Oaxaca y la CNTE: el reloj de la historia es un cangrejo

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Flashback del 2006

“El que no conoce la historia que tire la primera piedra.” Esta parodia se puede aplicar, en estos momentos, a los complejos y dolorosos hechos sucedidos el fin de semana en Nochixtlán, Oaxaca, pues se reeditaron los acontecimientos del 14 de junio de 2006 que hace una década conmocionaron al país. Los enfrentamientos entre la policía federal y estatal y los maestros y manifestantes locales dejaron un saldo de ocho muertos, 21 detenidos y 108 heridos y revivieron escenas que pensábamos olvidadas: un paisaje de barricadas, bloqueos, autobuses calcinados y enfrentamientos. El rostro cruel y triste de Oaxaca en llamas.

Al igual que hace 10 años, los protagonistas son los mismos: la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), las organizaciones sociales que conformaron la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), el gobierno estatal y federal, los cuerpos de seguridad y el pueblo oaxaqueño volcado a la insurrección popular y a la desobediencia civil. El pretexto ahora es la reforma educativa impulsada por el secretario Aurelio Nuño. Y el panorama es más complejo. Estamos a una semana de las elecciones que ganó el PRI y que marcan el regreso de la dinastía Murat a la gubernatura de Oaxaca.

También influyen en la realidad oaxaqueña el grueso de las reformas estructurales derivadas del Pacto por México. Al menos tres de la reformas estructurales que promovió el gobierno de Enrique Peña Nieto impactan negativamente en un estado tan desigual y con las características culturales de Oaxaca: la energética, la educativa y la de telecomunicaciones. (Por ejemplo: se ha anunciado recientemente la instalación de una Zona Económica Especial en la región del Istmo de Tehuantepec, a pesar de que, según un estudio realizado por OXFAM, a raíz de los megaproyectos, la desigualdad en el estado ha aumentado.) Todo lo anterior, aunado al clima de hostilidad y encono que prevalece en el estado desde el 2006, se transformó en una bomba de tiempo, en un coctel explosivo que estalló este domingo rojo.


La dialéctica del odio, la guerra desinformada y la violencia

Así se construye un prejuicio: primero un periódico oaxaqueño se refiere a la CNTE como el “Cartel de la 22”; después uno de los columnistas más leídos llama a los profesores “orates” y, luego, en las redes sociales se leen comentarios como este: “Maten a todos esos perros”. No es una sorpresa que la detención de los principales dirigentes de la Sección 22 de la CNTE, Rubén Núñez y Francisco Villalobos, el pasado 11 de junio, diera pie a la discriminación sin fundamento y a expresiones de racismo en los medios locales. Para estos, detuvieron a los dirigentes por vándalos, por mafiosos, por corruptos y porque son “peligrosos”. La imagen más difundida en todos los medios fue la del profesor Núñez enfermo, despeinado, desalineado y con los ojos amarillentos.

Absolutamente toda manifestación de la CNTE es y ha sido criminalizada por los medios. Por años se ha repetido hasta el cansancio que todos los líderes del sindicato magisterial son corruptos. Y, para que no quede duda, la información siempre va aderezada de evidencias o pruebas: estados de cuenta, fichas de depósito, recortes de periódico.

Existe una percepción tergiversada de la CNTE y del propio conflicto magisterial oaxaqueño. Hay desconocimiento de la naturaleza política y el trasfondo de ambos, que intuyo no es inocente. Hay una obsesión por no querer entender la complejidad del tema.

La CNTE ha planteado como sus principales demandas las siguientes:

  • La derogación de la reforma educativa (propone en su lugar el Plan para la Transformación de la Educación en Oaxaca).
  • La cancelación de la evaluación educativa.
  • La asignación de plazas automáticas para estudiantes egresados de las normales y el pago de salarios de los meses de diciembre y enero, así como la tramitación de pagos en efectivo.

Y demandas políticas como estas, entre otras:

  • La liberación de maestros presos políticos.
  • La anulación de órdenes de aprehensión contra dirigentes.
  • Justicia en el caso Ayotzinapa.

Todas estas demandas han hecho que la Coordinadora de maestros se movilice, marche, cierre calles y exija a las autoridades una mesa de diálogo. Mucha gente desconoce todo esto. Por el contrario el trato que recibe la CNTE, de la opinión pública, es el de un grupo criminal.

Hace unos días el periódico El País cabeceó en primera plana: “la poderosa CNTE”. A lo que Héctor Aguilar Camín respondió en su Twitter: “vandálica y violenta sí, poderosa no”.

Estamos en una guerra política, cultural y mediática. En esta guerra no estamos libres de prejuicios, desinformación y contrainformación. Toda información queda simplificada y reducida, como eternamente pasa en un pleito entre buenos y malos. Una guerra con sutilezas diarias y sistemáticas que podemos entender con el esquema triangular que Johan Galtung propuso para analizar la violencia. Según el esquema, cada vértice representa un tipo de violencia, ya sea directa, estructural o cultural. Pero lo único que vemos, dice Galtung, es el pequeño pico de la violencia directa. La violencia directa es resultado de la violencia estructural y es justificada por la cultural (abuso de poder, desigualdad económica, discriminación). Así, todos los días corre y se justifica la violencia en el subsuelo, mientras nosotros solo vemos hogueras y fuego. Este domingo corrió fuego.


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La CNTE y la autocrítica

En Oaxaca existe la necesidad de hacer una revisión crítica del movimiento social y de la CNTE. Incluso al interior del propio movimiento magisterial hay sectores conscientes de la importancia de evaluar su rol como sujeto transformador, su papel como columna vertebral del movimiento social. De alguna manera se ha llegado a este punto de crisis por la falta de autocrítica: la venta de plazas, el bajo rendimiento de los docentes, el pase de lista en actividades políticas, los abusos cometidos contra alumnos, entre otros agravios. Todo esto, sin duda alguna, se deberá someter a la lupa ciudadana. Democratizar al sindicato y combatir malas prácticas traería un aire fresco a los esfuerzos de la lucha social oaxaqueña.

La Comisión de la Verdad (CVO), en su informe emanado de la investigación realizada sobre las violaciones a los derechos humanos ocurridas en 2006, recomendó a la CNTE transparentar los recursos públicos otorgados por el gobierno federal para las víctimas del 2006. La CVO encontró evidencias que hacen suponer la existencia de un fraude en la administración del Fideicomiso de Inversión y Administración para el Apoyo a Familiares de los Caídos en el Conflicto Social (F/2001442). Este fideicomiso fue administrado por un comité integrado por representantes de la Sección 22 y la dirección del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca. Ha faltado autocrítica: hechos como estos en nada ayudan a los principales objetivos de la Coordinadora.


El río revuelto

Quienes vivimos el 2006 conocemos el modus operandi de los distintos actores del conflicto: ganar tiempo, administrar la crisis, hacer que se pudran las expectativas de solución, alimentar el encono de la ciudadanía y luego intervenir «enérgicamente». Lo que viene es el desorden y el caos, el río revuelto. En Oaxaca, tenemos instalado un conflicto de grandes proporciones. El río está muy revuelto: peces muertos, heridos y lastimados en medio del fango. No hay forma de cómo salir de este momento. Toda solución implicaría una mesa de diálogo con la CNTE y es lo que ninguna autoridad, ni estatal ni federal, quiere.

Gabino Cué, el gobernador de Oaxaca, ordenó a la CNTE: retírense, repliéguense, desistan y luego vemos. Para el gobierno federal, sentarse en una mesa con la CNTE sería un signo de debilidad. Por otro lado, artistas, organizaciones, académicos, autoridades municipales, el rector de la Universidad Benito Juárez, incluso la misma CNDH, han planteado la vía del diálogo. ¿Puede el gobierno dialogar con aquellos a los que sus agoreros han estigmatizado y criminalizado hasta el hartazgo?

Los operativos de ayer domingo fueron una puesta en escena de la peor de sus justificaciones: enfrentamos a grupos armados. El río está muy revuelto, insisto; tenemos que serenarnos todos. La violencia solo alimenta los planes de los violentos, planes que por cierto ya han cumplido sus primeras metas: víctimas fatales.

El domingo fue un día triste. Eliseo Diego lo sabe:

La eternidad por fin comienza un lunes

y el día siguiente apenas tiene nombre

y el otro es el oscuro, al abolido.

Y en él se apagan todos los murmullos

y aquel rostro que amábamos se esfuma

y en vano es ya la espera, nadie viene.

Oaxaca de Juárez, 20 de Junio de 2016.


Fotos: cortesía de Montecruz Foto y Scott Campbell.

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