La tómbola y su lógica política

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

La cita fue a las 8 a.m. Debíamos llegar y registrarnos en mesas que se habían dividido los nombres en bloques del alfabeto. Se nos asignó un distintivo que nos acreditaba como aspirantes y nuestro nombre pasaba a formar parte de los tres mil que participarían en el sorteo. Martí Batres y Andrés Manuel López Obrador entraron al recinto e inauguraron la jornada con discursos más bien encendidos. Batres criticó a los abstencionistas y Obrador exaltó la virtud individual y la fortuna. La evocación a Maquiavelo pudiese completarse en sus propios términos: “Sucede lo mismo con respecto a la fortuna; no ostenta ella su dominio más que cuando encuentra un alma y virtud preparadas; porque cuando las encuentra tales, vuelve su violencia hacia la parte en que sabe que no hay diques ni otras defensas capaces de mantenerla.”

Nunca he ganado un sorteo. Tampoco he sido un entusiasta comprador de billetes de lotería o participante asiduo de otros juegos de azar. En dos ocasiones he sido insaculado para ser funcionario de casilla, la primera vez en la elección local de Tlaxcala en el 2007. La segunda fue para el proceso electoral federal 2015 en el Distrito Federal. De entre millones de ciudadanos en la lista nominal, mi nombre salió en el sorteo cuyo fin es igualar las responsabilidades ciudadanas con el proceso electoral. En esta ocasión debí rechazar, pese a mi proverbial mala suerte, pues la marea estaba cambiando y también había sido seleccionado en otro sorteo: el de MORENA para los escaños plurinominales.

Los sorteos utilizados como método para la participación de los ciudadanos en la vida pública está reservado, por ejemplo, a las funciones administrativas (i.e. funcionarios de casilla) o, en los países con la tradición jurídica del derecho común, a los jurados para ciertos procesos judiciales. El sorteo no es tomado en cuenta como método para funciones que implican la toma real de decisiones (i.e. el poder legislativo). Las formas modernas de democracia han visto en la representación y designación un procedimiento más socorrido que la insaculación, buscar a “los mejores” ha sido la manera en que ha acosotumbrado asegurar sus instituciones. Pero el azar tiene su historia y sus ventajas.

Para elegir a sus candidatos plurinominales al congreso, MORENA optó por la tómbola como método de elección. Las críticas vinieron desde la teoría política: que si bien la tómbola aseguraba la igualdad, también castigaba el mérito y la capacidad de representación; que si el sorteo es antidemocrático por definición; que si ya mejor nos gobiernen “los perros”, dijeron algunos, frente a la posibilidad de que eligieran “a cualquiera”. Los defensores del sorteo más bien argumentaban desde las limitaciones del voto como único instrumento democrático y la crítica a las cúpulas partidistas como únicas vías de acceso a los puestos de elección popular. Cualquiera de las tesis es parcialmente cierta, por ello, me interesa discutir la dimensión política del método y sus consecuencias prácticas.

El primer elemento a tomar en cuenta es el contexto político en que ocurrió. Tras varios años de movimientos sociales contra los partidos políticos –mismos que podríamos trazar desde el movimiento anulista de las elecciones de 2009 hasta las protestas por Ayotzinapa y la Casa Blanca— estos partidos no no han logrado abrirse a la ciudadanía del todo. Por el contrario, los partidos políticos han demostrado que pueden seguir excluyendo a muchísimos ciudadanos para acumular posiciones y negociar cuotas de poder para un pequeño grupo que cambia muy poco cuando lo hace. En el mejor de lo casos, la apertura de los partidos es selectiva y con una claro propósito performático (i. e. invitar a actores específicos a ser parte de “su” partido o incluir a “notables” de la sociedad civil a las listas mientras ignoran a su militancia y niegan derechos a ciudadanos de a pié). Ese es el contexto en el que ocurrió la tómbola de MORENA.

José Antonio Aguilar dice que esta tómbola es caciquil, sin embargo la lectura del contexto actual puede sugerir lo contrario. Las primarias del PAN, la “capilaridad” del PRI y la negociación de corrientes del PRD no han asegurado una mejor representación ni mucho menos una rotación efectiva de la clase política, podemos afirmar que vivimos en una “aristocracia electoral”. La tómbola rompe esta lógica política al tiempo que propone nuevos horizontes para una mejor representación y más participación de los militantes dentro de un partido político.

El segundo elemento a considerar se encuentra en entender la lógica interna de un partido que también es movimiento social. ¿Quién puede formar partidos políticos en México? La respuesta regular es: quien tiene mucho dinero o muchas clientelas. MORENA parece no tener  lo uno ni lo otro: 1) porque no ha gobernado y 2) porque la gran mayoría de sus militantes presentes no habían militado anteriormente en ningún partido político (aunque usted no lo crea). En todo caso tiene una promesa de “buen gobierno” que difícilmente podría cohesionar a un grupo heterogéneo si no es por ofrecer, al menos, la posibilidad de acceso a cargos de elección popular. En parte, la tómbola resuelve ese problema: cancela los incentivos de negociación cupular y fortalece las estructuras territoriales. En este sentido se cumple con una estrategia de fortalecimiento de redes internas de cara a un primer proceso electoral. Por esa misma razón, también está por verse si en el futuro MORENA repita este sorteo, dado que esos dos elementos internos cruciales probablemente ya habrán cambiado.

El mensaje político de la tómbola hacia los otros partidos es la obsesión de presentarse como una opción realmente opositora. Dice Andrés Lajous sobre AMLO: “lo que le preocupa a López Obrador no es propiamente el origen político de sus aliados, sino que sean independientes frente a los intereses que él considera obstáculos para el buen gobierno”. El sorteo y sus consecuencias prácticas son el reflejo de este camino de negociación pública de los intereses políticos.

El 23 de febrero de 2015 nos presentamos en las instalaciones del Deportivo Plan Sexenal. Curiosamente la implementación de estos planes  fue usado por Lázaro Cádenas como rompimiento con Calles. Unas ilustraciones de Juárez y Cárdenas adornaban la manta del presidium— todo en la Delegación Miguel Hidalgo. Al entrar se ofrecieron tamales y atole. A las orillas del auditorio se observaban tómbolas de latón redondo y unas pizarras ennumeradas del 1 al 40.  En el centro, filas de sillas que rondaban las mil 500. Cada circunscripción electoral tenía asignada una mesa con dos tómbolas una para hombres y otra para mujeres. Ahí se seleccionarían algunos candidatos plurinominales.

En cada distrito electoral se eligieron, por voto de los militantes, a diez personas: 5 mujeres y 5 hombres. Cada asamblea distrital designó a sus mejores militantes para entrar en el sorteo. De tal forma que no se sortearían las candidaturas al azar entre la totalidad de militantes sin filtro alguno. Más bien se sortearon las posiciones en la lista de los militantes electos en cada uno de los 300 distritos. Todos sabíamos que los pluris de hasta arriba de la lista tendrían alguna posibilidad de ser electos, los demás no. Ahí estaba la suerte. Las posiciones de elección fueron secuenciales así que se acomodaron en el espacio conforme iban saliendo. Unas esferas transparentes contenían el nombre de los aspirantes y se fueron sorteando una a una las circunscripciones.

El efecto en los asistentes podía observarse de inmediato. Cualquiera que portase un distintivo con la leyenda “aspirante a candidat@” ya se sentía, de alguna manera, ganador. Me tocó oír un par de conversaciones de los militantes de otros lugares de la República. Por ejemplo, una líder de artesanos había sido seleccionada para participar en la tómbola y, en su mismo distrito, también se había elegido a alguien a quien consideraba su adversario político. Ella se sentía tranquila de no tener que lidiar con ningún tipo de “grilla” o negociación oscura en su distrito y circunscripción –d e esas que suelen ocurrir en cuarto pequeños con viejos oligarcas partidistas, o con sus asistentes. Ambos podían salir en la lista y no se sentiría traicionada si su adversario era el beneficiario de la suerte. De este modo la fricción entre grupos se minimizó a tal grado que cuando comenzaron los sorteos, la atmósfera se parecía más a la sedante felicidad de un casino que a una convención política.

Pero no todos los nombres que participaron en la tómbola venían de la preselección que se había hecho a nivel distrital. Hubo algunos pocos, como el mío, que los dirigentes actuales del Partido incluyeron en el sorteo, como si fueran un distrito más. Sin embargo, en los resultados se vio reflejada la “representación descriptiva” de la militancia de MORENA: comparten posiciones en la lista Olivia Gómez Garibay, una ama de casa viuda con casi 70 años; Arnulfo Villegas, líder de taxistas en tabasco o Enrique Alba, líder campesino. La pregunta es si esta configuración de representación estricta modificará los resultados de la deliberación de las decisiones al interior de la bancada (y en su relación con su y otros partidos).

La mesa de la cuarta circunscripción comenzó a arrojar los resultados. Las tómbolas de hombre y mujer giraban una y otra vez de forma alternada, hasta llenar uno a uno los 40 espacios disponibles. Mi nombre salió en el lugar 21.

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

ARCHIVO

Shopping Basket