Roosh V. y la reivindicación del machismo

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Hijo de padres inmigrantes de Irán y Armenia, se llama Daryush Valizadeh y nació en 1979 en Washington D. C.. Estudió Microbiología en la Universidad de Maryland y, después de graduarse, obtuvo un trabajo como “microbiólogo industrial”. A pesar de que es un hombre al que podemos considerar guapo, según él mismo confiesa, el joven Daryush tenía grandes dificultades en convencer a las mujeres de sostener relaciones sexuales con él… al menos a tantas mujeres como él hubiera deseado. El problema lo obsesionaba, así que dedicó varias horas de su tiempo a perfeccionar una especie de técnica de seducción que él llama Game. El fundamento de su “juego” era simple: se basaba en el hecho –científicamente comprobado, según Valizadeh– de que las hembras humanas están diseñadas biológicamente, a lo largo de siglos de evolución, para elegir como parejas sexuales a machos físicamente fuertes, agresivos, incluso violentos. Éstos eran los individuos más aptos para la supervivencia, y los que transmitieron estos rasgos de generación en generación, del mismo modo que las hembras que heredaron sus genes a su descendencia eran las más sumisas, las más fértiles y las de personalidad más “maternal”. En un entorno hostil, la distinción de los roles sexuales, y la supremacía de un sexo sobre el otro, fue lo que permitió la supervivencia de la especie humana y lo que, por lógica elemental, según el joven Valizadeh, debía regir el cortejo y la reproducción. Según concluyó –aunque las mujeres insistan en afirmar lo contrario–, la sensibilidad, la empatía y la gentileza en los varones no son atributos útiles para la reproducción y, por lo tanto, tampoco los que buscan en sus parejas sexuales.

Así, el antes tímido microbiólogo se convirtió (o intentó convertirse) en un desinhibido Don Juan, que alardeaba constantemente de su superioridad física, moral e intelectual sobre las mujeres a las que pretendía seducir. Adoptó el machismo como arma de conquista. Daryush –que ahora se hacía llamar con el nombre, aparentemente más viril, de Roosh V.– se sentía tan confiado en el éxito de su “juego” que renunció a su trabajo y se dedicó a ser un pick-up artist (un artista del ligue) de tiempo completo. Escribió un libro titulado Bang (cuya edición y distribución él mismo financió) para compartir sus recién adquiridas habilidades con otros hombres en su misma situación. También creó un blog llamado Bachelor DC donde relataba sus experiencias de soltero en busca de satisfacción sexual.

Sin embargo, y para su sorpresa, el método de Roosh no dio los frutos esperados. Aunque-usted-no-lo-crea, las mujeres no encontraron la misoginia, el maltrato y el menosprecio tan irresistibles como él había calculado. Por el contrario, su comportamiento lo hizo un personaje difícil de soportar para la gran mayoría de personas de ambos sexos con las que convivía. Solo un puñado de hombres (individuos más bien siniestros, casi todos ultra-conservadores, poco educados, y poco atractivos, con pocas cosas de las cuales sentirse orgullosos, salvo su hombría) se dejaron convencer por las enseñanzas de este gurú de la masculinidad.

Pero ¿cómo era esto posible? Su razonamiento era impecable. ¡Miles de años de evolución de la especie respaldaban su estrategia! Lo que Roosh no había tomado en consideración es que los seres humanos no han dejado de evolucionar, y no solo en la forma de sus órganos o en el tamaño de sus huesos, sino también en sus prácticas sociales y políticas, en sus normas morales, en su forma de comprender y dar sentido a sí mismos y al mundo que los rodea. En pocas palabras, no solo han evolucionado nuestros cuerpos: ha evolucionado nuestra cultura. Y esta trasformación ha ocurrido (y sigue ocurriendo) a una velocidad mucho mayor a la de cualquier cambio somático. Si, hace algunos miles de años, la división sexual del trabajo y los atributos asociados a ella (la fuerza física, la agresividad y la potencia sexual para los machos; la ternura, la sumisión y las caderas anchas para las hembras) constituían, en efecto, una ventaja evolutiva, ciertamente ya no lo eran en los Estados Unidos de principios del siglo XXI. Evidentemente, en el mundo moderno, ser un machista violento ya no te hace “más apto” para la reproducción. De ahí los pobres resultados del juego de Roosh.

En este punto, nuestro personaje cometió uno de los peores errores en los que un científico –concediéndole generosamente que su experimento trataba de apegarse al método– puede incurrir: en lugar de modificar su teoría ante la evidencia de la realidad, se empeñó en modificar la realidad para que fuera esta la que se adaptara a su teoría. El problema, pensó, no estaba en su sistema: estaba en las mujeres que dicho sistema pretendía explicar. En las mujeres occidentales, para ser más precisos. Intoxicadas por los absurdos ideales de lo que él llama el “feminismo radical”, las mujeres de las ciudades de Estados Unidos, y de prácticamente todo el mundo occidental, se negaban a aceptar el papel subordinado al que su propia naturaleza les había asignado y se empeñaban en convivir con los varones en términos de igualdad, lo que suponía un crimen de lesa Evolución. Lo peor era que los mismos hombres habían llegado a renunciar a la posición de superioridad que la naturaleza les había conferido y a aceptar esa aberración que es la igualdad entre los sexos como algo normal.

Desempleado, humillado y ofendido, Roosh V. dejó Estados Unidos en busca de tierras más fértiles donde poner en práctica sus teorías. Viajó a varios países sudamericanos y después a otros del este de Europa, donde, supuso, sus ideas serían mejor acogidas. No llegó a adquirir verdadera celebridad en ninguna parte, pero sí fue invitado a algunos programas de televisión locales donde, según su propia declaración, era tratado con “enojo, escepticismo y falsas acusaciones”.[1] También en esta época, fiel a su vocación de “artista del ligue”, escribió una serie de libros –que él llamó Bang Guides– en los que brindaba al público masculino consejos para llevar a la cama a las mujeres de los distintos países que visitaba. A él no le gusta referirse a estos libros como guías de “turismo sexual”, porque esta frase evoca prostitución y promiscuidad femenina, cosa que él detesta; prefiere la expresión “turismo del amor” ya que lo que promete a sus lectores es sexo gratuito. (La contradicción es demasiado obvia para tener que señalarla.)

Entretanto, Roosh y un grupo de discípulos que comparten sus opiniones (mismas que publican en un blog colectivo llamado Return of the Kings) fueron desarrollando algo parecido a una ideología que él bautizó como “neo-masculinismo”. A continuación reproduzco sus principales postulados (tomados de la página personal de Roosh):

  1. Los hombres y las mujeres son genéticamente diferentes, tanto física como mentalmente. Los roles sexuales evolucionaron en todos los mamíferos. Los humanos no son la excepción.
  2. Los hombres abandonarán la monogamia y la reproducción si no hay incentivos para participar en ellas.
  3. Las tradiciones y rituales que evolucionaron junto con la humanidad han producido un beneficio neto para la unidad familiar.
  4. La testosterona es la causa biológica de la masculinidad. Los cambios ambientales que reducen la concentración de esta hormona en los hombres los harán más débiles y más femeninos.
  5. El valor de una mujer radica principalmente en su fertilidad y su belleza. El valor de un hombre radica en sus recursos, intelecto y carácter.
  6. La eliminación de los roles sexuales tradicionales y la promoción de la libertad ilimitada de las mujeres para elegir a sus parejas sexuales desata la promiscuidad y otros comportamientos negativos que bloquean la formación de familias.
  7. El socialismo, el feminismo, el marxismo cultural y la lucha por la justicia social (social justice warriorism) buscan destruir la unidad familiar, reducir las tasas de fertilidad y empobrecer al Estado mediante grandes prestaciones sociales.[2]

Si algo tiene de sorprendente el programa de Roosh V. es precisamente su falta de originalidad. Todas y cada una de las ideas que lo componen (salvo, quizá la de la contaminación ambiental como causa de la pérdida de testosterona en el hombre moderno, noción que rescató del discurso anti-yanqui de Evo Morales) han formado parte del discurso hegemónico, conservador, heretonormativo y patriarcal durante décadas; en algunos casos, durante siglos. Lo hemos oído, con ligeras variantes, cientos de veces: “La diferencia jerárquica de los sexos, como la de las clases y la de las razas, está dada por la naturaleza y que cualquier intento por subvertirla solo puede traer catástrofes para la humanidad”. Es un mensaje casi tan viejo como la humanidad misma.[3]

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El evangelio que predica Roosh V. no parece haber evolucionado gran cosa, para ser su creador un apasionado defensor de la evolución. Puede ser “masculinista”, pero tiene muy poco de nuevo, muy poco de “neo”. La única novedad de este discurso, con respecto a sus versiones tradicionales, no está en su contenido, sino en la forma que adopta y en los medios por los que se difunde. Ya no está en las leyes ni en los códigos, no es defendido por ningún Estado que se precie de ser democrático o moderno y tampoco es apoyado por (casi) ningún líder político. Tampoco puede verse, al menos en forma explícita, en los medios masivos de comunicación del mundo occidental. Ha dejado de ser un discurso hegemónico. Para usar un término de moda, ha dejado de ser mainstream. Esto ha obligado a quienes lo predican a recurrir a formas tradicionalmente usadas por grupos anti-hegemónicos, contra-culturales o marginales. Casi diría que el “neo-masculinismo” es subversivo, si ello no implicara una injusta denigración del adjetivo.

Roosh V. se convirtió en una verdadera celebridad internacional en febrero del 2015, cuando publicó en su blog una entrada titulada “Cómo detener las violaciones” en la que, básicamente, asignaba a las mujeres liberadas sexualmente la responsabilidad de las violaciones: “Si la violación se legalizara –decía– las chicas protegerían sus cuerpos de la misma manera en que protegen sus bolsos o sus smartphones.” Aunque no se trataba de un alegato en favor de la violación (sino, más bien, en favor del pudor femenino y en contra de “las mujeres fáciles”), la publicación levantó una gigantesca ola de críticas y acusaciones contra su autor, no solo de parte de grupos feministas o defensores de los derechos de las mujeres, sino de varios gobiernos nacionales y regionales. Para evitar ser acusado por el delito de incitar odio por el gobierno británico y de otros países civilizados, Roosh V. se vio obligado a retractarse públicamente y a afirmar que nunca había defendido realmente la legalización de la violación, ni mucho menos incitado a los hombres a cometerla: “Era una pieza satírica”, ha declarado una y otra vez el bloguero. Aun así, según él mismo ha denunciado, desde la polémica publicación ha recibido cientos insultos, agresiones verbales y amenazas de muerte. La misoginia militante de Roosh no solo ha resultado inútil para aumentar su capacidad reproductiva (y la de sus admiradores), sino también para mejorar sus posibilidades de supervivencia, que es el punto de la evolución de las especies.

Una vez más, el científico que pretendía ser experto en el comportamiento humano se había equivocado al evaluar la sociedad en la que se movía.

Hace unas semanas, Roosh V. intentó organizar una serie de reuniones para lectores de su blog que debían tener lugar simultáneamente en cien ciudades alrededor del mundo; la iniciativa fue recibida con una ola de indignación y asco. Se lanzaron numerosas peticiones para que se le negara visa de entrada a al polémico autor a varios países y para que Return of Kings fuera clasificado como un grupo de odio; varios alcaldes de Canadá declararon que el señor Valizadeh no sería bienvenido en sus ciudades; un grupo de mujeres boxeadoras de Toronto anunció sus planes de asistir al evento para “mostrarles a las mujeres que tener poder es una opción”. El famoso grupo de hackers justicieros Anonymous difundió la dirección y el teléfono de Roosh y el periódico Daily Mail publicó fotografías en la entrada de la casa de su madre, en los suburbios de Washington, donde este paladín de la virilidad ha tenido que buscar refugio. Usó su cuenta de Twitter para rogar que los dejaran a él y a su familia en paz. Fue un espectáculo patético, que hizo sentir incómodos aun a los enemigos de Roosh V. y el movimiento neomasculinista. “Es difícil para mí disfrutar ver a cualquier persona, incluso a alguien que me ha atormentado con intensidad patológica durante años, sufrir un infierno contra el que he dedicado buena parte de mi vida profesional en combatir”, declaró la periodista feminista Lindy West.

El gurú de la misoginia tuvo que rendirse ante la evidencia y cancelar la reunión, ya que, según dijo, no podía garantizar la seguridad de los asistentes. Así, los auto proclamados “nuevos reyes” tienen que buscar espacios protegidos, formas casi clandestinas de celebrar sus encuentros, por temor a ser agredidos por “el sexo débil”. Igual que, hasta hace pocos años, las sufragistas, la comunidad LGBT y otros grupos disidentes, tenían que recurrir a estrategias complejas para poder reunirse y manifestarse sin arriesgarse a ser linchados por las masas de “gente decente”. Ahora son los intolerantes, los predicadores del odio y la violencia, los que tienen que sufrir la intolerancia, el odio y la violencia.

En algo tiene razón Roosh V.: la especie humana ha evolucionado. Ha mejorado.

Pero no exageremos el entusiasmo. El hecho mismo de que exista un personaje como Roosh V. y de que haya gente que lo siga (aunque se trate de un grupo marginal) debe ser visto como una señal de alarma. No sería la primera vez en la que un sistema de ideas retrógradas e irracionales, que parecían muertas y enterradas para siempre en el lodo de la historia, resurgen repentinamente, como zombies a medio proceso de putrefacción. Y cuando esto ocurre (como lo sabe cualquiera que conozca la historia del mundo… o que sea aficionado al género de los muertos vivientes), suele ser con un grado de violencia que pocos se atreven a imaginar.

(Fotos: cortesía de CircaSassy y Tom Simpson.)


Notas

[1] Un recuento de las agresiones que ha sufrido en distintos países del mundo, narrado por él mismo, puede verse en su página personal.

[2] Si todavía quiere más información sobre el neo-masculinismo, consulte el post “What is Neomasculinism?”, de Roosh V..

[3] Son varios los historiadores y teóricos feministas que han intentado comprender los orígenes del patriarcado y han desarrollado explicaciones mucho más sofisticadas que la de los neomasculinistas. Algunos textos clásicos sobre el tema son los libros The Dialetic of Sex, de Shulamith Firestone (Nueva York, 1970) y The Politics of Reproduction, de Mary O Brien (Londres, 1981), y el artículo “Feminism, Marxism, Method, and the State: An Agenda for Theory”, de Catherine A. MacKinnon (publicado en la revista Signs en 1982).

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