Vientre

Es esa cueva guarida donde todo nace, a donde todo regresa. Una exploración de los vínculos y los contrastes entre la belleza y la crueldad, entre el deseo y las facetas del apetito en relación con la familia, la tierra, el animal y la memoria

| Cultura

Si en las ciudades se agolpa la multitud, los campos se parecerán cada vez más por su soledad, por el recuerdo que se agota con los últimos viejos. Camino hacia lo que será desierto para comprender aquello que desaparece que no es la brutalidad sino el animal que descubre al humano y este a su animal que podría ser él mismo abierto en canal.

Quería conocer los pueblos de tierra en la Mixteca, donde la casa se concibe como otro ser en el que cobijarse, que tiene ojos y boca y su techo es el cabello, sus cimientos unos pies raíces. Adentro las entrañas, desde adentro donde se aprecian las vistas de la propia comunidad, del mismo monte como alimento que construye. En esos espacios se intuye y engendra, igual que los animales en el cerro, los insectos en el adobe que aún residen. Algunas montañas también son pastores que anochecen con el paso audaz de los depredadores acechando a sus chivos. Se limpian los dientes con las hierbas que estos guardan en el estómago, tripas que al abrirse tiñen el piso de un verde que se tornará ocre. Distinguen los rasgos singulares en sus rebaños y recorren con ellos el último tramo hacia la matanza, un camino de polvo donde hembras arrojan a sus hijos en movimiento. Las vaginas goteantes evocan los tiempos de la abuela con las manos de viña o azafrán, sin mañanas para amamantar sobre blando.

La primera vez que chillan, también la última, la respiración se entrecorta. Recibo la sangre caliente de sus pescuezos con estraza rosa: colocarme bajo sus ojos, recoger el rastro distinto de cada muerte. El mismo papel que guarda el relato del libro envuelve costillas, ubres y testículos fritos, como lo hacía mi tía en un pueblo aragonés para vender la carne a los vecinos. El sonido de la chicha contra sus manos gordas me provocaba de cría un impulso irrefrenable de enterrar mi brazo en aquella masa helada. Como si fuera a recuperar a aquel que horas antes estaba seco, trataba de encontrar el aliento en el pelaje arrinconado en las esquinas. Una vez cadáveres comérselos era lo único con sentido, aunque era vivos cuando su olor me hacía salivar. Esnifar el aroma de sus cuellos, entrar en sus pupilas. Así consideraría años más tarde el deleite dolor que trae consigo los instintos, en la avidez de chivos inquietos que buscan las ubres en los dedos absorbiéndolos hasta la campanilla. Dos, tres y hasta cuatro enganchados para extraer de mis uñas la leche de las difuntas.

 

 

Las fotografías aparecen ya con las huellas de la propia infancia herencia. Hay heridas que vienen con la costumbre. Hay vísceras que se amontonan como pasadizos de humedades extrañas, sangre coagulada que al lanzarse al aire y caer sobre el petate decide imitar la apariencia de un riñón, un hígado, un corazón. Hay placentas arrancadas como matojos que explosionan contra el suelo dejando libre o desarropado al no nacido. La luz atraviesa las partes desmembradas, un silencio que contiene el impulso violento, un hueco que duele. Se interrumpe por las sombras de los que corren, cortan, amarran con cuerda las caderas como se cose el cuerpo de Vientre. Se cubre con la otra cara de la piel que se arranca, un mapa de texturas estremecedoras que se cuartea al sol, suave y áspero al tacto.

 

El arroyo limpia y acoge los embriones como círculos de párpados cerrados. Aquí el hambre tiene una manera más sosegada. No hay ruido ni huida en este hogar inundado donde te meces y flotas. Los tejidos que aguardan las fieras en la orilla parecen algas que transcurren entre rocas. Se relamen, estiran con los dientes, engullen y tragan para devolver a lo oscuro lo que ya no es reconocible.

Vientre es un libro con fotografías y texto de Nadia del Pozo. Es una co-publicación de la autora con Inframundo. Ha sido presentado en Les Rencontres d’Arles, Paris Photo 2018, Polycopies Paris, Unseen Photo Fair Amsterdam, La Fábrica (Madrid), Paperworks (Ciudad de México), entre otros espacios y ferias. Fue finalista en FELIFA Feria de Libros de Autor 2018 (Buenos Aires) e incluido en la lista de los mejores fotolibros de 2018 de El País.

Vientre puede encontrarse en librerías especializadas y en nadiadelpozo.com/vientre-es

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