México y Alemania, el futuro de una relación

En el panorama de las relaciones comerciales y diplomáticas de México con el mundo, Alemania es un destino inobjetable. Angela Merkel tratará con la cuarta presidencia mexicana durante su mandato como canciller, ¿cuál será el diálogo con el gobierno de AMLO?

| Internacional

El resultado electoral del primer domingo de julio atrajo los reflectores de la prensa alemana hacia México. Eso no significa haber ocupado los encabezados, pero tampoco es costumbre que los medios de comunicación alemanes traten un tema de lo que sucede en América Latina. Por supuesto, se ha destacado el giro hacia la izquierda que dieron las y los votantes mexicanos. El triunfo de López Obrador se ha analizado en clave de descontento con el gobierno del PRI, la corrupción y el hartazgo por la criminalidad que atenta contra cualquier normalidad política y económica. Pero también afloran incógnitas sobre el fondo y la forma del próximo gobierno.

Si bien la política exterior no fue uno de los tópicos centrales de discusión pública en los meses de campaña, en los espacios donde dialogaron los representantes en esta materia de los tres principales candidatos apreciamos sus ideas del papel que México puede jugar en el mundo, lo que puede ofrecer y obtener de sus relaciones con otros países. De aquí a que inicie la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, su equipo de transición en temas internacionales, encabezado por el próximo Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, tendrá que dar más señales sobre lo que será el perfil de la política exterior 2018-2024.
Con base en algunas intervenciones de representantes de Andrés Manuel López Obrador (entrevista a H. Vasconcelos en el diario El País, del 8 de mayo pasado), se destaca la inconveniencia de haber concentrado las relaciones externas de México hacia Norteamérica, que descuidó «regiones como la Unión Europa». Sin minimizar a otros países europeos con los que México tiene vínculos históricos, políticos y sociales profundos, me enfoco aquí en Alemania, el país que analizo y en el que vivo desde hace cuatro años.

Alemania es el principal socio comercial de México dentro de la Unión Europea, tercer destino de las exportaciones mexicanas totales (1.7% del total, tras Estados Unidos y Canadá –79.8% y 2.7%, respectivamente–), y la cuarta fuente de las importaciones mexicanas (3.9%, detrás de Estados Unidos, China y Japón –46.2%, 17.6%, y 4.3%–). El grueso de los intercambios tiene que ver con la estructura industrial alemana, sus músculos en automotriz, maquinaria y química, en los que México se ha perfilado de forma destacada como eslabón de las cadenas globales de valor. La inversión extranjera directa desde Alemania en 2017 fue de 7.5% del total recibido, en la posición cuarta del ranking de IED hacia México (tras EUA, Canadá y España). Sin embargo, el interés de Alemania no se acaba solo en ubicar a México como fábrica o mercado de consumo.

En conversaciones con integrantes de gremios empresariales alemanes he conocido su preocupación por la corrupción, pero sobre todo su interés en el fortalecimiento de instituciones de Estado en terceros países en los que deciden invertir: sistemas fiscales y educación, por mencionar solo dos ejemplos que suelen citar. Las medidas ya emprendidas por México en materia de formación dual han sido acompañadas por los gremios empresariales alemanes y el gobierno federal en Berlín. Aquí existe una coincidencia entre Alemania y nuestro país, refrendada por el próximo gobierno según se lee en Pejenomics II (p. 3), para vincular la preparación profesional y el mercado laboral.

Por otra parte, la fama del Mittelstand industrial, las empresas alemanas de escala mediana que generan la mayoría de empleos y participan en los circuitos comerciales internacionales, parece un ejemplo de lo que aspira a lograr una de las políticas económicas del gobierno que comenzará el 1 de diciembre (Pejenomics II, pp. 10-11). Como es sabido –y no es mero cliché–, a los alemanes les gusta la estabilidad. La forma como se desarrolló la elección del 1 de julio en México, la reacción de mercados financieros, y visto el encuentro entre el presidente Peña Nieto y el virtual presidente electo, parecen buenos presagios.

Fuentes del gobierno federal alemán en temas de política exterior me han compartido su interés por la evolución de México como actor global: cooperación al desarrollo, coordinación en iniciativas y organizaciones internacionales, y que ambos países asuman más responsabilidades. Todo ello se enmarca en una perspectiva de gobernanza global –que dista mucho de la visión de juego suma cero que domina hoy en Estados Unidos, que tantas tensiones ha generado a México y Alemania. Los fundamentos de la gobernanza global empapan los principios de política exterior contenidos en la fracción X del Artículo 89 de la Constitución mexicana.

Expresada en las voces de la canciller federal, Merkel, y el Ministro federal de Exteriores, Maas, en los últimos meses Alemania ha defendido multilateralismo, sus organizaciones y sus normas; y aquí hay una coincidencia con lo manifestado por Vasconcelos en El País: el próximo gobierno desea «contribuir al orden internacional y la búsqueda de la paz en los conflictos y a la no violación de los derechos humanos». En la política exterior alemana, fuera de relación con la Unión Europea y la con Estados Unidos, aquella con América Latina es la más cercana por afinidad de valores y vínculos históricos positivos. El actual gobierno en Berlín (2018-2021) incluyó en su Contrato de Coalición un breve apartado sobre Latinoamérica, con la que, dice, comparten intereses estratégicos, y cuáles son los ejes de su cooperación. En todos ellos México puede ser un socio para Alemania, y beneficiarse para su propio desarrollo económico, medioambiental, y político.

Al frente de la cancillería federal alemana a Angela Merkel le ha tocado tratar con tres presidencias mexicanas; la de López Obrador será la cuarta y posiblemente la última. Desde México, el próximo gobierno verá el cambio hacia el vigésimo periodo del Bundestag alemán y quizá una nueva o nuevo canciller. En 2018 las incertidumbres que manifiestan análisis germanos sobre el tipo de gobierno que habrá en México a partir del 1 de diciembre deben despejarse con acercamientos y diálogo en los próximos meses, pues, como se ha mostrado, hay coincidencias sobre el tipo de orden internacional y relaciones bilaterales; después tendrán que hablar los hechos, la colaboración desde ambos lados del Atlántico. El mensaje del 4 julio de la canciller Merkel a López Obrador abre vías para transitar en ese sentido, y la convocatoria a un encuentro próximo debería ser considerada seriamente por la parte mexicana.

Alemania se interesa por México en muchos aspectos, y pese al resultado del primer partido del Grupo F de la Copa Mundial de Futbol, el nivel actual de las relaciones germano-mexicanas es positivo. El gobierno mexicano emanado de las elecciones del 1 de julio tiene la oportunidad llevarlas aún más adelante. Como dijo el Chicharito Hernández: «Lass uns wundervolle Dinge vorstellen» («Imaginemos cosas…»).

 

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