¿Qué izquierda? 3. Ximena Peredo

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1. ¿Por qué es funcional todavía la dicotomía izquierda-derecha? ¿Cuáles son los principios que distinguen hoy a la izquierda de la derecha?

Funciona todavía para pensar una lucha de poderes agotada. Las relaciones dicotómicas, todas, están perdiendo su vigencia. No es que los polos dejen de existir, pero ya no representan al todo. La izquierda y la derecha son representaciones de una camada de ideas que, aunque siguen siendo referencia ineludible, ya no describen la realidad política. Los principios que distinguen a una y otra no están ciertos. Si pensamos en la izquierda y la derecha institucionalizadas en México, las fronteras ideológicas prácticamente han desaparecido.

2. ¿Se trata de construir una izquierda “moderna” o de volver a la agenda y los principios históricos de la izquierda? ¿Existe en realidad una diferencia?

Me inclinaría por desechar el concepto en cualquiera de sus variables. Son categorías que funcionaron para ordenar una lucha que hoy está “fuera de lugar”. Pensando en las condiciones del país, me parece una frivolidad comprometerse con categorías que limitan el campo crítico. Esta crisis multifacética es, en lo profundo, una crisis del pensamiento.

3. ¿Cuáles son hoy las batallas fundamentales de la izquierda en México? ¿Quiénes son sus principales adversarios?

La izquierda como ideología está librando una batalla contra su propia opinión. El descrédito de sus líderes la ha sumido en un silencio elocuente. La izquierda institucional, su jerarquía eclesial, está negociando su sobrevivencia con el PAN, con el PRI o con cualquier grupo de poder fáctico interesado en hacerse de una representación política.

4. ¿Cuál(es) debería(n) ser la(s) postura(s) de izquierda ante el régimen y su crisis actual?

Mi izquierda ideal apostaría por construirse como autoridad política, no como poder. De cara al desastre humanitario, hoy tendría que sumarse al boicot contra las próximas elecciones.

5. ¿Cuál es el estado actual de la izquierda partidista en México?

En este momento los interesados están practicándole una autopsia a su cadáver. Por lo que describen, sus venas y sus órganos vitales están podridos.

6. ¿Cuáles tendrían que ser las políticas públicas primordiales de un gobierno de izquierda en México?

Tendrían que girar en torno al objetivo de la igualdad social. Siendo así, tendrían que pretender las siguientes metas: erradicar las relaciones opresivas capitalistas, patriarcales y coloniales.

7. Más allá del sistema de partidos, ¿cuál es el papel de los movimientos sociales en la construcción de una alternativa de izquierda en México?

Los movimientos sociales están planteando una agenda que la izquierda desconoce. Menciono solo unos cuantos ejemplos: la izquierda mexicana nunca mostró interés por medir ni evaluar los riesgos de la modernidad en materia ambiental y urbana. Su papel frente a las desapariciones y ejecuciones, frente a la guerra civil, frente a la política de drogas, ha sido menos que pusilánime. Por último, ha sido incapaz de democratizar sus procesos internos de toma de decisiones. Conclusión: para plantearse como puente entre los movimientos sociales y la política institucional, primero tendría que derrotarse a sí misma.

8. ¿Cuál es el estado actual de los medios de izquierda en México?

Medios identificables ideológicamente con la izquierda quedan muy pocos y están condenados a desaparecer. A pesar de ejercer un periodismo crítico indispensable, da la impresión de que sus públicos no crecen. Su linaje ideológico les estorba para comunicarse con las nuevas generaciones.

9. ¿Es posible, y de qué manera, reivindicar las recientes experiencias de gobierno de la izquierda en América Latina (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Argentina)?

Cada gobierno fue/es completamente diferente. Si no fuera porque todos se autodenominan de izquierda, y porque entre ellos existe una “coalición discursiva”, no los agruparía.

10. ¿Qué otras tradiciones de izquierda deberían atenderse hoy?

Pienso en tres tradiciones que la izquierda inexorablemente ha alimentado, aunque casi nunca de forma institucional: las economías que no persiguen el crecimiento sino la estabilidad social, desde la tradicional-local y la solidaria hasta las antisistémicas, como el uso de monedas alternativas o el trueque; el pensamiento crítico, que se ejerce al cuestionar nuestra propia forma de pensar, duda de las verdades dadas y desafía todo destino inexorable; y por último, la desobediencia civil como legítima defensa contra la sumisión cognitiva, política y económica. Hacernos de espacios autónomos desde donde vivir y pensar se vuelve indispensable para plantear la futura organización política.

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