MATAR A UN PERIODISTA

| Amenaza y violencia. Muerte de periodistas

Desde el 2000 118 comunicadores asesinados en México

En México, un periodista puede ser asesinado a pocas cuadras de su trabajo o en la puerta de casa cuando va a llevar a su hijo a la escuela. Muchos viven donde el narcotraficante o el político de turno —a veces son la misma persona—, decide quién vive y quién muere. En lugares en los que el mandatario por el que votan es el que los hostiga y en los que no se sabe si tener más miedo a los buenos o a los malos porque los dos pueden apretar el gatillo. Pisan un terreno que no es suyo: las leyes de convivencia se convierten en códigos para la supervivencia. El relato es terrible, pero para quien no es periodista quizás todo esto no importe. Y es comprensible. En este siglo han matado a 118 periodistas y desaparecido a otros 24, pero vivimos en un país en el que en poco más de una década contamos 200,000 muertos y 37,000 desaparecidos y millones más viven en este México.

Entonces, ¿por qué tenemos que hablar de qué están matando periodistas?

Porque sin periodistas no sabríamos casi nada de todo lo anterior.  Porque para hablar de libertad de prensa lo primero que se tiene que garantizar es que los periodistas vivan. Porque “cuando se atenta contra un periodista se atenta contra el derecho de información de la sociedad entera”, como escribió un grupo de periodistas y escritores en una carta dirigida al presidente Enrique Peña Nieto el año pasado.  

El asesinato es la máxima expresión de una violencia que aparece a veces en forma que amenazas, difamación, criminalización y otro tipo de agresiones, ya sea por parte del crimen o del propio estado. Ser periodista en ciertas partes de México, el país más mortífero para ser periodista, después de Siria, es un acto de valentía.

Tenemos que hablar estará dedicado este mes y el próximo a todos los periodistas asesinados y a todos los que, hasta hoy, luchan contra el silencio.

 

 

 

Ilustraciones: @donmarcial

Esta publicación/plataforma ha sido posible gracias al apoyo del pueblo de los Estados Unidos a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Su contenido es responsabilidad de los autores y no refleja necesariamente el punto de vista de USAID o del Gobierno de los Estados Unidos de América.

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