Libros de 2017 o ¡sí llegamos a cargar a los peregrinos!

Advertencia: esta sí es una lista de amiguismos, de cosas leídas, de lecturas que esperan en el escritorio y de buenos deseos editoriales.

| Libros 2017

Otra lista de los libros del año llena de arrepentimientos y amiguismos (visto por el lado bueno: antídoto a las listas corporativas; solipsismo o Gran Hermano). Que de algo sirvan los colegios de curas y los manazos de las monjas en los albores de la izquierda coquetona con los evangélicos y sus contrincantes de laicismo light (hasta donde alcance: para los muy laicos hay tabla, ejército y Ley de Seguridad Interior), por mi culpa, por mi culpa, por mi Laica y Personalísima Culpa mis enemigos me impidieron leer Solenoide de Mircea Cărtărescu [compañero, ¿va a perderse ahora en los vericuetos de un novelista freak sin todavía decidir si quiere amnistía con los narcos, SMPEQNEP (Salario Mínimo Por Existir Que No es Poco) o al Funcionario Modelo/Muy Preparado/Flor En El Pantano? ¿Cómo quiere ponerse a leer la historia de un señor con piojos pero no tiene el corazón de darle la firma a una indígena pobre que no es corrupta? ¿O prefiere apoyar a una mujer que sí puede ganar, con mucha suerte, con muchísima suerte, si se alinean los astros, los panistas y la desmemoria? ¿No le gustaría tener en la boleta a un gobernador millonario disfrazado de Piporro?], pero me lo llevo en la maleta para 2018 junto a estos otros libros que espero me espanten toda tentación de urgencia y cambio histórico: Mark Z. Danielewski, The Familiar, Volume 5: Redwood; Rodrigo Fresán, La parte soñada; y Henry James, Cuentos completos (1864-1878).

Tampoco leí Sepulcros de vaqueros de Roberto Bolaño, pues los distribuidores de Alfaguara no tuvieron la piedad de mandar unos cuantos ejemplares al exDF. Nos negaron ese cosmopolitismo que dábamos por sentado y hasta sentíamos aldeano (no hay chileno mexicano, hay chileno universal en las mesas de novedades de Tipos Infames, Casa del Libro, FNAC y La Central).

Algo parecido debió suceder con Connerland de Laura Fernández, que es la mejor escritora y punto, y cuyos libros deberían llegar a todos lados, porque lo que no sobra, pero existe en cada geografía son personas raras, enternecedoras y caricaturescas que quieren leer cosas raras, enternecedoras y caricaturescas alambicadas en estructuras impredecibles. Más información en 2018.

Mi 2017 empezó paralizado, sorprendido y escépticamente esperanzado con los disturbios contra el gasolinazo y terminó en las sesiones del Diplomado de Creación Literaria Horizontal. Los nuevos libros del plantel (escurre una lágrima en mi mejilla de Pep Guardiola del fichaje literario) encabezan otras listas y son el corazón de esta. En estricto orden de aparición en el aula:

  • Daniel Espartaco Sánchez, Ceremonia, Paraíso Perdido.
  • Joserra Ortiz, La conquista del Monte Venus, Abismos.
  • Luis Jorge Boone, Bisonte mantra, Ediciones Era.
  • Hernán Bravo Varela, Historia de mi hígado y otros ensayos, Fondo de Cultura Económica.
  • Jorge Volpi, Contra Trump, Debate.
  • Fernanda Melchor, Temporada de huracanes, Random House.
  • Alejandro Zambra, Mudanza, Antílope.
  • Luis Felipe Fabre, Escribir con caca, Sexto Piso.
  • Imanol Martínez, Tríptico de las despedidas, Fondo Editorial Tierra Adentro.

Y fuera del diplomado, pero dentro de Mexicostán del Temblor y la Inseguridad Interior encontré estos otros libros sobresalientes:

  • Nazul Aramayo, La Monalilia y sus estrellas colombianas, Fondo Editorial Tierra Adentro.
  • Mario Bellatin y Liniers, Bola negra, Sexto Piso.
  • Luciano Concheiro (Coord.), Inventar lo posible. Manifiestos mexicanos, Taurus.
  • Diana Garza Islas, Catálogo razonado de alambremaderitas para hembra con monóculo y posible calavera, Conarte.
  •  Sergio González Rodríguez, Teoría novelada de mí mismo, Random House.*
  •  Julián Herbert, Tráiganme la cabeza de Quentin Tarantino, Random House.
  •  Joaquín Hurtado, Vuelta prohibida. Tomo I (Narrativa reunida 1991-2003), Atrasalante.
  •  Tedi López Mills, Mi caso Rimbaud, Bonobos Editores.
  •  Brenda Lozano, Cómo piensan las piedras, Alfaguara.
  •  Emiliano Monge, La superficie más honda, Random House.
  •  Antonio Ortuño, La vaga ambición, Páginas de Espuma.
  • David Toscana, Olegaroy, Alfaguara.
  • Carlos Velázquez, La efeba salvaje, Sexto Piso.
  • Heriberto Yépez, Mexiconceptual, Satélite.

Allende del Golfo y del Muro también disfruté:

  • Emmanuel Carrère, Conviene tener un sitio adonde ir, Anagrama.
  • Jorge Carrión, Barcelona. Libro de los pasajes, Galaxia Gutenberg.
  • Oscar Masotta (Ana Longini, ed.), Revolución en el arte, Mansalva.
  • Ricardo Piglia, Los diarios de Emilio Renzi. Un día en la vida, Anagrama.
  • David Trinidad, Swinging on a Star, Turtle Point Press.
  • Heriberto Yépez, Transnational battlefield, Commune Editions.

Y dos catálogos de exposiciones siguen a las vueltas de mi escritorio a la mesita de noche:

  • Forensic architecture, Hacia una estética investigativa, MUAC-MACBA.
  •  Óscar Masotta, La teoría como acción, MUAC.

Y hacia 2018… ¡la caravana pasa!, y enfila cargada de urnas embarazadas hacia las promesas editoriales, como la traducción de El atlas de William T. Vollmann, que aparecerá en Pálido Fuego a finales de enero. Y para completar la biblioteca Vollmann de libros gigantes, documentadísimos e infinitos, prometo aventurarme a la lectura de los anunciados No Immediate Danger: Volume One of Carbon Ideologies y No Good Alternative: Volume Two of Carbon Ideologies. Y si tengo fuerzas y saldo en la tarjeta compraré The Familiar, Volume 6 de Danielewski.

Dice el Fantasma del FONCA del Futuro que las rubias naturales no podemos ir a la iglesia porque siempre tenemos un pecado, y que del Rosario nada más las letanías:

SNCA: ruega por nosotros.

Colegio Nacional: una silla para nosotrxs.

Editores de Piglia: que el próximo inédito sea un volumen de cuentos o una novela.

Herederos de J. D. Salinger: ya estamos listos para los tesoros que esconden.

 


* El 3 de abril murió Sergio González Rodríguez (1950-2017), tótem antihegemónico que a fuerza de valentía e inteligencia se colocó en el centro de nuestras discusiones. Con Sergio muere la tradición de la lista del año que más abarcaba: la de un lector voraz y crítico certero.

 

 

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