Pensamiento Horizontal

| Carta editorial

Horizontal se propone contribuir a un cambio en las formas y los contenidos de la reflexión intelectual en México. Pretende romper con los lugares comunes que pueblan el ejercicio de la crítica en nuestra esfera pública, con el fin de estimular la creación de nuevas discusiones y de intervenir en el rumbo de las ya existentes.

En Horizontal estamos convencidos de que, si algo ha traído el nuevo siglo, ha sido la urgencia de volver a pensar, después del fin del “fin de la historia”, cuestiones que se habían creído resueltas, entre las que destaca en primerísimo lugar el conjunto de viejas y nuevas tensiones alrededor de la igualdad. Premisa fundacional de la democracia, el ideal igualitario es, como lo vio Tocqueville, un proyecto de transformación de aliento prácticamente interminable –no bien acaba la igualdad de establecerse en un cierto espacio de convivencia, cuando ya se perfila en el paisaje social una nueva lucha, que nos interpela con la misma intensidad.

En Horizontal creemos que el horizonte de lo posible (y lo imposible) en la vida en común está mediado por la noción de igualdad como utopía reguladora de las ideas y la acción política. Pensamos que los debates informados por una ideología, entendida como postura política e intelectual, no son el producto de una mente cautiva, sino una incitación al pensamiento.

La reactivación de las inquietudes igualitarias en nuestra época, aunada a la naturaleza inagotable de las exigencias de este ideal, obligan a contar con un nuevo lenguaje para la crítica de la inequidad y la exclusión. Apuntan del mismo modo a una nueva preeminencia de los grandes debates ideológicos e intelectuales. De ahí el proyecto de recuperar la reflexión teórica –sobre todo ahí donde se den cruces significativos entre política, cultura, pensamiento– como fuente de herramientas para el análisis y la crítica. De ahí también la necesidad de proyectar puentes entre academia y mundos no académicos, entre los conceptos de la teoría y la “razón práctica” del periodismo; de pensar desde una zona intermedia en la que las categorías de la investigación académica (provenientes lo mismo de la teoría política que de la crítica literaria, del pensamiento económico que de la sociología y la antropología) alimenten el debate democrático. No se trata, por supuesto, de una mera tarea de “divulgación”, sino de que los hallazgos de la indagación en diversos campos del conocimiento le otorguen a la deliberación cotidiana una nueva profundidad. Se trata, igualmente, de crear un vocabulario y un registro verbal en los que se vuelva evidente que la atención a la actualidad y el recurso a las categorías críticas convergen naturalmente en una reflexión orientada a las demandas del presente.

En el particular presente mexicano, esto significa, entre otras cosas, reconocer los límites de las categorías acostumbradas para pensar nuestra sociedad y nuestra política –reconocer incluso que es posible sospechar que existe una correspondencia entre estos puntos ciegos de nuestros conceptos y las limitaciones reales de nuestras formas de convivencia. Significa preguntarnos, por ejemplo: ¿En qué sentido se puede hablar de México como una “democracia” si aspectos de un régimen democrático, como un aparato electoral relativamente funcional, coexisten en franca desventaja con elementos propios de un arreglo a todas luces oligárquico? ¿A qué nos referimos cuando decimos que en México hay “libertad de expresión”, cuando la libre manifestación de opiniones en ciertos ámbitos convive con una de las tasas de violencia contra periodistas más altas en el mundo? ¿De qué se tratan, en el fondo, las discusiones sobre la economía en México si la mayoría de la población vive de hecho excluida del proceso económico institucional, ya sea por el extremo radical de sus carencias o porque la casi totalidad de su existencia económica se desarrolla en espacios de “informalidad”? En este contexto, ¿qué quiere decir en nuestro país “nación”, “estado”, “derecho”, “libertad”, “república”, “instituciones”? ¿Se trata de categorías efectivas o de conceptos a estas alturas tentativos o vaciados de sentido, en busca de nuevos contenidos o resignificación?

No pocos de estos conceptos vacíos o superados por la realidad se han filtrado e instalado en el lenguaje habitual de la discusión pública y el debate intelectual en México. Por eso, Horizontal sostiene que es urgente desmontar los tópicos de ciertos discursos hegemónicos (como el reformismo y la “modernización”), así como fijar la atención en nuevos temas de reflexión, como las crisis de la representación, las metamorfosis del trabajo, el lugar de los afectos en la vida pública, la emergencia de nuevas subjetividades y modos relacionales, las transformaciones de “lo mexicano” o la pertinencia de la idea misma de “México”.

Ejercitar la imaginación crítica después del fin del fin de la historia equivale a una repolitización de la discusión y de los conceptos –“política”, “derechos”, “legitimidad”, “consenso”, “antagonismo”. La historia está de regreso, y con ella, su incitación más esencial: la crítica de la dominación bajo cualquiera de sus formas y la afirmación polifacética de la igualdad. ¿Qué formas tomarán en nuestro siglo esta crítica y esta afirmación? ¿Cómo pensar, desde México y desde la izquierda, este regreso? Horizontal aspira a imaginar colectivamente, con la colaboración de sus autores y lectores, una respuesta.

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