Diez coordenadas para repensar el populismo

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Lo mismo en América Latina que en Estados Unidos y Europa, el populismo se ha encontrado en el centro de la vida política de los años recientes. Esta lista, que ofrece diez coordenadas para entender los contornos teóricos y políticos del populismo en la actualidad, es el tercero y último texto de una serie que se propone presentar nuevos elementos críticos para repensar este fenómeno político.

1. Definición. El politólogo holandés Cas Mudde ofrece la siguiente definición del populismo, que puede tomarse como representativa: “El populismo es una ideología de núcleo poroso, que considera que la sociedad está dividida en dos grupos homogéneos y antagónicos –‘el pueblo puro’ frente a ‘la élite corrupta’–, y que sostiene que la política debería ser una expresión de la volonté générale (voluntad general) del pueblo.”

2. La connotación negativa. En un tono similar, el politólogo e historiador intelectual alemán Jan-Werner Müller define el populismo como una forma de “imaginario político” basado en la oposición entre un ficticio pueblo unitario y una pequeña minoría externa a ese pueblo. De esta caracterización, Müller deriva una evaluación negativa: el problema con el populismo es que, al reducir la dinámica social al conflicto entre un pueblo homogéneo y un intruso ilegítimo, supone una negación de la compleja diversidad de las sociedades contemporáneas. Lo opuesto del populismo no sería el elitismo sino el pluralismo.

3. La recuperación del concepto. En contraste con estas definiciones, de las cuales se deriva una connotación negativa del término, en obras como La razón populista (2005) el teórico político argentino Ernesto Laclau reconceptualiza el populismo como un proceso de creación de identidades políticas. Para Laclau, las características tradicionalmente criticadas del populismo –la vaguedad, la simplificación, la imprecisión– pueden de hecho ser factores positivos, cualidades a rescatar deliberadamente en la estrategia de un movimiento político como respuesta a una realidad social que muchas veces es ella misma vaga e indeterminada. El enfoque de Laclau puede considerarse “postmarxista” en la medida en que propone para el socialismo un abandono del paradigma tradicional de “lucha de clases” en favor de la formación de una coalición variopinta de grupos descontentos unidos en contra de un “enemigo” común.

4. El populismo como lucha por la hegemonía. En buena medida, las ideas de Laclau sobre el populismo son una reinterpretación de ciertos aspectos del pensamiento del teórico y político marxista italiano Antonio Gramsci (1891-1937), en particular sus ideas sobre la hegemonía, es decir, el poder del grupo dominante para hacer coincidir sus intereses particulares con el interés general. La hegemonía implica la creación de un consenso que dé legitimidad a un cierto arreglo social. Así, en Hegemonía y estrategia socialista (1985) –escrito en co-autoría con Chantal Mouffe–, Laclau y Mouffe presentan una idea de la política como “disputa por el sentido”. La “estrategia socialista” sería entonces el cuestionamiento de la hegemonía existente, que favorece los intereses de una minoría privilegiada, con el fin de conformar un “bloque histórico” que transforme las circunstancias de dominación y reorganice la comunidad política.

5. La relación entre populismo y democracia. Para Chantal Mouffe, el populismo es una dimensión de la democracia. De acuerdo con la teórica política belga, en las décadas recientes, como reflejo del neoliberalismo, ha prevalecido una interpretación de la democracia que favorece uno de sus dos componentes –el liberal– por encima del otro: el de la igualdad y la soberanía popular. A través del establecimiento de fronteras entre “la élite” y “el pueblo”, el populismo enfatiza la dimensión igualitaria y popular de la democracia y construye una identidad y una voluntad colectiva para la lucha por la hegemonía.

6. El populismo en América Latina. El pensamiento de Mouffe y Laclau se ha presentado como una referencia para entender algunas de las recientes experiencias de formación de gobiernos y reformas estatales en América Latina, como las lideradas por Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia o Rafael Correa en Ecuador. Estos nuevos líderes se han presentado exitosamente como una alternativa a los actores tradicionales y han legitimado sus transformaciones del sistema político a partir de la formación de una coalición de sectores sociales diversos. Los regímenes que estos líderes representan han ofrecido encarnar la promesa del populismo de devolver a los ciudadanos el poder secuestrado por las élites mediante la politización de temas considerados como “técnicos” por el neoliberalismo, como la política económica.

7. El populismo latinoamericano en la historia. La primera época de experiencias latinoamericanas con el populismo se remonta a los años treinta y cuarenta del siglo XX, cuando diversos regímenes de corte populista se formaron en la región, como los gobiernos de Getúlio Vargas en Brasil, Juan Domingo Perón en Argentina o Lázaro Cárdenas en México. Estos gobiernos se caracterizaron por la incorporación política y económica de las clases populares a través de la extensión del voto y la redistribución del ingreso, medidas que no estuvieron acompañadas por una preocupación paralela por los derechos civiles. Para Héctor Schamis, el populismo histórico latinoamericano fue en este sentido  “democratizador, a pesar de no ser necesariamente democrático”.

8. El caso de Podemos. Otro ejemplo de la puesta en práctica de una lógica populista del discurso, y una abiertamente inspirada en las ideas de Laclau y Mouffe, es la experiencia de Podemos, el nuevo partido político español surgido en el contexto de la crisis económica del 2008 y las manifestaciones ciudadanas del 15-M. La estrategia política de Podemos ha apostado por la creación de una coalición social diversa a partir de un discurso de crítica a las élites españolas del “régimen del 78”, caracterizadas genéricamente como “la casta”. Adicionalmente, la influencia de las ideas de Gramsci sobre la hegemonía se puede apreciar en la importancia que Podemos ha otorgado a la batalla por la opinión pública y la presencia en los medios de comunicación, como atestiguan programas como La Tuerka y Fort Apache, presentados por Pablo Iglesias, secretario general del partido.

9. Los riesgos del liderazgo populista. Se ha identificado como un riesgo del populismo el hecho de que su promesa de democratización, al estar usualmente mediada por la figura de un líder que se presenta como el representante de los intereses populares, puede terminar por volverse una forma de gobierno autoritario que convierte a los opositores en “enemigos del pueblo” y reduce las libertades civiles. El historiador mexicano Enrique Krauze ha señalado al líder como el agente primordial del populismo en América Latina y ha relacionado la presencia de liderazgos y formaciones políticas populistas en América Latina con elementos de su tradición cultural, como “el culto popular a la personalidad carismática” y “un concepto corporativo y casi místico del Estado como una entidad que encarna la soberanía popular”.

10. El populismo y la posibilidad de nuevos rumbos democráticos. Para el teórico político francés Pierre Rosanvallon, el populismo aborda problemas reales de la democracia, en la medida en que apunta al desencanto frente a las fallas de la representación política y las disfunciones del régimen democrático. Sin embargo, el carácter siempre incierto y aproximado del pueblo como sujeto y de las instituciones y procedimientos por los que se expresa el pueblo hacen sospechar de la noción populista de “pueblo” como un sujeto político evidente, definido solo por su contraste con las élites. Para superar esa simplificación, hace falta ir más allá de la crítica del populismo y contar con un “proyecto de reinvención y de reconstrucción de la democracia” que la “complique” en vez de simplificarla–que “complique” la noción de pueblo, multiplicando sus voces y modos de expresión; que multiplique las instancias de ejercicio de la soberanía popular, colocando a los ciudadanos detrás de la facultad colectiva de vigilancia y evaluación de los gobernantes; que enriquezca la vida democrática más allá de una “democracia de autorización” y regrese a la noción de democracia como búsqueda de una sociedad más igualitaria y reconstrucción de lo común.


(Foto cortesía de Artemas Liu.)

 

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