#RopaSucia: misoginia y machismo en el medio cultural

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Tres datos: de los 98 mexicanos que han ingresado a El Colegio Nacional, tres son mujeres; el Premio Xavier Villaurrutia, uno de los máximos galardones de la literatura en nuestro país, ha reconocido a 108 figuras de las cuales 26 han sido mujeres; instaurado en 1945, el Premio Nacional de Ciencias y Artes ha sido concedido a 31 mujeres, frente a 169 varones que lo han obtenido. El panorama que ofrecen estas cifras, más el conjunto de prácticas, prejuicios y manifestaciones machistas presentes en el medio cultural mexicano, motivaron a las poetas Maricela Guerrero, Paula Abramo y Xitlálitl Rodríguez a impulsar el proyecto #RopaSucia, una iniciativa en redes sociales que busca denunciar el sexismo en las instituciones culturales del país.

Todo empezó en julio del año pasado con un tuit:

El llamado encontró rápidamente eco: desde julio, más de quince mil mensajes han sido publicados por usuarios de Twitter, señalando todo tipo de experiencias, anécdotas personales, cifras, reseñas e, incluso, citas de figuras hegemónicas de la tradición literaria mexicana como Octavio Paz.

A la iniciativa en redes, le siguió una intervención artística que formó parte de la exposición Todos los originales serán destruidos –compuesta por piezas de varios poetas– en la Galería Libertad, en Querétaro, a mediados del año pasado. La instalación de #RopaSucia consistió en un tendedero del que se colgaron prendas de vestir bordadas con los mejores mensajes que luego fueron “lavadas” en agua sucia con vino, tinta y café. Otra de las piezas utilizó las barras rosas del jabón ZOTE –un producto tradicional del hogar mexicano resignificado como emblema sexista– para mostrar a través de gráficas la escasa participación y el reducido reconocimiento de las mujeres en el ámbito cultural.

A meses del primer tuit, para conocer la evolución y las conclusiones del ejercicio, entrevistamos a las fundadoras del proyecto.


ASG, JC: Platíquennos, primeramente, del hashtag: ¿Cómo surgió la idea?, ¿qué significa #RopaSucia?, ¿qué reacciones generó el hashtag?

MG, PA, XR: Nos invitaron a participar en la exposición Todos los originales serán destruidos que se presentó en julio de 2015 en la Galería Libertad de Querétaro. El tema de la exposición era la tensa relación entre el mercado y la poesía, así que hicimos un registro de experiencias de discriminación a mujeres en el ámbito cultural, sobre todo a través de frases; ya que, lamentablemente, el género sigue siendo un factor de mercado, pero con frecuencia se pasa por alto la cuestión de la discriminación en el arte, la academia y la literatura. La discriminación y el género son como un tema tabú.

Con el HT #RopaSucia recuperamos frases misóginas dichas por diferentes personas que escriben, crean, dictaminan o editan libros y revistas; por otro lado, hicimos un pequeño levantamiento de algunos de los principales premios y estímulos concedidos a mujeres escritoras, sobre todo poetas, en comparación con los concedidos a varones. Esas cifras y esas frases fueron el eje de la pieza que presentamos.

Tradicionalmente se ha pensado que el medio cultural está exento de los defectos del país y que problemas como la discriminación de género son propios de otros gremios y ambientes. No obstante, el ejercicio de #RopaSucia demuestra lo contrario. ¿Cuáles son los principales problemas de inequidad de género que, a través del hashtag, lograron identificar en este medio?

Bueno, es que la idea de medio cultural es un poco engañosa en un país como el nuestro, que se hace el que la virgen le habla cuando se trata su racismo y su clasismo. Ese medio cultural que sale en los canales culturales de la tele reproduce los mismos prejuicios que padecemos en todas partes, pero en los “medios culturales” parece que no se notan, porque se aderezan con refinamientos y datos eruditos proferidos por autores con nombres extranjeros.

El medio cultural mexicano es muy machista y racista. Los problemas de inequidad de género pueden notarse en la invisibilización del trabajo de las mujeres. Se considera normal no incluirlas en el canon, juzgar sus trabajos con mayor dureza que la que se aplica al juzgar los de sus colegas varones o considerar que las mujeres que han obtenido cierto grado de notoriedad han llegado a eso ya sea por tratarse de extrañas excepciones, a las que se dedica gran atención en detrimento del trabajo de otras artistas que también la merecen; o por tratarse de figuras sospechosas, que no llegaron a esas alturas por sus méritos estéticos o intelectuales, sino por sus relaciones con otros hombres y por dudosos intercambios de favores.

Eso por no mencionar los casos en los que la mujer recibe un salario inferior por un trabajo igual al de sus colegas varones, o los despidos de mujeres embarazadas, frecuentísimos (¡aunque usted no lo crea!) también en el medio cultural, y francamente ilegales.

Recientemente, Ana Sofía Rodríguez, editora de Nexos, publicó un texto en el que denunció una serie de experiencias que ha sufrido de primera mano. De su reflexión podemos concluir que el macho piensa en las mujeres como mentes inmaduras (que necesitan desarrollarse) o como accesorios (que auxilian y complementan al genio masculino). ¿Cuáles son los prejuicios más arraigados? 

Éste que mencionas, por ejemplo: el hecho de pensar que todo se resume a prejuicios, porque entonces vemos los prejuicios como soldaditos de plástico a los que hay que derribar con una pelota y ya está, se acaba el problema. Pero los prejuicios son consecuencia, en realidad, de un problema mucho más complicado y extendido: la desigualdad social. Por eso sirve tener en cuenta las características de la sociedad en la que vivimos: una que ha caído en el remolino de un neoliberalismo voraz. Durante los últimos años, los trabajadores del país han perdido y perdido derechos. Las conquistas sociales de otros tiempos se están erradicando. Conquistas tan básicas como la jornada de ocho horas, por ejemplo. O el sistema de pensiones, o el derecho a guarderías gratuitas de buena calidad. En circunstancias como éstas, la mujer se ve particularmente afectada, porque recae sobre ella el cuidado de niños, enfermos y ancianos, así como las labores domésticas.

Aclarado lo anterior, tal vez resulte más fácil entender de dónde salen los prejuicios que aquejan a nuestro triste medio. ¿Mencionamos algunos de ellos? Nos referiremos a aquellos que fueron más visibles cuando el HT #RopaSucia estuvo en circulación.

Suele leerse a las mujeres a través de ciertos filtros que condicionan la recepción de sus textos. Se piensa de entrada que hablarán de las cosas desde una perspectiva personal, irracional y basada en el sentimiento. Así, aunque no lo hagan, se les leerá como si lo hicieran. No se espera, verdaderamente, que aporten alguna idea. Así, aunque lo hagan, se le pasará por alto. No se espera que las escritoras se dediquen a ciertos géneros, como el terror o la novela negra. No se espera que escriban majaderías, y mucho menos que polemicen, y así, ad nauseam. Condicionamientos como éstos no existen o no son tan fuertes cuando se lee a los autores varones, a quienes, por cierto, se les perdona casi siempre todo exceso de sentimentalismo (lean con tantito distanciamiento a Sabines, por favor).

Por otro lado, como inconscientemente se asume que los textos serán de una calidad inferior a los de los varones, con frecuencia se piensa que las mujeres que logran publicar u obtener becas lo hacen porque fueron a hablar con el editor en minifalda, o porque cogieron con él, o porque cogerán con él en cuanto salga el texto, el premio o la beca, o simplemente porque están guapas. Este tipo de denuncias fue muy frecuente entre los tuits que se reunieron bajo el HT #RopaSucia.

Escribir sobre este tipo de problemas, como lo hizo Ana Sofía y lo han venido haciendo muchas otras mujeres y cada vez más hombres en los últimos tiempos, en que el machismo parece recrudecerse a la misma velocidad en que nuestra sociedad se va al carajo, es muy necesario. Alegra el hecho de que una mujer que trabaja para un medio como Nexos (que tradicionalmente excluía a las mujeres de su comité editorial), aborde un tema como la violencia de género, que ha sido tabú en el medio literario. Lamentamos que Ana Sofía haya padecido las situaciones que describe, pero también lamentamos que su experiencia haya terminado en la elaboración de un libro sobre la intelectualidad mexicana del siglo XX en el que solo se incluye a una mujer. Eso es precisamente lo que debemos evitar. Mientras sigamos invisibilizando el trabajo de las mujeres, avanzaremos muy poco en el reconocimiento de la importancia de sus aportaciones a la cultura.

(Publicamos, al final de la entrevista, una nota aclaratoria de los autores del libro El intelectual mexicano: una especie en extinción, Ana Sofía Rodríguez y Luciano Concheiro, sobre esta pregunta.)  

¿Quién es el macho en el medio cultural?

El mundo cultural es demasiado florido como para hablar de un solo macho, pero en general podría decirse que el macho en nuestro medio es todo aquel que reproduzca, perpetúe o defienda los prejuicios y problemas de los que hemos estado hablando aquí.

El campo cultural mexicano del siglo XX –editoriales, revistas, instituciones– fue dominado, sobre todo, por hombres blancos de la Ciudad de México. ¿Qué influencia tiene esto en nuestro canon literario? 

El campo cultural es un concepto más amplio que considera fuerzas en conflicto, un sistema en el que no solo lo que aparentemente prevalece es lo más valioso; por eso, antes de determinar una categoría, podemos preguntarnos muchas cosas: por ejemplo, de acuerdo con su pregunta ¡no, nomás del DF! ¿Qué nos dices que hombres blancos, de Jalisco, “afamados por entrones, por eso traen pantalones”, por ejemplo, como Rulfo y Arreola? ¿O Los Contemporáneos? ¿Y desde antes, únicamente con Velarde?

Las razones por las que estas figuras de la escritura sobresalieron o fueron más visibles dependió de diversas condiciones relacionadas con los valores de los grupos en el poder y con fuerzas en resistencia: aunque sí, sistemáticamente se normalizó la exclusión de las mujeres en la labor artística y literaria del país.

Hay un prejuicio histórico, bastante antiguo, que establece que las mujeres escriben femeninamente. Ese prejuicio es algo que todavía se sigue argumentando en la actualidad. ¿Cómo acabar con esta idea?

A ver, un momentito nomás: ¿qué quiere decir eso de «escribir femeninamente»? Lo que habría que hacer sería quitarnos esas etiquetas vacías de encima (que son prejuicios al fin) y leer los textos con atención, independientemente de que su autor sea hombre o mujer. Ver lo que realmente está sucediendo en la obra y si se están reproduciendo los lugares comunes (asociados con lo femenino, lo masculino o lo que sea) o si, por el contrario, se están subvirtiendo y cuestionando. De acuerdo con un determinado grupo de temas, perspectivas y estilos hay una toma de postura. Esa postura es la que nos importa, si esa postura cuestiona o muestra disentimiento frente a los temas, estilos y perspectivas tradicionales, estamos ante una escritura que nos está diciendo algo en qué poner nuestra atención. Y así cuando percibimos discursos mediáticos, populares o cultos que adoptan posturas misóginas, no es posible pasarlos por alto.

Al recopilar casos de discriminación relacionados con el género, ¿identificaron alguna asociación racial?, ¿podemos hablar de un medio cultural, también, racista?

Sí, eso es evidente. El medio cultural mexicano (que, once again, refleja la situación social del país) es muy racista. Esta es una cuestión que debe ponerse sobre la mesa. El racismo de nuestra sociedad es un asunto que aún no se ha discutido suficientemente. El tema daría para tesis enteras.

Problematicemos la denuncia digital. En primer lugar, ¿por qué Twitter?, ¿cuáles son los alcances y límites de esta red social?, ¿qué otras estrategias se pueden implementar?

Mejor no la problematicemos, que ya tenemos otros problemas. Fue en Twitter, porque pertenecemos a la clase trabajadora y no podíamos dejar nuestros trabajos para hacer la investigación; además esa herramienta nos permitió tener testimonios directos. Además Twitter es la red social más inmediata y horizontal que tenemos al alcance.

Creemos que la importancia de las redes sociales para la visibilización de problemas y la discusión de los mismos no debe menospreciarse. Sin embargo, es obvio que Twitter no basta para hacer la revolución. ¿Entonces? Es necesario hablar con personas que tienen experiencia de lucha social y aprender de ellas. La mayor parte de las veces estas personas no están en nuestro mismo medio, cultural y elitista. Por ejemplo: hay que hablar con los y las trabajadoras que están en pie de lucha, exigiendo esas conquistas sociales de las que hablamos arriba. Ellos son quienes realmente pueden cambiar la sociedad para que sea más equitativa. La verdad es que la liberación de la mujer depende, en gran medida, de las luchas de la clase obrera de nuestro país.

Por otro lado, la lucha por la equidad de género no deben librarla las mujeres solas. No es un problema que nos afecte sólo a nosotras. La exclusión de un sector de la sociedad empobrece a toda la sociedad, ¿no? Así que bienvenidos todos aquellos compañeros que se solidaricen con la causa.

Por lo mismo, ya limitándonos al puritito medio cultural, debemos decir que no nos gustan las lecturas que incluyen puras mujeres, o las antologías de puras mujeres, o los festivales que solo invitan mujeres. Esta es una opinión muy personal, claro. Pero ¿cuál es el sentido de esos eventos? En el fondo nos parece que perpetúan la marginación del trabajo de las mujeres, empobrecen la discusión (así como la ausencia de mujeres la empobrece en otros ámbitos), y dan por sentado que este asunto sólo nos concierne a nosotras y que sólo nos leemos entre nosotras. En algunos casos, además, este tipo de eventos y publicaciones tienen un cariz paternalista (generosos varones nos hacen el favor de abrirnos sus espacios…) que no nos hace nada felices.

En detrimento del debate público, el feminismo no ha sido un tema central de nuestra conversación pública. ¿Qué tipo de feminismos hay que defender, editar y discutir?

Todos. Me decía un compañero “es que las feministas son violentas” y le pregunté, “¿cuáles?, ¿quiénes?” Y no disponía de autores o herramientas teóricas para tratar el tema. Con las feministas sucede como con los comunistas o anarquistas; hay tanto desprecio y linchamiento por parte de quienes se sienten amenazados, que lo primero que debe hacerse es hacerse de herramientas para deshacer falacias y generar criterios propios, un poco de pensamiento crítico y estético nunca viene mal.

Además es cansado eso de que se discutan los feminismos como si estos fueran el principal problema y no la violencia de género en sí.

En resumen: ¿cuáles son las batallas fundamentales?

Pues miren, nos gustaría dejarles esto por aquí, porque las cosas andan muy feas en el país (donde pululan ya no sólo los jefes machos y los editores excluyentes, sino porkis, narco-juniors, acosadores, tratantes, violadores y asesinos de mujeres):

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¿Vamos? Independientemente de la experiencia personal de cada cual, el machismo, el racismo y la discriminación son prácticas normalizadas en las familias, las escuelas, las universidades, las calles, las fábricas, la política y, por lo tanto, en nuestras instituciones culturales.

Y bueno, les deseamos a todos mucho pensamiento crítico y poético.

(Foto principal: cortesía de Ana Clara Muro.) 


Aclaración a la pregunta 3

En la entrevista que hoy publican, Maricela Guerrero, Paula Abramo y Xitlálitl Rodríguez lamentan que experiencia en la violencia de género sufrida por Ana Sofía Rodríguez “haya terminado en la elaboración de un libro sobre la intelectualidad mexicana del siglo XX en el que solo se incluye a una mujer». Y continúan: «Eso es precisamente lo que debemos evitar. Mientras sigamos invisibilizando el trabajo de las mujeres, avanzaremos muy poco en el reconocimiento de la importancia de sus aportaciones a la cultura».

Si bien aplaudimos y apoyamos la iniciativa #RopaSucia, lamentamos que se haya criticado un libro (El intelectual mexicano: una especie en extinción, Taurus, 2015) que tiene objetivos similares en términos políticos, sin quiera abrirlo. En las primeras páginas del prólogo, señalamos:

Es cierto que entre los entrevistados solo hay una mujer. Por otro lado, a pesar de que muchos de los conversadores nacieron en diversos estados de la República, todos residen e hicieron su vida en la capital. Quisimos mantener estas parcialidades, sin ocultarlas, porque nos parece que arrojan información central. Es un hecho que el mundo intelectual en México de la segunda mitad del siglo XX es uno de hombres que vivieron y desarrollaron su obra en la Ciudad de México y esto es fundamental entenderlo para acercarse al estudio histórico de los personajes que aquí presentamos.

Luego, en nuestras conclusiones (que pueden ser leídas íntegramente aquí): 

A esto [autoridad vertical, poder centralizado, construcción de una voz única] habría que sumarle el hecho de que reproducían los sistemas de exclusión y dominación propios de su entorno. Su proceder meditado y contestatario no alcanzó los confines de sus propias prácticas. El saldo más notorio de lo anterior es la ausencia dentro del mundo intelectual de los distintos sujetos históricamente marginados.

La decisión de incluir solo a una sola mujer fue meditada. Decidimos no maquillar un hecho innegable: el mundo cultural mexicano del siglo XX fue profundamente machista –entre otros ismos (clasismo, racismo, servilismo frente al poder). O mejor: buscamos, más que ocultar el hecho, evidenciarlo y, al hacerlo, denunciarlo. Cuestión en la que insistimos en cada una de las entrevistas al respecto del libro desde entonces. Se puede cuestionar la estrategia, pero es falso que la decisión haya sido inconsciente, irresponsable o naíf. La portada del libro, por supuesto, no lo logra el cometido de denuncia la exclusión (es tan solo una lista de nombres en el que la única mujer es Elena Poniatowksa). Pero esperamos que el libro en su conjunto, y particularmente el prólogo y nuestras conclusiones críticas lo hagan. Por supuesto, cualquier discusión que motivada por esto nos parecerá valiosa –elemento que también señalamos como uno de los objetivos fundamentales del libro.

Tenemos plena confianza en que el debate y la discusión intelectual ayudarán a que la situación en la cual nuestro país está inmerso (marcada por la exclusión, la desigualdad, la violencia, la injusticia) pueda ser pronto transformada.

Ana Sofía Rodríguez y Luciano Concheiro

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