¡Por amor de Dios, todos terroristas!

Primero diamantes, luego sangre y cocaína: Damien Hirst, Los Antrax y la imagen en tiempos de necrocapitalismo.

| Arte

Este texto trata sobre una imagen. No cualquier imagen. Una imagen de telenovela invertida: una imagen que era rica y se volvió pobre, es decir, que perdió resolución: de .RAW 7200 dpis pasó a .PNG 72 dpis. Una imagen que bien podría contener el relato de una herencia perdida, alterada, enferma. Una imagen que radica en otras imágenes. Una imagen trayecto: Ixtapa 2005, Londres 2006, Nueva York 2007 y Culiacán 2008.


Ixtapa 2005

Durante el último año del sexenio de Vicente Fox los hermanos Beltrán Leyva aún trabajan para el Cártel de Sinaloa, administrando la seguridad en las importantes plazas de Guerrero y Sonora. Mientras tanto la amenaza narco-militar de Los Zetas se expande por el país bajo el modelo de franquicia, protegiendo al Cártel del Golfo de sus enemigos, el Cártel de Juárez y el Cártel de Sinaloa. Por su parte, Valentín Elizalde toca “A mis enemigos” en sus últimos conciertos y La Familia Michoacana se organiza silenciosamente para un día alterar el narco-mapa de la nación.

Pocos meses faltan para que se declare la guerra.

Como el título de este encuentro es Nadie es inocente[1] vamos a hacer un ejercicio de imaginación y admitamos que somos Damien Hirst y que andamos por Guerrero, en la playa Ixtapa 2005. Acaso estamos al corriente, o de plano desconocemos, lo que sucede en narco-México, pero claramente nos da igual. Come on! ¡Estamos de vacaciones! Venimos a Ixtapa a buscar aventuras entre las olas del Pacífico Sur pues Maia Morgan, nuestra exesposa, es surfista. Casi todo nos da igual porque somos ricos y poseedores de una razón cínica (“una falsa conciencia ilustrada”, como diría Peter Sloterdijk). Sin embargo, es necesario aclarar que no somos el capitalista tradicional, no. Somos un síntoma de nuestro de tiempo. Nosotros somos Damien Hirst, artista contemporáneo. Capaces no solo de diseñar enigmáticos títulos para nuestros rentables objetos artísticos, sino también virtuosos maestros de las técnicas del emprendedurismo. Somos la realización absoluta de la promesa de la sensibilidad neoliberal: el culturpresario DIY, el slogan thatcherista “There Is No Alternative” vuelto sujeto.

Somos Damien Hirst, emprendedores de lo sublime y lo monstruoso y, como tales, prestamos especial atención –sí, siempre con miras a la privatización y la exportación– a las tradiciones de los salvajes nativos. Y si pudiéramos llevarnos una sola cosa de México sería el culto a la muerte pues hace match con algunas de nuestras piezas más populares. Ya lo saben: las que versan sobre la fragilidad y lo abyecto de la existencia humana.

Confesamos que, cuando vemos los picnics que los mexicanos realizan en los cementerios, nuestro bolsillo se quiere invertir solo. Entendemos que la plusvalía es proporcional a la perversidad creativa de los productos que hacemos y es nuestro deber como negocio encontrar la manera de liberalizar y traficar con esa explotable tanatofilia mexicana.

Inspirados por la máscara azteca del British Museum que tanto nos solía encantar cuando éramos estudiantes es que pasamos las tardes dibujando cráneos sobre la mesa de alguna de nuestras casas de descanso. De pronto descubrimos que ya no es Día de Muertos en Ixtapa 2005.


Londres 2006

Ahora estamos en Londres y, desgraciadamente, seguimos siendo Damien Hirst. Regresaremos a México pronto, en unos meses, pues tendremos una exposición individual en la galería de Hilario Galguera, quien afirma públicamente que le hemos salvado la vida al exhibir en su espacio.

Somos Damien Hirst y seguramente estamos muy informados de lo que sucede ahora en Inglaterra, pero no es el momento para entrar en detalles pues poseemos una fortuna y estábamos hablando de negocios.

No sé cuánto tiempo ni trabajo nos tomó llegar a la valiosa idea de que el giro más radical que podría tomar nuestra carrera sería el de hacer arte con dinero, es decir, usar el capital como medio y condición de posibilidad de la experiencia artística. Y así garantizar que nuestro arte es bello porque es lujoso y que cumplimos, post-ideológicamente, la fórmula general del capital: Dinero-Mercancía-Dinero (incrementado).

Es innegable que estamos envejeciendo y que hemos de encontrar una nueva cabeza para nuestro rancio “cuerpo de obra”. Ixtapa 2005 y aquellas tardes de dibujos sobre la mesa y frente al mar nos entregan un sensual, brilloso proyecto de prótesis: un cráneo humano forrado de diamantes.

Informamos que no será fácil. Tomará dieciocho meses de duro trabajo finalizar la calavera de diamantes. La obra será realizada en colaboración con Bentley & Skinner, la joyería de Londres célebre por fabricar las alhajas a la familia real del Reino Unido.


Nueva York 2007

Se viene un crash en la economía y nosotros consideramos estar a salvo bajo el techo de la galería White Cube Nueva York 2007, donde abre nuestra exposición individual Beyond Belief. Mostramos conocidas obras de la década de 1990, del nuevo milenio y de 2007. Presentamos por vez primera la calavera de diamantes: está dispuesta dentro de un cubo negro y resguardada por un equipo de expertos en seguridad.

For the love of God. Está hecha de 2,156 gramos de platino forrados por 8,601 diamantes perfectos y resplandecientes, distribuidos religiosamente para decorar la escultura de un cráneo humano. El brillo obsceno de las piedras preciosas es rematado por el calcio opaco de una sonrisa maciza que cualquier adicto a las metanfetaminas envidiaría.

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Nosotros, Damien Hirst, estamos contentos de que For the love of God exista en el mundo porque hay mucha crazy shit out there y la calavera de diamantes es una de ellas. Está beyond belief, es decir, es una mercancía absoluta que sostiene su altísimo valor de cambio no por la fuerza de trabajo, ni por su valor de uso, ni por el general intellect invertido, ni por los medios de producción utilizados, ni por la materia prima, no. Su valor de cambio está sostenido, nada más y nada menos, que por el amor de Dios. Por la única manifestación neoliberal de afectividad divina, la única entidad pasional que nos promete un paraíso terrenal: el libre mercado.

Costó producirla cerca de 15 millones de libras y su precio de venta es de 50 millones de libras. Si echamos a andar la fórmula general del capital D-M-D, nos quedan 35 millones de libras de excedente.

Escuchamos rumores que dicen que nadie quiere comprar la calavera, que nadie puede pagarla, y mucho menos ahora que, dicen, se viene un crash que podría, incluso, quebrar diamantes ¿Será un pésimo momento para la venta de la obra más costosa jamás realizada por un artista vivo? ¡Naaaah! Para el mercado no hay pérdidas. ¿Y si mejor la compramos nosotros? No vamos a dejar que se deprecie nuestro nombre, ¿verdad? Y menos ahora que dicen se viene un crash que incluso podría quebrar nuestro nombre: Diamante Hirst.

A estas alturas las imágenes oficiales de For the love of God, tomadas por Prudence Cuming Associates, ya circulan en alta resolución en reconocidos medios impresos, y en una resolución más baja en la web. Como cualquier imagen que se torna viral, la calavera es apropiada, desapropiada, reformateada, empobrecida, alterada por los procesos técnicos de revalorización del valor implícitos en la circulación de imágenes en internet. Pero no olvidemos que seguimos siendo Damien Hirst y somos promotores de las políticas económicas neoliberales de la imagen, y es por eso que demandamos a un joven artista por usar nuestra calavera en sus collages.


Culiacán 2008

Ixtapa 2005 quedó atrás. Ya van dos años de guerra contra las drogas y al presidente de México Felipe Calderón se le mira contento. El narco-territorio nacional se ha fraccionado y ya va una inmensa cantidad de muertos y desaparecidos, pero no entraremos en los detalles del conflicto. De la reciente narco-redistribución de la tierra, resultado de la guerra calderonista, únicamente nos interesa un momento en particular: Los Ántrax.

El Cártel de Sinaloa es el cártel más poderoso de México, el más beneficiado por la guerra contra las drogas, el que tiene más enemigos: los Arellano-Félix en Tijuana, los Zetas –expandiéndose por Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila y Chihuahua–, y los Beltrán Leyva en Guerrero, Morelos y Sinaloa.

Se dice que por venganza, ante la supuesta entrega de la información que llevó a la captura de Alfredo Beltrán Leyva “El Mochomo”, los hermanos Beltrán Leyva matan en Sinaloa a Édgar Guzmán, hijo del Chapo Guzmán. Esta fractura lleva a los hermanos Beltrán Leyva a establecer una alianza con los Zetas para tomar y controlar las plazas del Cártel de Sinaloa.

El Mayo Zambada teme por la vida de sus hijos debido a la creciente inseguridad en Culiacán 2008, y José Rodrigo Aréchiga “El Chino Antrax” –un cholo grafitero de la colonia Las Margaritas, guardaespaldas de “El Vicentillo” Zambada Niebla– funda, con René Velázquez (“El Talibán”), Los Ántrax, un escuadrón para proteger al Mayo y su familia. Una mañana en la sierra (según el corrido) “El Chino” arriesga su vida para rescatar, con éxito, al patrón de un operativo militar. A partir de entonces su destino cambia para siempre: se vuelva la mano derecha del patrón y de sus hijos. “2008 no se olvida”, dice un corrido. “El cholo se hizo buchón”, dice otro. El Comandante 5.7 de Los Ántrax ha nacido.

El título de este simposio, Nadie es inocente, se toma de la película documental de la artista mexicana Sarah Minter, fallecida hace apenas unos días. Lo curioso es que el título de Minter es también un homenaje: ella lo toma de la canción “Nadie es inocente”, de la banda punk española Escorbuto. Cuando uno escucha en el estribillo de la canción la frase “nadie es inocente”, se percata de que es completada por otro enunciado: “todos terroristas”. Entonces, si como bien lo declara Sarah Minter, nadie es inocente, y como después agrega Escorbuto, todos terroristas, hagamos otro ejercicio de imaginación y confesemos que somos El Chino Ántrax, José Rodrigo Aréchiga Gamboa.

Somos El Chino Ántrax, un síntoma de nuestro tiempo. Nacimos aparentemente con los mismos derechos que cualquier sujeto sujetado al Estado mexicano. Sin embargo, les referimos brevemente dos determinaciones biológicas y una económico-social que luego devienen performatividades capitalistas y que nos van a marcar la existencia:

1) Género: hombre. Más tarde devendremos en machos-normados y aplicaremos la violencia (física/verbal) como medio de empoderamiento genital, disponiendo siempre de las heteromachines: máquinas trasnacionales de degradación e invisibilización de lo femenino y de todo aquel genital en desvío.

2) Raza: mestizo. Más tarde devendremos en moreno rebajado, blanqueado por el consumo, un sujeto café latte con leche de almendras; y al recibir de parte de otro mestizo el tan ansiado “gracias, güero”, experimentaremos una corriente de progreso que repuebla nuestro ánimo pigmentócrata.

3) Clase: trabajador. Más tarde devendremos en proletario gore o necroproletario, aquel que reclama su participación activa en las lógicas de oferta-demanda del hiperconsumismo mediante el intercambio de su único capital no desvalorizado: el cuerpo. Ya sea secuestrando, aniquilando otros cuerpos o acabando con el propio.

Bueno: somos el Chino Ántrax, fuimos cholos y hoy andamos al 100, pariente. Trabajando para el viejón, el M grande de Culiacán 2008. Todo en orden, todo fine, la plaza, los mayitos, la plebada, el bukanas. A diferencia de nuestros enemigos, Los Zetas, nosotros no contamos con tan distinguidísima formación militar kaibil; carecemos del amplio repertorio de prácticas contra-insurgentes. Pero, en cambio, sí contamos con innovadoras estrategias de branding y manejo de redes sociales, propias de cualquier emprendedor post-alfabeta de la web 2.0.

Hallamos fundamental para una corporación del terror la elección de un buen nombre, uno apropiado para el negocio. Revisemos velozmente algunos ejemplos actuales: La Familia, Los Pelones, Los Zetas, Los Güeros. ¿Cuál es el parentesco entre tales nombres? Claramente que todos son pésimos.

Al contrario, nosotros bautizamos a nuestra corporación con el mejor nombre: Los Ántrax, pues es de sonoridad evocativa, múltiple, ansiosa, que enferma pero estimula. Entre sus letras hay puños de testosterona alterada que lo mismo podrían evocar a una banda de grindcore o a una refaccionaria de Harley Davidson o a una planta de reciclaje de botellas de Red Bull. Pero la sonoridad que nos maravilla es cuando Los Ántrax suena a ejército de muertos-vivientes exportado y rendereado de Call of Duty. Y vivimos satisfechos con nuestra elección pues, como bien lo dijo Nicolas Cage, “el mundo se va ir al infierno por correo”, y Los Ántrax también podría ser el nombre del único servicio de paquetería que usa el diablo.

Somos el Chino Ántrax y nuestra sensibilidad post-política se configuró bajo las imágenes de los atentados del 9-11, ese globalmente televisado regreso a lo Real. Le tenemos gran respeto y admiración a Osama Bin Laden porque es el único verga que le ha dado de vergazos a los vergas de los gringos y en su territorio.

Los Ántrax es, además, un nombre distópicamente correcto porque sintetiza en un mismo producto las dos grandes paranoias estructurales de inicios del siglo XXI:

1) La paranoia aspiracional. ¿Qué tienen en común el obrero gore maniaco, el acelerado corredor de bolsa yanqui y el político mexicano tecnócrata? Que todos padecen paranoia aspiracional, resultado de aspirar kilométricas rayas de cocaína para mantenerse muy alerta, al 100, aspirando la competencia y el libre intercambio, desregulando su cuerpo y sus sentidos, anestesiando las bofetadas de la mano invisible del mercado.

2) La paranoia conspiracional. ¿Qué tienen en común el yanqui clasemediero, el agente protestante de la CIA y el border patrol mexican-american republicano? Que todos padecen paranoia conspiracional, resultado de conspirar aceleradamente en contra de cualquier polvo blanco que acaso transporte ántrax, y así mantener libre la libertad liberalizada de Estados Unidos y el Nuevo Orden Mundial.

Sin embargo, vayamos ahora más allá de nuestro nombre y sus ya expuestas conjeturas terroristas. Hablemos del logo de nuestra corporación. Que es la imagen por la que escribimos este texto. Esta imagen es la punta de lanza de nuestra vanguardia narco-terrorista que vamos preparando por Culiacán 2008.

No sé cómo es que llegamos a esta imagen de muerte y diamantes, pero ciertamente la descargamos de internet, aunque no descartamos que hallamos visitado por casualidad Beyond Belief, White Cube Nueva York 2007 durante un viaje de negocios y que ahora nos la topamos de nuevo en Google Images en Culiacán 2008. Tampoco desechamos la jugosa posibilidad de quizás algo de nuestro enorme narco-capital haya llegado hasta el fondo de inversión que compró la calavera.

Lo que sí es comprobable –mediante la página de Los Ántrax en Wikipedia– es que adoptamos la calavera adiamantada de Damien Hirst como logo para la corporación. Un ligero acto de expropiación distópica. Poco o nada deseamos saber del cocainómano artista contemporáneo que diseñó nuestra calavera de diamantes. Y si estuviera aquí, en Culiacán 2008, con la plebada entre el perico, el bukanas y la banda, le daríamos de vergazos a la verga para que no se pase de verga el verga.

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Nuestro logo no es imagen-fundamentalista (que se resiste a ser copiada), no es imagen-neoliberal (que se entrega a la reproducción y circulación siempre y cuando existan regalías), no es imagen-anarquista (que en su circulación subvierte cualquier tipo de autoridad). No.

Nos preguntamos: ¿el logo de Los Ántrax significa acaso una cuarta forma-valor de la imagen en su circulación por internet? ¿Es esto una imagen-alterada?


La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo (en el primer mundo)

En esta segunda parte del texto ya no somos el Chino Ántrax, ni mucho menos Damien Hirst. Ahora somos la máscara de Tezcatlipoca, la famosa calavera turquesa “levantada” por los conquistadores. Actualmente andamos low-key en una casa de seguridad llamada British Museum, esperando el rescate.

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Nos han advertido que Damien Hirst ha hecho una interpretación neoliberal de nosotras la máscara de Tezcatlipoca. Ante tal realidad lanzamos la pregunta: ¿por qué Damien Hirst halla tan fascinante el “culto a la muerte” en México? Nosotras encontramos la respuesta haciendo una estricta aclaración al título de una de sus obras tempranas más famosas: la obra de 1991 The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living. Si agregamos “in the First World” al final del título de la obra todo cobra sentido:

The Physical Impossibilty of Death in the Mind of Someone Living in the First World.

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El título The Physical Impossibilty of Death in the Mind of Someone Living ha sido elogiado como una supuesta reflexión filosófica. Pero tal sentencia es una farsa al presentarse como universal. Tan petulante afirmación primermundista sobre la imposibilidad física de Hirst de pensar la muerte mientras está vivo encuentra su absoluta negación en México, donde ciertas clases desfavorecidas de sujetos sujetados al Mercado-nación deben matar o hacerse matar para vivir y ser partícipes de la oferta y la demanda. Para estos muertos-vivientes, que Sayak Valencia define como proletarios gore, no existe tal imposibilidad física de pensar la muerte. Por el contrario: la muerte se presenta como la única posibilidad física en su mente.

Nosotras la máscara de Tezcatlipoca suponemos que la fascinación de Hirst por el “culto a la muerte” en México viene precisamente de esa premisa de la muerte en la mente de alguien vivo, que en Londres 1991 se presenta como la única imposibilidad física y que en Culiacán 2008 se presenta como la única posibilidad física. Hirst posiblemente concluya que la refutación y desrealización de la gran contradicción necropolítica que pone en peligro su cuerpo de obra consiste en hacer una versión actual, enchulada e híper-lujosa de nosotras la máscara de Tezcatlipoca.

Sin embargo, después del logo de Los Ántrax es absurdo afirmar que For the love of God se trata de una supuesta “victoria sobre la decadencia”, como afirma el crítico de arte Rudi Fuchs. No, pues la obra encuentra su límite y contravalor en Culiacán 2008.

Antes de que se adelanten a advertirnos que la razón cínica de Hirst todo lo absorbe y todo lo puede –ya que el plusvalor que ha acumulado lo sitúa más allá de toda crítica ideológica– y que por lo tanto la desviación de Los Ántrax no afecta en lo más mínimo a la pieza sino, al contrario, le agrega morbo y, por ende, valor simbólico que deviene monetario, decimos que quizás tengan razón pero de algo estamos seguras: la re-apropiación inversa no tendrá lugar. Pues si miramos bien de cerca la imagen de la calavera de Los Ántrax nos damos cuenta de que está infectada, enferma, alterada. El virus ántrax ya hizo efecto y es demasiado real para un espacio simbolizado y ordenado por el amor de Dios.

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Si Hirst deseara responder con una obra a la apropiación de For the love of God hecha en Culiacán 2008 y firmada por Los Ántrax se enfrentaría con otra imposibilidad en Londres 2018: The Physical Impossibilty of Crime in the Mind of Someone Working (aclaramos también) in The First World.

Somos la máscara de Tezcatlipoca y sabemos que Damien Hirst es un artista neoliberal y, como tal, jamás podría identificarse con un criminal real (sobrerrepresentado hasta el cansancio en el imaginario político contemporáneo en figuras como el narcotraficante o el terrorista). Identificarse con un criminal real pondría en riesgo la fantasía que da respaldo a toda su autonomía artística: el libre comercio.

Porque como bien lo señala Jodi Dean: 

El criminal es la figura imaginaria que encubre y sostiene (el) exceso de pérdida. Su monstruosidad enmascara el horror de la pérdida, nuestra inhabilidad para responder por las contingencias inevitables. El criminal neoliberal, por lo tanto, está fuera del dominio del riesgo calculable: no podremos nunca estar asegurados contra la pérdida que él inflige sobre nosotros. La lógica es de cero tolerancia. Ningún riesgo es aceptable; cualquier riesgo es monstruoso, insoportable…

El Chino Ántrax –preso desde 2014 en una cárcel de máxima seguridad en San Diego, California– es una muestra de lo que explica Dean: la ansiedad del gobierno de Estados Unidos proyectada hacia los narcotraficantes. La tarea del Estado es remover toda amenaza a la fantasía neoliberal del libre comercio; en este caso, mediante la sustracción segura y el aislamiento esterilizado de los cuerpos de aquellos proletarios gore que decidieron romper brutalmente su condición de sujetos sujetados al Estado (mexicano y norteamericano).

Somos la máscara de Tecaztlipoca y concluimos que, usando tecnologías de producción/circulación propias del capitalismo, la imagen-alterada del logo de Los Ántrax representa, además de un ejemplo de expropiación distópica, un límite a la forma-valor de la imagen neoliberal. Intentamos aquí desdecir la frecuente afirmación de que “no hay límites para el capital”. Consideramos que es importante identificar las figuras que el capitalismo no puede simbolizar del todo y que al excederlo revelan sus contradicciones. Ya sea porque rechazan absolutamente (terrorista fundamentalista) o afirman alteradamente (proletario gore) las exigencias del libre mercado.

Si bien Los Ántrax consiguieron apropiarse de la imagen, Hirst nunca podrá tener esa imagen de vuelta porque, como se dice en México, ya la chupó el diablo.


Nota

[1] Este texto fue leído originalmente en el SITAC XIII, el 16 de abril pasado.

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