México y la revolución electoral: primeros apuntes

El triunfo de AMLO y el castigo que el electorado le impuso a los partidos en las urnas le dan a las elecciones del pasado 1 de julio tintes de Revolución electoral. Con mayoría en las Cámaras, la ciudadanía deberá ser vigilante de la gestión de Morena en el poder.

| Elecciones

Este 1 de julio de 2018, en México se dio un proceso electoral como nunca en su historia. Una votación inaudita en el pasado de Latinoamérica y quizá inédita en la historia mundial reciente. Estamos ante una de las mayores revoluciones electorales en el mundo hoy por hoy. Un partido que nació hace cuatro años hoy tiene a un presidente electo por más de cincuenta por ciento de los votos emitidos, alrededor de veinticinco millones que lo votaron en una contienda de alta participación[I] para estándares mexicanos. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) obtuvo casi el doble de votos de los que haya recibido cualquier otro presidente en México. Aun así, del total de ciudadanos inscritos en el padrón electoral, solo treinta por ciento lo eligieron.

Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), [II] y la izquierda que representa (aunque no a toda ella),[III] gobernará por primera vez en el ámbito presidencial. Tendrá, después de estas elecciones, alrededor del sesenta por ciento de representantes en la cámara de senadores (más de sesenta de los ciento veintiocho totales); alrededor de setenta por ciento de diputados federales en el Congreso (doscientos diecinueve de trescientos, y ochenta y cuatro plurinominales o de representación proporcional, llegando a trescientos tres de un total de quinientos, sesenta por ciento), y tendrá la mayoría de las alcaldías de cada estado y diputaciones locales. AMLO será el primer presidente de la República en veinticuatro años (desde 1994), en tener mayoría absoluta en el Congreso de la Unión. En estados como Sonora, de veintiún diputados locales veinte son de Morena. ¡Hay solo un diputado de oposición! Gobernará doce de los dieciocho congresos locales que se disputaron la elección este día. Morena se impuso en estas elecciones a millonarios dueños de estados enteros y a políticos caciques de regiones de sur centro y norte del país. Muchos de sus representantes electos no ganaron por tres mil o cinco mil votos o diez por ciento de diferencia. Estamos hablando de que ganaron dos a uno contra la fuerza de primera minoría en muchísimos, muchísimos casos.

El Estado de México, bastión del Partido Revolucionario Institucional (PRI), será de Morena en más de noventa por ciento. Gobernará Ecatepec, el segundo municipio más poblado del país, habitada por 1.6 millones (después de Iztapalapa en la Ciudad de México, CDMX, también gobernada por ellos después de esta elección, habitada por 1.8 millones), junto con Naucalpan, Toluca, y todos los demás excepto dos (o tres). El más doloroso de perder para el PRI es Atlacomulco, cuna del peñanietismo.

La elección que tuvimos este 1 de julio fue una elección limpia en términos generales,[IV] y una elección que limpió. Sin más. Revolución electoral: movilización que irrumpe, surgida desde la esperanza y la desesperación, y que redibuja no solo el mapa político, sino el deseo mismo de trastocar lo político desde los anhelos íntimos de individuos y comunidades muy diversas canalizadas hacia una expresión común. Un jacobinismo no violento cuya guillotina fue la urna y la cuchilla el voto. Morena no solamente obtiene la mayoría, obtiene la mayoría absoluta, y quizá más: nos falta el concepto para pensar lo que obtuvo, por méritos propios y por deméritos ajenos. Muchos votaron con entusiasmo por el cambio, convencidos de una nueva ola de esperanza, mayor a la que representó ilusoriamente Vicente Fox en el 2000. Muchos otros votaron como rechazo y castigo a dieciocho años (todo el siglo XXI mexicano) de transición fallida. Votaron como protesta al estado presente y lo que nos arrastró hasta aquí. La no transición que comenzó con el gobierno frívolo de Fox y que culminó con unas elecciones muy cuestionadas —y con visos de ser fraudulentas— que impusieron a Felipe Calderón; por el de este último que declaró la así llamada «guerra contra el narco», y desató un ciclo de violencia cuyo saldo son más de doscientos cincuenta mil asesinados hasta la fecha, y decenas de miles de desaparecidos migrantes y mexicanos a veces encontrados en fosas sembradas por todo el país; y finalmente, por el gobierno de Enrique Peña Nieto, corrupto y desapegado del dolor de las víctimas, quién obstaculizó la búsqueda de justicia en casos de alto impacto y graves violaciones de derechos humanos como lo fueron Ayotzinapa, Tlatlaya, Tanhuato, Nochixtlán, entre otros, así como de conflicto de interés y franca corrupción como el de la Casa Blanca, Odebrecht y la «estafa maestra», entre otros, casos de brutal represión y corrupción de gobernadores de distintos estados que hoy son buscados por la justicia o están en procesos penales tras las rejas.[V]

Quién hubiera pensado que para monopolizar el voto de izquierda había que renunciar a un partido exitoso como el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y competir con él hasta reducirlo por completo y dejarlo con sus peores resultados históricos, a punto de perder su registro, y sobreviviendo como aliado del Partido Acción Nacional (PAN), un partido de derecha con el que solo comparte el deseo de mantenerse competitivo electoralmente. El monopolio de este voto es tan grande que incluso en la alianza que Morena hizo con el Partido Encuentro Social (PES), un partido de derecha evangelizadora, este último recibió escasos votos directos, cercanos a tres por ciento, y puede también perder el registro.[VI]

Un meteorito cayó en Tabasco, México, y extinguió a casi todos los dinosaurios (menos a los que sobreviven hoy interespeciados en Morena). Podemos temerle a este meteorito que cayó, y con buenas razones: un poder absoluto puede corromper absolutamente. Sin embargo, no se nos impuso esta concentración de poder, la elegimos. Eso da esperanza: en tres o seis años el mapa político puede cambiar de manera radical sin que haya una crisis o enfrentamiento de sangre (dejando de lado, pero sin dejar de tenerlo en cuenta, lxs más de 130 canidatxs asesinadxs en este ciclo electoral en todo el país). Por la vía electoral puede haber un cambio del cambio. Puede nacer una nueva fuerza, Morena puede dividirse, etcétera. Por ahora, tenemos parcialmente certeza y garantía de que hay las mínimas condiciones democráticas electorales para que los votos, en su mayoría, cuenten. Por ello, se equivocan quienes dicen que estamos ante el nacimiento de un nuevo PRI. El PRI fue fraudulento de origen por más de setenta años. Era una dictadura perfecta, y una «dictablanda» (o eufemísticamente «régimen hegemónico» como matizaba Paz en tiempos de Salinas y Televisa, long gone since yesterday). Esto es una revolución electoral y hay ciclos de votación garantizados, y Obrador ha jurado respetar la no reelección e incluso la revocación de mandato a los tres años por la vía del plebiscito. Veremos la madurez democrática que tenemos para enfrentar una anomalía tan inconcebible como la que ocurrió el primero de julio.

Me parece que esta victoria electoral tan contundente puede ser perjudicial para AMLO y para Morena. El riesgo de actos de corrupción por parte de sus representantes es altísimo, porque altísima es la concentración de poder y la extensión de su gobierno, y porque a varios que recibirán cargos de elección y en los distintos gabinetes no les precede un historial favorable. No me imagino cómo se puede limitar y disciplinar a una hegemonía tan vasta. Es un reto enorme para sus dirigentes. México espera muchísimo de este cambio, y no perdonará la traición.

Populismo de populismos. Una victoria que asombra y que causa pavor. Como el impacto de un meteorito: no sabremos sino hasta mucho después cuáles serán sus consecuencias climáticas y políticas y qué huella dejará.

Amor republicano. Revolución electoral. Jacobinismo de las urnas. AMLO canalizó un despertar. Katechon y Eschaton al mismo tiempo: contención de un mal percibido y liberación de una fuerza redentora. Hay populismo evangélico y ecuménico en esta configuración de luchador social, candidato transexenal y partido-movimiento. Hay también muchas otras esperanzas, deseos y luchas cristalizadas del progresismo mexicano, de la búsqueda de una justicia transicional y un proceso de paz, de un cambio verdadero de régimen que reduzca la corrupción y amplíe la transparencia y rendición de cuentas, y de un México que pueda salir de una «guerra civil de facto»,[VII]  y del intervencionismo de Estados Unidos y su retórica antimexicana, amenazas de guerra comercial, securitarización fronteriza, deportaciones masivas y criminalización de migrantes.

No sé si habrá populismo salvaje en esta configuración política y escenario electoral, aquel al que se refiere Sergio Villalobos-Ruminott en un artículo reciente a propósito del fin de ciclo progresista en Latinoamérica y de las victorias de una derecha continental.[VIII] En ese artículo menciona: «En este contexto, parece necesario oponer no solo al viejo populismo progresista, sino también al nuevo populismo tecno-mediático, un populismo salvaje, que sin transferir su potencia al líder, funcione como vector de radicalización del pacto juristocrático neoliberal. De lo contrario, las emergentes fuerzas políticas de cambio en la región estarán condenadas a repetir el drama familiar que opone a viejas y nuevas generaciones en la administración de la miseria». El populismo salvaje, pues, no solo captura el poder hegemónico en las urnas, sino que se expresa e irrumpe en el orden democrático abriendo posibilidades y alternativas no previstas por el orden institucional mismo, o instituyendo unos nuevos, lejos del pacto neoliberal y corporativo que domina las relaciones de explotación, extracción, precarización e inseguridad que nos rigen. Sin que parezca que AMLO y Morena lleven tan lejos las cosas, sí es de sopesar, y esta es la hipótesis última de este texto, que lo que se expresó en las urnas en México va más allá de un apoyo a un partido y a un líder: es la promesa de participación democrática de otro modo, de la liberación de la antigua cooptación de maquinarias partidistas y formas de comprar y corromper el voto. Esta inflexión es trascendental como punto de partida para una verdadera transición democrática. Hay una fuerza que participa, con el voto, y que esperamos participe de innumerables maneras con el poder que lo representa.[IX] Que podamos crear una nueva relación con el poder, lejos del patriarcalismo perene, del clientelismo, del desinterés y la aceptación del hábito de la corrupción y la inevitabilidad de la violencia. Vigilar[X] como ciudadanos a un gobierno que debe obedecer más que mandar, acompañar más a la ciudadanía y no subordinarla. Vigilar, pues, no para castigar, sino para instigar todos esos cambios que harán a México posible.


[I] Los datos que tenemos sobre la elección de este domingo provienen del Sistema preliminar de conteo de votos conocido como PREP. Los resultados de la cuenta oficial comenzarán a darse este miércoles 3 de julio. La información se puede consultar acá: https://p2018.ine.mx/#/presidencia/nacional/1/1/1/1

[II] Morena fue creado en 2011 como una asociación civil dedicada a impulsar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador a las elecciones federales de 2012. El 9 de julio de 2014 Morena obtuvo su registro ante el Instituto Nacional Electoral, como partido nacional. Más información y la fuente pueden consultarse acá: https://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_Regeneraci%C3%B3n_Nacional.

[III] Marichuy, indígena nahua electa para ser la candidata representante de los pueblos indígenas por el Consejo Indígena de Gobierno, con el apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), no logró el registro como independiente y no compitió en las elecciones. Su lucha y lo que representa no ha sido retomado prioritariamente por AMLO y Morena, aunque hay afinidades y puentes posibles. Otras opciones como la que representa Pedro Kumamoto en Zapopan y Jalisco y su grupo Wikipolítica, una fuerza independiente joven que levanta la bandera de la transparencia, austeridad y cercanía con los ciudadanos, no consiguió buenos resultados, en parte por la ola masiva que llevó el voto a Morena, pero también por los otros muchos votos que fueron para Movimiento Ciudadano, ganador de la gubernatura de ese estado.

[IV] Las elecciones en el estado de Puebla están siendo imputadas por fraude electoral. La iniciativa Democracia sin pobreza reporta una compra de votos a nivel nacional de más de nueve millones http://www.democraciasinpobreza.mx/inicio/

[V] En textos como los de José Merino https://www.nexos.com.mx/?p=38447 y de Jorge Volpi http://enpositivo.com/2018/07/triunfo-otro-mexico-jorge-volpi/   se ahonda más en las causas de un voto tan masivamente en contra del status quo.

[VI] Esta alianza pragmática fue muy cuestionada durante la elección, y llevo a muchos a opinar que AMLO representaba una izquierda conservadora cristiana y que no impulsaría una agenda progresista que permita el aborto, universalice el matrimonio entre personas del mismo sexo, o despenalice el consumo de la mariguana. No está claro qué tanto pudo influir en la agenda y programa político de Morena este partido, pero puede ser mínimo o nulo. El escritor Emiliano Monge publicó una reflexión interesante y llena de humor negro sobre esto mismo: https://elpais.com/internacional/2018/06/29/mexico/1530231240_386047.html

[VII] La académica Guadalupe Correa-Cabrera, en su libro Los Zetas Inc., abunda sobre la teoría de una guerra civil moderna en México. También, el reciente libro de Oswaldo Zavala, Los cárteles no existen, muestran los usos de la así llamada guerra contra el narco en México para, en muchos casos, fabricar un enemigo interno útil para gobernar militarizadamente al país.

[VIII] El texto del académico Sergio Villalobos-Ruminott puede consultarse aquí: http://www.eldesconcierto.cl/2018/07/02/la-necesidad-de-un-populismo-salvaje/

[IX] Sin poder dar mucho contexto en este artículo, copio aquí el comentario del académico chileno Claudio Aguayo al draft de este texto publicado en redes sociales, que considero iluminador:  «Me parece que lo de López Obrador hoy día se debate entre dos modalizaciones de la subjetividad. ¿Qué se podría decir? Dos modalizaciones de la existencia en el mundo, por así decirlo, que en todo caso no bastan y quizás yo sólo puedo señalar dos —disposiciones afectivas. Una, es la del entusiasmo. La retórica del entusiasmo pertenece por entero a la pulsión revolucionaria y al deseo que retorna con esa pulsión (que no se puede decir que esté desligado de un instinto de muerte). Kant ya hablaba del entusiasmo que había despertado la revolución francesa, un movimiento que ‘hace época’ (como después Marx dijo que la teoría del valor hacía ‘época’). Sin duda, entusiasmo es el vínculo entre épica y época que surge en el cruce de muchos caminos que es la revolución. El entusiasmo es sin duda otro apelativo de la crítica. Otra diposición, sin duda, sería la de la esperanza. La esperanza sin duda tiene algo triste —y su pareja es el miedo: ya lo observó Remo Bodei a propósito de Spinoza—. La esperanza me recuerda a ese viejo registro simbólico, muy recurrente en el Tarot (por ejemplo) en el que un lobo aparece aullándole a la luna. A diferencia del entusiasmo, la esperanza tiene una alegría que conserva una pasividad que a muchos les parece oscura —el spinozismo de Negri o de Lordon, ¿qué diría ante la esperanza?, ¿la negaría simplemente?—. Sé que eso es una coyuntura, y a las coyunturas no se les responde con filosofemas —‘cuentos’, ‘historias’, ‘diégesis’— sino con disposiciones afectivas, en primer lugar, y con encuentros, probablemente, en segundo. México hoy día es el nombre de esa disposición afectiva débil, de esa «débil fuerza» mesiánica, que no espera ningún fulfillment quiasmático en la llamada del entusiasmo, y que es la esperanza. Contra toda clase de etología de los afectos, la esperanza es lo que nos da México hoy día, la esperanza de recuperar un horizonte de posibilidad cuyo corolario será, en el mejor de los casos, un nuevo populismo ‘salvaje’, y esa palabra, ‘salvaje’, nos hace recordar a Claude Lefort y Miguel Abensour: la democracia contra el estado, una democracia salvaje que empieza en las urnas, pero no puede terminar en ella. Una esperanza salvaje».

[X] El brillante texto de Denisse Dresser sobre este tema incitó mi uso del concepto de vigilancia en este texto: https://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=137628

*Agradezco muchísimo las aportaciones de colegas y amigxs con quienes compartí este texto primero en redes sociales, y quienes lo enriquecieron enormemente con sus comentarios y apreciaciones. Sin poder mencionar a todxs, entre ellxs se cuentan Rossana Reguillo, Carlo Altamirano, Rafael Robles-Gil Cozzi, Mariana Chávez, Aimé Iglesias Lukín, Claudio Salvador, Rodrigo Karmy, Antonio Martínez Velázquez, Alexandra Délano, Verónica Correa y mi padre, Luis Raúl Domínguez Terrazas.

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