Los sismos de septiembre. Un abecedario de preguntas públicas

A diferencia de hace treinta y dos años, este 19 de septiembre el terremoto se encuentra con una sociedad más organizada. Y a diferencia también de 1985, esa sociedad deberá preguntarse qué tipo de ciudad quiere reconstruir y cómo pretende hacerlo.

| Sociedad Civil

Como las tragedias griegas, las catástrofes naturales anuncian la caída de un gran personaje. Así, las sociedades que las padecen dejan de ser lo que fueron cuando en su interior se derrumba la imagen con la que creían retratarse. Ocurrió en 1985 con el terremoto en la Ciudad de México. En esa ocasión, la catástrofe derrumbó la idea de que la sociedad no podía organizarse por fuera de los márgenes de un Estado antidemocrático. Hace treinta y dos años, en las calles emergieron lazos ciudadanos que en la práctica sustituyeron al gobierno para guiar las labores de rescate. Con la solidaridad vertida nació una sociedad civil que sentó las bases para un movimiento democrático que en los años posteriores tuvo importantes triunfos.

Los sismos de septiembre de este año, que han afectado a varios estados del país, abren la pregunta sobre qué sociedad emergerá después de la tragedia. La pregunta es necesaria, porque toda catástrofe natural tiene una cadena causal de acontecimientos que, de rastrearse, devela las condiciones sociales, políticas y materiales en las que viven millones de personas. Además de que demuestra no sólo qué tan preparadas estaban las autoridades gubernamentales para coordinar esfuerzos durante una emergencia de este tipo, sino también pone en evidencia qué tanto han cumplido su función de autoridad en la defensa del interés público. Por ejemplo, sale a la luz cómo han hecho las autoridades valer las normativas que regulan el crecimiento de una gran urbe. Más que el terremoto en sí, es el conjunto de estas condiciones sociales, políticas y materiales lo que incrementa las cifras de los escenarios catastróficos: desde el derrumbe de las construcciones al número de damnificados hasta el lamentable número de víctimas mortales.

Una vez que concluya la fase de emergencia, en la que la prioridad ha sido el rescate de quienes estaban debajo de los escombros y la atención inmediata a los lesionados y damnificados, vendrán dos fases cruciales: la evaluación y la reconstrucción. La evaluación de las causas de los daños no se limita al recuento estricto de pérdidas humanas, número de damnificados, y daños materiales, sino que también debe incluir la actuación que tuvieron las autoridades durante la fase de la emergencia y en la prevención del riesgo en una gran metrópoli como en la que vivimos. Para ello es crucial que la fase de la evaluación de la catástrofe no quede de forma exclusiva en manos de dichas autoridades, dado que debe considerar el desempeño de estas antes y después de la tragedia. Una evaluación adecuada e imparcial es crucial para que en la tercera fase —la fase de la reconstrucción— la sociedad civil participe en el reto de responder a la pregunta de qué ciudad queremos después de la catástrofe.

A diferencia de hace treinta y dos años, hoy la sociedad civil de nuestro país está mejor organizada y preparada para afrontar ambos retos, el de la evaluación y el de la reconstrucción. Hoy se exige y vigila más a las autoridades de los tres niveles de gobierno. Y quizá por eso tenemos la certeza y no nada más la percepción de que nuestras instituciones democráticas son aún deficientes. Si deseamos fortalecer nuestra democracia, la sociedad civil tiene en estos días de tragedia una oportunidad más para auscultar el trabajo de las autoridades que guían nuestras instituciones. Hoy, la sociedad civil tiene la ventaja de contar con recursos valiosos para llevar a cabo esta evaluación. Uno de ellos es una búsqueda de información que prioriza el interés público. Lo demostró al organizarse durante la presente fase de emergencia, en la que improvisó con éxito una manera de hacer fluir la información por vías no institucionales. Y con ello forzó a las autoridades a trabajar de manera coordinada.

En esta fase de evaluación que se avecina, la información que la sociedad civil pueda recopilar es primordial porque es la herramienta con la que imputará públicamente el desempeño de las autoridades. Se trata de una coyuntura importante para hacer una evaluación responsable. En un momento en que se siguen organizando brigadas en las colonias y pueblos afectados, la indagación, clasificación y verificación de la información es un punto crucial. Por un lado, el conocimiento experto independiente de ingenieros, arquitectos, sismólogos, pero también sociólogos, politólogos, geógrafos, por mencionar algunos, será vital para dimensionar las causas de la catástrofe. Aunque la evaluación no se limita a los juicios expertos. Hay una ciudadanía solidaria que puede y se está documentando, indagando y difundiendo información precisa para deliberar en el futuro inmediato cómo reconstruir la sociedad después de la tragedia. A continuación, propongo un abecedario del tipo de información que la envergadura de la misma demanda saber y discutir de forma pública. Muchas de estas preguntas, cabe resaltar, han sido compiladas de medios y redes. Vendrán más y mejores preguntas, pero por lo pronto es impostergable iniciar la indagación pública al respecto. Sin esta información no podremos reconstruir la sociedad que queremos.

Daños materiales

A) ¿Existían atlas de riesgo de las ciudades afectadas y estos incluían las zonas afectadas?

B) ¿Existen censos sobre los inmuebles afectados y de qué manera se han hecho públicos?

Personas en vulnerabilidad

C) ¿Cuáles son los protocolos que se usan para el rescate de personas en casos como estos?

D) ¿Cuál es la atención que se le da a los familiares de personas desaparecidas en el desastre natural y quién la brinda?

E) ¿Es pública la lista de personas desaparecidas?

F) ¿Quién y cómo estima el número de damnificados?

G) ¿Cuál es el marco legar que protege a los damnificados?

H) ¿En quién recae la responsabilidad de brindar alojamientos temporales dignos?

Causas de los daños

I) ¿Cuáles son las normativas de construcción vigentes en las zonas afectadas?

J) ¿Cuáles han sido las políticas de desarrollo inmobiliario en los últimos años?

K) ¿Cuáles eran los programas de verificación periódica de las edificaciones en la ciudad, particularmente de escuelas y sitios de trabajo?

L) ¿Se harán públicos los diagnósticos técnicos de los edificios afectados?

Responsabilidades legales

M) ¿Cómo se imputarán responsabilidades legales ante la negligencia en las construcciones afectadas?

Cultura de la prevención

N) ¿Cuáles son los protocolos de intervención con los que cuentan los distintos niveles de gobierno para actuar en estas contingencias?

Ñ) ¿Cómo se diseñan dichos protocolos y quiénes participan en el diseño? ¿Están preparados para coordinar voluntarios civiles?

O) ¿A cuánto asciende el presupuesto de las instancias públicas para la prevención de desastres y cómo se fiscaliza el uso de esos recursos?

P) ¿Cuáles son los recursos públicos extraordinarios a los que se tiene acceso para hacer frente a la catástrofe? ¿Cómo fiscalizar públicamente esos recursos?

Q) ¿Contamos con el conocimiento experto necesario para la prevención de desastres en diferentes áreas y se hace una comunicación pública adecuada del mismo?

R) ¿De qué forma las instituciones de prevención de desastres naturales pueden aprender de la tragedia?

S) ¿Quién y cómo fiscaliza el dinero donado desde el extranjero a instituciones públicas y privadas para atender la emergencia?

Reconstrucción

T) ¿Cuáles son los criterios que se utilizan para la distribución de ayuda para las zonas vulneradas por la catástrofe?

U) ¿Contamos con los mecanismos democráticos para escuchar a distintos sectores de la sociedad de las regiones afectadas?

V) ¿Cómo se establecerán las prioridades para las reconstrucciones de las zonas afectadas?

W) ¿Existen los mecanismos de deliberación pública para impedir la centralización de los recursos para la reconstrucción en las zonas privilegiadas?

X) ¿A qué demandas urgentes y necesarias se deben comprometer los actores políticos en las plataformas electorales del próximo año?

Y) ¿Cómo son las ciudades que queremos?

Z) ¿Contamos con el conocimiento experto para proyectar una ciudad sustentable en el futuro con el cual afrontar los retos de los riesgos por venir (i.e. Centro de resiliencia)?

 

Fotografía: Lizbeth H. @abismada_

Artículos relacionados