Los libros del 2015: el campo de batalla artístico

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Qué odiosas son las listas: siempre omiten, privilegian, son incompletas. Se han impuesto como un cometido de fin de año: lo bueno, lo malo y lo feo. La encomienda era hacer una listado de libros relevantes de arte contemporáneo en México –y de manera más puntual, de autores mexicanos. Sin embargo, esta sencilla tarea se convirtió en algo más. Hice una breve encuesta informal entre mis conocidos: escritores, artistas, editores, críticos y curadores sobre el mejor libro del año en arte contemporáneo. Yo tenía una elección previamente hecha pero quería cotejar con las opiniones de otras personas.

La respuesta fue ambigua, y los listados, escasos. Por un lado, hay poca claridad respecto a qué se puede considerar un libro “tipo” en el arte contemporáneo. Por otro lado, el 2015 fue, es todavía, un año de poca producción editorial, a diferencia del 2014, cuando que se publicaron títulos sumamente relevantes. Una primera conclusión a la que llegue es que el esquema bajo el cual funciona la producción editorial en el ámbito artístico es muy diferente al de la literatura. Los libros que se pueden encontrar comprenden una gama amplia que va de catálogos de exposición publicados por museos y galerías a monografías, libros de proyectos específicos, estudios historiográficos sobre artistas y movimientos y ensayos sobre arte –escritos por curadores, teóricos, críticos y artistas (como es el caso del libro de Abraham Cruzvillegas, La voluntad de los objetos, Sexto Piso, 2015). Dentro de las monografías existen propuestas editoriales serias y otras que tienen fines de índole meramente comercial, los famosos coffee table books, productos hechos para decorar las mesas de centro, con enormes y fastuosas ilustraciones impresas en papel couché, casi siempre con textos que no pretenden profundizar analíticamente en la obra del autor.

Del mismo modo, los criterios para elegir un “buen libro” resultan también poco claros. Hay quienes esgrimen el cuidado o el diseño editorial como criterio principal, bajo la lógica del libro impreso como un objeto de manufactura precisa y minuciosa. En este rubro pocos libros publicados en México en 2015 podrían realmente entrar en el listado. Hubo otras personas que me hablaron de la importancia de las aportaciones historiográficas de algunas publicaciones, tales como el catálogo de la exposición Grupo Proceso Pentágono: Políticas de la intervención, 1969-1979-2015, publicado por el MUAC, que recoge la historia de uno de los grupos de arte conceptual más relevantes en los años sesenta y setenta, seminal en la conformación de los conceptualismos en México. Un caso similar es Performance en México: 28 testimonios, 1995-2000 (17 Instituto de Estudios Críticos, 2015), un libro de entrevistas realizadas y antologadas por Dulce María de Alvarado que aborda la historia del performance en México en voz de sus actores, una suerte de historia oral de una práctica artística que ha tenido un desarrollo particular, en cierta forma autónomo al de otros circuitos en el arte contemporáneo.

El panorama parece muy desolador, sobre todo por una suerte de inconsistencia en la producción editorial relacionada con arte contemporáneo en México. Mientras que en 2013 y 2014 salieron a la luz libros, ensayos y catálogos relevantes, en 2015 las publicaciones fueron escasas. No obstante, y a pesar de sus inconsistencias, en los últimos años las editoriales independientes han contribuido a activar el campo de la producción editorial sobre arte. Un ejemplo de ello es que editoriales normalmente enfocadas en la literatura han comenzado a interesarse en las prácticas artísticas. La gama de estos sellos es amplia, algunos constituidos formalmente, como Tumbona, y otros que trabajan bajo una lógica de proyectos, como la imprenta de la cooperativa de artistas Cráter Invertido, el proyecto Ediciones Económicas (dedicada a traducciones y a libros de artista, impresos en una máquina risograph) y, ciertamente, Alias –cuyo destino actual es incierto.

Después de pensar durante varios días sobre el libro a reseñar, volví a mi primera elección: el catálogo Francis Alÿs: Relato de una negociación (Museo Tamayo-MALBA-MNB La Habana-Art Gallery of Ontario, 2015), de la exposición homónima, curada por Cuauhtémoc Medina, quien fungió también como editor del libro. Cabría hacer una acotación: si bien Alÿs no es un artista mexicano, ha vivido en México y ha cimentado su carrera en el país. Este catálogo es un objeto bello, cuidado en su impresión y diseño, en un formato pequeño y amable. Los catálogos de exposiciones son, en su versión más fina, documentos que no solo registran históricamente lo acontecido, sino que aparecen como unidades analíticas de información compuestas de ensayos, entrevistas y otros materiales, que añaden de manera independiente a su función documental una segunda capa de lectura al evento; permiten profundizar sobre el artista o artistas y sobre un periodo o movimiento. Puede haber grandes exposiciones con catálogos pobres –este no es el caso. Fue una extraordinaria exposición con un libro que es muy bueno también.

El libro recoge un largo ensayo de Cuauhtémoc Medina sobre la exposición en el que redondea el argumento curatorial, anunciado ya en el título de la exposición, Relato de una negociación. Esta negociación ocurre entre el trabajo pictórico del artista y las acciones desarrolladas a lo largo de más de una década. Medina afirma: “Las pinturas de Francis Alÿs no son sus relatos-acciones, un proceso paralelo de pensamiento que ocurre cuando el artista imagina, planea o reflexiona en la creación de algunos proyectos. Las pinturas de Alÿs son a la vez autónomas y accesorias del proyecto que las emite.” El ensayo analiza los matices bajo los cuales aparece la pintura en los diferentes proyectos abarcados en la exposición y en la obra de Alÿs en general.

Sin duda, un reto editorial era lograr dar cuenta de la compleja, intrincada y sutil relación entre acciones, objetos y pinturas en el trabajo de Alÿs. A ello se añadía otro desafío: el de referir esa relación de forma tan puntual y sutil como ocurría en la exposición. Además, los libros que trabajan con piezas en video o con acciones enfrentan una dificultad no menor, ante la limitante de presentar las piezas mediante stills de los videos o secuencias de fotogramas. En el catálogo de Relato de una negociación los videos son abordados a través de imágenes pero también de una serie de cronologías del proceso de organización y ejecución de dos proyectos inimaginables: conectar el Cayo Hueso en Florida con Cuba, y Marruecos con España en el estrecho de Gibraltar (ambas piezas pertenecen al conjunto Puentes [2006-2008]). En el caso de la serie de piezas agrupadas en Tornado (2000-2010) aparece la voz del artista y un texto lírico corto de Medina, muy en el tono de las impresiones de Reyes y Novo sobre el Valle de México. Por último, las piezas sobre Afganistán (2011-2014) son analizadas por Michelle Tuassig, quien destaca en su ensayo un aspecto fundamental en la obra de Alÿs: su relación con el juego, que en su caso se convierte en una forma de investigación y producción artísticas.

Si bien el libro da espacio a los diversos medios empleados por Alÿs, la pintura adquiere un lugar central dentro del cuerpo de la publicación. El formato del libro permite mirar con detenimiento las pinturas, algunas a página completa, con lo que muchas de las reproducciones se acercan al tamaño original de ciertas piezas. En este catálogo es posible mirar las imágenes varias veces: en la secuencia en las que aparecen; en sus engarces con los textos; de manera asilada, y en una trayectoria relacionada con la memoria que tenemos de la obra de Alÿs.

De esta forma, el libro cumple enteramente su función como catálogo al mismo tiempo que desarrolla un argumento secundario, relevante para una discusión actual en el arte contemporáneo: la del lugar de la pintura y sus posibilidades de aparición en este campo. Medina discute la falsa idea de que la pintura ha sido exiliada del arte contemporáneo, registrando a través de la obra de Alÿs una posibilidad para la pintura, solo que en un lugar deslocalizado y no autonómico ni tampoco gestual, contrario a su definición moderna; la pintura incorporada a un cuerpo de obra, cuya fragmentación conduce a la idea de un “arte enjambre”.

Este catálogo corresponde al rubro de la edición institucional, cuya situación es cada vez más precaria debido a los altos costos de producción. Ante esta situación existen otros esfuerzos editoriales, pequeñas ediciones que, aunque circulan en apenas unos cuantos ejemplares, son espacios en los que aparecen nuevas voces o tienen lugar otros discursos y reflexiones. Pienso, en particular, en una edición que llega apenas a un tiraje de cien libros, el ensayo de Andrea Ancira, Ars machina. La inscripción de la máquina en el arte (2015). Partiendo de una reflexión iniciada en un seminario sobre arte sonoro que tuvo lugar en el Museo Universitario del Chopo en 2014, Ancira se dio a la tarea de desarrollar un ensayo crítico sobre la inscripción estética de la máquina en el arte contemporáneo, y en específico en la obra de dos artistas mexicanos: Ariel Guzik y Leslie García. La máquina aparece en ambos casos, aunque a partir de diferentes estrategias artísticas, como una instancia de mediación entre el hombre y la naturaleza. Este libro recoge una forma de escritura necesaria en la producción editorial del país: el ensayo. Si pudiese imaginar a capricho una colección, pensaría en una de ensayos mínimos para pensar el presente de las artes en México. Las traducciones de ensayos de pensadores, filósofos, curadores y artistas extranjeros son vitales; sin embargo, también lo es fomentar la discusión interna sobre asuntos y debates no necesariamente atados a exposiciones, ensayos que, en medio de la confusión, reflexionan sobre el presente y aquello que está por venir.

Un libro, en cualquiera de sus formas, es un espacio de reflexión, un lugar de memoria y, también, una toma de postura, en estos casos frente al complejo entramado del arte contemporáneo en México. Es un campo de batalla que, en cierta medida, refleja las características del campo artístico, plagado de contradicciones, inconsistencias y condescendencia, pero también de múltiples resistencias.

Imagen: pintura del proyecto REEL-UNREEL.

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