Un fantasma recorre México: ¡el fantasma de la clase media!

Muchos han terminado por llamar “clase media” a lo que hace algunos años se le llamaba, más aguerridamente, proletariado. Y no: esa “clase media” no es necesariamente conservadora ni vota siempre contra la izquierda.

| Desigualdad

La reciente polémica entre el economista Gerardo Esquivel y el sociólogo Roger Bartra parece confirmar una cosa: aun si ellos no se ponen de acuerdo respecto a si México es o no un país de clase media –y tampoco, como veremos, respecto a cómo definir a esta clase–, lo que es un hecho es que esta ha adquirido un enorme peso dentro del discurso político mexicano.

Las estadísticas sobre su tamaño varían a tal punto que parece inaprehensible como objeto de estudio –desde el 7% de Bolvitnik hasta el 51 del Coneval (según Bartra). Ante semejante gelatinosidad, tal vez el error consista en intentar buscar una metodología cada vez más perfecta para poder capturar el verdadero peso de la clase media dentro de la sociedad nacional. La definición de Bartra de la clase media –“La clase media está conformada por aquellos que no son ni ricos ni pobres”– expresa perfectamente el carácter silogístico y completamente arbitrario de este concepto.

Por otro lado, quizás lo más relevante no sea si la gente es o no de clase media sino si se considera a sí misma como tal. En ese sentido, el “dato duro” más importante en la polémica Esquivel-Bartra es uno que nadie mencionó: según una encuesta de 2011, el 81% de la población mexicana cree pertenecer a la clase media. La clase media, como veremos, no es una clase; es un mecanismo ideológico.

En los concurrentes intentos de definirla se vislumbra lo que nuestra sociedad entiende como un nivel de vida aceptable. Según un investigador del Banco Mundial, la clase media en los países en desarrollo empieza en 2 dólares al día.[1] ¡30 pesos! ¡La mitad del salario mínimo! En un estudio del 2000 del instituto Brookings que definía a la clase media como el estrato entre el 75 y el 125 centil de la mediana del ingreso, la clase media mexicana empezaba en los 1,000 y se terminaba en los 1,700 dólares al año.[2] Lo realmente impresionante es que los economistas contemporáneos hayan contribuido de un modo tan grotesco a la normalización de la miseria: si ganar medio salario mínimo al día lo pone a uno en un estrato medio, ¿qué es ser pobre?


¿Qué hay de clase en la clase media?

Habiéndose alejado de la economía política, la sociología y la economía quedaron completamente desorientadas. Véase la definición de un típico hogar de este estrato de acuerdo con el estudio del INEGI aceptado por ambos autores. Según este, una familia de clase media:

  • Tiene una computadora.
  • Gasta poco más de 4,000 pesos al trimestre en alimentos y bebidas fuera de casa.
  • Abona 1,600 pesos a la tarjeta de crédito.
  • Al menos un integrante está en el sector formal y privado.
  • El jefe del hogar terminó la preparatoria.
  • Tiene cuatro integrantes.
  • Los hijos van a la escuela pública.
  • El jefe de familia está casado(a).
  • La vivienda es propia (o se está pagando) y se financió con recursos propios o de interés social.

Diría uno que los anteriores criterios más bien definen a una familia obrera que tuvo acceso al crédito y se endeudó. En esta inversión de categorías está el meollo del asunto: lo que el INEGI o el Coneval están más o menos de acuerdo en llamar clase media hace cuarenta años se llamaba proletariado.

En un importante estudio comparativo sobre las clases medias en los países en desarrollo, Esther Duflo y Abhijit Banjerjee fueron a la búsqueda de la clase media en Udaipur, en la India. Escriben: “Muy pocas personas ganan más de 4 dólares en nuestra muestra estadística, pero casualmente encontramos a varios de ellos en un viaje (…) Los signos de su bienestar relativo eran claros: techo de metal corrugado, dos motocicletas en el patio y un adolescente con un uniforme escolar almidonado. Resulta que todas las familias que entrevistamos en esa aldea tenían a alguien trabajando en la fábrica de zinc local.”[3] No hay que agregar que lo que estos autores encontraron en realidad fue al proletariado industrial.

Tres décadas de neoliberalismo le dieron un toque particular a la noción de la clase media: determinada por el consumo antes que por el ingreso (y no, por supuesto, por la posición en la estructura económica, devaneo marxista aparentemente inútil[4]) la expansión del crédito implica casi automáticamente la expansión de la clase media. La vulnerabilidad de la categoría es directamente proporcional a la fragilidad de esos sectores del proletariado que se endeudaron: en Estados Unidos, inventor de la clase media emprendedora, 5 millones de familias perdieron sus casas entre 2008 y 2013, y las estimaciones más optimistas decían que lo mismo le pasaría a otras dos en el siguiente par de años.

México es un país semi-industrializado. Nuestra vecindad con Estados Unidos nos recuerda permanentemente que estamos a años luz de ser un país rico; pero tampoco somos Burkina Fasso. Ese es un hecho que conceptos como el de “subdesarrollo” ocultan: hay unos países más en desarrollo que otros. Lo paradójico es que a ese sector de asalariados, a menudo industriales, que se creó en México durante el último cuarto de siglo y especialmente en ciertas regiones tras la firma del TLC, en perspectiva internacional se le llame clase media. ¿Por qué? Porque en todo el mundo subdesarrollado, el salario constante y el empleo son el privilegio de unos cuantos: el capitalismo ha creado tal nivel de precarización que el ser explotado constantemente es la prerrogativa de una minoría.

Ahora bien, si la llamada clase media en México arropa el día de hoy al 30 o al 40% de la población, eso es suficiente para producir un efecto ideológico superior a su tamaño estadístico. La idea de la clase media implica decirle a todos los que están abajo que sí se puede; que uno puede terminar la prepa y tener un empleo alienante pero relativamente estable; pedir un crédito en el Infonavit y hacerse propietario de una casa de cuarenta metros cuadrados a una hora y media del lugar de trabajo, ¡hacerse propietario a fin de cuentas!


¿Las clases medias son políticamente moderadas?

A lo largo de su texto, Bartra saca conclusiones políticas del supuesto crecimiento de las clases medias. La principal es que éstas quieren estabilidad y moderación; y que la izquierda mexicana no se ha podido adaptar porque sigue atrapada en un discurso que gira en torno a un “pueblo” que se ha vuelto minoritario.

Hay dos problemas con este planteamiento, uno estrictamente factual y otro político. No es cierto que las clases medias sean políticamente moderadas: el ejemplo clásico es el del nazismo que ganó las elecciones con el voto de la pequeña burguesía. En Egipto, las clases medias urbanas echaron a Mubarak, un sector de ellas luego votó entusiasmado por un partido islamista; a los pocos meses todas ellas, masivamente, apoyaron a unos militares que dejaron corto el Thermidor francés. La mayoría de los historiadores de América Latina están de acuerdo en que las juntas militares recibieron el apoyo tácito o activo de la mayoría de la pequeña burguesía. No queremos decir que sean reaccionarias: simplemente son inestables.

Lo realmente problemático es que Bartra crea que cuestiones como la seguridad son propias a la clase media. Por supuesto, el que tiene un pequeño capital corre el riesgo de que el narco le cobre derecho de piso; el que no tiene nada corre el riesgo de que sus hijos se vayan al narco.

En este sentido, la estrategia de la guerra al narcotráfico de Calderón fue concebida como un modo de ganarse a la clase media; es decir, de crear un sujeto social –las familias mexicanas, cuya seguridad se encontraba en peligro y que tenían que ser salvadas…con una guerra que ha dejado más de 100 mil muertos.

Pero Bartra se equivoca al decir que el interés por la seguridad es exclusivo de la clase media. La explosión, desde 2013, del fenómeno de las Policías Comunitarias en Guerrero y de las autodefensas en Michoacán, muestra que la violencia le importa a la clase baja, y bastante. Aquí su afirmación de que la izquierda oficial no ha hecho caso de la cuestión de la seguridad toma un cariz diferente. Es cierto, pero es tanto más cruel porque el PRD ha reprimido directamente a las Policías Comunitarias –o, en el caso de López Obrador, las ha regañado e ignorado.

Finalmente, si fuera cierto que alrededor de la mitad de la población mexicana puede ser considerada de clase media, entonces la gran mayoría de los 9 millones de habitantes del Distrito Federal pertenecería a esa clase: el PIB per cápita de la capital es 250% más alto que el nacional, y, si se le considerara como un país, el índice de desarrollo humano capitalino estaría entre los 35 más altos del mundo (México está en el lugar setenta). Al mismo tiempo, y en contra del argumento que sugiere que las clases medias se oponen a la izquierda, la ciudad de México ha sido desde hace dos décadas el bastión de la izquierda. Las cuatro elecciones para jefe de gobierno celebradas desde entonces fueron ganadas por ella con amplios márgenes: solo una vez (2000) con menos del 40%; dos con cerca del 50%, y la última con más del 60%. La reciente penetración electoral de Morena confirma que para la clase media capitalina López Obrador es una opción por lo menos tan válida como el PRD.

Interesantemente, de las tres delegaciones que controla el PRI, dos son de las más pobres (Milpa Alta y Magdalena Contreras), y las dos que controla el PAN son las más ricas. En la ciudad de México, por lo menos, no hay divorcio entra las clases medias aspiracionistas y el PRD y Morena. Así que tal vez haya que admitir que la izquierda institucional se ha adaptado bastante bien a ese sujeto posmoderno que es la clase media: los asalariados que no quieren admitir que lo son.


Notas

[1] Martin Ravallion, “The Developing World’s Bulging (but Vulnerable) Middle Class”, World Development, vol. 38, núm. 4, 2010

[2] Birdsall, Nancy, Carol Graham, and Stefano Pettinato, Stuck In The Tunnel: Is Globalization Muddling The Middle Class? Brookings Institution, Center on Social and Economic Dynamics WP, núm. 14, 2000.

[3] Esther Duflo y Abhijit Banjerjee, What is Middle Class about Middle Classes Around the World? MIT Working Papers, 2007. Después de comparar 14 países, los autores llegan a la conclusión de que las clases medias en los países en desarrollo son definidas por tener un empleo y un salario relativamente estables, y la sitúan entre 2 y 10 dólares diarios.

[4] La teoría marxista moderna ha intentado darle una respuesta al enigma de las clases medias; véase Erik Ollin Wright, “Understanding Class”, y Goran Therbörn, “Class in the 21st Century”, en la New Left Review 60 y 78, respectivamente.


(Foto cortesía de Eneas De Troya.)

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