En primera plana: los lectores son el centro

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En memoria de Anabel Flores.

Es el año 2001. El editor de The Boston Globe ha sido sustituido por un periodista más joven recién desempacado del Miami Herald, Marty Baron, quien por origen y por religión –es judío en una sociedad eminentemente católica– resulta un completo extranjero para un periódico que lleva un siglo operando. El equipo de investigación del diario, comandado por Walter Robinson, está preocupado: el cambio de editor y la irrupción del internet pueden significar recortes importantes para su trabajo; cada reportaje tarda hasta un año en publicarse. En este contexto, Baron decide impulsar al equipo de Robinson, llamado Spotlight, encargándoles una exhaustiva investigación sobre los casos de pederastia perpetrados por sacerdotes católicos en el área de Boston. La trama, basada en hechos reales, corresponde a la película En primera plana (2015) del director Thomas McCarthy.

En primera plana tiene la virtud de ser, en todos los sentidos, sumamente sobria –a ratos, incluso, se siente más como una serie de televisión bien hecha que como una película. Muchas de las grandes películas sobre periodismo (de The Paralax View a la muy superior All the President’s Men) padecen del fetichismo del “cuarto poder”: construyen mundos donde el periodismo termina por ser una bala de plata contra el apocalipsis. En cambio, en la entrega de McCarthy no hay ni intrigas palaciegas ni un mundo en peligro, sino periodistas haciendo simplemente su trabajo. Ni más ni menos.

Es imposible ver la película desde México y no reflexionar sobre el estado actual de la prensa nacional.


Los lectores son el centro

En uno de los diálogos entre Baron y el equipo de Spotlight se presenta un dilema clásico de los medios: escoger entre los lectores y los anunciantes. Baron responde que debe hacer un periódico indispensable para los primeros incluso a costa de los segundos. A pesar de que el caso que van a publicar, la pederastia en la iglesia, cimbraría a la élite de Boston, deciden seguir adelante. La lógica es en apariencia simple: hechos tan atroces deben ser conocidos por la ciudadanía, por el mundo. No darlos a conocer los pondría en una situación de complicidad. Allí, cuando el medio reconoce su rol social y lo puede ejercer con independencia, el periodismo supera a los gobiernos, las élites eclesiásticas, los empresarios y las trabas de la sociedad conservadora.

Pensemos en los medios impresos mexicanos. ¿A qué público se dirigen? ¿Le hablan a sus lectores o son vehículos de comunicación entre las élites? Estas respuestas no son sencillas, y posiblemente dependen del dinero. El ecosistema de medios impresos en México se encuentra distorsionado por dos factores: la publicidad oficial y la alta concentración de la publicidad comercial. La publicidad gubernamental representa el 13% del total de mercado de la publicidad en medios (radio, televisión, cine, internet, revistas y periódicos). La distribución de la publicidad oficial contrasta fuertemente con el mercado de la publicidad en general. Los anunciantes comerciales son seis veces más propensos a considerar la televisión que los medios impresos. Estas diferencias confirman el papel subsidiario que juega la publicidad gubernamental, especialmente para la prensa escrita. En el caso de los medios locales, la publicidad oficial llega a significar el 50% de sus ingresos. El resultado es una prensa que se ha convertido en el periódico mural de las élites políticas y económicas.

Una escena me llama la atención. El reportaje sobre pederastia en la iglesia de Boston fue la primera plana del Boston Globe y Micheal Rezendes y compañía esperan la reacción con nerviosismo; se encuentran frente a esos raros momentos en los que uno es consciente de que ha cambiado una parte de la historia. Veo la escena y pienso en las portadas de nuestros diarios. En un estudio realizado por la organización Artículo 19 y Data 4 se analizaron las portadas de seis medios nacionales en México durante todo el año 2013. Una de las conclusiones de José Merino y Darío Ramírez es contundente: “más de la mitad del espacio efectivo de nuestras portadas se dedicó a notas que se basan exclusivamente en declaraciones de una sola persona, institución u organización; sin un solo elemento informativo adicional que dé contexto o pondere la declaración.”


El periodismo nacional

La película protagonizada por Mark Ruffalo y Michael Keaton puede resultar desesperanzadora para los espectadores mexicanos. Probablemente vivimos uno de los peores momentos de la prensa nacional; los periódicos impresos cada vez son más burdos y cínicos en sus coberturas: montajes, filtraciones de gobierno, trascendidos-como-notas, boletines sin edición o contraste –probablemente el caso más notorio es el de El Universal, un periódico que como el Boston Globe lleva más de un siglo funcionando y que recibió casi 33 millones de pesos de publicidad oficial durante el 2014. El oficialismo de la prensa no es contrastado sino por una suerte de periodismo de trinchera que acapara revistas como Proceso o medios digitales como Sin Embargo, el amarillismo a costa de ganar los clicks que dan dinero de publicidad y atraen el dinero público.

El reportaje que inspiró la película de McCarthy recibió el premio Pulitzer. Sus autores se consagraron en el periodismo y siguieron publicando. El ejemplo que dan estos medios y notas termina por contagiar a nuevas generaciones de periodistas a asumir la responsabilidad social que impone la prensa. En México, los autores de uno de los reportajes más importantes de los últimos años, La casa blanca de Enrique Peña Nieto, se encuentran desempleados. ¿Por qué ningún medio los ha contratado? ¿Qué dice esto sobre el estado de nuestro ecosistema periodístico? Quizá la respuesta esté en el dinero y en el contubernio político-mediático que conforma el statu quo de la prensa. En un país atravesado por la violencia contra la prensa (90 periodistas asesinados, 18 desaparecidos), defenestrar a lxs periodistas que hacen su trabajo también es un mensaje: no hay lugar para que se vigile al poder.


En primera plana

Director: Thomas McCarthy

País: Estados Unidos

Año: 2015

Idioma: Inglés

Duración: 128’


En primera plana ganó el Oscar como mejor película.

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