empezó a llamar “el artista en antaño llamado Prince”. Pues nosotros tenemos la obligación de reinventar el lugar en antaño llamado izquierda. Porque siguen siendo radicalmente válidas las premisas de la igualdad, la fraternidad y la paz; estas no han perdido nada de su vigencia, pero la forma en que se logran es radicalmente diferente. La palabra “izquierda” está demasiado connotada a cosas que ya no significan prácticamente nada. En el caso concreto de España, mantener el eje “izquierda-derecha” solamente servía para mantener la hegemonía del bipartidismo. Donde había un partido de derecha, que era el PP, y un partido de izquierda, que era el PSOE, y los demás se tenían que situar necesariamente, si ese eje se mantenía, en los extremos, en los márgenes. Y nosotros no estábamos dispuestos a asumirnos en la marginalidad porque en nuestro planteamiento está, muy al contrario, una reclamación de la centralidad, que no del “centro”, sino de ese sujeto amplio que es el damnificado de las políticas neoliberales, estamos hablando de la mayoría de la ciudadanía.

¿Cuál es el valor de los afectos en política?

Es la única herramienta para conectar entre seres humanos. El hombre es un animal sentí-pensante: antes de que cualquier razonamiento llegue al neocórtex, este tiene que pasar obligatoriamente por el hipotálamo. Al mismo tiempo, los sentimientos son la única posibilidad de ofrecer una alternativa al sueño neoliberal de un consumo ilimitado. Antonio Damasio, en El error de Descartes, apoyándose en Spinoza, dice que la única forma de vencer un sentimiento es con un sentimiento superior. Para terminar con el sueño neoliberal, que es una pesadilla para miles y miles de seres humanos, siguiendo a Damasio, hay que ofrecer un sueño alternativo, y eso lo consiguen solamente las emociones.

¿Cuál es el valor del antagonismo en política?

Es la definición. Si tú a una sociedad le quitas el conflicto, haría falta la política: la política gestiona los conflictos. Los conflictos siempre están ahí porque siempre hay repartos desiguales de las ventajas de la vida social, y por tanto nunca es cierto que desaparezca el conflicto, sino lo que se hace es ocultarlo. Toda la construcción de la pos-política, que tendría como elemento claro el libro de Fukuyama El fin de la Historia y el último hombre, no son sino maquillajes de una dominación que no quiere verse identificada y por tanto combatida. El conflicto es la recuperación de la política. Frente una sociedad que ofrece como solución leer libros de autoayuda, yo creo que la única autoayuda que funciona es la autoayuda colectiva, y la autoayuda colectiva se llama política, y por tanto se llama conflicto.

¿Cuál es el valor de la esperanza en política?

Creo en las utopías con los pies en los suelos. Porque las utopías sin base conducen a la melancolía y son contrarrevolucionarias. Cuando no tienen base real, lo que hacen es generar mucha decepción y por tanto retrasar respuestas de cambio.

¿Cuál es el valor del humor en política?

La risa les quita la solemnidad a los idiotas. La risa es desobediente. La risa cortocircuita la realidad. Si la realidad está dictada por un sistema tramposo, la risa termina por cortocircuitar ese sistema tramposo. La risa es un aliado frente a los solemnes que utilizan su resabio para impedir que haya debate y discusión. La risa es la herramienta más inteligente que tienen los humildes.

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¿Cuál es tu lectura del presente de las izquierdas en América Latina?

Que hay un reflujo. Han vuelto a cometer el error que cometió la izquierda en Europa. Que sacó al proletariado de su condición de subalterno, pero lo convirtió en el grupo de propietarios sin conciencia que terminaron votando a Margaret Thatcher. Estamos en un momento de reflujo en el que hay que ver si, por ejemplo, los setenta y dos millones de pobres que los gobiernos de cambio han sacado de la pobreza tienen memoria de su situación previa y siguen apoyando a los gobiernos de cambio. Luego es absolutamente claro que la tara de la democracia ha sido la corrupción. Predomina la incapacidad de los gobiernos de cambio de librarse de las trampas de la democracia representativa y del Estado moderno: han repetido casi miméticamente los ejercicios de paternalismo, de clientelismo, y con esas armas melladas es imposible que puedas librar la batalla de lo nuevo.

¿El caso más agudo de lo que describes es Venezuela?

El chavismo asentó las bases para triunfar sobre el modelo neoliberal, pero no tuvo las herramientas necesarias para triunfar sobre los males endémicos de un país como Venezuela, que nunca fue un virreinato –era una capitanía general porque nunca tuvo minas– y que nunca tuvo un Estado sino hasta el siglo XX cuando el país empieza a extraer petróleo. El venezolano es, por lo tanto, un Estado profundamente ineficiente, burocrático, clientelar. Chávez acertó en identificar los riesgos neoliberales, la conexión a los centros tóxicos como el Fondo Monetario Internacional, acertó en recuperar las materias primas, reorganizando la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y en la medida en que tenía un interés por el pueblo utilizó la redistribución de la renta para alfabetizar, dar educación y dar salidas económicas, pero no pudo lidiar con los problemas de un Estado ineficiente, un Estado corrupto, no terminó con los problemas de la violencia endémica que vive el país, que son problemas vinculados a la condición rentista. La discusión que se dio hace unos años de si se tenía que poner en marcha una agenda pos-neoliberal o una pos-capitalista creo que nos ha demostrado que, pese a todas las dificultados, lo que habría que poner en marcha es una agenda pos-capitalista, pues la agenda pos-neoliberal ha demostrado que te termina devorando.

¿Cuál es tu lectura de la trayectoria política de Andrés Manuel López Obrador?

Es una trayectoria muy larga… Muy larga… Yo creo que es un fracaso del México emancipador no haber sido capaz de construir otras figuras, y eso lo sitúa en un escenario complicado, porque Andrés Manuel nunca va a representar la emergencia de las nuevas generaciones, de un México que no se ve representado ni en sus políticos ni en sus instituciones, pero, por el otro lado, es la única persona con capacidad para salir de la trampa del PRI, el PAN y el PRD. Es una situación que ha limitado, y limita, las oportunidades de emocionar como representó Podemos, y de tener detrás liderazgos radicalmente nuevos, fórmulas radicalmente nuevas y convicciones también nuevas. Si MORENA sigue funcionando como una menor, sigue echando el freno de mano a la posibilidad de una emancipación profunda en México.

¿Cómo describirías tu perfil y tus tareas como académico y personaje público?

El papel que yo he desempeñado en la universidad siempre ha sido el mismo: siempre he tenido un pie dentro y otro fuera. Soy un teórico de la cocina que cocina también platos y que forma parte de una manera de entender la ciencia política que me parece mucho más rica que la de quien solamente está horneando pan para otros panaderos. Y eso lo mantengo, de momento. Luego tengo un segundo vector, que es el vector que llamo Vázquez Montalbán, que es un vector de publicista, de estar en los medios, de estar generando debate, ideas, escribiendo libros. Y luego hay un tercer vector que es acompañar a Podemos, pero de una manera que a veces va a ser onda y a veces va a ser partícula, que no la tengo definida de manera orgánica. Soy constantemente llamado para hacer cosas que precisamente puedo hacer por mi condición líquida; cuando me dicen que hay que ir a reconstruir los círculos, que hay que ir a volver a enamorar a la gente que se ha alejado de nosotros, porque le hemos prestado mucha más atención a la vida parlamentaria y electoral que a la vida del partido, pues eso lo puedo hacer yo porque no estoy dentro. Ese es un espacio que quiero seguir manteniendo –voy a seguir bailando y surfeando las olas.

(Fotos: cortesía de Imagen en Acción y David Hernández (aka davidhdz).) 

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