Los ninis: jóvenes que ni tienen oportunidades ni tienen incentivos

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Bryan[1] tiene catorce años, pero su cuerpo y su mirada son más bien de un niño de nueve o diez; su padre murió cuando él tenía cuatro y su tía, quién se encargaba de mantenerlo económicamente, decidió cerrar la tienda que tenía en el barrio y buscar el sueño americano: ese que promete billetes verdes y mejores oportunidades. Bryan abandonó la escuela a los 12 años por falta de recursos, pero también por problemas de obediencia y de concentración. Hace unos meses, integrantes de la Mara Salvatrucha balearon y torturaron a tres de sus amigos de la infancia, todos ellos más jóvenes que Bryan. Él tiene miedo de volverse parte de la pandilla así que evita salir de su casa porque sabe que muchos de ellos lo esperan en la esquina para invitarlo a participar en robos y asaltos a los vecinos. Piensa que en San Pedro Sula no hay muchas oportunidades. En lugar de entrar a una universidad, preferiría tener un taller eléctrico para poder mantener a su hermana y no perder el tiempo estudiando durante muchos años.

Aunque la colonia Independencia en Monterrey, Nuevo León, está a más de dos mil kilómetros de distancia de San Pedro Sula, Alex comparte casi los mismos intereses que Bryan. Dejó la escuela hace más de tres años después de múltiples intentos por ingresar a una universidad pública; desde entonces ha buscado trabajo en diferentes lugares, pero la falta de estudios o certificaciones le impiden ser contratado. Su familia ha optado por apoyar su sueño de ser futbolista con la esperanza de que sea el próximo delantero de los Tigres y pueda darles una casa más grande y bonita. La novia de Alex tampoco estudia y dejó de trabajar cuando supo que estaba embarazada; por ahora quiere enfocarse en su bebé de nueve meses y luego buscar algún trabajo que le permita pagar los alimentos de su hijo y cuidarlo por las tardes. Piensa que, aunque debe retomar la preparatoria que dejó inconclusa, no podrá tener dinero suficiente para pagar los estudios de su hijo, por lo que regresar a la escuela no es una opción viable por el momento.

Estos son tan solo tres de los millones de casos de jóvenes que ni estudian ni trabajan (“ninis”) en México y en América Latina. En enero de este año el Banco Mundial publicó el informe titulado Ninis de América latina, 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades. La publicación del informe generó opiniones y controversia sobre los resultados y los supuestos intereses a los que abona el documento. Por tal motivo el objetivo del presente texto es proponer una lectura que permita explicar el fenómeno en su justa dimensión.

En el informe, las autoridades del Banco Mundial cuestionan la importancia del fenómeno, destacando dos principales puntos: el estudio reveló que a medida que hay más ninis, los ingresos se reducen. Es decir, alguien que es nini hoy, dentro de 20 años, cuando esté en sus mayores años de productividad, es mucho más propenso a tener menos ingresos que quien no lo fue:

El efecto adverso de los ninis en los ingresos no sólo reduce el producto total de la economía debido a una menor productividad laboral (el motor del crecimiento). También obstaculiza la igualdad. Una incidencia de ninis más alta en los hogares pobres y vulnerables exacerba las desigualdades existentes. [2] 

El segundo punto se centra en los factores de riesgo que caminan de la mano del fenómeno nini y que en algunos casos son causa de este y, en otros, su consecuencia. Algunos de ellos son: la delincuencia, las adicciones y la desintegración social. El estudio revela que en México, entre 2008 y 2013, cuando se triplicaron las tasas de homicidios, también aumentó significativamente la cantidad de ninis.

¿Pero qué ocurre realmente al interior del fenómeno de los ninis? ¿Son ellos o son las estructuras sociales y gubernamentales las culpables de reducir los ingresos de las generaciones futuras y la generación de factores de riesgo para la juventud latinoamericana? Vayamos al fondo de la situación.

En julio del 2014 formé parte del equipo de investigación cualitativa del citado informe. Mi trabajo consistía en investigar y narrar la historias de vida de jóvenes ninis en México y Honduras. Una de nuestras primeras dudas al iniciar la investigación fue la de forma de nombrar y seleccionar a los jóvenes que participarían, así como la elección de una metodología de investigación que permitiera entender a fondo las verdaderas causas no solo socioeconómicas sino también socio-psíquicas de los jóvenes que atravesaban esta situación. Se decidió utilizar a la sociología clínica para entender la construcción del individuo y su entorno. Se construyeron historias de vida que involucraban no solo al joven, sino también a sus padres y amigos, así como páneles con especialistas en el tema; las variables de selección fueron el género, la edad, la situación laboral y académica, así como el nivel socioeconómico de los adolescentes (se descartaron todos aquellos jóvenes en situaciones de pobreza extrema, pues no se trataba de realizar una radiografía de la marginación social).


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La sociología clínica y la construcción individual de los ninis

La sociología clínica se desarrolló en el Laboratorio de Cambio Social (LCS) de la Universidad de París VII, Denis-Diderot, encabezada por el sociólogo Vincent De Gaulejac.[3] Para él, el acercamiento sociológico clínico debe responder en gran medida a la necesidad de dar cuenta a la comprensión de lo social, incluyendo la singularidad del sujeto:

Lejos de lo que uno puede suponer cuando escucha por primera vez el término sociología clínica, ésta no tiene que ver con ninguna cura y mucho menos se refiere a la rama de la sociología que se relaciona con la medicina. Si atendemos al origen epistemológico del término clínico, “observar cerca de la cama del paciente”, este método en medicina inauguró la posibilidad de darle la palabra al paciente para conocer su padecimiento. […] Cuando se usa en las ciencias sociales tiene que ver con el hecho de trabajar con casos singulares. No se habla de singularidad solamente en los individuos, sino en los grupos, las organizaciones, los eventos, las situaciones sociales particulares que se piensan desde su especificidad (Sevigny, 1993). [4]

Tal como lo dice Elvia Taracena, profesora-investigadora de la UNAM, para la sociología clínica, lo social preexiste a lo psíquico y no son reductibles uno al otro. Los fenómenos de transmisión, de reproducción y de construcción de la identidad son dinámicas complejas que se encuentran en la articulación de los procesos sociales y los procesos psíquicos. Para De Gaulejac, otro autor, la cuestión del sujeto es ineludible: no para rehabilitar la figura del sujeto consciente, autónomo, dueño de su destino, sino para entender al sujeto que trata de emerger frente a múltiples contradicciones de su contexto. Los márgenes de maniobra del sujeto no resultan de una ausencia de determinaciones sino, por el contrario, de la multiplicidad y heterogeneidad de las mismas.[5]

Específicamente, en el estudio de los jóvenes considerados ninis, el enfoque de la sociología clínica nos permite analizar la historia individual referenciada por la historia de familia y a su vez permeada por la historia social; es decir, con la sociología clínica se logra estudiar en qué medida la historia colectiva condiciona cada uno de los destinos individuales.

Los resultados y las similitudes entre México y Honduras, concluimos después de la investigación, fueron contundentes: en la mayoría de los casos, los jóvenes investigados comparten un patrón de carencias, tanto emocionales como sociales, que marcarán su toma de decisiones futuras. Si bien es cierto que en muchos casos se presentan ausencias en el “stock socieconómico” con respecto a los servicios de salud, alimentación y seguridad pública, también se detectaron casos de jóvenes que no cuentan necesariamente con estas ausencias o al menos no de una forma determinante. Sin embargo, sí se detectaron similitudes en el desarrollo del “stock emocional” a lo largo de su infancia y adolescencia –prácticamente en todos los casos se registraron ausencias paternas por muerte, migración o por pertenecer a familias monoparentales.

Estas ausencias funcionan como un detonante –que muchas veces genera o va acompañada de riesgos– en la toma de decisiones durante la pubertad y la adultez temprana. La mayoría de los jóvenes tendrán como prioridad subsanar en el corto plazo lo que les impide obtener un bienestar para ellos y su familia. Aquellos que necesiten cubrir necesidades económicas, de salud o de seguridad, en el mejor de los casos, se encontrarán frente a la disyuntiva de trabajar o estudiar para obtener ingresos inmediatos (en algunos casos las pandillas o grupos delictivos son una opción viable para obtener capital económico o social), mientras que para algunos otros el bienestar individual y familiar radicará en los aspectos emocionales; enfrentarán cuadros de rebeldía, depresión o desinterés al no encontrar opciones claras para su futuro, particularmente las mujeres –la mayoría de ellas replicarán los embarazos adolescentes que han marcado su historia familiar.[6]


¿Consciencia o neurosis de clase?

Ante el inminente crecimiento en las cifras de jóvenes que ni estudian ni trabajan en América Latina es imposible no preguntarnos lo siguiente: ¿qué tan conscientes son ellos de su situación y de los posibles riesgos que podrían generar seguir en este estado durante gran parte de su vida? La investigación reflejó diversos niveles de consciencia en los jóvenes estudiados; en México, principalmente, un porcentaje alto declaró “incomodidad y vergüenza” por no lograr ser parte del grupo de los jóvenes que sí estudian o trabajan, mientras que el resto de los jóvenes investigados consideran que la situación que viven es simplemente un “periodo de transición”: un descanso no deseable pero permisible entre un periodo escolar y el siguiente.

Sin embargo en la mayoría de los casos los jóvenes que son conscientes de su situación deciden tomar acciones drásticas para terminar con la pausa en la que se encuentran. Entender la raíz de las reacciones conductuales de los jóvenes es mucho más fácil si cuestionamos la oferta real laboral y educativa. La receta que aprendieron generaciones pasadas en donde el estudio era símbolo de prosperidad y movilidad social cada vez es menos vigente; actualmente es evidente que el sistema educativo no está adaptado a la realidad del mercado –tener un título de licenciatura o de grados superiores no garantiza el acceso a ofertas laborales y sueldos bien pagados.

Es por ello que los jóvenes ya no ven a la escuela como una señal de mercado; consideran que pasar años estudiando no garantiza el acceso a mejores oportunidades para ellos y sus familias. El enfrentamiento con la realidad genera en ellos una disonancia cognitiva que confronta sus deseos individuales y familiares con las pocas oportunidades educativas y laborales que encuentran, razón por la cual prefieren apostar a carreras técnicas o al aprendizaje de oficios como opciones mucho más viables para resolver en lo inmediato su situación, disminuyendo así la posibilidad de aspirar a sueldos mejor remunerados en el futuro.


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La solución del problema

Como bien lo indica el informe del Banco Mundial y los casos analizados, el fenómeno de los jóvenes en situación nini es un problema serio conformado por una población heterogénea y provocado por causas multifactoriales ligadas a la dotación de capital económico y emocional y las relaciones familiares y las opciones actuales de estudio y trabajo, es decir, la situación de muchos jóvenes que ni estudian ni trabajan es en parte resultado de un fracaso del sistema que ha hecho evidente su exclusión a ciertos sectores que no necesariamente están en pobreza, pero que sí confrontan una desarmonía interna del sistema de creencias y comportamientos entre la supuesta correlación de oferta y demanda de los sectores educativos y laborales.[7]

Ante este escenario la principal solución planteada por el informe es motivar a los países a proporcionar capital humano y generar educación de alta calidad y mercados laborales dinámicos que puedan crecer y reducir la pobreza más rápidamente durante este periodo.[8] Si en lugar de ello la región no es capaz de generar oportunidades de educación y empleo para sus jóvenes, se corre el riesgo de causar un daño irreversible en la productividad y en el crecimiento a largo plazo.

Si bien es cierto que los ninis son jóvenes que ni estudian ni trabajan, también es cierto que en la mayoría de los casos es porque ni tienen oportunidades ni tienen incentivos, y como dice Foucault “el lenguaje tiene por función el nombrar, es decir, el hacer surgir una representación o mostrarla como con el dedo, es una indicación y no un juicio.”[9] Los jóvenes entrevistados para este estudio tienen claro el objetivo de obtener una vida mejor para ellos y sus familias pero en la mayoría de los casos tener una claridad en los objetivos no es suficiente mientras no reciban las oportunidades y los incentivos que merecen; nombrarlos y visibilizarlos como ninis no es un juicio en lo absoluto, pero sí una indicación de un problema en dónde se necesita el compromiso gubernamental para solucionar la situación de millones de jóvenes en toda América Latina, un compromiso que no debe radicar únicamente en acciones, también en la transformación de ideologías que fomenten la credibilidad de los sectores juveniles en los sistemas educativos y laborales, pues es evidente que cada vez los jóvenes creen menos en panfletos y en lugares comunes.


A manera de réplica, este texto expande los temas y contesta las conclusiones del artículo “No son (los) ninis, es el modelo económico”, de Igor González. 

Fotos: cortesía de Ace BonitaNúcleo Editorial y Solo se puede ser libre Cuándo no se tiene nada que perder.


Notas y referencias

[1] Los nombres se cambiaron para proteger la confidencialidad de los entrevistados.

[2] De Hoyos, Rafael; Rogers, Halsey; Székely, Miguel. 2016. Out of School and Out of Work : Risk and Opportunities for Latin America’s Ninis. World Bank, Washington, DC. World Bank. p.6.

[3] Vicente Gaulejac es sociólogo y profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de París – Diderot. Dirigió el Laboratorio de cambio social desde 1981. Miembro fundador del Instituto Internacional de la sociología clínica, es uno de los principales iniciadores de la orientación científica que se interesa por la dimensión existencial de las relaciones sociales.

[4] Taracena Ruiz Elvia, 2010. “La sociología clínica: Una propuesta de trabajo que interroga las barreras disciplinarias”. Veredas revista del pensamiento sociológico. UAM-XOCHIMILCO. p.55.

[5] Ibid., p.57.

[6] El estudio demostró que no existen perfiles exclusivos, ni excluyentes; algunos jóvenes reúnen características de un perfil y otro, sin embargo siempre habrá una dinámica que predomine en su elección a futuro.

[7] De Hoyos, Rafael; Rogers, Halsey; Székely, Miguel. op. cit., pág. 9 y 10.

[8] Ibid., p.8.

[9] Foucault, Michel. Las Palabras y las Cosas. 1966. Siglo XXI, p.114.

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