«This is America»: cautivar y distraer

La publicación del video «This is America», de Childish Gambino (Donald Glover), pone en el centro del foco mediático la relación tensa y de doble rasero que Estados Unidos tiene con su comunidad afrodescendiente: alineados productos de consumo y sujetos de persecución racista.

| Racismo

La madrugada del 2 de mayo del 2011, la Casa Blanca anunció el asesinato de Osama bin Laden. Se supo que en los minutos que lo precedieron, el presidente Barack Obama y su gabinete de seguridad estuvieron siguiendo la intervención desde su Cuarto de Guerra, y miraban, en directo, su desenlace. Unas horas antes, Obama había sido anfitrión de la Cena de Corresponsales, ese extraño besamanos entre el gobierno y los periodistas que cubren la fuente. Como era tradición hasta la presidencia de Donald Trump (quien no puede darse el lujo de sugerir que existe una camaradería extrademocrática entre el gobierno y quienes deberían vigilarlo), Obama hizo un discurso humorístico.

Liviano y relativamente mordaz (en 2018 es difícil escuchar esos chistes como demasiado afilados), el presidente concentró buena parte de sus esfuerzos precisamente en humillar a  Trump (que en esos días había sido «derrotado» en su campaña por denunciar el supuesto nacimiento en el extranjero de Obama, presagio de su racismo). Fue suficientemente agudo como para que haya una teoría respecto a que esa humillación reforzó el interés del entonces conductor de televisión a competir por la presidencia de Estados Unidos; una sugerencia improbable, pero atractiva, como lo son las profecías autocumplidas.

En fin, que en unas pocas horas el público estadounidense vio el espectáculo de su presidencia desde dos ángulos distantes aunque complementarios: primero, un Obama elegante y encantador, transmitido en TV, haciendo chistes sostenidos por su entonces enorme popularidad. Después, el del Comandante en Jefe dirigiendo la ejecución (tal vez ilegal) de un enemigo del Estado en nombre de la Justicia y de la Libertad. El primer performance, el del líder cómico, nos distrajo con la práctica más simplista de su encanto, al tiempo que tras bambalinas se preparaba un segundo performance en torno al ejercicio último de la violencia: un presidente que mata.

Para el público estadounidense ambos espectáculos son valiosos. Sin embargo, estos performances, el del ejercicio del poder y la distracción respecto a la violencia, sucedieron hace siete años. Entonces, Estados Unidos habitaba en la fantasía de ser una sociedad posracial y había liberales (progresistas, les llamaríamos en México) para quienes el formidable estilo de liderazgo de Obama servía como justificación para  olvidar que el presidente era negro. Ante el racismo —entonces velado— de sus detractores, los partidarios del presidente argüían su falta de color.


Pete Souza, The White House, 2011

 

Fotograma del video «This is America», Childish Gambino, 2018

 

El sábado 5 de mayo, Donald Glover fue el anfitrión de Saturday Night Live, mientras que su segundo yo, Childish Gambino, fue el invitado musical. En años recientes Glover ha encarnado la «excelencia negra», un término ampliamente usado en redes sociales sobre todo a partir del movimiento Black Lives Matter, y que en una primera lectura se refiere a personas negras con cualidades o resultados extraordinarios con la que la comunidad se puede sentir representada. Es un guionista (en su momento, uno de los poquísimos guionistas negros en una cadena nacional como NBC), director (el primer director negro en ganar un Emmy en la categoría de comedia), actor (próximamente estelarizará la película Solo: A Star Wars Story), comediante, productor, cantante, rapero, DJ y a partir del pasado fin de semana, bailarín. De hecho, la amplitud de sus curiosidades y la notoriedad de su talento —en tanto exageradas, cómicas— fueron el objeto del monólogo inicial en el programa del sábado.

Durante el episodio, Glover, como Gambino, cantó por primera vez «This is America». A la par de la transmisión se publicó en línea el video de la canción. Este último fue reconocido por partida doble: tanto mediante su viralización como del buen número de ensayos que suscitó, que lo califican como Arte.

En una nuez: la canción mezcla ritmos negros, incluyendo gospel y trap (ambos géneros del sur de Estados Unidos, muy cerca de la Atlanta de Glover) y sirve como vehículo para su voz (cálida, luminosa) y para sus habilidades como rapero (la estructura de las frases, la repetición, el lenguaje, el tipo de metáforas, todas pertenecen al rap). Visualmente, la interpretación transcurre en una nave industrial y mantiene en primer plano a Gambino bailando, a veces solo y a veces acompañado por un grupo de adolescentes en uniformes escolares. La coreografía recupera pasos que podríamos llamar vernáculos de la cultura negra, porque pertenecen tanto a la tradición africana subsahariana como a bailes popularizados en Estados Unidos primero por la televisión (el nae nae), y luego por los éxitos de hip hop más recientes (el shoot).

Ese baile perpetuo cautiva. Pero de manera más importante: distrae. En segundo plano, a lo largo de todo el video, se suceden escenas de violencia. Esta no está descontextualizada, sino que es una violencia que sufre la comunidad negra de forma específica. Hay hombres corriendo, tal vez escapando o tal vez participando en una movilización. Hay patrullas estacionadas con las puertas abiertas, como cuando funcionan como barreras entre las fuerzas del orden y los demás. Hay otros coches incendiándose. Más de un hombre aparece con la cara cubierta por un saco de tela: como los rehenes, como los secuestrados, como los linchados.

De manera que me parece es inédita, en los momentos más chocantes del video es el propio Gambino artífice de la violencia y ejecuta él mismo a un guitarrista (tal vez de blues) y un coro gospel: ambos, baluartes negros arraigados en la música popular. Gambino asesina a las representaciones que hacen la negritud digerible para los blancos. En contraste, cuando como presidente Obama ejerció la violencia no fue contra los suyos, sino contra «los otros»; mientras Gambino blande el arma, Obama disparaba con drones. En su particular estilo de gobernar y de violentar, distante, Obama nos permitía también distraernos, no ver, «olvidarnos que era negro».

De regreso al video, en sus últimas escenas se observa por primera vez a una mujer, que se ha sugerido representa la Libertad, mantiene su mirada fija en Glover bailando —sin ver nada más—. Esta aparición acentúa el mensaje central de This is America: que la negritud, la espectacular y la oprimida, están ahí para el consumo del sistema de valores blanco, y que este puede voltear la mirada cuando así le convenga.

Fotograma del video «This is America», Childish Gambino, 2018

 

What would America be like if we loved Black people as much as we love Black culture?Amandla Stenberg, actriz, 2014

 

Glover socializó una pieza artística perturbadora y urgente con un único mensaje publicado en su cuenta de Twitter, que tiene un número relativamente bajo de seguidores. Lo hizo mientras actuaba en vivo, en una transmisión que por lo normal llega a entre siete y nueve millones de espectadores (y que durante su episodio tuvo los más altos ratings en un año), participando en sketches tan encantadores como banales, algunos de ellos referente a la cultura pop negra (sostenida en buena medida por hipermasculinidades cómicas). Es difícil no leer su participación en SNL como un acento en el discurso de su nueva canción. Glover puede acceder a una plataforma (una discográfica que le permite grabar gospel y hip hop, una red social que celebra su producción visual) porque puede también aparecer en televisión nacional dirigiéndose a la gran familia (blanca) estadounidense.

Al igual que Obama hace algunos años, este fin de semana Glover ejerció dos ángulos de su capacidad performativa para concentrar y divertir la atención a modo, respecto a sus distintos mensajes y audiencias. De manera más sugerente, lo hizo jugando el rol asignado a las excelencias negras. Incluso desde el racismo, a esa comunidad se le han reconocido capacidades extraordinarias; capacidades que en buena medida han justificado su opresión. Los Estados Unidos blancos consumen históricamente la excelencia negra (sus habilidades físicas, sus sensibilidades artísticas) y con ellas nutren la estructura que los oprime. Desde la esclavitud, que propició el desarrollo económico del país no solo gracias a la mano de obra gratuita, sino incluso apropiándose de tecnologías africanas como el cultivo del arroz, hasta hoy, cuando los cánones de belleza y las industrias del espectáculo son poblados por talento negro, la excelencia negra es un bien económicamente explotable que no se traduce en políticas públicas que amparen la vida ordinaria de esa comunidad. Se encuentran ejemplos en el ámbito del pop, del que me he ocupado antes, y también de manera obvia en el hip hop.

La activista bell hooks, por ejemplo, se refiere al rap como el paradigma del colonialismo. Según ella este es como un país del tercer mundo que los blancos pueden visitar y tomar lo que quieran. Los hombres blancos, por ejemplo, pueden festejar y consumir su misoginia y vulgaridad, y en ese proceso, hacerlo un género redituable. Y esos mismos hombres blancos pueden obviar y hasta burlarse de su negritud. Un estudiante de Harvard cuenta la anécdota de que un amigo pasaba por una fraternidad (blanca, se entiende) y escuchó que cantaban el himno de Black Lives Matter, «(we’re gonna be) alright» de Kendrick Lamar. No solo la tarareaban, lo cual en ese contexto era casi una afrenta, sino que de plano cambiaron la letra a «We’re gonna be all white».

«This is America» es bello y perturbador porque en él Donald Glover ejerce la excelencia negra de la manera en que el público lo «espera» (cantando, bailando, rapeando, es decir, distrayéndonos). Hace una canción que será ampliamente replicada en la radio, y si hubo relevancia mediática, le asegura nuevos espacios en canales de comunicación masiva. Sin embargo, transgrede las reglas del juego porque en el video denuncia el velo que su propio talento posa sobre la opresión general y la violencia específica, que en 2018 sigue viviendo su comunidad.


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