¿Qué izquierda? 6. Carlos Brito

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1. ¿Por qué es funcional todavía la dicotomía izquierda-derecha? ¿Cuáles son los principios que distinguen hoy a la izquierda de la derecha?

Como casi todo (si no es que todo) concepto sobre lo social (si no es que sobre lo universal), la dicotomía izquierda-derecha sirve cuando nos respondemos cuándo, dónde, para qué, para quién. En México, en la primera parte del siglo XXI nos sirve a muchxs para ilustrar disputas sobre el acceso al poder y el poder mismo, sobre la narrativa de conflictos históricos, sobre las formas y sustancias con que se interpretan los hechos sociales, sobre la administración de la escasez y de la abundancia, sobre el individuo y lo colectivo, sobre las identidades y sus consecuencias. Estas disputas, en su estructura más básica, constituyen una tensión de polos en un gradiente. De ahí que no podamos hablar de una izquierda o una derecha, sino de posturas de izquierdas o derechas. Por cierto, gradiente que no es el único para describir la visión política del sujetx.

2. ¿Se trata de construir una izquierda “moderna” o de volver a la agenda y los principios históricos de la izquierda? ¿Existe en realidad una diferencia?

Depende de qué quiera decir uno por “moderna”. Si es lo que la dirigencia del PRD ha hecho de ese concepto, no. Jamás. Si es una aspiración a reproducir el proyecto de la modernidad impulsado y renovado tantas veces desde el siglo XIX, tampoco. En todo caso, se trata de aprender de esos procesos de manera crítica y construir sobre estos, no una vez y para siempre sino en constante renovación frente a la evolución de las realidades materiales y culturales, poniendo de frente “los principios históricos”. Si eso último es “izquierda moderna”, entonces sí, y además son lo mismo.

3. ¿Cuáles son hoy las batallas fundamentales de la izquierda en México? ¿Quiénes son sus principales adversarios?

A pesar de tener frente a sí los dolores y el hambre de millones, la injusticia, la violencia y la exclusión como sistema, la ausencia de garantías para el ejercicio de derechos… la principal batalla de la izquierda en México es consigo misma. La izquierda en su conjunto ha sido incapaz de presentar un proyecto claro como alternativa, uno que cale en la imaginación y sea punto de contraste y referencia frente a otros proyectos, frente a lo que se tiene. La izquierda partidista se encuentra sometida a la trampa del caudillo o la burocracia. Por un lado, sufre de una patológica búsqueda de la “autoridad” como principio de acción, del “hombre (hombre, sí) o grupo de hombres fuertes” que vendrán a rescatar con su intelecto, su legitimidad y su valentía lo que haya que rescatarse. La “alternativa” ha sido la captura de las estructuras y su consecuente fetichización, que se entienden como principio y fin; todo sucede bajo, por y para la burocracia: lo demás es tachado de barbarie. Ambas destacan por dar como terminada la discusión ideológica como centro discursivo, en el mejor de los casos, y, en el peor, como algo inútil: algo para dejarle a la izquierda apartidista.

4. ¿Cuál(es) debería(n) ser la(s) postura(s) de izquierda ante el régimen y su crisis actual?

Muchas, pero marcadas por un combate directo al restablecimiento de un Estado autoritario centralizado en la figura presidencial. Prácticamente todas las reformas (sobre atribuciones ya tenidas o mediante cambios legislativos) promovidas este sexenio han abonado a esto. Incluso cuando parecía que la creación de órganos autónomos constitucionales iba en sentido opuesto, su captura de origen ha permitido que la presidencia tome decisiones sin cargar con el costo político de poder echarlas atrás. Argumentando “eficiencia, utilidad y pragmatismo contra las fallas del federalismo”, el proyecto de Estado autoritario ha centralizado la policía, el gasto, la deuda, las elecciones, la comunicación, la educación, etc. Lo que no se ha centralizado se ha dejado a arbitrio de poderes fácticos… aliados al centro. La izquierda, como oposición, debe plantear no la centralización o descentralización como eje de discusión, sino la creación de fuertes controles democráticos al ámbito institucional que impidan los usos ilegítimos de uno u otro gobierno en turno.

5. ¿Cuál es el estado actual de la izquierda partidista en México?

No representan más que a su cúpula. Incluso cuando han retomado agendas de la sociedad civil ha sido porque las cúpulas lo dictan. Todos los partidos con registro han asimilado una estructura de ascenso a la cúpula basada en la dominación, la ausencia de crítica, las relaciones clientelares. “El caminito” es un manual de comportamiento y subordinación que promete ganancias eventuales. La izquierda partidista, además, asume un rol de mártir en el privilegio, desde quienes “sí se atreven a pagar los costos” hasta quienes “sí están construyendo y no solo gritando en las calles”. A esta izquierda la izquierda apartidista le parece parasitaria; los movimientos sociales independientes, un mal necesario (en el mejor de los casos). Las juventudes partidistas en la izquierda están condenadas a un trato de edecanes/maniquíes, a representar una cartera más que repartir y/o a funcionar como cajas de resonancia de la cúpula para confirmarse entre sí la “vigencia” de su propio discurso.

6. ¿Cuáles tendrían que ser las políticas públicas primordiales de un gobierno de izquierda en México?

Los cómos son más importante que los qués. Lo nuclear es pensar en un proceso de definición de políticas públicas diseñado para construir un andamiaje que genere garantías institucionales, de exigibilidad y justiciabilidad de los derechos humanos. Las personas necesitan tener cultivadas las capacidades para conocer, entender y asimilar una cultura de derechos. Hay agendas muy concretas que incluso carecen de marcos normativos a nivel de ley, como el derecho a la alimentación o el derecho de réplica. El sistema judicial y las fuerzas armadas están plagados de arbitrariedad, corrupción, impunidad y capturados por poderes fácticos que impiden cambios sustanciales. El aparato científico y tecnológico mexicano está sujeto a concesiones del poder, cumpliendo casi un rol estético para el Estado, y desarticulado de la industria nacional y de la sociedad civil. El arte y la cultura, corporativizados y fuertemente ligados a las determinaciones del lucro. El campo, cada vez más capturado por los modelos agroindustriales depredadores. Los trabajos de las grandes masas, precarizados. La seguridad social, desmantelada… La propuesta de la izquierda no debe ser un “Estado que da” para solucionar sino un “Estado que garantiza”.

7. Más allá del sistema de partidos, ¿cuál es el papel de los movimientos sociales en la construcción de una alternativa de izquierda en México?

Toda gran transformación en un pueblo se debe a los movimientos sociales que le preceden. Aunque las movilizaciones visibles sufran reflujos y mutaciones, los movimientos sociales inician pero no terminan. Una sociedad politizada es el combustible de la democracia. Es ahí donde la fuerza de las ideas progresistas tiene su principal campo de acción. Las movilizaciones sociales que han denunciado también a la izquierda partidista como parte del problema sistémico han sido perseguidas y reprimidas. Ser oposición en este país y no estar incorporadx a una estructura partidista o clientelar significa no sólo negarse privilegios; el costo se cuenta también en presxs, muertxs y desaparecidxs.

8. ¿Cuál es el estado actual de los medios de izquierda en México?

Preocupan sobre todo tres aspectos: la falta de rigor periodístico, la sobrerrepresentación de unas agendas sobre otras y la incapacidad (o falta de ganas) para liberarse de las ataduras editoriales que suponen los esquemas actuales de publicidad oficial y comercial. Los medios, sean de izquierdas o derechas (o lo que sea), necesitan existir por y para sus lectorxs. Este es un problema cada vez más complejo, sobre todo con la nueva economía mediática: ¿por qué pagar por información que puedo encontrar gratis en otro lado?

9. ¿Es posible, y de qué manera, reivindicar las recientes experiencias de gobierno de la izquierda en América Latina (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Argentina)?

No se trata de reivindicar por reivindicar; se trata de pensar los proyectos políticos nacionales como parte de conflictos internacionales: de construir comunidad. Las élites locales se nutren de estas relaciones, y las resistencias también deben ubicar la disputa en ese plano. Las izquierdas en el poder en América Latina no son iguales. Y de todas ellas se debe aprender desde una aproximación crítica y a la vez solidaria; es un problema pensar estos dos términos, crítica y solidaridad, como factores mutuamente excluyentes. La peor salida es no tomar parte de estas discusiones y remplazar el rol activo por la pasividad cómplice.

10. ¿Qué otras tradiciones de izquierda deberían atenderse hoy?

No se puede pensar en un proyecto de izquierda viable en México que no se plantee como prioridad la construcción de un Estado de inclusión y que no reconozca en los hechos que los planteamientos de socialismos, comunismos, anarquismos, autonomismos, feminismos, indigenismos y otras corrientes de izquierda son necesarios por la fuerza de sus ideas –corrientes que, más que “ser integradas” desde el centro, deben ser claves en el proceso de transformación nacional. Pensar que las fórmulas se encuentran ya hechas, que hay “sobrediagnósticos pero lo que faltan son acciones”, con frecuencia no es más que arrogancia pura. La izquierda partidista mexicana está enferma de pulsiones autoritarias; por eso ha dejado de ser alternativa. Tener una izquierda en el poder que impone su agenda (y sus negociaciones) abandonando la deliberación pública de las ideas, o no tenerla en el poder, da exactamente lo mismo.

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