Por eso propongo: educación, cultura y salud

No existe un correcto empleo de los recursos públicos. Debemos regresar a la inversión eficiente en los tres pilares fundamentales de la sociedad: educación, cultura y salud.

| Nacional

El colectivo #YaMeCansé, Por Eso Propongo reunió a lo largo de siete meses propuestas de miles de mexicanos, y a partir de ellas elaboró un documento que sintetiza y expone las diez inquietudes e ideas principales. Este ensayo –el primero de una serie de cinco– se ocupa de una de esas exigencias: fortalecer la calidad y cobertura de los servicios de educación, cultura y salud.


Entre octubre del año pasado y abril del presente, un grupo de ciudadanas conmovidas por el trágico espectáculo de Ayotzinapa y la desaparición forzada de los 43 normalistas se dio a la labor de reunir en postales un amplio conjunto de propuestas surgidas del hartazgo con la incompetencia y complicidad de las autoridades. Las propuestas recogen los rostros, expresiones artísticas e imágenes de más de ocho mil mexicanas en todo el país y el extranjero y sus aportaciones para construir juntas una salida del hartazgo. Si aún no se ha dado una vuelta por el espacio virtual que recoge las postales, le recomiendo hacerlo: es verdaderamente conmovedor.

De esa miríada de propuestas surgió un decálogo, una lista de diez batallas para recuperar el rumbo, en la cual destaca la exigencia de mejores políticas públicas, especialmente alrededor de la salud, la educación y la cultura –una de cada cinco propuestas subraya su importancia.

Postal Armas de construcción masiva 1 Esta convergencia es significativa: a pesar de la inseguridad y la violencia, a pesar de la corrupción y el descontento generalizado con la política (y los políticos, especialmente el presidente y nuestros representantes), a pesar de la abstracción e inaccesibilidad de proponer mejores políticas, el gran número de propuestas en este sentido deja clara la importancia de la gestión pública para salir del atolladero, desde la perspectiva de la ciudadanía.

Una mirada a vuelo de pájaro a la triste realidad de la que surgen estas propuestas permite apreciar rápidamente por qué. A pesar de los esfuerzos (y los grandilocuentes discursos) para reformar los sistemas educativo y de salud en los últimos años, estamos lejos o muy lejos de las transformaciones necesarias. De acuerdo con la última estimación del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL), en 2012 22.5 millones de personas vivían con rezago educativo, y 25.3 millones padecían carencia por la falta de acceso a los servicios de salud. A nivel estatal estas carencias (que son un componente central de la pobreza y pobreza extrema) se agudizan. En los tres estados más pobres (Chiapas, Guerrero y Oaxaca) el rezago educativo es de 33, 27 y 28 por ciento, respectivamente (vs. el promedio nacional de 19%). El porcentaje de personas con carencia por acceso a servicios de salud es 25 en Chiapas y Guerrero, y 21 en Oaxaca, que está en el promedio nacional (21%).

Y estos datos presentan solo la mitad de la historia. Aun donde hay servicios, estos tienden a ser deficientes.

En materia de salud, un estudio más reciente del mismo CONEVAL evidencia que, además de que 25 millones de mexicanos no tienen acceso a los servicios de salud, muchos de los que en teoría tienenacceso, por estar afiliados alPostal Armas de Construcción Masiva 2 seguro popular, lo tienen solo en papel. Dado que la infraestructura y personal médico no han aumentado al mismo tiempo que la afiliación, amplios grupos de población siguen estando a más de dos horas de distancia de una clínica (el promedio es de 60 minutos). De los afiliados al seguro popular una cuarta parte ha tenido que encontrar otra solución para atender sus necesidades médicas: 12% se han atendido en servicios privados, y otro 13% se ha atendido en consultorios de farmacias privadas (las del Dr. Simi, por ejemplo, con mayor cobertura a nivel nacional que las clínicas de la secretaría de Salud, especialmente en zonas marginadas). 4.5% más de plano se automedica. El “seguro” popular es menos seguro de lo que se supone.

En materia de educación también enfrentamos problemas en todos los segmentos educativos. La educación preescolar, de fundamental importancia para el desarrollo de capacidades cognitivas, es prácticamente para ricos en áreas urbanas. Un estudio reciente de Mexicanos Primero encontró que solo el 15% de l@s niñ@s entre 0 y 3 años de edad fueron atendidos por el Programa Nacional de Educación Inicial en 2013, y de estos la mayoría vive en el Distrito Federal y Estado de México. La educación primaria tiene niveles aceptables de cobertura, pero la deserción sigue siendo un problema, de acuerdo con la UNESCO, y la calidad de la educación que reciben los estudiantes de primaria y secundaria en México es muy mala: estamos en el penúltimo y último lugar de todos los países de la OCDE en las evaluaciones estandarizadas. El Programa Interdisciplinario de Política y Prácticas Educativas del CIDEseñala que apenas el 0.6% de los estudiantes está en los niveles más altos. Estas deficiencias tienen costos importantes para l@s jóvenes, y para la sociedad, en el mediano y largo plazo. En educación superior, este rezago es enorme. Solo tres de cada diez jóvenes en edad universitaria cursa estudios de educación superior, y solo uno de cada diez la termina (una tercera parte de quienes empiezan).

De la cultura sabemos poco, en parte porque las autoridades ni siquiera han definido con claridad qué buscan cuando promueven la cultura. El presupuesto para cultura es ínfimo (alrededor del 0.36% del presupuesto de egresos total en 2014), mientras que la investigación y promoción científica tienen un poco menos (alrededor del 0.28%, con base en la Cuenta Pública de 2014).

En este magro entorno l@s mexican@s proponen mejores servicios de salud, educación y cultura. Y para hacer realmente eco de esas propuestas, y darles proyección, es indispensable distinguir la teoría de la realidad en la conducción de la política pública en México. En teoría, el gobierno federal reconoce estas prioridades y las ha incorporado en el Plan Nacional de Desarrollo. En realidad, cuando anunció ajustes al presupuesto este añorecortó 11 mil millones en salud y educación y recortó casi el 25% del monto destinado al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Y eso sin contar que no se han atendido las recomendaciones de la Auditoría para prevenir malversación en salud y educación.

¿Qué se necesita para atender estas propuestas? Tres cosas: 1) Que las autoridades no se roben ni malgasten los recursos. 2) Cambios a los objetivos y estrategias de la política actual. No solo por cuanto toca a la evaluación de los maestros, y la mejora en la atención en las clínicas y escuelas marginadas, sino atendiendo prioritariamente las brechas de desigualdad existentes. Y 3) movilizar recursos que hasta ahora se han destinado a otras cosas. No se puede seguir por el mismo camino, ni con el mismo nivel de gasto, porque así será imposible construir la infraestructura necesaria para atender a quienes lo requieren en el mediano y largo plazo, y potenciar las oportunidades de una población sana, educada y con propósito. Si no hay más escuelas, mas universidades, más clínicas y mejores hospitales, seguiremos condenando a la marginación a más de una cuarta parte de la población. Especialmente ahí donde no hay oportunidades.

Si uno lee con cuidado, con detenimiento y con tiempo esas mil y tantas propuestas que abogan por priorizar, cuidar y mejorar la calidad de la salud y la educación, por generar espacios para el esparcimiento y la cultura y procurar nuevas formas de convivencia, se asoma una verdad incómoda: la ciudadanía entiende que nuestro llano sigue en llamas. Aprecia con claridad que la nuestra es una sociedad con pocos referentes éticos y escasas vías de movilidad social, en la que las oportunidades más próximas cruzan por la violencia y la deshumanización de nuestra juventud. Entiende que estamos no al borde, sino a medio camino de caída en un precipicio cuyo fondo se va alejando. Que la falta de oportunidades y la escasez de alternativas van haciendo fértil el terreno en el que aflora la violencia asesina, una capacidad inhumana para ultrajar y una competencia feroz en un terreno en el que todo –todo– se vale.

Y por eso la apuesta por mejorar la calidad de los servicios y políticas públicas es una apuesta a futuro. En las propuestas se combinan las referencias a otro México, y a un futuro indeterminado que pertenece a l@s niñ@s, a “nuestros jóvenes”. En las propuestas se hace visible una base, una estructura, un conjunto de condiciones sobre las que es posible convivir de otra manera, sobre las que es posible vivir, no sobrevivir; construir, no solo destruir.

“La educación es un arma de construcción masiva”, apunta una postal, con la foto de una chica (¿chico?) que no debe tener más de quince años. Como tantas otras, esta postal evoca una buena parte de las propuestas aquí reunidas. Un arma de construcción masiva.

Esa construcción nos toca a todas, empezando por la exigencia de mejores políticas públicas. Esa construcción nos toca a todas, pero al gobierno compete empezar por ajustar sus prioridades, establecer los controles para evitar la malversación y hacer los ajustes necesarios para movilizar los recursos, la infraestructura y los espacios de convivencia que nos permitan cambiar el rumbo.

Contamos con los recursos y los medios. Ya es hora de orientarlos con celeridad y transparencia a construir capacidades. Eso, y no discursos, es lo que la sociedad propone. Eso, y nada menos, es lo que necesitamos para dejarle un país distinto a “nuestros jóvenes”.

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