México y los números de la felicidad

El estudio de los “índices de felicidad” se ha convertido en una manera de trascender las variables materiales del bienestar.

| Sociedad

A propósito de las reflexiones de William Davies acerca de "La corrupción de la felicidad", ofrecemos los siguientes datos sobre otra dimensión del tema: los intentos por cuantificar a la felicidad a través de los llamados "índices de felicidad" o "bienestar subjetivo", así como la presencia de México en estas estadísticas internacionales.

– Los índices de felicidad o indicadores de “bienestar subjetivo” son cada vez más comunes en el estudio y la planeación de las políticas públicas.  A partir de 2010, el Informe sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo incorporó un nuevo cuadro con indicadores de bienestar subjetivo. El objetivo general ha sido trascender las variables meramente socioeconómicas o “materiales” del bienestar. [PNUD]

– En estos estudios, el bienestar subjetivo es generalmente entendido como la manera en que las personas experimentan su calidad de vida, ya sea mediante reacciones emocionales y juicios cognitivos acerca de lo satisfactorio de su vida o a través de una combinación de reacciones afectivas positivas y negativas. Los grados de satisfacción de la calidad de vida y los balances afectivos son medidos por separado utilizando métodos de auto-reporte. [Wikipedia]

– Las oficinas nacionales de estadística de Reino Unido, Francia, Italia, Australia, Holanda, Nueva Zelanda, Canadá, Bután, Filipinas, China, Chile y México generan ya o están por generar estadísticas oficiales de bienestar subjetivo. Casi todos los países de la OECD miden varias categorías a este respecto en una escala del 1 al 10. En México, el INEGI cuenta ya con una serie de estadísticas experimentales sobre bienestar subjetivo.  [INEGI]

– En las encuestas levantadas por el INEGI en julio de 2015, los ámbitos específicos registrados como más satisfactorios entre los mexicanos fueron las relaciones personales, los logros en la vida y las actividades u ocupaciones. Los ámbitos en los que se registra menor satisfacción subjetiva son la seguridad ciudadana, y la percepción de la ciudad en que se vive y del país en general. En cuanto a los registros afectivos, los mexicanos parecen –en promedio– estar más agobiados por el estrés y la falta de energía o vitalidad que por el aburrimiento o la tristeza. [INEGI / Tabulados Básicos]

– En los estudios globales sobre el tema, los niveles de bienestar subjetivo en México suelen resultar altos en comparación con otros países. En la edición 2012 de la encuesta global de bienestar subjetivo Happiness Planet Index de The New Economics Foundation, por ejemplo, México aparece, junto con Costa Rica y Panamá, entre los tres países de Latinoamérica y Centroamérica con más alto grado de “bienestar experimentado”. Dinamarca, Canadá y Noruega ocupan los primeros lugares mundiales. [Happy Planet Index 2012]

– Naciones Unidas ha patrocinado ya varios estudios globales comparativos sobre el tema. Su reporte de 2015 sobre felicidad mundial muestra, como otros de estos estudios, a los países nórdicos encabezando la lista. México, por su parte, aparece en el lugar 14 (el segundo lugar en América Latina, después de Costa Rica). La mayor parte de la calificación de México, sin embargo, no se explica por los factores tradicionales (ingreso, apoyo social, buena salud, percepción de corrupción social, etcétera) y está más bien asociado con una gran área gris aún por entender, generalmente conocida como “otros factores” (ver página 26 del reporte). [ONU / World Happiness Report 2015]

– La perspectiva de que los gobiernos comiencen a administrar el “bienestar subjetivo” de los ciudadanos ha sido criticada de varias maneras: por reducir la relación entre la mente y el mundo a un ratio cuantitativo individualizado [William Davies / La corrupción de la felicidad], por utilizar la palabra felicidad de forma tecnocrática [Mario Arriagada / Nexos], o por los riesgos que implicaría, sobre todo en regímenes autoritarios, administrar las emociones desde los aparatos burocráticos centralizados. [Jesús Silva-Hérzog Márquez / Reforma]

– La agenda del “bienestar subjetivo” aún tiene mucho camino por andar en el campo de la comprensión del desarrollo social y el bienestar humano. Como ha señalado un grupo de historiadores económicos, los datos disponibles son bastante recientes y todavía no se puede hablar con seguridad de patrones de largo plazo. Se ha discutido también la pérdida de vuelo, en los años setenta, de la primera agenda de investigación a este respecto por haber reducido la noción bienestar al ámbito de las “decisiones individuales”. Sin embargo, se espera que en los actuales estudios sobre aspectos como la desigualdad estructural se podrá vincular de manera más reveladora a los laberintos del bienestar subjetivo con contextos sociales y culturales más amplios. Ahí la vía más interesante del futuro de esta agenda de investigación y de gobierno. [Jan -Otmer Hesse and Mark Spoerer / Inequality and Happiness, Perspectives from Economic History]

(Foto cortesía de Wade M.)

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